Autor: Robert Louis StevensonTraducción: Marta SalísGénero: Ficción ClásicaEditorial: Alba EditorialPáginas: 256Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Un viejo marinero con la cicatriz de un
sablazo en la cara se instala en una posada en la costa inglesa, no muy lejos
de Bristol. Lleva un cofre que no abre nunca, se emborracha con ron y
aterroriza a la clientela con sus historias y canciones. Además, le paga a Jim,
el hijo de los posaderos, para que esté ojo avizor y le avise si se presenta
«un marinero con una sola pierna». Lo cierto es que en el cofre secreto se
esconde el mapa de una isla con un magnífico tesoro enterrado por un antiguo
pirata, y Jim se encuentra, de la noche a la mañana, enrolado como grumete en
una expedición (dirigida por un rico terrateniente) para ir a buscarlo. A
partir de ese momento, tiene que adquirir «la costumbre de vivir aventuras
trágicas» y familiarizarse con más cicatrices y mutilaciones, la muerte, la
codicia y la traición. Pero todo tiene su doble cara: el miedo superado por la
curiosidad puede dar pie a actos de coraje gratuitos, el aplomo puede
convertirse en frialdad, la temeridad puede conducir a la jactancia. Jim, solo
un muchacho, salva constantemente la vida a los adultos, pero no siempre
alcanza a distinguir la diferencia entre ser valiente y estar envalentonado,
entre la ensoñación y la pesadilla. La isla del tesoro (1883) es una de las
novelas más conocidas –prácticamente inmortales– de Robert Louis Stevenson, y
en ella despliega toda su maestría narrativa para contar una peripecia
extraordinaria, plagada de violencia y peligro, y llena de personajes
ambivalentes, como el célebre pirata John Silver el Largo, amable y ruin,
elocuente y astuto, uno de los grandes manipuladores de la historia de la
literatura.
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