Autor: Francisco GuerreroIlustración: Jesús CerezoGénero: Ciencia FicciónEditorial: El transbordadorPáginas: 148Fecha de publicación: Novedades 2025/ 2026
Los laboratorios exteriores, funcionando
al margen de la legalidad terrestre, proporcionaron la mano de obra que las
colonias necesitaban para subsistir. Se les conoce por multitud de nombres:
trabajadores biosimilares, marionetas de carne, replicantes, andrillos,
pellejudos… Corderos sacrificados en el altar de la nueva frontera, condenados
a ejercer los peores trabajos y a someterse a tantas reparaciones y borrados de
memoria como puedan soportar antes de llegar al final de su vida útil.
En la colonia de Ilargya, un andrillo
sin nombre afronta el retiro definitivo tras servir durante décadas como agente
de la Policía Moral. Todo cambia cuando le ofrecen un inesperado premio: viajar
a la Tierra y acabar allí sus días.
Infiltrado entre humanos en el
territorio anteriormente conocido como Alaska, el veterano andrillo comprueba
que le resultará imposible disfrutar de una plácida jubilación. Después de
enfrentarse con un sheriff xenófobo y conocer a otro andrillo clandestino,
empieza a sospechar que su presencia en la Tierra no es casual. Los hilos de la
marioneta siguen intactos. Quizá haya llegado el momento de rebelarse y dejar
de ser un peón en la partida.
(Barcelona, 1980) es licenciado en
Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerció como redactor de
deportes y crítico musical en diversos medios antes de decidirse a
escribir ficción.
Ganó el 24o Premio UPC de Ciencia
Ficción con la novela Gutterson (Apache Libros, 2019). También ha publicado
relatos en las antologías Clima Futuro (Apache Libros, 2021), Bour-tolán
(Pulpture Ediciones, 2020) y El amor está en el monstruo (Pulpture Ediciones,
2017). Ganador del III Concurso de Relato Golem Fest (2024).
Sus referentes en el ámbito de la
ciencia ficción son Philip K. Dick, Frederik Pohl y Kurt Vonnegut.
Una marioneta que empieza a tirar de los
hilos.
Francisco Guerrero parte de una idea
conocida dentro de la ciencia ficción, seres artificiales creados para
trabajar, obedecer y desaparecer cuando dejan de resultar útiles, pero en Andrillo
no se limita a colocar un replicante en un escenario futurista y esperar que el
género haga el resto. Lo interesante está precisamente en cómo utiliza esa
premisa para construir una historia mucho más cercana al thriller, al noir y al
western que a la ciencia ficción más tecnológica.
Su protagonista es un andrillo sin
nombre que, después de décadas trabajando como agente de la Policía Moral en la
colonia de Ilargya, recibe algo que parece un premio extraordinario: retirarse
en la Tierra. El problema es que la jubilación le dura bastante menos de lo
esperado. Su llegada a la antigua Alaska, el encuentro con un sheriff xenófobo
y la aparición de otro andrillo clandestino empiezan a revelar que detrás de
ese supuesto retiro hay demasiadas piezas colocadas en el sitio correcto.
La novela funciona especialmente bien
cuando Guerrero juega con la identidad de su protagonista, porque su conflicto
no consiste únicamente en descubrir qué está ocurriendo, sino en preguntarse
cuánto de su propia vida le pertenece realmente. Ha sido fabricado, reparado,
manipulado y utilizado durante décadas, y ahora tiene que enfrentarse a una
cuestión bastante más incómoda que saber quién mueve los hilos: decidir si
quiere seguir siendo una marioneta.
Narrada en primera persona, la historia
mantiene un equilibrio muy efectivo entre acción y reflexión, mientras la
ambientación combina colonias espaciales, decadencia, violencia y
conspiraciones con una Alaska que parece salida de un western crepuscular. Hay
ecos reconocibles de la tradición de los replicantes y del cyberpunk, pero
Guerrero los utiliza como punto de partida y no como una jaula.
Andrillo es, en definitiva, una novela breve,
directa y con mucho pulso narrativo, que utiliza una aventura de ciencia
ficción para hablar de libertad, identidad, culpa y redención sin convertir
ninguna de estas cuestiones en un discurso pesado.
Yo también desconfiaría de una
jubilación así.
Yo habría aceptado el viaje a la Tierra.
Después de décadas trabajando como
agente de la Policía Moral en una colonia espacial, alguien me dice que puedo
retirarme y terminar mis días tranquilamente en Alaska y, sinceramente, tampoco
habría pedido demasiadas explicaciones. Mal hecho, porque en Andrillo
está bastante claro que cuando alguien te ofrece una jubilación demasiado
bonita, probablemente deberías empezar a sospechar.
Y eso es precisamente lo que me ha
gustado de esta novela: empieza con un andrillo que parece estar buscando
simplemente un lugar donde desaparecer y termina convirtiéndose en una historia
de persecuciones, secretos, violencia y preguntas bastante incómodas sobre
quién decide lo que somos.
El protagonista me ha funcionado
especialmente bien porque no necesita convertirse en el típico héroe que
descubre de repente que tiene poderes extraordinarios. Su problema es mucho más
interesante: lleva toda la vida haciendo exactamente aquello para lo que fue
creado y, cuando por fin tiene la posibilidad de elegir, tiene que averiguar si
realmente sabe hacerlo.
Además, me ha encantado la mezcla de
ciencia ficción con western y novela negra. Tenemos un territorio que fue
Alaska, un sheriff que no parece precisamente candidato al premio de persona
más agradable del año, un andrillo escondido y una conspiración que va dejando
pistas mientras la historia avanza. Todo bastante tranquilo, vaya. Como para
descansar.
Y aunque Andrillo es una novela
corta, creo que ahí está también buena parte de su fuerza. Va al grano,
mantiene el ritmo y no necesita llenar páginas para explicar cada rincón de su
mundo. Eso sí, precisamente por su extensión me habría gustado quedarme un poco
más con algunos personajes secundarios y descubrir qué habría pasado si
hubieran tenido más espacio para complicar las cosas.
Pero me quedo con esa pregunta que deja
flotando toda la historia: si alguien ha pasado toda su existencia siendo
utilizado por otros, ¿qué significa realmente ser libre cuando, por fin, nadie
te dice qué tienes que hacer?
Y sospecho que ese es el verdadero viaje de este andrillo. No era llegar a la Tierra. Era aprender, por primera vez, a decidir hacia dónde quiere ir.
— Natalia Sancho.


Thanks for your review
ResponderEliminarTakie połączenie gatunkowe to musi być coś nietuzinkowego.
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