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Violet, de Virginia Woolf

 


Autora: Virginia Woolf
Traducción, notas y prólogo: Patricia Díaz Pereda
Ilustraciones: Andrea Reyes
Género: Relatos
Páginas: 80 + 16

 

Violet recopila tres narraciones de Virginia Woolf en 1907 acerca de su íntima amiga de la juventud, Violet Dickinson. Virginia contaba entonces con 26 años y aún faltaban siete años para que publicara su primera novela. Nuestra edición incluye un prólogo de la traductora y experta en la obra Patricia Díaz Pereda e ilustraciones originales a color en papel couché de Andrea Reyes, y simula de un modo exquisito, casi de coleccionista, las ediciones británicas de principios del siglo XX.




Virginia Woolf (1882-1941) es una de las figuras más estimadas del modernismo en lengua inglesa y una figura precursora del movimiento feminista. Con tan solo veintidós años, la escritora de Bloomsbury comenzó a publicar sus primeros ensayos en el periódico Guardian, rescatando y prestigiando la historia de mujeres. Fue la frescura de su prosa y la originalidad de sus críticas literarias, lo que hizo que no tardase en escribir para otras gacetas a propósito de una infinidad de autores contemporáneos. En vista del aluvión de nuevas publicaciones de obras francesas, rusas, irlandesas y estadounidenses en el mundo editorial anglosajón, Woolf supo ver el momento fronterizo que vivía la literatura y aprovechó la ocasión para acometer una empresa ensayística en la que recuerda las bondades de su propia tradición literaria y celebra la llegada de obras extranjeras traducidas a los anaqueles de las librerías. Estas disquisiciones a propósito de la literatura la llevó a urdir novelas tan fundamentales como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Las olas (1937), y ensayos tan conocidos como Un cuarto propio (1929) y Tres guineas (1938). 



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.  

Violet: cuando Virginia Woolf todavía estaba jugando

Hay autores que llegan a nuestra vida con tanta fama, tantos estudios, tantas biografías y tantas frases subrayadas que una acaba teniendo la sensación de que ya los conoce antes incluso de abrir uno de sus libros. Virginia Woolf pertenece a ese pequeño grupo de escritores que parecen venir acompañados de su propio monumento.

Y entonces aparece Violet y resulta que Virginia Woolf tenía 26 años, estaba escribiendo sobre su amiga Violet Dickinson y, en lugar de ponerse trascendental, se dedicaba a imaginar gigantes, monstruos marinos, jardines mágicos y hasta una bañera hecha con huevos de avestruz.

Pues mira. Así cualquiera se lleva una sorpresa.

Violet, publicado por Páginas de Espuma en una edición preciosa, reúne tres relatos escritos por Woolf en 1907 sobre Violet Dickinson, una de las mujeres más importantes de su juventud. Todavía faltaban unos cuantos años para que apareciera Fin de viaje, su primera novela, y bastantes más para que llegara esa Virginia Woolf que hoy asociamos con La señora Dalloway, Las olas o Una habitación propia.

Aquí todavía estamos ante una escritora que está probando caminos, jugando con las formas y descubriendo hasta dónde puede llevar una historia.

Y quizá por eso estos tres relatos resultan tan curiosos.

El primero, Galería de amistades, nos presenta a Violet desde una mirada que tiene mucho de retrato, mucho de caricatura y bastante de declaración de afecto. La protagonista es una mujer peculiar, enorme, independiente y difícil de encajar en las casillas que la sociedad tenía preparadas para las mujeres de su época. Woolf convierte esa peculiaridad en materia literaria y, entre bromas y fantasías, aparece ya una idea que años después adquirirá una importancia enorme en su obra: la necesidad de disponer de un espacio propio.

Solo que aquí no tenemos todavía una habitación.

Tenemos un cottage.

Con sus rosas, sus comodidades y, detalle importantísimo, sus alcantarillas auténticas.

Virginia sabía perfectamente dónde poner el toque de humor.

El segundo relato, El jardín mágico, continúa jugando con la figura de Violet y con esa mezcla tan particular entre realidad y fantasía. Hay descripciones, personajes y situaciones que parecen ir cambiando de forma mientras avanzamos, y Woolf observa a su amiga desde distintos ángulos hasta convertirla casi en un personaje de cuento.

Además, las ilustraciones y las láminas que acompañan la edición hacen que la lectura tenga algo de viaje en el tiempo. Páginas de Espuma ha cuidado muchísimo el aspecto del libro, reproduciendo el aire de aquellas publicaciones de principios del siglo XX. Y aquí el envoltorio importa, porque Violet es uno de esos libros que apetece tocar, mirar y volver a abrir incluso después de haber terminado la lectura.

Pero todavía queda el tercer relato.

Y aquí Virginia decide que ya que estamos, podemos olvidarnos tranquilamente de las reglas.

Una Woolf con monstruos, diosas y ganas de jugar

Una historia para hacerte dormir es, para mí, el relato que termina de demostrar que esta joven Virginia Woolf no tenía demasiado interés en quedarse quieta dentro de ningún género.

Nos vamos a un Japón imaginario, aparecen diosas gigantes, monstruos y transformaciones, y la historia adquiere un aire de cuento fantástico contado al borde de la cama. Hay algo casi infantil en su manera de jugar con el paisaje y con la imaginación, aunque debajo de esa apariencia de cuento también aparecen cuestiones relacionadas con las mujeres, la libertad, la religión y las formas en las que construimos nuestras propias sociedades.

Y aquí está una de las cosas que más me han interesado de Violet: leer estos relatos sabiendo quién llegará a ser Virginia Woolf.

Porque nosotros conocemos el final de la película.

Ella no.

Tiene 26 años y todavía está experimentando. Está buscando su voz, probando estructuras, mezclando biografía, fantasía, humor y ficción. Y en medio de todo ese juego aparecen algunas de las semillas que después crecerán en su obra.

También resulta imposible no fijarse en Violet Dickinson. La relación entre ambas mujeres tiene una intensidad que va más allá de una simple amistad literaria. Woolf sentía una enorme admiración por ella y la convirtió en materia de ficción, exagerando sus rasgos hasta construir una especie de Violet mitológica: altísima, excéntrica, independiente, divertida y completamente imposible de meter en una casilla.

Quizá por eso estos relatos tienen algo de homenaje privado.

Virginia estaba escribiendo sobre una persona a la que quería y conocía bien, pero también estaba descubriendo qué podía hacer con ella sobre el papel.

Y eso se nota.

Se nota en la libertad, en el humor y también en esa mezcla extraña entre lo cotidiano y lo fantástico que hace que una mujer pueda estar hablando tranquilamente con un jardinero y, unas páginas después, nos encontremos en medio de una historia poblada por criaturas imposibles.

Hay que recordar, además, que estos textos estuvieron perdidos durante muchísimo tiempo. Fueron escritos como una especie de broma privada y no llegaron a publicarse entonces. El manuscrito permaneció oculto hasta que la investigadora Urmila Seshagiri encontró una versión corregida mientras buscaba documentación relacionada con Violet Dickinson.

Y de pronto, más de un siglo después, tenemos entre las manos una Virginia Woolf que todavía no es del todo la Virginia Woolf que conocemos.

Y eso tiene bastante encanto.

Porque Violet no es un libro para acercarse a Woolf esperando encontrar otra Una habitación propia. Aquí hay algo más pequeño, más juguetón y más extraño. Tres relatos que funcionan también como una ventana hacia una escritora joven que todavía estaba tanteando el terreno y descubriendo qué hacer con todas esas ideas que tenía dando vueltas por la cabeza.

La edición de Páginas de Espuma termina de redondear la experiencia con las ilustraciones de Andrea Reyes, el prólogo y las notas de Patricia Díaz Pereda y un cuidado estético que convierte el volumen casi en un pequeño objeto de colección.

Yo me quedo especialmente con esa Virginia capaz de escribir sobre la emancipación femenina y, al mismo tiempo, mandar a sus personajes a enfrentarse con monstruos marinos.

Porque quizá ahí está precisamente lo divertido de descubrir a una escritora antes de que se convierta en un clásico.

Todavía está jugando.

Y nosotros tenemos la suerte de haber llegado a tiempo para mirar.


 — Natalia Sancho.   


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Guardianas de las tierras del norte, de Javier Solís y Verónica García-Peña

 


Autores: Javier Solís y Verónica García-Peña
Ilustraciones: Sandra Márquez  
Género: Ensayo / Cuentos
Editorial: Uve Books
Páginas: 196
Idioma: Castellano 


La importancia de la mujer en el mito y la tradición. Feminidad, criaturas y relatos desde la mitología vasca y asturiana

Hasta no hace tanto, en los pueblos del norte la mitología servía para explicar lo inexplicable: una tormenta repentina, la fuente que se secaba, el ganado que enfermaba sin causa. Y en el centro de muchas de esas explicaciones había una mujer. Diosa, curandera, bruja, dama de la cueva. Guardianas de las tierras del norte recorre la mitología de Asturias y el País Vasco para recuperar esas figuras femeninas y devolverles el papel que tuvieron antes de que la Iglesia, y los siglos, las convirtieran en simples supersticiones o en amenazas.

Verónica García-Peña y Javier Solís parten de una idea: que ambas mitologías comparten una misma raíz matriarcal, una visión del mundo en la que lo femenino crea la naturaleza y la gobierna. Frente a la imagen heredada ―la sirena que seduce para perder a los hombres, la vieja hechicera acusada de herejía―, los autores rastrean lo que estas criaturas significaban en origen: mujeres que se salían de las normas.

El libro mezcla dos registros. Por un lado, la divulgación, con el rigor de quien conoce las fuentes. Por otro, la ficción: cada capítulo se cierra con un cuento escrito para la ocasión, que recoge el aire de las leyendas antiguas y lo prolonga en historias nuevas. El resultado es un ensayo poco habitual, que se lee como quien escucha un relato al calor de la lumbre.

 

                                                                       


Javier Solís Fernández

(Avilés, 1978) es licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo. Especializado en cultura popular asturiana, mitología y tradición oral, desarrolla una intensa labor divulgativa en medios de comunicación.Desde 2021 participa en el programa La Buena Tarde (Radiotelevisión del Principado de Asturias) con la sección semanal ‘Milenta regatos’, centrada en la mitología, etnografía y el imaginario oral asturiano. Desde 2023 colabora también en Les Fartures con el espacio mensual ‘La casa gris’, en el que explora, junto a la escritora Verónica García-Peña, los vínculos entre la literatura universal y la gastronomía. Ha publicado junto con la autora Verónica García- Peña Guardianas de las tierras del norte. Feminidad, criaturas y relatos de la mitología vasca y asturiana. Editorial Uve Books, año 2026.



Verónica García-Peña 

(Oquendo, 1979) es escritora, socióloga y periodista, dos veces finalista del Premio Planeta yprefinalista del Premio Ateneo de Sevilla (2023). Licenciada en Sociología y Periodismo, trabajó como periodista enradio y prensa antes de dedicarse plenamente a la literatura. Ha publicado cinco novelas y una antología de relatos;entre sus obras destacan El ladrón de sueños (2016), La isla de las musas (2020) y Hasta morir la muerte (2024), su más reciente publicación es El carácter peculiar de algunas cosas (2025), publicado por Uve Books. Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos podcast, además de impartir conferencias y talleres de lectura. Tambiénparticipa activamente en ferias y congresos literarios, y forma parte de jurados en eventos como la Semana Negra de Gijón.


Las ilustraciones

La ilustración íntegra de la obra —cubierta e interiores— es obra de Sandra Márquez (Oviedo, 1984), licenciada en Edición de Arte y Técnicas de Grabado y Estampación por la Escuela de Arte de Oviedo. Artista visual y diseñadora especializada en el libro impreso, ha ilustrado y diseñado numerosas ediciones de clásicos de la literatura. Bajo el seudónimo de Emain Juliana es autora de Simbología de las flores. Arte, cine y literatura (2021) y Fuerzas ocultas (2023).


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Guardianas, diosas y mujeres que nunca tuvieron demasiada intención de quedarse calladas

Si durante siglos alguien se ha dedicado a contar historias sobre mujeres que viven en cuevas, hablan con el agua, curan enfermedades, protegen los bosques o aparecen cuando menos conviene, quizá ha llegado el momento de escuchar la historia desde el otro lado.

Guardianas de las tierras del norte, de Verónica García-Peña y Javier Solís, se adentra en la mitología asturiana y vasca a través de figuras como Mari y la Vieya, el Eguzkilore, las lamias y las sirenas, las xanas y las brujas, recuperando historias y creencias que han ido cambiando con el paso del tiempo. El libro se detiene precisamente en esa transformación y en la manera en que muchas de estas figuras fueron adquiriendo nuevas interpretaciones hasta quedar asociadas al miedo, la superstición o la amenaza.

La propuesta resulta especialmente interesante porque pone en relación dos tradiciones que comparten muchos elementos y lo hace desde una perspectiva centrada en la importancia de lo femenino dentro del mito y de la tradición oral. Los autores se detienen en las criaturas, las creencias y los relatos, pero también en la transformación que sufrieron estas figuras a lo largo de los siglos y en la manera en que determinadas mujeres que se salían de las normas podían terminar convertidas en seres incómodos dentro del imaginario popular.

Y aquí aparece una de las particularidades del libro: Guardianas de las tierras del norte no se queda únicamente en la divulgación. Cada capítulo incorpora un cuento original que recoge el ambiente de las antiguas leyendas y lo lleva a un territorio nuevo, creando un diálogo muy interesante entre investigación y ficción.

El resultado es un libro híbrido, accesible y muy narrativo, que permite acercarse a la mitología sin necesidad de ponerse previamente un jersey de profesor universitario y preparar tres cafés para enfrentarse a él. La parte divulgativa aporta contexto y conocimiento; los relatos aportan atmósfera, imaginación y esa sensación de estar escuchando una historia antigua mientras fuera empieza a llover.

Además, las ilustraciones de Sandra Márquez tienen un papel importante dentro del conjunto. No funcionan únicamente como acompañamiento visual, sino que ayudan a construir ese imaginario de bosques, criaturas, mujeres y paisajes del norte que atraviesa todo el libro.


Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Tengo que empezar diciendo que con Verónica García-Peña ya tenía cierta ventaja, porque había leído anteriormente El carácter peculiar de algunas cosas y La isla de las musas, dos libros bastante diferentes entre sí y que, precisamente por eso, me habían permitido descubrir facetas muy distintas de su escritura.

En El carácter peculiar de algunas cosas me conquistó esa manera de convertir objetos, colores y situaciones aparentemente cotidianas en pequeñas historias cargadas de emoción, misterio y un puntito de humor negro. La isla de las musas, en cambio, me llevó por un territorio mucho más oscuro, atmosférico y cercano al misterio gótico, con esa Galicia de lluvia, niebla, mar y secretos que parecía empeñada en no dejar dormir tranquilo a nadie.

Así que cuando llegó Guardianas de las tierras del norte tenía claro que quería leerlo, pero además había un motivo todavía más personal: yo soy del norte y me encanta la mitología. Me fascinan las leyendas que han sobrevivido en nuestros pueblos, las historias que se han contado durante generaciones y esa forma tan nuestra de llenar montes, cuevas, bosques, fuentes y caminos de criaturas que quizá no aparecen en ninguna guía turística, pero que forman parte de la memoria de los lugares. Y aquí he disfrutado muchísimo.

Porque encontrarse con Mari, con la Vieya, con Eguzkilore, con la Xana, con las Lamias, con las Sorginak o con las Bruxes o con chupadoras de sangre es adentrarse directamente en ese norte donde la naturaleza nunca ha sido simplemente un paisaje.

Mari, con toda su fuerza y sus diferentes rostros, me parece especialmente fascinante. También me ha gustado detenerme en la Vieya y en Eguzkilore, porque detrás de estas figuras hay toda una manera de entender la naturaleza, la protección y aquello que nuestros antepasados no podían explicar de otra manera.

Y luego están las Xanas, las Lamias, las Sorginak y las Bruxes, con todo ese imaginario que durante siglos ha mezclado miedo, respeto, fascinación y superstición. Algunas fueron convertidas en criaturas peligrosas, otras en seres mágicos y otras quedaron atrapadas bajo etiquetas que terminaron ocultando buena parte de lo que representaban originalmente.

Eso es precisamente una de las cosas que más me ha gustado del libro: mirar a estas mujeres y criaturas desde otro lugar, intentando recuperar qué significaban antes de que los siglos las llenaran de miedo.

Porque una mujer que conoce las plantas puede ser una curandera. Pero también puede convertirse en una bruja.

Una mujer que vive fuera de las normas puede ser una sabia. O una amenaza.

Y quizá ahí esté una de las preguntas más interesantes que deja el libro: cuánto de lo que creemos saber sobre estas figuras procede de la tradición original y cuánto fue cambiando con el tiempo según quién contaba la historia.

Además, me ha encantado que el libro no se limite a explicarnos las leyendas, porque los cuentos originales que cierran cada capítulo consiguen que todo ese imaginario vuelva a respirar. Después de leer sobre una criatura, una creencia o una tradición, encontrártela transformada en relato hace que quieras seguir caminando por ese bosque un poco más.

Y eso, para alguien a quien le gustan tanto las leyendas como a mí, es peligroso. Porque empiezas leyendo tranquilamente sobre mitología vasca y asturiana y terminas pensando que quizá deberías investigar qué criaturas viven cerca de tu casa. 

También he disfrutado muchísimo de la conexión entre la mitología vasca y la asturiana. Son tradiciones que pertenecen a territorios diferentes, pero que comparten una relación muy poderosa con la naturaleza, la oralidad y esas historias que pasan de generación en generación y sobreviven incluso cuando ya casi nadie recuerda quién empezó a contarlas.

Quizá por eso este libro me ha tocado especialmente. Porque habla del norte que conozco y del norte que me gusta, ese norte de montañas, lluvia, bosques, mar, cuevas, caminos y leyendas que parece guardar una historia detrás de cada esquina.

Después de haber leído a Verónica García-Peña en registros tan diferentes como El carácter peculiar de algunas cosas y La isla de las musas, me ha gustado volver a encontrarme con su escritura en un territorio que siento tan cercano.

Y si además me das mitología, tradición oral, mujeres, criaturas, leyendas y norte…

Bueno.

Ya puedes imaginar que tenía muy pocas posibilidades de salir de aquí sin querer seguir leyendo sobre Mari, Lamias, Xanas y Sorginak durante unas cuantas horas más. 

Porque hay lugares que tienen historia.

Y luego está el norte, que además tiene leyendas.

 

— Natalia Sancho.       


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«Historias Phantasticas 3» de AA.VV

 


Autores: AA.VV
Idioma: Castellano 
Género: Relatos de terror
Editorial: El transbordador
Páginas: 145
Fecha de publicación: 22 de junio de 2026

 

Hay otros mundos posibles. Mundos en los que lo nada es lo que parece, y la realidad se esconde detrás de mil capas de engaños; mundos en los que lo veraz se repudia; en que el terror se abre camino a plena vista; mundos de fantasía en los que poder empezar nuevas historias y otros en los ya no quedarán historias por contar.

En estas páginas acechan criminales que se esconden tras una pantalla para explicar su realidad, extraños ritos capaces de conceder dones, esperanzas, peligrosos visitantes, apuestas, éxitos y fracasos.

Esta tercera compilación de relatos fantásticos, nacida de la colaboración entre la escuela online de escritura de ciencia ficción, fantasía y terror Phantastica.com, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, os ofrece un escaparate de la rica y diversa literatura de género actual. Encuentra los límites de la imaginación entre estas páginas y atrévete a cruzar el umbral hacia algo nuevo.




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hay algo especialmente difícil en una antología: conseguir que cada relato tenga personalidad propia y, al mismo tiempo, que el conjunto funcione como un libro y no como una simple colección de textos. Historias Phantasticas III supera ese reto ofreciendo una muestra muy variada de la ciencia ficción, la fantasía y el terror que se está escribiendo actualmente en español.

Nacida de la colaboración entre la escuela de escritura Phantastica, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, esta tercera entrega vuelve a demostrar que el relato breve sigue siendo uno de los mejores laboratorios para la literatura fantástica. Aquí conviven mundos imposibles, criaturas inquietantes, tecnología, supersticiones, futuros inciertos y realidades que apenas necesitan desviarse unos milímetros de la nuestra para resultar profundamente perturbadoras.

Uno de los grandes aciertos del volumen es precisamente esa diversidad. Cada autor propone una mirada distinta sobre lo fantástico y utiliza herramientas diferentes para sorprender al lector. Algunos relatos apuestan por el terror más atmosférico; otros se acercan a la ciencia ficción especulativa; otros prefieren la fantasía o el realismo extraño. Esa variedad hace que la lectura mantenga constantemente el factor sorpresa.

Como ocurre en toda antología, habrá relatos que conecten más con unos lectores que con otros, pero precisamente ahí reside parte de su atractivo. Es muy probable que cada persona cierre el libro con una selección completamente distinta de favoritos.

Historias Phantasticas III es, además, una excelente puerta de entrada para descubrir nuevas voces del fantástico en castellano y comprobar la enorme vitalidad que vive actualmente el género. Un volumen que invita a seguir explorando autores, estilos y formas de imaginar otros mundos.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema con las antologías. Siempre empiezo diciéndome: "Voy a leer un relato antes de dormir" y, de alguna manera que todavía no logro explicar, ese relato acaba convirtiéndose en cuatro. O cinco. Porque el cerebro hace una trampa muy curiosa: como cada historia es corta, te convence de que puedes leer otra. Y otra. Y otra. Con Historias Phantasticas III me pasó exactamente eso.

Lo que más me gusta de este tipo de libros es que nunca sabes dónde vas a aterrizar en la siguiente página. Un relato puede llevarte a un futuro imposible y el siguiente dejarte encerrada en una casa donde algo no termina de encajar. Cuando empiezas a sentirte cómoda... el libro cambia completamente las reglas del juego. Y eso es divertidísimo.

También disfruto mucho descubriendo autores. Hay algo muy especial en encontrar una voz que no conocías y pensar: "Vale, a esta persona quiero seguir leyéndola". Creo que una buena antología también sirve para eso: para abrir puertas.

Además, el relato corto tiene una ventaja enorme. No tiene tiempo para entretenerse. Entra directo en la historia, lanza la idea, aprieta el acelerador y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha terminado... aunque muchas veces la sensación se queda contigo bastante más tiempo que algunas novelas de quinientas páginas.

Al final cerré el libro con la misma impresión con la que termino siempre las mejores antologías: no me llevé una sola historia. Me llevé muchas. Y algunas siguen dando vueltas por mi cabeza bastante después de haber pasado la última página.

 

   — Natalia Sancho.   



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«Relatos de terror» de Edgar Allan Poe

 


Autor: Edgar Allan Poe
Traducción: Núria Molines
Cubierta: Jorge Collado
Editorial: Algar Editorial
Páginas: 117

Este volumen recopila los cinco cuentos más emblemáticos del gran maestro del terror. Sumérgete en atmósferas tenebrosas y misteriosas, donde personajes crueles son dominados por la perversidad, el terror, la locura y la sed de venganza. Historias de ritmo vertiginoso, en las que la tensión y la ansiedad crecen con cada página. ¿Serás tú, lector incauto, la próxima víctima? 

                            
                                


Edgar Allan Poe  hijo de unos actores ambulantes de teatro, se quedó huérfano a los dos años. Fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico, y educado en Inglaterra y Norteamérica. Su vida universitaria fue rebelde y libertina, en esta época es cuando el poeta empieza a beber, hasta que es expulsado de la Universidad de Virginia por jugador. En 1827 escribió su primer volumen de poesías, Tamerlán, en la que se denota una leve inclinación byroniana. En 1830 lo admitieron en la Academia Militar de West Point, de la que pronto fue expulsado. A partir de entonces se inicia su agitada carrera literaria.

Vivía al día, como periodista con un sueldo mediocre, pero estas actividades lo llevaron a conseguir muchos trabajos en calidad de colaborador y posteriormente, llegar a la dirección de numerosos periódicos, entre ellos el Southern Literary Messenger, el cual se convirtió bajo su dirección en el más importante periódico del sur. Por todos estos empleos recibía un sueldo mísero, pero a cambio le daban la oportunidad de publicar sus relatos, lo que le proporcionó fama; sin embargo, la mayor parte del tiempo vivió el la más absoluta miseria, con algunos lapsos de relativa calma.

                                     

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Relatos de terror de Edgar Allan Poe, publicado por Algar Editorial dentro de su colección Algar Joven, reúne cinco de los cuentos más representativos del autor, considerado uno de los grandes maestros del terror y del relato psicológico.

La obra ofrece una buena puerta de entrada al universo literario de Poe, un escritor que transformó el género del terror al alejarlo de los simples elementos sobrenaturales para centrarse en algo mucho más inquietante: la mente humana. En sus historias, el miedo no proviene únicamente de fantasmas o sucesos extraños, sino de la culpa, la obsesión, la paranoia y la locura.

Los relatos que componen este volumen destacan por su intensidad narrativa y por la atmósfera opresiva que el autor consigue construir en muy pocas páginas. Poe domina el ritmo del relato corto con una precisión admirable: cada detalle parece pensado para aumentar la tensión y conducir al lector hacia un desenlace perturbador.

Uno de los aspectos más característicos de su estilo es el uso de narradores poco fiables, personajes que se mueven entre la racionalidad y la locura, y escenarios que parecen reflejar el estado mental de quienes los habitan. Esa mezcla entre lo psicológico y lo macabro es precisamente lo que ha convertido sus relatos en clásicos del género.

Además del interés literario, este volumen también permite acercarse a la figura de Poe, un autor cuya vida estuvo marcada por las dificultades económicas, los conflictos personales y una intensa actividad periodística que influyó notablemente en su estilo directo y contundente.

En conjunto, Relatos de terror funciona como una recopilación ideal para descubrir, o redescubrir, la obra de un escritor que marcó profundamente la literatura moderna y sentó las bases del terror psicológico contemporáneo.

                                       

Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Leer a Poe siempre es una experiencia un poco especial. Aunque sus relatos fueron escritos hace más de un siglo, tienen algo que sigue funcionando perfectamente hoy: esa capacidad de meterse en la cabeza de sus personajes y mostrar cómo la mente puede convertirse en el lugar más aterrador de todos.

En este libro volví a encontrar algo que siempre me gusta de sus historias: no necesitas grandes monstruos ni escenas exageradas para sentir inquietud. A veces basta una habitación cerrada, un pensamiento obsesivo o un narrador que empieza a perder el control de lo que cuenta.

Eso es algo que Poe hace de manera magistral.

Mientras leía estos relatos tenía la sensación de que la tensión iba creciendo poco a poco, casi sin que te des cuenta. Sus historias no siempre buscan el susto inmediato, sino esa incomodidad que aparece cuando empiezas a sospechar que algo no está bien… y que probablemente va a empeorar.

También me gusta mucho cómo escribe. Su estilo es intenso, a veces casi obsesivo, y eso encaja perfectamente con los personajes que crea.

Si tengo que decir algo, quizá algunos lectores acostumbrados al terror más moderno pueden notar que el ritmo es diferente. No es un terror rápido o cinematográfico; es más atmosférico, más psicológico.

Pero precisamente por eso sigue funcionando tan bien.

Para mí, este tipo de libros son una buena forma de volver a los clásicos y recordar por qué Poe sigue siendo considerado uno de los grandes nombres del terror.

Porque después de leerlo entiendes algo muy claro: a veces el verdadero miedo no está fuera… está dentro de la mente humana.

— Natalia Sancho.       


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«Rip van Winkle» de Irving Washington


Autor: Washington Irving
Ilustrado: Noemí Villamuza 
Traducción: Enrique Maldonado Roldán
Editorial: Nórdica Libros
Género: Relato
Páginas: 80
                                

Publicado en 1819, este relato es considerado el primer cuento de la literatura norteamericana. Está ambientado en los días previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y narra la historia de un aldeano de ascendencia holandesa que escapa de su esposa, que lo regañaba continuamente por irse al bosque. Tras varias aventuras, se sienta bajo la sombra de un árbol y se queda dormido. Al despertar el mundo que conocía había cambiado por completo...

Este relato sigue muy presente en la cultura de Estados Unidos y, de hecho, la historia se sigue contando entre los niños, que aún disfrutan con la leyenda del viejo Rip van Winkle.

                                        

Washington Irving (Nueva York, 1783 – Sunnyside, 1859). Escritor norteamericano perteneciente al mundo literario del costumbrismo. Washington Irving es el primer autor americano que utiliza la literatura para hacer reír y caricaturizar la realidad, creando además el estilo coloquial que después utilizarían Mark Twain y Hemingway. Perfecto romántico por su amor a la Historia, como ciudadano de un país recién creado buscó en Europa una fuente de inspiración inagotable y la encontró en España. Aunque sus escritos sobre nuestro país carecen de rigor científico, gozan de especial encanto.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Rip van Winkle, publicado en 1819, está considerado uno de los primeros relatos fundamentales de la literatura norteamericana. Ambientado en los años previos y posteriores a la Guerra de Independencia de Estados Unidos, combina el folklore europeo con el paisaje y los mitos del valle del río Hudson para construir una historia que ha permanecido viva durante generaciones.

El relato sigue a Rip, un aldeano de ascendencia holandesa que prefiere pasar el tiempo en la naturaleza antes que atender sus responsabilidades familiares. Su huida constante hacia el bosque lo lleva a vivir una experiencia fantástica: tras encontrarse con unos personajes misteriosos y beber un extraño licor, se queda dormido bajo un árbol y despierta años después, en un mundo completamente transformado.

Más allá del elemento mágico, la obra funciona como una reflexión sobre el paso del tiempo, el cambio social y político y la identidad colectiva de un país que nace. Rip se duerme siendo súbdito británico y despierta en una sociedad nueva, bajo el liderazgo de George Washington, lo que convierte el cuento también en una metáfora de la transición histórica de Estados Unidos.

El estilo de Washington Irving destaca por su tono irónico, su narración ligera y la riqueza descriptiva del paisaje. La historia mezcla humor, leyenda y crítica social sin perder su carácter accesible, lo que explica que siga siendo un relato muy presente en la cultura popular y en la literatura infantil y juvenil.

Además, las ediciones ilustradas, como la de Noemí Villamuza, aportan una dimensión visual que refuerza la atmósfera mágica y atemporal del cuento.

                                        

Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Me ha parecido un cuento pequeño, sencillo… pero con muchísimo encanto.

Es de esos relatos que se leen rápido, casi como si alguien te estuviera contando una leyenda al lado del fuego. Me gustó mucho la idea del salto en el tiempo y esa sensación de despertar y descubrir que todo ha cambiado sin ti. Tiene algo divertido y a la vez un poquito triste.

Rip es un personaje curioso: no es precisamente un héroe perfecto, más bien alguien que prefiere escapar de los problemas y perderse en la naturaleza. Y aunque hoy algunas partes pueden verse con otros ojos (sobre todo lo relacionado con su matrimonio), el tono general es tan ligero que se disfruta sin complicaciones.

Lo que más me gustó fue la atmósfera. El bosque, las montañas, los personajes misteriosos… todo tiene ese aire de cuento clásico que sigue funcionando dos siglos después. También me sorprendió pensar que estaba leyendo algo considerado el inicio de la literatura estadounidense, porque se siente muy cercano y fácil de leer.

No es una historia larga ni profunda en exceso, pero sí muy entretenida. De esas lecturas que dejan una sonrisa tranquila y la sensación de haber escuchado una buena historia antes de dormir. 

«Rip Van Winkle estaba dispuesto a atender las tareas de cualquiera, menos las suyas. Cumplir sus obligaciones familiares y mantener en orden le resultaba imposible»
           
«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?

— Natalia Sancho.   




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«Cuentos» de Ray Bradbury




Autor: Ray Bradbury
Traducción: Ce Santiago
Ilustrado: Arturo Garrido
Género: Cuentost
Páginas: 1344


Mucho más que un autor de ciencia ficción, Ray Bradbury (1920–2012) es uno de los grandes narradores del siglo XX. Maestro absoluto del relato, su obra ha influido en generaciones de escritores y cineastas. Esta edición –la más completa publicada en castellano, preparada por Paul Viejo y traducida por Ce Santiago– reúne desde sus cuentos más representativos, los clásicos de Crónicas marcianas o El hombre ilustrado, entre otros, hasta joyas menos frecuentadas o versiones nunca antes traducidas de algunos títulos, para trazar una imagen total. Organizado cronológicamente, este volumen con más de un centenar de cuentos permite seguir la evolución estilística y temática de un creador inimitable que escribió sobre Marte como si hablara de la Tierra, sobre el futuro para explorar la memoria, sobre los veranos interminables de la infancia y sobre casas que piensan, sobre el miedo sin recurrir al sobresalto y también sobre máquinas que aman y sueñan. La literatura de Ray Bradbury –lírica, hipnótica, pero, sobre todo, inconfundible–, a medio camino entre la fábula, lo fantástico, la alegoría, el suspense y la melancolía, desafía los géneros y atraviesa generaciones de lectores. Un volumen ineludible. Una constelación abierta. Mucho más que un autor de ciencia ficción. Todo un clásico.


                                       


Escritor americano, Ray Bradbury fue conocido por sus obras dedicadas a la ciencia ficción, el terror y la fantasía, siendo considerado uno de los grandes maestros del género fantástico del siglo XX. Bradbury nació en una familia humilde y no cursó estudios universitarios, completando su formación de manera autodidacta a través de bibliotecas públicas. De hecho, su amor por las bibliotecas se tradujo posteriormente en una defensa a ultranza del sistema de bibliotecas americano. Se inició joven en la escritura, con especial atención al relato corto, siendo publicado en numerosas revistas literarias. En 1940 publicó su primera antología Dark Carnival, a la que seguirían otras como la muy popular Crónicas marcianas. Pero fue sin duda su obra distópica Fahrenheit 451 el detonante de su fama y éxito, gracias a la excelente versión de François Truffaut que se convirtió en todo un clásico cinematográfico. Otras obras de Bradbury fueron adaptadas como El hombre ilustrado, El carnaval de las tinieblas o El sonido del trueno. A lo largo de su carrera, Bradbury recibió premios como el Seiun, el Locus, el World Fantasy Award, el Saturn, el Stoker, el Reino de Redonda o el Retro Hugo a la mejor novela de 1953 por Fahrenheit 451.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hablar de Cuentos de Ray Bradbury, implica asumir desde el principio que estamos ante algo más que una simple recopilación de relatos. Esta edición publicada por Páginas de Espuma, la más completa en castellano hasta la fecha, funciona como una auténtica cartografía literaria que permite recorrer, paso a paso, la evolución creativa de uno de los grandes narradores del siglo XX.

El volumen reúne más de un centenar de cuentos organizados cronológicamente, un acierto editorial que no solo aporta coherencia, sino que permite observar cómo Bradbury va afinando su voz, ampliando sus obsesiones y consolidando un estilo absolutamente reconocible. Desde los relatos tempranos marcados por la herencia de Poe o Wells hasta las piezas de madurez donde la emoción, la memoria y la melancolía ocupan el centro, el lector asiste al crecimiento de un autor que nunca dejó de escribir desde la intuición y la honestidad.

Uno de los grandes valores de esta edición es precisamente ese enfoque panorámico. Aquí conviven los cuentos más emblemáticos de Crónicas marcianas o El hombre ilustrado con relatos menos transitados, versiones inéditas en castellano y textos que amplían la imagen que muchos lectores tenían de Bradbury. El resultado es una visión completa, rica y matizada, que desmonta definitivamente la etiqueta reductora de “autor de ciencia ficción”.

Porque Bradbury escribe sobre el futuro para hablar del presente, sobre Marte para hablar de la Tierra y sobre máquinas para explorar emociones profundamente humanas. Sus cuentos abordan temas como la censura, la guerra, la tecnología, la soledad, la infancia o la pérdida, siempre desde una mirada poética que transforma lo cotidiano en algo inquietante y revelador. El terror en Bradbury rara vez surge del sobresalto: nace de la atmósfera, de lo insinuado, de una grieta sutil en la realidad.

La edición, cuidada con mimo, suma además un prólogo iluminador de Laura Fernández y una traducción de Ce Santiago que respeta el pulso lírico del original sin perder naturalidad. Todo ello convierte este libro en un volumen de referencia, imprescindible tanto para lectores veteranos como para quienes se acerquen por primera vez a su obra.

Cuentos es una constelación abierta que permite leer a Bradbury como lo que siempre fue, un narrador total, capaz de unir fábula, fantasía, suspense y emoción en una voz única.

                                           


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Leer este libro ha sido como abrir una puerta… y descubrir que detrás hay mil más.

No es un volumen para leer con prisa ni en línea recta. Yo he ido saltando, volviendo atrás, cerrándolo y abriéndolo otra vez como quien entra en una casa llena de habitaciones secretas. Cada cuento tiene su propia temperatura: algunos te dejan con un nudo en la garganta, otros te inquietan sin que sepas muy bien por qué, y muchos te devuelven a ese lugar extraño donde la infancia y el miedo se dan la mano.

Bradbury me desarma porque escribe desde la emoción pura. Hay cuentos en los que apenas pasa “nada” y, aun así, lo sientes todo. Casas que siguen funcionando cuando ya no queda nadie, ciudades que esperan durante siglos, niños que descubren demasiado pronto lo que significa perder… Y, en medio de lo fantástico, siempre aparece algo profundamente humano.

He tenido la sensación constante de que Bradbury no quería impresionar, sino compartir. Como si cada relato fuera una confidencia, una imagen rescatada del recuerdo o del sueño. Su manera de mezclar ternura y oscuridad me parece brutalmente honesta, y eso explica por qué sus historias siguen tocándonos hoy con la misma fuerza.

Este libro me ha recordado por qué los cuentos son un territorio infinito y por qué Bradbury sigue siendo un autor al que se vuelve. Porque leerlo es recuperar el asombro, aceptar que lo extraño forma parte de la vida y entender que la imaginación también sirve para mirar de frente lo que duele.

Para mí, Cuentos es un libro para habitarlo durante mucho tiempo. Para releerlo. Para dejarse llevar. Y para recordar que la buena literatura, cuando es de verdad, nunca se agota.

«No soportábamos al hombre ni sus maneras imperfectas. Pensábamos que era estúpido y ridículo, con su arte y su música. Podía morir. Nosotros no. Así que lo destruímos porque estorbaba, llenaba de nimiedades nuestro universo perfecto.»
           
«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?



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