«Oskar y yo. Lo más importante» de Maria Parr

 




Autora: Maria Parr
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Publicación: Zuzanna Celej
Editorial: Nórdica Libros
Género: Novela Juvenil - A partir de 10 años  
Páginas: 224 


Un cálido homenaje a la infancia y a los innumerables pequeños y valiosos momentos que nos forman. Una pieza más en el maravilloso mundo de Maria Parr.

No hay nada mejor que tener un hermano. Aunque a veces... Hay muchas cosas que pueden romperse en una familia normal. Menos mal que Oskar tiene una pistola de pegamento para pegar las cosas. Especialmente las cosas de su hermana mayor Ida. Pero ¿qué pasa con todo lo que no se puede pegar? ¿Las cañas de pescar en el fondo del mar, los sustitutos inesperados y los dinosaurios perdidos? Y esos días en los que todo sale mal, ¿se pueden arreglar? ¡Al menos hay que intentarlo! Simplemente darlo todo y seguir adelante.


                                                                               

(Fiskå, 1981). Escritora noruega. De pequeña ya era una narradora entusiasta, y mantenía despiertos a sus tres hermanos hasta altas horas de la madrugada con sus cuentos. Parr comenzó a escribir historias en la escuela. Estudió Lenguas y Literatura Nórdicas en la Universidad de Bergen. Actualmente es profesora a tiempo parcial en la escuela secundaria en Vanylven. Los libros de Maria Parr han ganado muchos premios, entre ellos el Luchs, el Premio Brage, el Silbernen Griffel y el Prix Sorcière. Su trabajo también ha sido publicado en numerosos países con mucho éxito. En 2015, recibió por Corazones de gofre el Súper Premio que otorga la prestigiosa revista Andersen de Italia al mejor libro del año.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Oskar y yo. Lo más importante vuelve a demostrar por qué Maria Parr se ha convertido en una de las voces más especiales de la literatura infantil contemporánea. Con una aparente sencillez, la autora noruega construye una historia llena de humor, ternura y pequeños momentos cotidianos capaces de revelar algo mucho más grande: la importancia de esos recuerdos que, sin darnos cuenta, terminan formando nuestra vida.

Narrada por Ida, una niña que intenta comprender qué significa ser hermana mayor mientras todavía está descubriendo quién quiere ser, la novela reúne diferentes episodios de su día a día junto a Oskar, su hermano pequeño. Él es imaginación pura, energía desbordante y una capacidad extraordinaria para convertir cualquier situación en una aventura; ella, en cambio, intenta ser responsable, sensata y estar a la altura de lo que cree que los demás esperan de ella. Entre ambos surge una relación llena de discusiones, juegos, pequeños enfados y una complicidad que resulta absolutamente reconocible.

Uno de los grandes aciertos de Maria Parr es conseguir que lo aparentemente pequeño tenga una enorme importancia. Una tarde cualquiera, una travesura, una conversación familiar o la búsqueda de un juguete perdido se convierten en escenas cargadas de emoción porque la autora entiende algo fundamental: para los niños, esos momentos cotidianos son los grandes acontecimientos de su mundo.

La novela también aborda temas más profundos como la pérdida, el duelo, los cambios familiares o la dificultad de comprender las emociones de los adultos. Lo hace con una enorme sensibilidad, sin caer en dramatismos innecesarios y respetando la mirada infantil de sus protagonistas.

Además, destaca la importancia que concede a la familia, la comunicación y la capacidad de escuchar. Maria Parr no presenta una infancia perfecta, sino una infancia real, llena de preguntas, contradicciones, risas y momentos difíciles que ayudan a crecer.

Con capítulos breves, ilustraciones encantadoras y una narración ágil, Oskar y yo. Lo más importante es una lectura ideal para compartir en familia, pero también para aquellos adultos que quieran reencontrarse con esa etapa en la que cualquier pequeño detalle podía convertirse en algo extraordinario.

Porque, al final, lo más importante no suelen ser las grandes aventuras, sino esas pequeñas cosas que un día recordamos y pensamos: ahí estaba la felicidad.



Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Tengo una teoría: los niños son expertos en convertir cualquier cosa en una historia enorme.

Una caja puede ser un barco. Un juguete perdido puede convertirse en una misión de rescate internacional. Y una tarde normal en casa puede acabar siendo uno de esos recuerdos que, años después, aparecen de repente y te hacen sonreír sin saber muy bien por qué.

Y eso es exactamente lo que hace Maria Parr con Oskar y yo. Lo más importante.

He leído esta novela con una sonrisa permanente porque Ida y Oskar tienen algo que muchos personajes infantiles olvidan: parecen niños de verdad. No son pequeños adultos con frases demasiado perfectas. Se enfadan, se equivocan, sienten celos, quieren tener razón y, cinco minutos después, están dispuestos a compartirlo todo porque el cariño pesa mucho más que cualquier pelea.

Oskar es un personaje que llega haciendo ruido y termina quedándose contigo. Tiene ideas imposibles, una imaginación que va a velocidad de cohete y una lógica infantil que, si la piensas demasiado, probablemente tiene más sentido que muchas decisiones adultas.

Pero también me ha gustado muchísimo Ida. Porque crecer es bastante complicado cuando estás en ese punto extraño en el que quieres parecer mayor, pero todavía disfrutas de las cosas que te hacen sentir pequeña. Esa mezcla de querer avanzar y, al mismo tiempo, no querer perder ciertas partes de la infancia está retratada de una manera preciosa.

Lo que más me ha sorprendido es cómo una historia tan sencilla consigue hablar de cosas tan importantes. Del miedo a perder a alguien. De intentar entender por qué los adultos están tristes. De esas conversaciones familiares que parecen normales, pero que en realidad son las que construyen nuestra seguridad.

Y luego está ese milagro tan difícil de encontrar: terminar un libro infantil y pensar que quizá no era solo para niños.

Porque mientras leía a Ida y Oskar me acordé de lo que a veces olvidamos los adultos: que nuestra infancia no estaba hecha de grandes acontecimientos, sino de tardes cualquiera, juegos inventados, conversaciones en la cocina y personas que hacían que cualquier día fuese especial.

Así que sí, Maria Parr vuelve a hacer magia.

Y ahora necesito urgentemente una pistola de pegamento como la de Oskar. Más que nada porque tengo varias cosas de adulta que probablemente necesitan reparación.


   — Natalia Sancho.       

No hay comentarios:

Publicar un comentario

data:olderPageTitle data:homeMsg