«El enigma de Bletchley: Una casa llena de secretos y códigos por descifrar» de Ruta Sepetys y Steve Sheinkin

 



Autores: Ruta Sepetys y Steve Sheinkin 
Traducción: Álvaro Abella Villar
Género: Thriller / Misterio / Novela Juvenil
Editorial: Ediciones Maeva
Páginas: 376
Fecha de publicación: 18 de marzo de 2026 

En un mundo en guerra, no sabes en quién puedes confiar ni quién podría ser un agente secreto…

Códigos, espías y misterios familiares en el corazón de Bletchley Park.

Verano de 1940. Jakob y su hermana pequeña, Lizzie, comparten su afición por los acertijos. Ambos hermanos son reclutados por los integrantes de uno de los mayores secretos británicos de la Segunda Guerra Mundial: la Escuela Gubernamental de Códigos y Cifrados en Bletchley Park. Mientras Jakob se une a las mentes más brillantes para descifrar la máquina Enigma de los nazis, Lizzie, se embarca en una misión para resolver la misteriosa desaparición de su madre. ¿Podrían los mensajes de Enigma y la desaparición de su madre estar relacionados de alguna manera? Jakob y Lizzie deben encontrar la forma de trabajar juntos mientras se apresuran a descifrar las pistas de un impactante rompecabezas.

Una emocionante aventura histórica de dos autores superventas. ¿Te atreves a descifrar los códigos en su interior? 

¿POR QUÉ LEER EL ENIGMA DE BLETCHLEY?

Una emocionante aventura histórica juvenil de la conocidísima Ruta Sepetys junto a Steve Sheinkin.

Finalista del premio Young Quills Award for Historical Fiction.

Repleta de códigos por descifrar y misterios que resolver, una novela que te mantiene en vilo.

Ideal para fans de Enola Holmes o The Imitation Game.


Ruta Sepetys es una escritora de prestigio internacional y autora de superventas que han llegado a ser número uno en las listas de The New York Times y que se han publicado en más de sesenta países y cuarenta idiomas. Ha publicado novelas tan relevantes como Entre tonos de gris, El color de los sueños, Lágrimas en el mar, Las fuentes del silencio y Voy a traicionarte, y sus libros se consideran una perfecta lectura crossover, ya que resultan igual de atractivos para adolescentes y adultos de todo el mundo. Merecedora de la Carnegie Medal en 2017, sus novelas han resultado finalistas o ganadoras de más de cuarenta galardones, entre los que destacan los premios Goodreads e Indies Choice, y están incluidas en más de sesenta listas de premios literarios en Estados Unidos. Su novela Entre tonos de gris ha sido adaptada al cine, y otras novelas suyas están en proceso de desarrollo para convertirse en proyectos para la pequeña y la gran pantalla. Nacida en Michigan donde también se crio, actualmente vive con su familia en Nashville, Tennessee. La autora es una firme y apasionada defensora del poder de la Historia para fomentar el diálogo global y la conexión entre los países. 



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Existen novelas juveniles que prometen espías, códigos secretos y conspiraciones internacionales… y depués todo se reduce a un personaje mirando un mapa durante doscientas páginas. Por suerte, El enigma de Bletchley juega en otra liga.

Porque sí, aquí hay criptografía, mensajes imposibles de descifrar y la mítica máquina Enigma, pero también hay dos hermanos empeñados en resolver un misterio familiar mientras el mundo entero parece haberse vuelto completamente loco.

La historia nos lleva hasta Bletchley Park, uno de los lugares más secretos de la Segunda Guerra Mundial, donde matemáticos, lingüistas, ajedrecistas y auténticos cerebritos trabajaban contrarreloj para romper los códigos nazis. Y, aunque el contexto histórico está muy bien documentado, el libro nunca da la sensación de estar intentando darte una clase de historia. Al contrario: todo forma parte de la aventura.

Jakob y Lizzie son dos protagonistas que funcionan muy bien juntos precisamente porque son muy distintos. Él piensa antes de actuar, analiza, calcula y busca patrones donde los demás solo ven letras sin sentido. Ella, en cambio, se mueve por intuición, improvisa, se mete en líos con una facilidad admirable y tiene bastante menos miedo del que probablemente sería recomendable.

La novela alterna ambos puntos de vista, algo que mantiene el ritmo muy vivo y permite que el lector vaya descubriendo las piezas del puzle desde perspectivas diferentes. Además, los capítulos son cortos, la narración es muy dinámica y siempre ocurre algo que invita a leer "uno más". Ya sabemos cómo acaba eso: cincuenta páginas después sigues diciendo "venga, ahora sí que paro".

Uno de sus mayores aciertos es conseguir despertar la curiosidad por un episodio histórico fascinante sin perder nunca el tono aventurero. Los autores introducen figuras reales como Alan Turing de forma natural y convierten el mundo de la criptografía en algo mucho más emocionante de lo que uno imaginaría antes de empezar el libro.

Quizá los lectores más habituales de novela histórica o de thriller encuentren algunos giros previsibles o echen de menos una mayor profundidad en ciertos personajes. Al fin y al cabo, es una novela pensada para un público juvenil. Pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto: consigue ser accesible, entretenida y despertar el interés por seguir investigando todo lo que ocurrió realmente en Bletchley Park.

En conjunto, El enigma de Bletchley es una aventura muy entretenida que mezcla misterio, espionaje, historia y acertijos con muchísimo ritmo, ideal para quienes disfrutan resolviendo enigmas mientras aprenden casi sin darse cuenta.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema. Si un libro lleva espías, códigos secretos, mensajes cifrados y habitaciones donde todo el mundo habla en susurros y un cartel imaginario que pone "No puedes contarle esto absolutamente a nadie", yo ya estoy dentro y no necesito más.

Bueno... sí. Que aparezca Alan Turing. Y aparece.

La verdad es que me lo he pasado como una cría intentando ir un paso por delante de los personajes, convencida de que iba a resolver el misterio antes que ellos... aunque eso no ocurrió. Ellos eran bastante más listos. Una pena para mi ego.

Lo que más me ha gustado es que el libro consigue que algo tan aparentemente poco emocionante como descifrar códigos se convierta en una auténtica aventura. Nunca pensé que pudiera leer sobre criptografía con la misma ansiedad con la que leo un thriller.

Y Bletchley Park... qué sitio. Mientras leía no dejaba de imaginar aquellas salas llenas de papeles, máquinas haciendo ruido, gente corriendo de un lado para otro y secretos tan importantes que podían cambiar el rumbo de una guerra. Es de un lugar que tiene tanto peso que casi parece un personaje más.

Además, me ha encantado que la historia no olvide que, detrás de los grandes acontecimientos históricos, también había familias rotas, personas buscando respuestas y chavales que tuvieron que crecer demasiado deprisa.

¿Es una novela complejísima? No.

¿Lo necesita? Tampoco.

Es un libro que te engancha y te entretiene y, cuando lo terminas, acabas buscando en internet qué fue realmente Bletchley Park, quién era Alan Turing y cómo demonios consiguieron descifrar la máquina Enigma.

Y para mí eso siempre es una victoria.

Porque si un libro consigue que cierres la última página con ganas de seguir aprendiendo por tu cuenta... ha hecho muy bien su trabajo.


   — Natalia Sancho.   



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«Weavingshaw» de Heba Al-Wasity

 


AutoraHeba Al-Wasity
Traducción: Estíbaliz Montero
Publicación: 1 de abril de 2026 
Editorial: Faeris 
Género: Juvenil de Fantasía Oscura/ Romantasy
Páginas: 496


En esta oscura fantasía gótica con romance, los secretos son la moneda de cambio y los muertos no descansan

Hace tres años, Leena Al-Sayer despertó con un terrible poder: es capaz de ver a los muertos.

Desde entonces, se ha ocultado del mundo, a sabiendas de que, si su maldición sale a la luz, acabará encerrada en un manicomio. Cuando su querido hermano, Rami, enferma de gravedad, ella se enfrenta a una terrible disyuntiva: dejarlo morir o conseguir el carísimo medicamento que le salvará la vida a cambio de lo único valioso que posee: su secreto.

El Santo del Silencio, un despiadado y magnético mercader que comercia con confesiones y al que envuelven rumores sobrenaturales sobre su crueldad y poder, le ofrece un trato a un precio letal. Leena deberá encontrar al fantasma de Percival Avon, el último dueño de Weavingshaw, o entregar su libertad al Santo para siempre.

La búsqueda de Leena la conduce, junto al Santo, hasta Weavingshaw, donde descubre que la finca y los páramos circundantes están vivos, ávidos de sangre y sacrificios. Mientras se enfrenta al poder de ese lugar, también debe resistirse a la creciente atracción que siente por el enigmático Santo, cuya conexión con Percival Avon continúa siendo un misterio.

A medida que la casa comienza a sepultarlos, se les agota el tiempo de que disponen para su desesperada búsqueda de respuestas. Porque Leena ha llegado a comprender que, en Weavingshaw, los muertos no guardan silencio, y que es mejor que algunos secretos sigan enterrados con ellos.


                                                           

                        


Heba Al-Wasity se inspiró en sus propias experiencias para escribir: nació como refugiada iraquí en Libia, creció en Canadá y estudió medicina en el Reino Unido.

Como médica residente, ha trabajado en Urgencias y en varias unidades de hospitalización psiquiátrica, lo cual le ha permitido ver de primera mano cómo la pobreza y la privación pueden generar desigualdades sociales. Reside en Gran Manchester.


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros que prometen una mansión gótica y luego te encuentras con una casa vieja, dos pasillos oscuros, una tormenta ocasional y un mayordomo que desaparece justo cuando empieza a ponerse interesante. Y oye, si están bien escritos y ambientados, yo entro encantada en el juego.

Pero luego aparece Weavingshaw, dispuesto a recordarte por qué seguimos obsesionándonos con páramos embrujados, habitaciones cerradas con llave, fantasmas que se niegan a marcharse y hombres misteriosos que, objetivamente, necesitarían años de terapia… aunque por algún motivo literario incomprensible sigan resultando fascinantes.

La historia sigue a Leena Al-Sayer, una joven refugiada capaz de ver a los muertos, un don que en su mundo tiene muchas más posibilidades de acabar en un manicomio que en una aventura heroica. Cuando su hermano enferma gravemente, Leena acepta un trato desesperado con el Santo del Silencio, un mercader de secretos tan inquietante como magnético, que parece coleccionar confesiones ajenas con una finalidad que nadie comprende del todo.

A partir de ahí, la novela se convierte en un viaje hacia Weavingshaw, una finca que funciona como uno de los grandes aciertos del libro. Porque la casa no es simplemente un escenario: es un personaje más. Respira, observa, reclama sacrificios y guarda recuerdos que llevan demasiado tiempo enterrados.

Heba Al-Wasity construye una ambientación absorbente y muy visual, donde la humedad parece filtrarse entre las páginas y los páramos transmiten una sensación incómoda de que quizá no deberías haberte alejado tanto del camino. La autora combina con habilidad los elementos clásicos del gótico, fantasmas, secretos familiares, decadencia y espacios opresivos, con temas contemporáneos como el desplazamiento, la identidad, la exclusión social y la experiencia de las comunidades refugiadas.

El romance se desarrolla de forma pausada, algo que agradecerán quienes disfrutan de las relaciones construidas lentamente. No hay amor instantáneo ni declaraciones grandilocuentes a las cincuenta páginas; aquí predominan la tensión, la desconfianza y un tipo de conexión que se cocina a fuego lento entre dos personas que llevan demasiado tiempo sobreviviendo.

Quizá algunos lectores encuentren que la trama avanza con cierta lentitud en determinados momentos o que algunos misterios relacionados con la historia de Weavingshaw pierden fuerza frente al enorme interés que despierta Silas St. Clair. Porque, sinceramente, el Santo del Silencio tiene esa capacidad tan propia de ciertos personajes oscuros de apropiarse de cada escena en la que aparece.

En conjunto, Weavingshaw es una fantasía gótica sólida, atmosférica y muy prometedora, especialmente recomendable para quienes disfrutan de novelas donde el lugar importa tanto como los personajes y donde los fantasmas son mucho más que simples apariciones sobrenaturales.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Creo que ya he asumido que tengo un problema con las casas encantadas.

Dame una mansión aislada, paredes cubiertas de hiedra, retratos inquietantes, secretos centenarios, páramos barridos por el viento y un personaje masculino que parece haber firmado varios pactos cuestionables con entidades sobrenaturales y ahí estaré yo, feliz, con una manta y una taza de té, completamente entregada. Y Weavingshaw me ha dado exactamente todo eso. Porque este libro tiene una energía muy concreta, la de esas historias que parecen susurrarte constantemente que te marches mientras tú haces exactamente lo contrario y sigues avanzando por el pasillo porque necesitas saber qué demonios está pasando.

Me ha encantado la atmósfera. Muchísimo. Hay barro, humedad, fantasmas, habitaciones que parecen respirar, secretos enterrados y una casa que probablemente necesite más exorcismos que reformas.

Y luego está Silas.

Claro que está Silas.

Porque el Santo del Silencio tiene todos los ingredientes del personaje que sabes que no deberías adorar tanto, pero acabas haciéndolo igualmente. Es distante, ambiguo, guarda más secretos de los que cualquier persona razonable debería acumular y transmite una energía constante de "puedo arruinarte emocionalmente, pero con mucha elegancia". Y funciona. Muchísimo.

También me ha gustado que la novela hable de pertenencia, de desarraigo y de sentirse extranjera incluso en lugares donde llevas años viviendo. Todo eso está presente, pero integrado en la historia de forma natural, sin convertirse en una lección disfrazada de fantasía.

Eso sí, aviso: esto no es un romantasy de acción frenética. Es un libro que se toma su tiempo. Que disfruta creando ambiente, dejando preguntas abiertas y permitiendo que el lector se pierda un poco entre los pasillos de Weavingshaw.

Y sinceramente, yo me habría quedado allí unas cuantas páginas más. Aunque probablemente solo durante el día. Y acompañada. Porque una tiene límites. Aunque sean pocos.


   — Natalia Sancho.       


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«El largo viaje a un pequeño planeta iracundo» de Becky Chambers

 



Autor: Becky Chambers
Traducción: Alexander Páez García 
Género: Ciencia Ficción / Colección Runas
Páginas:448
Fecha de publicación: 7 de mayo de 2026

Premio Hugo de 2019 a la mejor serie. Rosemary Harper no tiene muy claro qué esperar de la tripulación de la nave La Peregrina. Aunque esta destartalada nave ha pasado por mejores épocas, pone un techo sobre su cabeza, la oportunidad de explorar los confines de la galaxia y, lo mejor de todo, la puede alejar de su pasado. Esta introspectiva y reservada joven no ha conocido jamás a nadie como sus diversos compañeros de viaje, como Sissix, la exótica piloto reptiliana; los locuaces ingenieros Hizzy y Jenkis, encargados de que la nave no se caiga a pedazos; y Ashby el noble capitán de todos ellos. La vida a bordo de La Peregrina es caótica y loca, exactamente lo que Rosemary busca. Pero también está a punto de volverse extremadamente peligrosa cuando se les ofrece el trabajo más lucrativo de su vida perforando agujeros de gusano por la galaxia para conectar planetas lejanos. En el espacio profundo, la pequeña Peregrina tendrá que ennfrentarse a una miríada de problemas y aventuras en las que la tripulación aprenderá a confiar los unos en los otros. Si Rosemary quiere sobrevivir, tendrá que aprender a confiar en esta amalgama de extraños compañeros, una experiencia que le enseñará que a lo mejor tener una familia no es lo peor que te puede pasar en el universo.

Becky Chambers creció en California como la hija de un profesor de astrobiología y una ingeniera aerospacial. Esta novela, su debut, la publicó financiándola en Kickstarter en 2012. Sus libros han sido nominados y han ganado múltiples premios como el Kitschies, el Hugo, el Locus, el Nébula y el Julia Verlanger. Tras vivir en Escocia y en Islandia, ahora Becky ha vuelto a casa donde vive con su esposa. Es una devota de los videojuegos y los juegos de mesa y disfruta pasando su tiempo libre en la naturaleza. Espera poder ver la Tierra desde el espacio algún día.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hay libros de ciencia ficción que se empeñan en demostrarte lo inteligentes que son a base de batallas espaciales, tecnología imposible y páginas y páginas de explicaciones sobre cómo funciona el universo. Y luego está El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, que decide hacer algo mucho más difícil: hablar de personas, de vínculos y de sentirse en casa, aunque estés a años luz de cualquier lugar que hayas conocido.

Porque sí, aquí hay agujeros de gusano, especies alienígenas, conflictos políticos y viajes interestelares, pero, sinceramente, eso es casi el decorado. Lo importante es la tripulación de la Peregrina. Esa panda de inadaptados, raros, entrañables y tremendamente humanos, aunque algunos tengan escamas, varias extremidades o una biología bastante complicada de explicar, que terminan convirtiéndose en una familia elegida. Y eso es precisamente lo que más me ha gustado del libro.

Becky Chambers tiene una forma de escribir que resulta muy acogedora. Como si te invitara a sentarte a la mesa con todos ellos, compartir una comida, escuchar sus historias y descubrir poco a poco quiénes son realmente. No hay grandes héroes, ni elegidos, ni personajes perfectos. Hay gente intentando hacer lo mejor que puede, cargando con sus errores, sus pérdidas y sus propias contradicciones. Y funciona. Muchísimo.

La novela tiene un ritmo pausado, incluso contemplativo en algunos momentos, algo que quizá sorprenda a quienes esperen una space opera llena de acción constante. Pero precisamente ahí está su encanto. Es una historia que disfruta de las conversaciones, de los pequeños gestos y de los momentos cotidianos. De ver cómo se construye una amistad, cómo se aprende a convivir con quien es completamente distinto a ti o cómo se puede encontrar un hogar en lugares inesperados.

Además, Chambers construye un universo fascinante sin necesidad de abrumar al lector. Hay multitud de especies, culturas y formas de entender el mundo, pero todo se presenta con naturalidad, sin sensación de manual enciclopédico ni de clase magistral de ciencia ficción.

Y debo admitir que hacía tiempo que no leía una novela de ciencia ficción tan optimista. No ingenua, sino optimista. Porque habla de convivencia, de empatía, de diversidad y de la posibilidad de entendernos incluso cuando nuestras diferencias parecen enormes. En tiempos donde muchas historias del género tienden hacia futuros oscuros y distópicos, encontrarse con una propuesta tan cálida resulta casi refrescante.

Eso sí, si alguien busca una trama vertiginosa o una historia llena de giros sorprendentes, quizá aquí no encuentre exactamente eso. El largo viaje a un pequeño planeta iracundo es más una experiencia que una aventura al uso. Es un libro que disfrutas por la compañía, por el ambiente y por la sensación de querer quedarte un rato más en ese universo cuando llegas a la última página.

Y al final pasa algo curioso: terminas echando de menos a la tripulación de la Peregrina como si fueran amigos con los que has compartido unas vacaciones especialmente largas y especialmente bonitas.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

No esperaba enamorarme tanto de una nave espacial destartalada. Ni de una piloto reptiliana. Ni de un cocinero que también es médico. Ni de una inteligencia artificial que solo quiere que la traten como a cualquier otro ser vivo. Pero aquí estamos.

Creo que este libro me ha hecho entender por qué tanta gente habla del cozy sci-fi como si fuera un abrazo literario, porque es exactamente eso.

Es ciencia ficción, sí, pero también es sentarte con una taza de té mientras acompañas a un grupo de personajes a trabajar, discutir, enamorarse, meter la pata y cuidarse entre ellos.

Y madre mía cómo se les coge cariño.

Llegó un momento en el que me daba bastante igual el planeta iracundo del título, los contratos millonarios o los agujeros de gusano. Yo solo quería seguir pasando tiempo con la tripulación. Quería más cenas incómodas. Más conversaciones absurdas. Más momentos de convivencia. Más Peregrina. Y eso me parece un mérito enorme.

Porque Becky Chambers consigue algo que no es nada fácil: que una novela ambientada en el espacio profundo se sienta increíblemente cercana.

Es un libro amable, sí, pero no por eso superficial. Habla de racismo, de identidad, de relaciones, de pertenencia, de maternidad, de diferencias culturales y de qué significa encontrar tu sitio en el universo sin necesidad de darte discursos ni sermones. Simplemente te lo muestra. Y funciona de maravilla.

Al cerrar el libro sentí una melancolía que solo dejan las historias con personajes muy bien construidos: la de pensar «bueno, ¿y ahora qué hago yo sin esta gente?»

Y sinceramente, creo que ese es el mejor cumplido que puedo hacerle a una novela. 


 Natalia Sancho.   



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«Yesteryear» de Caro Claire Burke

 




AutoraCaro Claire Burke
Traducción: Mar García Puig
Publicación: 14 de mayo de 2026 
Editorial: AdNovelas
Género: Contemporánea
Páginas: 488


Natalie Heller Mills es la perfecta mujer americana tradicional: esposa, madre de seis hijos y reina de las redes sociales, donde millones de seguidores consumen fascinados su idílica vida de "tradwife" al estilo pionero en un rancho de encanto rústico. Detrás de las cámaras, sin embargo, hay niñeras, productores, electrodomésticos industriales y un marido heredero de una poderosa dinastía política. Pero a Natalie no le importa mientras su imperio siga creciendo y las "Mujeres Enfadadas" sigan odiándola desde la distancia.

Hasta que una mañana despierta en una realidad que no reconoce. Su casa, su marido y sus hijos están ahí, pero todo es distinto: no hay electricidad, la cocina se calienta con leña, los niños están sucios y su marido, antes inútil, es ahora un granjero competente. En la puerta, una fecha tallada: 1855. Ayer posaba tarros de mermelada para Instagram; hoy arrastra leña y lava ropa a mano hasta hacerse sangre. ¿Se ha convertido en la protagonista involuntaria de un despiadado reality show? ¿Ha viajado en el tiempo? ¿Está Dios poniéndola a prueba? ¿Satanás? Cuando se hace una brutal herida en el bosque, comprende dos cosas: esta no es la vida que tenía y debe encontrar la manera de escapar.


                                    

                                                   

CARO CLAIRE BURKE se licenció en Bellas Artes en los Seminarios de Escritura de Bennington. Es copresentadora de «Diabolical Lies», un pódcast sobre política y cultura. Yesteryear es su primera novela.  

                                     

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Yesteryear es una novela que parte de una premisa muy potente: la vida aparentemente perfecta de una influencer “tradwife” que, de repente, despierta en una versión real del pasado rural que ella misma romantiza en redes.

La protagonista, Natalie Heller Mills, encarna ese ideal digital de perfección doméstica que triunfa en redes sociales: familia numerosa, estética cuidada, vida de granja y una imagen constante de armonía. Sin embargo, la novela pronto revela la construcción artificial detrás de ese mundo, mostrando cómo la imagen pública se sostiene sobre trabajo invisible, presión constante y una puesta en escena cuidadosamente controlada.

El giro narrativo hacia 1855 funciona como eje central de la obra. Allí, la estética idealizada se transforma en experiencia real: trabajo físico duro, ausencia de comodidades básicas y una vida marcada por la dependencia y la precariedad. Este contraste permite a la autora explorar con claridad la distancia entre la nostalgia digital y la realidad histórica.

La novela combina sátira social y thriller psicológico, manteniendo un ritmo ágil y accesible. La escritura de Caro Claire Burke es contemporánea, directa y eficaz, lo que facilita una lectura fluida incluso en los momentos más críticos o reflexivos.

Como puntos menos sólidos, puede señalarse cierta tendencia a la explicitación del mensaje, así como personajes secundarios que en ocasiones funcionan más como herramientas temáticas que como figuras plenamente desarrolladas. Aun así, el conjunto resulta coherente y eficaz dentro de su propuesta.

En términos generales, Yesteryear destaca por su idea de base y por la forma en que pone en tensión la idealización del pasado frente a su realidad material, ofreciendo una lectura actual sobre identidad, imagen pública y cultura digital.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Vale, te cuento la verdad como si estuviéramos tomando un té y yo te dijera “tienes que leer esto pero prepárate”.

Yesteryear me ha tenido todo el rato casí: “esto está buenísimo pero también me está dando un poco de ansiedad, no te voy a mentir”.

O sea, empiezas pensando que estás leyendo la típica historia de una influencer con la vida perfecta, de las que veo a diario en Instagram mientras yo estoy con el pelo recogido de cualquier manera y el café recalentado por tercera vez. Y digo: bueno, vale, otra más. Pero no. De repente todo se tuerce.

Y lo mejor es el momento en el que la protagonista pasa de su vida “de escaparate” a una realidad que es exactamente lo que ella vendía como ideal… y resulta que es durísima. Ahí es cuando te entra esa mezcla rara de “uy qué interesante” y “madre mía qué angustia”.

A mí lo que más me ha enganchado es el choque constante entre lo que mostramos y lo que realmente somos. Porque claro, desde fuera todo es pan recién hecho, niños preciosos y vida de campo idílica… pero por dentro hay otra historia completamente distinta. Y la novela te lo va enseñando sin grandes discursos, simplemente dejándote ver cómo se cae el decorado.

También te digo: Natalie no es un personaje cómodo. A veces la entiendes, a veces te desespera, a veces te dan ganas de decirle “chica, respira un poco”. Pero precisamente por eso funciona.

Par mí ha sido un libro que lees rápido y que te enganchan sin darte cuenta y luego te deja pensando en todo lo que consumimos como “vida perfecta” sin cuestionarlo demasiado. Y eso, la verdad, tiene bastante miga.

Lo único que me ha dejado un poco torciendo el gesto ha sido el final. Yo me había imaginado otra cosa y creo que, personalmente, me habría gustado más otra resolución. Pero bueno, eso también pasa cuando te implicas mucho en una historia y empiezas a hacer teorías por tu cuenta. Al final, la autora tenía otros planes. Puede que no sea el desenlace que más me ha gustado, pero sí me parece coherente con todo lo que la novela venía planteando. Y oye, todavía sigo dándole vueltas, que también cuenta.

Bueno, con lo que sí me quedo es con algo que Yesteryear deja bastante claro que las redes sociales son una vitrina, no el salón de casa con la puerta abierta. Lo que vemos está elegido, colocado y filtrado; el resto casi siempre se queda fuera de plano. Y ahí lo dejo.


   — Natalia Sancho.       


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«Territorios» de David Roas

 




Autor: David Roas
Idioma: Castellano
Género: Terror / Agrohorror
Páginas:104
Fecha de publicación: marzo de 2026

Bienvenidos al Agrohorror, bienvenidos a la inquietud y al desasosiego que surgen de lo insólito anidado en nuestros escenarios rurales de la España vacía, donde la gente ve Netflix y habla de Tarantino, ha leído cómics y a Stephen King, usa móviles y le pregunta a la IA, juega sobre una mesa con la güija y compra en IKEA. David Roas cosecha un conjunto de ficciones en las que lo fantástico y lo humorístico es cotidianamente real hasta deformarse en lo oscuro, lo grotesco y lo paródico a lo largo de campos de cereal o bosques cubiertos de niebla. Niños fantasmales, cerdos zombis, asesinos salvajes o vegetales monstruosos bajo el aliento de la Santa Compaña. Y ante esa trivialidad y esa soledad de lo rural, el foráneo, el viajero. Tú.





David Roas (Barcelona, 1965) es escritor y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007) o Monstruario (2021), y de las novelas Celuloide sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013). En esta misma editorial ha publicado los libros de cuentos Distorsiones (2010, VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018) y Niños (2022). Varios de sus relatos han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego. Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (Páginas de Espuma, 2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido al inglés y al italiano. Recientemente ha publicado Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017) y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022).




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Territorios es un libro de relatos que se mete de lleno en eso que llaman “agrohorror”, que básicamente es una vertiente de la literatura fantástica que lleva lo inquietante al campo de toda la vida.… pero para enseñarnos que lo rural no siempre es tan tranquilo como parece. Aquí, David Roas reúne siete historias que tienen algo en común: en escenarios súper cotidianos, un pueblo, una carretera secundaria, una casa heredada, un campo cualquiera, empiezan a pasar cosas que no encajan. Y lo inquietante es justo eso: que todo empieza siendo normal.

Una de las cosas más interesantes del libro es cómo convierte el entorno rural en algo casi vivo. No es solo el decorado donde pasan cosas, es como si el propio paisaje tuviera algo que decir. Los pueblos, los caminos, los campos… todo va cargándose de una especie de tensión rara, como si debajo de lo cotidiano hubiera siempre algo esperando. Y muchas veces no hace falta un monstruo ni un susto grande: lo inquietante aparece en lo de siempre, pero ligeramente torcido.

El estilo de David Roas es bastante limpio, sin florituras. Es un autor que no necesita exagerar nada para que te entre la incomodidad. Y eso funciona muy bien aquí, porque los relatos avanzan despacio, como si todo fuera normal… hasta que de repente no lo es, y ya es demasiado tarde para “desleer” lo que has imaginado.

Otro punto curioso es que el libro no se pone totalmente serio todo el tiempo. Hay humor, hay ironía, incluso momentos un poco absurdos o paródicos. Y eso hace que el conjunto sea más rico, porque no te quedas solo con el miedo, también hay una especie de juego con el género, con el cine, con los clichés del terror.

En el fondo, el libro vuelve siempre a lo mismo, a cómo percibimos la realidad, a lo fácil que es que se nos descoloque lo que dábamos por seguro, y a cómo incluso los lugares más familiares pueden volverse extraños sin avisar.

Así que, en conjunto, Territorios es una propuesta bastante sólida dentro del fantástico actual en España. Un libro que no intenta deslumbrar con grandes fuegos artificiales, sino que te va metiendo una incomodidad lenta, de las que se quedan contigo un rato después de cerrar el libro. Y está publicado por Páginas de Espuma, que ya es casi sinónimo de cuento bien trabajado en la narrativa contemporánea.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Te lo digo claro: este libro te deja con el cuerpo raro. Es una antología que no sabes si has leído relatos o si alguien te ha dejado viviendo unos días en un pueblo donde la realidad va un poco a su bola.

Territorios va de eso: del campo de toda la vida… pero con ese filtro travieso que lo vuelve todo sospechoso. No es el típico terror de “¡BOO!” y te caes del susto. Aquí es más bien un “espera… esto no debería estar pasando” que te va calando sin pedir permiso. Y cuando te quieres dar cuenta, ya estás dentro hasta las rodillas, como cuando entras en un camino de barro y dices “esto era mala idea” pero ya es tarde.

David Roas aquí va con mano fina pero con mala leche. Coge lo cotidiano, un pueblo cualquiera, una casa heredada que siempre viene con un poco de drama, una visita al campo para desconectar (error), y lo tuerce lo justo para que empiece a incomodar. Y lo peor es que te lo crees. Hay historias que te sacan una sonrisa medio nerviosa, tipo “esto es tan absurdo que no sé si reír o preocuparme”, y otras que directamente te dejan pensando “vale, esto me ha mirado a mí”.

Lo más potente es cómo mezcla lo raro con lo de siempre. Empiezas leyendo algo casi normal, muy “pueblo de toda la vida”, y de repente estás metida en una situación que dices: “a ver, perdona, ¿en qué momento hemos cruzado esta línea?”. Y aun así, el libro sabe perfectamente lo que hace.

Y ojo, que esto no es terror serio con cara de funeral. Aquí hay humor, ironía y un punto de cachondeo oscuro que a veces te descoloca, pero precisamente por eso engancha. Es como si el libro te estuviera guiñando el ojo mientras te asusta un poco, lo cual, la verdad, tiene su mérito.

En resumen: no es un libro que te cuente historias y ya está. Es un libro que te deja una especie de poso inquietante. Como cuando vuelves de un sitio muy tranquilo por la noche y de repente el silencio te parece demasiado ruidoso. Y sí, eso es bastante difícil de conseguir. 

 

 Natalia Sancho.   



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«Pentesilea (Historias vallecanas)» de Fernando Figueroa Saavedra

 



AutorFernando Figueroa Saavedra
Idioma: Castellano
Publicación: 27 de junio de 2023 
Editorial: Amazon
Género: Contemporánea
Páginas: 362



2010, Madrid. Gloria vive presa de su pasado y de un futuro incierto. Para escapar de la angustia, se enfrascará en una tesis doctoral sobre el rock en Vallecas, y conocerá a una serie de personajes enraizados en el asfalto, entre el crepúsculo y el amanecer, la ilusión y el desencanto, el fracaso y el triunfo, con los que Gloria compartirá sueños, frustraciones, traumas y heridas pese a pertenecer a épocas distintas. En especial, seguirá el rastro de dos bandas míticas, ya desaparecidas, que intuye podrían reunirla con su madre ausente: Pentesilea y Crines de Caín.


Pentesilea es una historia ficticia, una tragicomedia urbana, agridulce y sucia a ratos, una alegoría que entrelaza mitología e historia, realismo y simbolismo, que usa el rock y el sexo como metáfora de los conflictos humanos y sociales.

                                    

                                          

Un autor con chispa.

Fernando Figueroa revisa el género negro con su hard-boiled cómico neovictorino y ofrece una relectura en la que aborda las tramas tragicómicas como retratos sociales e historias de vida, en los que los crímenes constituyen desencadenantes de situaciones en ocasiones disparatadas o esperpénticas. No falta el sentido del humor, hasta cotas cínicas y satíricas, y lo festivo, entre lo picante y lo psicalíptico.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Pentesilea de Fernando Figueroa Saavedra, es una novela que combina la narrativa urbana, la memoria colectiva, la música y la búsqueda de la identidad personal en una historia profundamente ligada a Vallecas y a su imaginario cultural. La trama sigue a Gloria, una joven que intenta recomponer su vida mientras investiga para su tesis doctoral la historia del rock vallecano, un recorrido que la llevará a reconstruir el pasado de dos grupos míticos desaparecidos: Pentesilea y Crines de Caín. A medida que avanza su investigación, también se acerca a la figura de una madre ausente cuya sombra sigue marcando su presente.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es la forma en que el autor utiliza la música como hilo conductor. El rock no aparece únicamente como un elemento decorativo o ambiental, sino como una herramienta para explorar conflictos generacionales, heridas familiares, sueños rotos y las transformaciones sociales de distintas épocas. La novela funciona, en cierto modo, como una radiografía emocional de un barrio y de varias generaciones que intentaron encontrar su lugar en el mundo.

Fernando Figueroa construye una historia donde conviven el realismo urbano y una dimensión simbólica que conecta con la mitología, estableciendo paralelismos entre los personajes y ciertos arquetipos universales. Esta combinación aporta profundidad a una trama que habla de la pérdida, la memoria, la identidad y la necesidad de comprender el pasado para poder avanzar.

También destaca la galería de personajes que acompañan a Gloria. Son figuras marcadas por sus propias derrotas, ilusiones y cicatrices, que enriquecen el relato y contribuyen a crear una sensación de autenticidad. La novela no idealiza el pasado ni romantiza los márgenes, sino que muestra tanto la belleza como las contradicciones de quienes viven aferrados a sus sueños mientras lidian con la realidad.

Pentesilea es una lectura especialmente recomendable para quienes disfrutan de las novelas urbanas con trasfondo social, de las historias donde la música tiene un papel protagonista y de los relatos que exploran la memoria individual y colectiva desde una perspectiva humana y cercana. Además, el fuerte vínculo con Vallecas aporta personalidad propia a una obra que encuentra en el barrio mucho más que un escenario: encuentra una identidad.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo que reconocer que este libro me pilló por donde no esperaba. Aunque, pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado otras veces con este autor. Entro en sus novelas esperando una cosa y termino encontrando otra muy distinta. Y eso me gusta, porque evita que te acomodes y acaba llevándote por caminos que no habías previsto.

En este caso pensé que me iba a encontrar una historia sobre música, grupos de rock desaparecidos y una investigación con cierto aire nostálgico. Y sí, todo eso está ahí. Pero a medida que avanzaba tuve la sensación de estar leyendo algo mucho más humano. Al final, más que la búsqueda de un grupo perdido o los misterios que rodean su historia, lo que me quedó fueron los personajes, sus relaciones y la forma en que cargan con el paso del tiempo, los recuerdos y las decisiones que tomaron años atrás.

Porque, en realidad, Pentesilea habla de gente que arrastra cosas. Gente que intenta entender quién fue, quién es y qué demonios hace con todo lo que le ha tocado vivir.

Gloria me gustó precisamente por eso. Porque no da la impresión de ser una protagonista perfecta ni de tener las cosas claras. Va avanzando como puede, tirando de hilos, buscando respuestas y tropezando con historias que muchas veces pesan más de lo que parece.

Y luego está todo el tema del rock. A mí me encanta cuando la música en una novela no está puesta porque sí. Aquí se nota que forma parte de la historia. Que late debajo de muchas conversaciones, de muchos recuerdos y de muchas heridas. Hay momentos en los que casi parece que las canciones están contando cosas que los personajes no saben explicar.

También me gustó mucho la sensación de barrio que transmite. No hablo solo de calles o de escenarios. Hablo de personas. De esa impresión de que todo el mundo guarda una historia, un secreto, una derrota o una cuenta pendiente.

Es una novela que tiene algo de melancolía, algo de búsqueda y bastante de reflexión sobre el paso del tiempo y te recuerda que muchas veces no perseguimos respuestas porque creamos que nos van a arreglar la vida, sino porque necesitamos entender de dónde venimos.

Y os digo una cosa: terminé el libro con ganas de escuchar música, de pasear por Vallecas y de seguir tirando de algunos de los hilos que deja la historia.

Siempre termino pensando que las novelas se leen y se terminan, claro, pero luego están las que te dejan rebuscando un rato más entre sus ecos.


   — Natalia Sancho.       


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