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| Estuche Los Bandídez Un estuche que reúne dos libros con las aventuras de Vilja. |
Autora: Siri KoluTraducción: Luisa GutiérrezIlustrador: Tuuli JuuselaEditorial: Nórdica LibrosGénero: Novela JuvenilPáginas: 208 y 336
Los Bandídez
Vilja va de vacaciones a la casa de su abuela con sus padres y hermana. De repente, una furgoneta les corta el paso y nuestra protagonista es secuestrada. Sus raptores son los Bandídez, una familia de estrafalarios ladrones de chuches y chocolates, botín que prefieren al dinero, con el que no saben muy bien qué hacer. Junto a ellos, pasará el verano más emocionante de su vida a bordo de la bandidofurgona, durmiendo al aire libre y disfrutando de grandes comilonas de dulces. Y también descubrirá otro tipo de familia y otra forma de vivir, nada convencional, pero llena de risas y mucho amor.
Una especie de road movie a través de Finlandia. Una novela fresca y divertida,
como deben ser todos los libros para niños. No esperes más. ¡Embárcate con los
Bandídez!
Los Bandídez y el Karaoke Kanalla es el segundo libro de las aventuras de Vilja con Los Bandídez. Una familia divertida y diferente cuya principal pasión son las chuches.
Vilja está al borde de la desesperación.
Ha enviado un mensaje de socorro a los Bandídez y no le han respondido. Si no
la rescatan pronto, tendrá que pasar un verano aburrido y triste en un
campamento musical. Echa de menos viajar en los bandidofurgona, hacer noche en
la playa y tomar mermelada de amapola. El festival de verano de los ladrones
está a la vuelta de la esquina, sus ganadores serán el próximo rey o reina de
los ladrones ¡y Vilja no puede perdérselo!
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Foto: Niclas Mäkelä |
Siri Kolu (Kouvola, Finlandia, 1972). Es
dramaturga, escritora y profesora de teatro. Su primera novela, La oscuridad
del bosque, fue publicada en 2008. Por Los Bandídez recibió el Premio Junior de
Finlandia en 2010 y sus derechos se han vendido a dieciocho países. También se
hizo una exitosa película sobre este libro. Siri Kolu ama los perros, las
películas sobre catástrofes, el arte experimental, los edificios abandonados y
las tierras baldías.
Hablar de Los Bandídez y Los
Bandídez y el Karaoke Kanalla es hablar de dos novelas infantiles que
entienden muy bien algo que a veces se olvida en la literatura para jóvenes
lectores: que la aventura y el humor pueden ir de la mano sin necesidad de
subestimar la inteligencia de quien lee.
Siri Kolu construye una historia que
parte de una premisa tan disparatada como irresistible: una niña llamada Vilja
es secuestrada por una familia de ladrones cuya principal obsesión no son las
joyas ni el dinero, sino las chucherías. A partir de ahí, la autora convierte
un viaje por carretera en una sucesión de situaciones absurdas, divertidas y
sorprendentemente entrañables.
Uno de los mayores aciertos de la saga
es la creación de los Bandídez. Son extravagantes, caóticos y completamente
imprevisibles, pero también transmiten una sensación de libertad que resulta
muy atractiva para el lector. Lejos de ser los típicos villanos, funcionan casi
como una familia alternativa que permite a Vilja descubrir otras formas de
entender la vida, las normas y las relaciones personales.
En Los Bandídez y el Karaoke Kanalla,
la historia mantiene ese espíritu gamberro y desenfadado que ya estaba presente
en el primer libro. La autora amplía el universo de los personajes y vuelve a
apostar por una aventura repleta de humor, canciones imposibles, situaciones
disparatadas y ese aire de verano eterno que atraviesa toda la serie.
El ritmo es muy ágil, los capítulos son
breves y la narración resulta accesible sin caer en la simplicidad. Además,
detrás de las carcajadas aparecen temas interesantes como la amistad, el
sentimiento de pertenencia, la búsqueda de la propia identidad o la importancia
de encontrar tu lugar en el mundo.
Son libros que funcionan especialmente
bien entre lectores jóvenes, pero que también pueden arrancar más de una
sonrisa a los adultos que se animen a acompañar a Vilja y a esta peculiar
familia de bandidos en sus aventuras.
En conjunto, Siri Kolu ofrece una
propuesta fresca, imaginativa y tremendamente divertida que demuestra que la
literatura infantil sigue teniendo mucho espacio para la originalidad y el
humor más disparatado.
Voy a decir una cosa: si alguien me
hubiera contado que iba a leer una historia sobre una niña secuestrada por una
familia que roba chuches y que me lo iba a pasar tan bien, probablemente habría
levantado una ceja y habría cambiado de tema.
Y sin embargo aquí estamos.
Porque los Bandídez son unos personajes
que aparecen en las primeras páginas y ya te descolocan por completo. Tú
intentas aplicar la lógica y ellos van por otro camino. Uno mucho más
divertido.
Lo que más me gustó fue no saber qué
locura iba a pasar en la página siguiente. Un momento están robando caramelos,
al siguiente están discutiendo cosas absurdísimas con toda la seriedad del
mundo y, cuando te quieres dar cuenta, llevas varios capítulos sonriendo sin
darte cuenta.
Vilja también me cayó genial desde el
principio. Porque, siendo sinceros, cualquiera en su situación estaría pidiendo
ayuda a gritos. Pero ella poco a poco empieza a mirar a los Bandídez con otros
ojos y yo hice exactamente lo mismo.
Y es que esta familia tiene algo muy
especial. Son un desastre con patas. Un caos absoluto. Pero también tienen una
forma de cuidarse entre ellos que acaba resultando entrañable.
Con el segundo libro me pasó algo
parecido. Volví a subirme a la bandidofurgona como quien vuelve a quedar con
unos amigos que hace tiempo que no ve. Ya conoces sus rarezas, sabes que van a
montar algún lío monumental y aun así te apuntas encantado.
Además, tienen una energía muy
contagiosa. Es un libro que te recuerda que las aventuras no siempre tienen que
salvar el mundo. A veces basta con una carretera, una pandilla de personajes
excéntricos, un montón de chucherías y ganas de pasarlo bien.
Y os digo una cosa: mientras lo leía me
dieron ganas de dejarlo todo, llenar una mochila de regalices y salir de viaje
con la bandidofurgona.
Seguramente acabaría agotada antes de
llegar al primer destino.
Pero me lo pasaría estupendamente.
— Natalia Sancho.
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