Idioma: Castellano
Traducción: Teresa Lanero Ladrón de Guevara
Editorial: AdN Editorial Grupo Anaya
Páginas: 336
Género: Novela - Narrativa
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Autora: Kirstin Valdez QuadeTraducción: Blanca GagoA partir de de 14 añosGénero: JuvenilEditorial: Nórdica LibrosPáginas: 536
Injusticias y esperanza en Nuevo México.
Una narración profunda y cargada de humor sobre la familia y las raíces.
Es Semana Santa en el pequeño pueblo de Las Penas, Nuevo México, y Amadeo
Padilla, un desempleado de treinta y tres años, ha sido elegido para
representar a Jesús en la procesión del Viernes Santo. Se prepara con fervor
para este papel cuando su hija, Angel, de quince años, aparece embarazada en su
puerta, trastocando sus planes de redención personal. A pocas semanas de dar a
luz, la valiente y vivaz Angel ha huido de casa de su madre, dando un giro
inesperado a su vida.
Vívida, tierna, divertida y bellamente narrada, Las cinco heridas abarca el
primer año de vida del bebé, mientras convergen cinco generaciones de la
familia Padilla, unos personajes inolvidables en una milagrosa novela de debut.
«Los personajes de esta fascinante novela están creados con detalles luminosos
e inolvidables. El ritmo es perfecto, al igual que el tacto y el cuidado con
que se desarrolla cada escena. Kirstin Valdez Quade, al concentrarse en la
verdad de los pequeños momentos, ha logrado plasmar todo un mundo con nitidez».
Colm Tóibín
(Albuquerque, Nuevo México).
Escritora estadounidense, ha recibido ha recibido una beca Guggenheim, una beca
Lannan, el Premio John Guare del Fondo de Escritores de Roma de la Academia
Americana en Roma y una beca Stegner en Stanford. Su obra ha aparecido en The
New Yorker, The Best American Short Stories, The O. Henry Prize Stories y The
New York Times, entre otras publicaciones. Es profesora asociada en la
Universidad de Princeton y es la autora de Las cinco heridas, ganadora del
Premio a la Primera Novela del Centro de Ficción y del Premio de la Fundación
Familiar Rosenthal de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, de
próxima aparición en Nórdica. Las cinco heridas fue nombrado Mejor Libro de
2021 por NPR, PBS News Hour, Publishers Weekly, Kirkus Reviews, Library
Journal, Booklist y Book Riot.
Hay heridas que no sangran, pero hacen
bastante ruido
Amadeo Padilla tiene treinta y tres
años, está desempleado, bebe más de lo que debería y acaba de recibir una
oportunidad que, al menos sobre el papel, parece perfecta para empezar de
nuevo: representar a Jesús en la procesión del Viernes Santo de Las Penas, un
pequeño pueblo del norte de Nuevo México. Solo que la redención personal tiene
la mala costumbre de complicarse cuando, justo antes de subir a la cruz,
aparece tu hija de quince años embarazada.
Y Angel no llega precisamente para
facilitarle el papel.
A partir de ahí, Kirstin Valdez Quade
construye en Las cinco heridas una novela familiar que se extiende
durante el primer año de vida del bebé y que reúne a varias generaciones de los
Padilla. Amadeo, Angel, Yolanda y el resto de personajes cargan con sus propias
dificultades, pero también con algo más difícil de detectar: las consecuencias
de todo aquello que una generación deja sin resolver y que termina cayendo
sobre la siguiente.
La autora consigue que una historia en
la que aparecen el embarazo adolescente, el alcoholismo, la precariedad
económica, la enfermedad, el machismo, la religión y la falta de oportunidades
no se convierta en un catálogo de desgracias. Hay dolor, por supuesto, pero
también humor, ternura y momentos cotidianos que hacen que los personajes
respiren fuera de sus problemas.
Uno de los grandes aciertos está
precisamente en esa mirada. Valdez Quade no presenta a sus personajes como
buenos o malos, víctimas o culpables perfectamente delimitados. Son personas
que se equivocan, que decepcionan, que intentan arreglar las cosas y que muchas
veces vuelven a estropearlas antes de conseguirlo. Amadeo, especialmente, está
muy lejos del héroe tradicional: quiere cambiar, pero querer cambiar y
conseguirlo son dos asuntos bastante diferentes.
La religión funciona además como un
marco simbólico que acompaña la historia sin ofrecer respuestas fáciles. Amadeo
interpreta a Cristo mientras intenta comprender qué significa realmente
responsabilizarse de su propia vida, y ahí aparece una de las preguntas
centrales de la novela: ¿puede una persona cambiar de verdad o estamos
condenados a repetir lo que hemos aprendido?
El escenario también tiene mucho peso.
El norte de Nuevo México no funciona simplemente como decorado, sino como parte
de la identidad de la familia y de una comunidad marcada por su historia, sus
raíces y las desigualdades que condicionan las oportunidades de sus habitantes.
La novela fue publicada originalmente en 2021 y nació de un cuento anterior de
la autora publicado en The New Yorker.
Y quizá lo más interesante sea que
Valdez Quade no busca una redención espectacular. Aquí no hay grandes discursos
capaces de arreglar una vida en cinco minutos. Los cambios importantes llegan,
cuando llegan, a través de cosas bastante menos cinematográficas: cuidar,
quedarse, asumir una responsabilidad, pedir ayuda o intentar no repetir con tus
hijos aquello que te hicieron a ti.
Mi opinión (sin filtros, como siempre)
Confieso que al principio Amadeo me
produjo una mezcla bastante curiosa de desesperación y ganas de decirle: Amigo,
empieza por recoger tu propia vida antes de intentar salvar la de los demás.
Porque este hombre se dispone a
representar a Jesús y, mientras tanto, su vida personal parece haber decidido
representar al caos.
Y ahí es donde Kirstin Valdez Quade me
ha ganado.
Porque podría haber convertido a Amadeo
en el típico personaje que hace las cosas mal y al que el lector termina
despreciando, pero la autora hace algo mucho más interesante: consigue que lo
entendamos incluso cuando nos dan ganas de zarandearlo. No necesariamente lo
justificamos, pero empezamos a ver de dónde vienen sus errores y, sobre todo,
lo difícil que resulta romper una cadena familiar cuando llevas toda la vida
aprendiendo a vivir de esa manera.
Angel me ha interesado muchísimo. Tiene
quince años, está embarazada y, aunque las circunstancias parecen haber
decidido buena parte de su futuro por ella, hay en su forma de enfrentarse a lo
que viene una fuerza que contrasta muchísimo con la inmadurez de su padre. Me
ha gustado especialmente esa relación entre ambos, porque ninguno sabe muy bien
cómo ocupar el lugar que le corresponde y los dos están aprendiendo a ser algo
que todavía no saben cómo hacer.
Y luego está la familia, que es
probablemente el gran corazón de esta novela. Una familia puede quererte
muchísimo y, al mismo tiempo, hacerte muchísimo daño. Puede protegerte,
condicionarte, sostenerte y transmitirte heridas que ni siquiera sabes que llevas
encima. Los Padilla tienen un poco de todo eso.
He disfrutado mucho de cómo la autora
mezcla momentos duros con otros sorprendentemente divertidos, porque consigue
que la novela respire. Hay escenas en las que estás pensando en cuestiones
bastante serias y, de repente, aparece un detalle que te hace sonreír y
recuerdas que estas personas no son símbolos de nada: son personas
intentando llegar al final del día sin liarla demasiado.
También me ha gustado que la novela no
convierta la redención en un milagro instantáneo. Amadeo puede querer ser mejor
padre, mejor hijo y mejor persona, pero eso no borra de golpe todo lo anterior.
Y creo que ahí está una de las cosas más honestas de la historia: cambiar no
consiste en tener una revelación; consiste en hacer algo diferente mañana, y
volver a intentarlo pasado mañana.
Las cinco heridas me ha dejado esa sensación que dejan
algunas novelas familiares cuando terminas y tienes la impresión de haber
pasado demasiado tiempo dentro de una casa que ya conoces. Te encariñas con
personas que a veces te desesperan, te enfadas con ellas, las comprendes,
vuelves a enfadarte y, cuando llega el momento de cerrar el libro, te
sorprendes pensando qué estarán haciendo ahora.
Porque quizá esa sea la verdadera herida
de esta historia: que nadie nos enseña a querer sin repetir aquello que nos
hizo daño.
Y aprender a hacerlo puede ser mucho más
difícil que subir a una cruz un Viernes Santo.
— Natalia Sancho.
Autora: Lisa WilliamsonTraducción: Mónica RodríguezIlustración: Jess BradleyGénero: Infantil y JuvenilEditorial: Carambuco EdicionesPáginas: 276
Un crush secreto es una novela juvenil sobre amistad y primer amor que
acompaña a los lectores en la etapa de la preadolescencia y los cambios que
supone crecer.
A Astrid le gusta ser diferente: tiene
grandes amigos y es la mejor escritora de la Sociedad del Garabato. Pero cuando
conoce a Teddy y se convierte en su crush secreto, empieza a preguntarse si
seguir siendo ella misma es tan fácil como parecía.
Una historia divertida y cercana de Lisa
Williamson sobre los primeros enamoramientos, la amistad y la presión por
encajar, que recuerda la importancia de aceptarse y mantenerse fiel a uno
mismo.
¿A partir de qué edad se recomienda?
La novela está recomendada para lectores de 9 a 12 años, especialmente para
quienes están viviendo los cambios de la preadolescencia.
¿De qué trata?
Cuenta la historia de Astrid, una chica que vive su primer enamoramiento
mientras aprende a valorar aquello que la hace diferente.
¿Qué temas trabaja esta novela juvenil?
El libro trata temas como la amistad, el primer amor, la autoestima, la
identidad, los cambios de etapa y la importancia de ser uno mismo.
¿Forma parte de una colección?
Sí. Un crush secreto es el tercer título de la serie Instituto Bigg, una
colección pensada para lectores que se acercan al cambio de ciclo educativo.
¿Quiénes son las autoras?
La novela está escrita por Lisa Williamson, autora de El arte de ser
normal, e ilustrada por Jess Bradley.
Lisa Williamson
Lisa Williamson es una reconocida autora
británica de libros para niños, niñas y jóvenes, conocida por abordar temas
como la amistad, la identidad y los cambios emocionales con empatía y humor.
Antes de dedicarse a la escritura, trabajó como actriz y en el sistema de
servicios sociales, experiencias que enriquecen su capacidad para retratar el
mundo interior de los adolescentes.
Se dio a conocer con su aclamada
novela The Art of Being Normal y, desde entonces, ha publicado
varios títulos de gran éxito, siempre centrados en personajes reales que
enfrentan retos cotidianos. Mejores Amigas Forever, de la
colección Instituto Bigg, refleja su estilo cercano y sensible, con
una mirada fresca sobre las relaciones entre iguales y los cambios familiares.
Sus libros han recibido premios y han
sido traducidos a varios idiomas. Lisa vive en Londres y combina la escritura
con charlas escolares y actividades para fomentar la lectura entre los más
jóvenes.
Jess Bradley
Jess Bradley es una ilustradora y autora
británica especializada en libros infantiles y cómics, conocida por su estilo
divertido y expresivo. Ha trabajado en una amplia variedad de proyectos, desde
libros de actividades hasta novelas ilustradas para niños y niñas.
Colabora de forma habitual con The
Phoenix Comic, una revista de cómics muy popular entre los jóvenes lectores
del Reino Unido, y es también la autora de la exitosa serie A Day in
the Life of a Poo, a Gnu and You, un fenómeno internacional lleno de humor
y curiosidades.
Con una gran capacidad para captar las
emociones de los personajes y hacer reír a pequeños y mayores, Jess Bradley
aporta a Mejores Amigas Forever un toque visual que
complementa a la perfección el tono fresco y emotivo del texto. Su estilo ayuda
a conectar a los lectores con las vivencias y emociones de las protagonistas.
Un crush, dos amigas y el peligro de
pensar demasiado
Tener un crush ya es complicado de por
sí. Tenerlo en el instituto, verlo prácticamente todos los días y además
intentar que nadie descubra que llevas semanas pensando en él convierte la
preadolescencia en una especie de operación secreta para la que nadie ha
recibido entrenamiento.
Eso es precisamente lo que plantea Lisa
Williamson en Un crush secreto, una novela juvenil ilustrada por Jess
Bradley que se acerca a los primeros enamoramientos desde una perspectiva
divertida, cercana y muy reconocible para quienes están empezando a descubrir
ese extraño territorio en el que una sonrisa puede convertirse en el
acontecimiento más importante de la jornada.
Astrid es una protagonista fácil de
seguir porque no necesita ser extraordinaria para resultar interesante. Tiene
sus amigas, sus aficiones, sus inseguridades y esa necesidad tan propia de
estas edades de descubrir quién eres mientras, al mismo tiempo, intentas
averiguar qué se supone que los demás esperan de ti. Y entonces aparece Teddy,
el crush secreto que consigue alterar bastante más que sus pensamientos.
La novela funciona especialmente bien
cuando se centra en esa mezcla de amistad, ilusión, vergüenza y miedo a no
encajar. Williamson no convierte el primer amor en una tragedia monumental ni
necesita grandes conflictos para mantener el interés; entiende que, a esas
edades, conseguir hablar con la persona que te gusta puede tener la misma
importancia que cualquier aventura épica.
También resulta interesante cómo aborda
la identidad y la presión por cambiar para gustar a los demás. Astrid tendrá
que enfrentarse a una pregunta bastante más complicada que "¿le gusto a
Teddy?": ¿hasta dónde estoy dispuesta a dejar de ser yo para gustarle a
alguien?
Las ilustraciones de Jess Bradley
acompañan muy bien ese tono juvenil y desenfadado, aportando ritmo y ayudando a
reflejar el mundo emocional de los personajes sin quitar protagonismo a la
historia.
Y quizá ese sea uno de los mayores aciertos del libro: hablar de cosas importantes sin convertirlas en una lección. La amistad, la autoestima, el primer amor y el miedo a ser diferente aparecen integrados en la propia historia, de manera que el lector puede reconocerlos sin sentir que alguien ha colocado una pizarra delante y ha empezado a dar una clase.
Reconozco que Astrid me ha resultado de
esas protagonistas a las que te apetece seguir de cerca, aunque solo sea para
decirle de vez en cuando: "Por favor, deja de darle tantas vueltas". Porque si algo hace bien Un crush
secreto es meternos en esa cabeza donde una conversación de treinta
segundos puede analizarse durante tres horas y donde una sonrisa casual empieza
a parecer una pista enviada directamente por el universo.
Me ha gustado especialmente cómo se
retrata ese primer enamoramiento que todavía no sabe muy bien qué quiere ser,
pero que ya ocupa muchísimo espacio. Porque el primer crush tiene esa capacidad
maravillosa de convertir cualquier cosa en un acontecimiento: sentarse cerca,
coincidir en un pasillo, cruzar dos palabras… y salir de allí convencida de que
acabas de vivir el capítulo más importante de tu vida.
También me ha gustado que la historia no
se quede únicamente en "me gusta un chico", sino que aproveche ese
enamoramiento para hablar de algo mucho más interesante: lo fácil que es
empezar a cambiar cuando creemos que necesitamos gustar a los demás.
Y ahí creo que está la parte que más he
disfrutado, porque Astrid no solo tiene que descubrir qué siente por Teddy;
también tiene que descubrir cuánto de sí misma está dispuesta a conservar
cuando aparece alguien que le importa.
Es una lectura divertida, tierna y muy
cercana, especialmente recomendable para quienes están entrando en esa edad en
la que los sentimientos empiezan a parecer enormes y nadie te ha explicado
todavía qué hacer con ellos.
Porque crecer ya es bastante complicado.
Y si además te gusta alguien, necesitas
amigas, un poco de valor y probablemente un plan secreto de emergencia.
— Natalia Sancho.
Autora: Kirsty GreenwoodTraducción: Eva González RosalesGénero: Comedia románticaEditorial: ContraluzPáginas: 424Fecha de publicación: 2 de julio de 2026
Escribir una historia de amor nunca había sido tan difícil, sobre todo cuando la realidad supera la ficción.
Gertie Bickerstaff se gana la vida
escribiendo finales felices. O al menos así era hasta que su propia vida
amorosa se desmoronó. Ahora, mientras su ex disfruta del éxito, su fecha de
entrega se acerca y ella es incapaz de escribir una sola palabra.
Lo último que Gertie necesita es más
drama... como despertarse y encontrarse a un rudo vaquero en su sofá. Y no un
vaquero cualquiera, sino River Oakley, el villano de su novela inacabada, que
de algún modo parece muy real y muy... desnudo.
River quiere volver a casa. Gertie
quiere recuperar su vida. Así que hacen un trato: él usará su astucia para
ayudarla a recuperar a su ex y, a cambio, ella terminará su novela para que,
con suerte, él pueda regresar al mundo del que salió.
Pero cuando River Oakley resulta ser mucho más que el tipo malo, Gertie tiene que elegir entre el final que pensaba que quería... o el giro de guion que no se vio venir.
Kirsty nació y se crio en un pueblecito
del condado de Gran Mánchester. En el año 2016, la revista literaria The
Bookseller la incluyó en su lista de jóvenes promesas y, aunque ha sido
editora, ahora se dedica en exclusiva a escribir libros que hacen reír a
carcajadas y llorar a moco tendido a los lectores. Le chifla el teatro musical
y en la actualidad está trabajando en una nueva comedia romántica musical, así
como en más novelas.
Cuando tu personaje favorito decide salir del libro.
Hay bloqueos creativos que se solucionan
dando un paseo, cambiando de escenario o dejando el manuscrito unos días en
paz. El de Gertie Bickerstaff, en cambio, se complica bastante cuando el
villano de su novela aparece de repente en su sofá, convertido en un hombre de
carne y hueso, vestido de vaquero y, por si la situación no fuese ya
suficientemente incómoda, completamente desnudo. A partir de ahí, Mi amor
entre páginas de Kirsty Greenwood, construye una historia que juega con
una idea muy sencilla pero con muchísimo potencial: ¿qué ocurriría si uno de
los personajes que has creado decidiera presentarse en tu vida y empezar a
cuestionar todo aquello que habías escrito sobre él?
La novela mezcla romance contemporáneo,
fantasía y bastante humor alrededor de una protagonista que atraviesa un
momento especialmente poco inspirado, tanto delante del ordenador como fuera de
él. Gertie es escritora de novelas románticas, tiene una fecha de entrega
acercándose peligrosamente y acaba de salir de una relación que todavía pesa
más de lo que quisiera reconocer. River, mientras tanto, llega desde las
páginas de su novela con un problema bastante concreto: necesita regresar a su
mundo. El acuerdo entre ambos parece sencillo sobre el papel, pero ya sabemos
que los planes sencillos tienen una tendencia sospechosa a complicarse cuando
hay sentimientos de por medio.
Uno de los mayores aciertos está
precisamente en ese juego entre realidad y ficción, porque permite que la
novela se ría de algunos mecanismos del género romántico mientras los utiliza
para construir su propia historia. River comienza ocupando el lugar del
villano, pero la convivencia con Gertie va desmontando progresivamente esa
etiqueta y obliga a ambos a mirar de otra manera las historias que se han
contado sobre sí mismos. El romance, además, se cocina con cierta calma y
funciona especialmente bien cuando la relación deja de apoyarse únicamente en
la atracción y empieza a construirse desde la confianza y el conocimiento
mutuo.
También hay una parte más interesante de
lo que podría parecer a primera vista: Gertie no solo tiene que decidir qué
hacer con River, sino también qué quiere hacer con su propia historia. Su
bloqueo creativo está bastante ligado a todo aquello que no ha conseguido
colocar en su vida después de la ruptura, y ahí la novela encuentra una
conexión simpática entre escribir finales felices para otros y descubrir que la
propia existencia tiene la mala costumbre de no respetar demasiado las
estructuras narrativas.
Y aquí es donde personalmente he
disfrutado más de la lectura, porque la premisa ya me parecía divertida, pero
ha sido la relación entre Gertie y River la que terminó llevándome de una
página a otra. River tiene ese punto de personaje que debería resultar
peligroso y termina siendo bastante más encantador de lo que uno tenía
previsto, mientras que Gertie me ha resultado fácil de acompañar precisamente
porque no tiene la vida ordenada ni las respuestas preparadas. Entre los dos
consiguen momentos muy divertidos y otros bastante tiernos, y me ha gustado
especialmente ver cómo la confianza aparece poco a poco, sin necesidad de
convertir el romance en una carrera.
No todo me ha llegado con la misma
intensidad. Algunos de los conflictos importantes me han resultado menos
emocionales de lo que esperaba y, aunque entendía perfectamente lo que estaba
en juego, hubo momentos en los que la historia me explicaba el problema mucho
mejor de lo que conseguía hacérmelo sentir. Creo que ahí había espacio para
apretar un poco más las emociones y conseguir que determinadas decisiones
tuvieran un peso mayor.
Aun así, me parece una lectura muy
disfrutable, especialmente si apetece salir durante unas horas de los romances
que se toman demasiado en serio a sí mismos. Mi amor entre páginas tiene
una idea juguetona, una pareja con química y una premisa que permite hacer algo
que siempre agradezco en una novela: divertirse con la literatura sin dejar de
contar una historia sobre personas que están intentando averiguar qué hacer con
sus propias vidas.
Porque quizá escribir un final feliz sea
relativamente sencillo cuando conoces de antemano cómo quieres que termine la
historia.
Lo complicado empieza cuando el personaje aparece en tu sofá y decide que ese final no le convence en absoluto.
— Natalia Sancho.
Autora: Sara HashemTraducción: Alicia Botella JuanGénero: Fantasía romántica juvenilEditorial: FaerisPáginas: 574Fecha de publicación: 28 de mayo de 2026
Hace diez años, el reino de Jasad fue
reducido a cenizas
Ahora la reina fugitiva y su mayor enemigo son la última chispa de esperanza
Cuando el reino de Jasad ardió, su magia
quedó prohibida y la familia real fue asesinada hasta la última niña. O, al
menos, eso es lo que Sylvia quiere que la gente crea.
La heredera perdida de Jasad, Sylvia, no desea que nadie la encuentre. No puede permitirse pensar en el hecho de que los ejércitos nizahlianos masacraron su reino y siguen persiguiendo a su gente... No si quiere mantenerse con vida. Sin embargo, cuando Arin, el heredero de Nizahl, rastrea a un grupo de rebeldes jasadíes hasta su aldea, se le complica mantenerse un paso por delante de la muerte.
En un arrebato de ira, la magia de Sylvia queda al descubierto y capta la
atención de Arin. Ahora, para seguir con vida, Sylvia tendrá que hacer un trato
con su mayor enemigo: si compite en las pruebas del Alcalah y lo ayuda a atraer
a los rebeldes, podrá escapar de la persecución.
Empieza un juego mortal. Sylvia no puede
permitir que Arin descubra su verdadera identidad, ni siquiera cuando el odio
empieza a transformarse en algo más. Pronto tendrá que elegir entre la vida que
desea y la que dejó atrás. El reino calcinado se está rebelando y necesita una
reina.
Sara Hashem se graduó en Psicología con
una subespecialización en Inglés en la Universidad de California en Santa
Bárbara. Vivió durante dos años en el pueblo de su padre en Egipto, y muchos de
los temas de su novela están inspirados en los acontecimientos de la Primavera
Árabe. Actualmente estudia Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad
de California en Davis.
Diez años escondiendo quién eres. Diez años fingiendo que la magia no existe, que tu reino no fue reducido a cenizas y que nadie va a descubrir que la chica que tienen delante es, precisamente, la persona que llevan una década buscando. Un plan bastante razonable hasta que aparece el heredero del reino que destruyó el tuyo y decide que sería estupendo complicarte un poco más la existencia.
A partir de ahí entran en escena las pruebas del Alcalah, las rebeliones, las intrigas políticas, los secretos familiares y una cantidad considerable de personas que parecen saber algo que Sylvia todavía desconoce. Porque en este mundo nadie parece contar toda la verdad a la primera y, francamente, tampoco les culpo.
Una de las cosas que más me ha gustado
es precisamente la ambientación. Sara Hashem abandona el paisaje de castillos,
bosques europeos y tabernas medievales al que estamos tan acostumbrados en la
fantasía para construir un universo con una clara inspiración en el antiguo
Egipto, donde los desiertos, los palacios, los templos, las vestimentas, la
joyería y los símbolos consiguen darle a Jasad una personalidad propia.
Y eso se agradece muchísimo. Porque puedo imaginar a Sylvia caminando entre arena, columnas y monumentos mientras intenta recordar que tiene una identidad secreta que proteger y que, probablemente, enamorarse del heredero enemigo no estaba precisamente en el apartado de «cosas que hacer hoy para no morir».
La relación entre Sylvia y Arin es otro
de los motores de la historia, y aquí he disfrutado especialmente de la tensión
que existe entre ambos. No se soportan, desconfían el uno del otro y tienen
demasiados motivos para mantenerse a distancia, pero también existe esa
curiosidad incómoda que aparece cuando descubres que la persona que creías
conocer por lo que te han contado resulta ser bastante más complicada.
Arin, además, me ha ganado terreno poco
a poco. Tiene esa clase
de inteligencia fría que hace que parezca que siempre está jugando una partida
diferente al resto, y me ha gustado descubrir que detrás de esa fachada de
heredero perfectamente controlado hay bastante más de lo que deja ver. Sylvia,
por su parte, me ha resultado más irregular, aunque precisamente sus
contradicciones y esa tendencia a intentar demostrar que tiene todo bajo
control cuando claramente no lo tiene le dan bastante personalidad.
También me quedo con los secundarios,
especialmente con ese pequeño grupo que rodea a Sylvia y que termina aportando
una dimensión mucho más humana a la historia. Son personajes que hacen que el
mundo no se reduzca a reinos enfrentados, magia y conspiraciones, sino que
exista también ese sentimiento de pertenencia que aparece cuando encuentras a
personas capaces de convertirse en familia, aunque no compartáis sangre.
Eso sí, no todo me ha funcionado al
mismo nivel. El worldbuilding tiene muchísimo potencial, pero en algunos
momentos la cantidad de información y términos propios resulta abrumadora y he
echado de menos que determinadas explicaciones llegaran integradas de una forma
más natural. También creo que las pruebas del Alcalah podrían haber tenido
bastante más recorrido: algunas situaciones que prometían convertirse en
auténticos momentazos pasan demasiado deprisa.
Y con el romance me ha ocurrido algo
parecido. El slow burn está ahí, y la tensión entre Sylvia y Arin
funciona especialmente bien en determinados encuentros, pero esperaba que esa
conexión me terminara golpeando un poco más fuerte. Hay momentos magníficos
entre ellos, aunque me habría gustado disponer de más escenas que permitieran
que esa relación creciera con mayor naturalidad.
Aun con todo, hay algo que me gusta
especialmente de esta primera entrega: no siento que Jasad haya terminado de
contarme su historia. Más bien tengo la impresión de haber abierto una
puerta y haber echado un vistazo a un mundo bastante más grande del que todavía
conozco muy poco.
Y eso me deja con ganas de volver.
Quiero saber qué queda realmente de
Jasad, qué ocurrió con su magia, qué precio tendrá recuperar aquello que fue
destruido y, por supuesto, qué demonios van a hacer Sylvia y Arin con esa
relación que empezó siendo un pacto entre enemigos y que cada vez parece menos
interesada en respetar las reglas.
Porque diez años escondida pueden
enseñarte a sobrevivir.
Lo complicado empieza cuando decides que
ya no quieres limitarte a sobrevivir.
— Natalia Sancho.
Autor: Francisco GuerreroIlustración: Jesús CerezoGénero: Ciencia FicciónEditorial: El transbordadorPáginas: 148Fecha de publicación: Novedades 2025/ 2026
Los laboratorios exteriores, funcionando
al margen de la legalidad terrestre, proporcionaron la mano de obra que las
colonias necesitaban para subsistir. Se les conoce por multitud de nombres:
trabajadores biosimilares, marionetas de carne, replicantes, andrillos,
pellejudos… Corderos sacrificados en el altar de la nueva frontera, condenados
a ejercer los peores trabajos y a someterse a tantas reparaciones y borrados de
memoria como puedan soportar antes de llegar al final de su vida útil.
En la colonia de Ilargya, un andrillo
sin nombre afronta el retiro definitivo tras servir durante décadas como agente
de la Policía Moral. Todo cambia cuando le ofrecen un inesperado premio: viajar
a la Tierra y acabar allí sus días.
Infiltrado entre humanos en el
territorio anteriormente conocido como Alaska, el veterano andrillo comprueba
que le resultará imposible disfrutar de una plácida jubilación. Después de
enfrentarse con un sheriff xenófobo y conocer a otro andrillo clandestino,
empieza a sospechar que su presencia en la Tierra no es casual. Los hilos de la
marioneta siguen intactos. Quizá haya llegado el momento de rebelarse y dejar
de ser un peón en la partida.
(Barcelona, 1980) es licenciado en
Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerció como redactor de
deportes y crítico musical en diversos medios antes de decidirse a
escribir ficción.
Ganó el 24o Premio UPC de Ciencia
Ficción con la novela Gutterson (Apache Libros, 2019). También ha publicado
relatos en las antologías Clima Futuro (Apache Libros, 2021), Bour-tolán
(Pulpture Ediciones, 2020) y El amor está en el monstruo (Pulpture Ediciones,
2017). Ganador del III Concurso de Relato Golem Fest (2024).
Sus referentes en el ámbito de la
ciencia ficción son Philip K. Dick, Frederik Pohl y Kurt Vonnegut.
Una marioneta que empieza a tirar de los
hilos.
Francisco Guerrero parte de una idea
conocida dentro de la ciencia ficción, seres artificiales creados para
trabajar, obedecer y desaparecer cuando dejan de resultar útiles, pero en Andrillo
no se limita a colocar un replicante en un escenario futurista y esperar que el
género haga el resto. Lo interesante está precisamente en cómo utiliza esa
premisa para construir una historia mucho más cercana al thriller, al noir y al
western que a la ciencia ficción más tecnológica.
Su protagonista es un andrillo sin
nombre que, después de décadas trabajando como agente de la Policía Moral en la
colonia de Ilargya, recibe algo que parece un premio extraordinario: retirarse
en la Tierra. El problema es que la jubilación le dura bastante menos de lo
esperado. Su llegada a la antigua Alaska, el encuentro con un sheriff xenófobo
y la aparición de otro andrillo clandestino empiezan a revelar que detrás de
ese supuesto retiro hay demasiadas piezas colocadas en el sitio correcto.
La novela funciona especialmente bien
cuando Guerrero juega con la identidad de su protagonista, porque su conflicto
no consiste únicamente en descubrir qué está ocurriendo, sino en preguntarse
cuánto de su propia vida le pertenece realmente. Ha sido fabricado, reparado,
manipulado y utilizado durante décadas, y ahora tiene que enfrentarse a una
cuestión bastante más incómoda que saber quién mueve los hilos: decidir si
quiere seguir siendo una marioneta.
Narrada en primera persona, la historia
mantiene un equilibrio muy efectivo entre acción y reflexión, mientras la
ambientación combina colonias espaciales, decadencia, violencia y
conspiraciones con una Alaska que parece salida de un western crepuscular. Hay
ecos reconocibles de la tradición de los replicantes y del cyberpunk, pero
Guerrero los utiliza como punto de partida y no como una jaula.
Andrillo es, en definitiva, una novela breve,
directa y con mucho pulso narrativo, que utiliza una aventura de ciencia
ficción para hablar de libertad, identidad, culpa y redención sin convertir
ninguna de estas cuestiones en un discurso pesado.
Yo también desconfiaría de una
jubilación así.
Yo habría aceptado el viaje a la Tierra.
Después de décadas trabajando como
agente de la Policía Moral en una colonia espacial, alguien me dice que puedo
retirarme y terminar mis días tranquilamente en Alaska y, sinceramente, tampoco
habría pedido demasiadas explicaciones. Mal hecho, porque en Andrillo
está bastante claro que cuando alguien te ofrece una jubilación demasiado
bonita, probablemente deberías empezar a sospechar.
Y eso es precisamente lo que me ha
gustado de esta novela: empieza con un andrillo que parece estar buscando
simplemente un lugar donde desaparecer y termina convirtiéndose en una historia
de persecuciones, secretos, violencia y preguntas bastante incómodas sobre
quién decide lo que somos.
El protagonista me ha funcionado
especialmente bien porque no necesita convertirse en el típico héroe que
descubre de repente que tiene poderes extraordinarios. Su problema es mucho más
interesante: lleva toda la vida haciendo exactamente aquello para lo que fue
creado y, cuando por fin tiene la posibilidad de elegir, tiene que averiguar si
realmente sabe hacerlo.
Además, me ha encantado la mezcla de
ciencia ficción con western y novela negra. Tenemos un territorio que fue
Alaska, un sheriff que no parece precisamente candidato al premio de persona
más agradable del año, un andrillo escondido y una conspiración que va dejando
pistas mientras la historia avanza. Todo bastante tranquilo, vaya. Como para
descansar.
Y aunque Andrillo es una novela
corta, creo que ahí está también buena parte de su fuerza. Va al grano,
mantiene el ritmo y no necesita llenar páginas para explicar cada rincón de su
mundo. Eso sí, precisamente por su extensión me habría gustado quedarme un poco
más con algunos personajes secundarios y descubrir qué habría pasado si
hubieran tenido más espacio para complicar las cosas.
Pero me quedo con esa pregunta que deja
flotando toda la historia: si alguien ha pasado toda su existencia siendo
utilizado por otros, ¿qué significa realmente ser libre cuando, por fin, nadie
te dice qué tienes que hacer?
Y sospecho que ese es el verdadero viaje de este andrillo. No era llegar a la Tierra. Era aprender, por primera vez, a decidir hacia dónde quiere ir.
— Natalia Sancho.
Autora: Laura K. RomaIdioma: CastellanoGénero: RománticaEditorial: ContraluzPáginas: 440Fecha de publicación: 01 de abril de 2026
Él es un guiri.
Ella odia a todos los guiris.
Y el destino se ha empeñado en hacerles
compartir rellano.
Mudarse a Barcelona nunca estuvo en los
planes de él. Sumido en una culpa que lo ahoga, decide cumplir un sueño que no
es el suyo y alquilar un piso cerca de su nuevo negocio. Lo que no esperaba es
que su vecina esté empeñada en hacerle la vida imposible, ni mucho menos que
devolverle todo lo que ella le hace a él sea lo único que le permita volver a
sentir algo.
Pero ella tampoco lo tiene fácil.
Atrapada en una vida que nunca quiso, escoge dejarlo todo atrás y luchar por su
sueño de convertirse en una chef de alta cocina cuando la pérdida y la rabia la
sobrepasan. Mientras tanto, ve cómo el barrio en el que se crio se marchita.
Siente que el turismo masivo se lo ha quitado todo: la Barcelona que ella
conoce, los lugares que visitaba con la persona a la que más quería en el
mundo, su local soñado e incluso el piso en el que iba a vivir.
Lo que ninguno sabe es que comparten
mucho más de lo que piensan: un dolor que arrasa con todo lo que un día fueron
y que les consume por dentro. Y ¿acaso no son la rabia y la culpa caras
distintas de una misma moneda?
Laura K. Roma (1997) nació en un pequeño pueblo del noroeste de Cataluña, pero siempre ha sido un poco nómada. Tras una temporada en el extranjero, actualmente reside en Barcelona, la ciudad que siempre sintió como su hogar y que ha inspirado esta novela. Además de ser una ávida lectora desde muy pequeña, Laura escribió su primer fanfiction a los once, pero nunca se atrevió a pensar en este arte como algo más que un hobby. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas, lo que le permitió escribir a diario. Hasta que, en 2024, durante una época personal complicada, volvió a encontrar un refugio en crear sus propias historias. Tras formarse en la Escuela de Escritores, decidió saltar al vacío. Y en el proceso descubrió que, cuando de pequeña le preguntaban: '¿qué quieres hacer cuando seas mayor?' y ella respondía: 'ser periodista', lo que de verdad quería decir era: 'compartir mis historias con el mundo'.
Barcelona suele aparecer en las novelas
como un escenario bonito. El mar, las calles del Born, los cafés con encanto y la
luz que parece convencer a cualquiera de mudarse allí mañana mismo. Laura K.
Roma decide mirar la ciudad desde otro sitio, uno bastante menos fotogénico: el
de las personas que sienten que cada piso turístico, cada alquiler imposible y
cada persiana bajada les va borrando un pedazo del barrio donde crecieron.
Con esa idea construye una historia que,
sobre el papel, podría parecer una comedia romántica de vecinos condenados a
entenderse. Ella detesta todo lo que representa él. Él aterriza en Barcelona
cargando con una culpa que ni siquiera sabe cómo dejar atrás. Comparten
edificio, se cruzan constantemente y tardan muy poco en convertir el rellano en
un pequeño campo de batalla donde las pullas vuelan con bastante más facilidad
que las buenas intenciones.
Lo interesante es que la novela nunca
utiliza ese enfrentamiento como un simple juego romántico. Poco a poco,
mientras las bromas dejan paso a conversaciones más incómodas y las certezas
empiezan a resquebrajarse, la historia descubre que ambos llevan demasiado
tiempo intentando sobrevivir a pérdidas distintas, y que la rabia y la culpa,
aunque parezcan emociones opuestas, se parecen mucho más de lo que cualquiera
de los dos estaría dispuesto a admitir.
La autora encuentra un equilibrio muy
difícil de conseguir. El conflicto social está presente desde la primera
página, pero nunca se convierte en un discurso que interrumpa la narración;
forma parte del paisaje emocional de los personajes, explica muchas de sus
decisiones y hace que el romance tenga un peso diferente, mucho más pegado a la
realidad de quienes buscan un lugar al que poder llamar hogar.
Hay una cosa que me hizo muchísima
gracia mientras leía este libro, y es que empecé convencidísima de que iba a
ponerme del lado de Amarrugada casi sin pensarlo. Pensé: "Bueno, pobre
chica, aparece un guiri, le ocupa el edificio, le cambia la vida... blanco y en
botella." El problema llegó cuando Guiripollas decidió tener
personalidad, sentido del humor y la mala costumbre de desmontar todos los
prejuicios que yo misma había construido en apenas dos capítulos.
Eso convirtió la lectura en algo
bastante más divertido de lo que esperaba, porque dejé de buscar quién tenía
razón y empecé simplemente a disfrutar viendo cómo dos personas que no podían
soportarse iban descubriendo que, debajo de toda esa colección de pullas,
sarcasmos y pequeñas venganzas de vecinos, había dos formas muy distintas de
gestionar exactamente el mismo dolor.
Me encanta cuando un romance entiende
que enamorarse no consiste únicamente en mirarse mucho a los ojos. Aquí los
personajes necesitan tiempo para equivocarse, para juzgarse mal, para sacar la
peor versión de sí mismos y, solo cuando ya no les queda demasiada energía para
seguir peleando, empezar a escuchar al otro de verdad. Esa evolución me resultó
muchísimo más creíble que muchos romances donde todo cambia después de un beso
especialmente bonito.
También disfruté muchísimo con los
secundarios, porque tenían vida propia y daba la impresión de que seguirían existiendo,
aunque la historia dejara de mirar hacia ellos. En ningún momento parecen
colocados ahí únicamente para empujar la trama, y hace que Barcelona termine
sintiéndose como una ciudad habitada y no como un decorado.
Quizá hubo algún momento en el que me
costó conectar del todo con determinadas reacciones del protagonista, pero fue
una de esas pequeñas reservas que no cambian la impresión general de una
lectura. Cerré el libro convencida de haber leído un romance que se atreve a
hablar de cosas incómodas sin dejar de ser un romance, y eso me parece bastante
más difícil de conseguir de lo que parece.
— Natalia Sancho.
Un rincón para quienes disfrutan de los libros, las historias y todo lo que esconden entre sus páginas.