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«Mi amor entre páginas» Kirsty Greenwood

 



Autora: Kirsty Greenwood
Traducción: Eva González Rosales 
Género: Comedia romántica
Editorial: Contraluz
Páginas: 424
Fecha de publicación: 2 de julio de 2026


Escribir una historia de amor nunca había sido tan difícil, sobre todo cuando la realidad supera la ficción.

Gertie Bickerstaff se gana la vida escribiendo finales felices. O al menos así era hasta que su propia vida amorosa se desmoronó. Ahora, mientras su ex disfruta del éxito, su fecha de entrega se acerca y ella es incapaz de escribir una sola palabra.

Lo último que Gertie necesita es más drama... como despertarse y encontrarse a un rudo vaquero en su sofá. Y no un vaquero cualquiera, sino River Oakley, el villano de su novela inacabada, que de algún modo parece muy real y muy... desnudo.

River quiere volver a casa. Gertie quiere recuperar su vida. Así que hacen un trato: él usará su astucia para ayudarla a recuperar a su ex y, a cambio, ella terminará su novela para que, con suerte, él pueda regresar al mundo del que salió.

Pero cuando River Oakley resulta ser mucho más que el tipo malo, Gertie tiene que elegir entre el final que pensaba que quería... o el giro de guion que no se vio venir.

                                                                               


Kirsty nació y se crio en un pueblecito del condado de Gran Mánchester. En el año 2016, la revista literaria The Bookseller la incluyó en su lista de jóvenes promesas y, aunque ha sido editora, ahora se dedica en exclusiva a escribir libros que hacen reír a carcajadas y llorar a moco tendido a los lectores. Le chifla el teatro musical y en la actualidad está trabajando en una nueva comedia romántica musical, así como en más novelas.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Cuando tu personaje favorito decide salir del libro.

Hay bloqueos creativos que se solucionan dando un paseo, cambiando de escenario o dejando el manuscrito unos días en paz. El de Gertie Bickerstaff, en cambio, se complica bastante cuando el villano de su novela aparece de repente en su sofá, convertido en un hombre de carne y hueso, vestido de vaquero y, por si la situación no fuese ya suficientemente incómoda, completamente desnudo. A partir de ahí, Mi amor entre páginas de Kirsty Greenwood, construye una historia que juega con una idea muy sencilla pero con muchísimo potencial: ¿qué ocurriría si uno de los personajes que has creado decidiera presentarse en tu vida y empezar a cuestionar todo aquello que habías escrito sobre él?

La novela mezcla romance contemporáneo, fantasía y bastante humor alrededor de una protagonista que atraviesa un momento especialmente poco inspirado, tanto delante del ordenador como fuera de él. Gertie es escritora de novelas románticas, tiene una fecha de entrega acercándose peligrosamente y acaba de salir de una relación que todavía pesa más de lo que quisiera reconocer. River, mientras tanto, llega desde las páginas de su novela con un problema bastante concreto: necesita regresar a su mundo. El acuerdo entre ambos parece sencillo sobre el papel, pero ya sabemos que los planes sencillos tienen una tendencia sospechosa a complicarse cuando hay sentimientos de por medio.

Uno de los mayores aciertos está precisamente en ese juego entre realidad y ficción, porque permite que la novela se ría de algunos mecanismos del género romántico mientras los utiliza para construir su propia historia. River comienza ocupando el lugar del villano, pero la convivencia con Gertie va desmontando progresivamente esa etiqueta y obliga a ambos a mirar de otra manera las historias que se han contado sobre sí mismos. El romance, además, se cocina con cierta calma y funciona especialmente bien cuando la relación deja de apoyarse únicamente en la atracción y empieza a construirse desde la confianza y el conocimiento mutuo.

También hay una parte más interesante de lo que podría parecer a primera vista: Gertie no solo tiene que decidir qué hacer con River, sino también qué quiere hacer con su propia historia. Su bloqueo creativo está bastante ligado a todo aquello que no ha conseguido colocar en su vida después de la ruptura, y ahí la novela encuentra una conexión simpática entre escribir finales felices para otros y descubrir que la propia existencia tiene la mala costumbre de no respetar demasiado las estructuras narrativas.

Y aquí es donde personalmente he disfrutado más de la lectura, porque la premisa ya me parecía divertida, pero ha sido la relación entre Gertie y River la que terminó llevándome de una página a otra. River tiene ese punto de personaje que debería resultar peligroso y termina siendo bastante más encantador de lo que uno tenía previsto, mientras que Gertie me ha resultado fácil de acompañar precisamente porque no tiene la vida ordenada ni las respuestas preparadas. Entre los dos consiguen momentos muy divertidos y otros bastante tiernos, y me ha gustado especialmente ver cómo la confianza aparece poco a poco, sin necesidad de convertir el romance en una carrera.

No todo me ha llegado con la misma intensidad. Algunos de los conflictos importantes me han resultado menos emocionales de lo que esperaba y, aunque entendía perfectamente lo que estaba en juego, hubo momentos en los que la historia me explicaba el problema mucho mejor de lo que conseguía hacérmelo sentir. Creo que ahí había espacio para apretar un poco más las emociones y conseguir que determinadas decisiones tuvieran un peso mayor.

Aun así, me parece una lectura muy disfrutable, especialmente si apetece salir durante unas horas de los romances que se toman demasiado en serio a sí mismos. Mi amor entre páginas tiene una idea juguetona, una pareja con química y una premisa que permite hacer algo que siempre agradezco en una novela: divertirse con la literatura sin dejar de contar una historia sobre personas que están intentando averiguar qué hacer con sus propias vidas.

Porque quizá escribir un final feliz sea relativamente sencillo cuando conoces de antemano cómo quieres que termine la historia.

Lo complicado empieza cuando el personaje aparece en tu sofá y decide que ese final no le convence en absoluto.


Natalia Sancho.       


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«La heredera de Jasad: El trono calcinado libro 1» de Sara Hashem

 



Autora: Sara Hashem
Traducción: Alicia Botella Juan
Género: Fantasía romántica juvenil
Editorial: Faeris
Páginas: 574
Fecha de publicación: 28 de mayo de 2026

 

Hace diez años, el reino de Jasad fue reducido a cenizas

Ahora la reina fugitiva y su mayor enemigo son la última chispa de esperanza

Cuando el reino de Jasad ardió, su magia quedó prohibida y la familia real fue asesinada hasta la última niña. O, al menos, eso es lo que Sylvia quiere que la gente crea.

La heredera perdida de Jasad, Sylvia, no desea que nadie la encuentre. No puede permitirse pensar en el hecho de que los ejércitos nizahlianos masacraron su reino y siguen persiguiendo a su gente... No si quiere mantenerse con vida. Sin embargo, cuando Arin, el heredero de Nizahl, rastrea a un grupo de rebeldes jasadíes hasta su aldea, se le complica mantenerse un paso por delante de la muerte.


En un arrebato de ira, la magia de Sylvia queda al descubierto y capta la atención de Arin. Ahora, para seguir con vida, Sylvia tendrá que hacer un trato con su mayor enemigo: si compite en las pruebas del Alcalah y lo ayuda a atraer a los rebeldes, podrá escapar de la persecución.

Empieza un juego mortal. Sylvia no puede permitir que Arin descubra su verdadera identidad, ni siquiera cuando el odio empieza a transformarse en algo más. Pronto tendrá que elegir entre la vida que desea y la que dejó atrás. El reino calcinado se está rebelando y necesita una reina.

Sara Hashem se graduó en Psicología con una subespecialización en Inglés en la Universidad de California en Santa Bárbara. Vivió durante dos años en el pueblo de su padre en Egipto, y muchos de los temas de su novela están inspirados en los acontecimientos de la Primavera Árabe. Actualmente estudia Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Davis.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Diez años escondiendo quién eres. Diez años fingiendo que la magia no existe, que tu reino no fue reducido a cenizas y que nadie va a descubrir que la chica que tienen delante es, precisamente, la persona que llevan una década buscando. Un plan bastante razonable hasta que aparece el heredero del reino que destruyó el tuyo y decide que sería estupendo complicarte un poco más la existencia.

A partir de ahí entran en escena las pruebas del Alcalah, las rebeliones, las intrigas políticas, los secretos familiares y una cantidad considerable de personas que parecen saber algo que Sylvia todavía desconoce. Porque en este mundo nadie parece contar toda la verdad a la primera y, francamente, tampoco les culpo.

Una de las cosas que más me ha gustado es precisamente la ambientación. Sara Hashem abandona el paisaje de castillos, bosques europeos y tabernas medievales al que estamos tan acostumbrados en la fantasía para construir un universo con una clara inspiración en el antiguo Egipto, donde los desiertos, los palacios, los templos, las vestimentas, la joyería y los símbolos consiguen darle a Jasad una personalidad propia.

Y eso se agradece muchísimo. Porque puedo imaginar a Sylvia caminando entre arena, columnas y monumentos mientras intenta recordar que tiene una identidad secreta que proteger y que, probablemente, enamorarse del heredero enemigo no estaba precisamente en el apartado de «cosas que hacer hoy para no morir».

La relación entre Sylvia y Arin es otro de los motores de la historia, y aquí he disfrutado especialmente de la tensión que existe entre ambos. No se soportan, desconfían el uno del otro y tienen demasiados motivos para mantenerse a distancia, pero también existe esa curiosidad incómoda que aparece cuando descubres que la persona que creías conocer por lo que te han contado resulta ser bastante más complicada.

Arin, además, me ha ganado terreno poco a poco. Tiene esa clase de inteligencia fría que hace que parezca que siempre está jugando una partida diferente al resto, y me ha gustado descubrir que detrás de esa fachada de heredero perfectamente controlado hay bastante más de lo que deja ver. Sylvia, por su parte, me ha resultado más irregular, aunque precisamente sus contradicciones y esa tendencia a intentar demostrar que tiene todo bajo control cuando claramente no lo tiene le dan bastante personalidad.

También me quedo con los secundarios, especialmente con ese pequeño grupo que rodea a Sylvia y que termina aportando una dimensión mucho más humana a la historia. Son personajes que hacen que el mundo no se reduzca a reinos enfrentados, magia y conspiraciones, sino que exista también ese sentimiento de pertenencia que aparece cuando encuentras a personas capaces de convertirse en familia, aunque no compartáis sangre.

Eso sí, no todo me ha funcionado al mismo nivel. El worldbuilding tiene muchísimo potencial, pero en algunos momentos la cantidad de información y términos propios resulta abrumadora y he echado de menos que determinadas explicaciones llegaran integradas de una forma más natural. También creo que las pruebas del Alcalah podrían haber tenido bastante más recorrido: algunas situaciones que prometían convertirse en auténticos momentazos pasan demasiado deprisa.

Y con el romance me ha ocurrido algo parecido. El slow burn está ahí, y la tensión entre Sylvia y Arin funciona especialmente bien en determinados encuentros, pero esperaba que esa conexión me terminara golpeando un poco más fuerte. Hay momentos magníficos entre ellos, aunque me habría gustado disponer de más escenas que permitieran que esa relación creciera con mayor naturalidad.

Aun con todo, hay algo que me gusta especialmente de esta primera entrega: no siento que Jasad haya terminado de contarme su historia. Más bien tengo la impresión de haber abierto una puerta y haber echado un vistazo a un mundo bastante más grande del que todavía conozco muy poco.

Y eso me deja con ganas de volver.

Quiero saber qué queda realmente de Jasad, qué ocurrió con su magia, qué precio tendrá recuperar aquello que fue destruido y, por supuesto, qué demonios van a hacer Sylvia y Arin con esa relación que empezó siendo un pacto entre enemigos y que cada vez parece menos interesada en respetar las reglas.

Porque diez años escondida pueden enseñarte a sobrevivir.

Lo complicado empieza cuando decides que ya no quieres limitarte a sobrevivir.

 

Natalia Sancho.   



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«Andrillo» de Francisco Guerrero

 



Autor: Francisco Guerrero
Ilustración: Jesús Cerezo
Género: Ciencia Ficción
Editorial: El transbordador
Páginas: 148
Fecha de publicación: Novedades 2025/ 2026

 

Los laboratorios exteriores, funcionando al margen de la legalidad terrestre, proporcionaron la mano de obra que las colonias necesitaban para subsistir. Se les conoce por multitud de nombres: trabajadores biosimilares, marionetas de carne, replicantes, andrillos, pellejudos… Corderos sacrificados en el altar de la nueva frontera, condenados a ejercer los peores trabajos y a someterse a tantas reparaciones y borrados de memoria como puedan soportar antes de llegar al final de su vida útil.

En la colonia de Ilargya, un andrillo sin nombre afronta el retiro definitivo tras servir durante décadas como agente de la Policía Moral. Todo cambia cuando le ofrecen un inesperado premio: viajar a la Tierra y acabar allí sus días.

Infiltrado entre humanos en el territorio anteriormente conocido como Alaska, el veterano andrillo comprueba que le resultará imposible disfrutar de una plácida jubilación. Después de enfrentarse con un sheriff xenófobo y conocer a otro andrillo clandestino, empieza a sospechar que su presencia en la Tierra no es casual. Los hilos de la marioneta siguen intactos. Quizá haya llegado el momento de rebelarse y dejar de ser un peón en la partida.

(Barcelona, 1980) es licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerció como redactor de deportes y crítico musical en diversos medios antes de decidirse a
escribir ficción.

Ganó el 24o Premio UPC de Ciencia Ficción con la novela Gutterson (Apache Libros, 2019). También ha publicado relatos en las antologías Clima Futuro (Apache Libros, 2021), Bour-tolán (Pulpture Ediciones, 2020) y El amor está en el monstruo (Pulpture Ediciones, 2017). Ganador del III Concurso de Relato Golem Fest (2024).

Sus referentes en el ámbito de la ciencia ficción son Philip K. Dick, Frederik Pohl y Kurt Vonnegut.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Una marioneta que empieza a tirar de los hilos.

Francisco Guerrero parte de una idea conocida dentro de la ciencia ficción, seres artificiales creados para trabajar, obedecer y desaparecer cuando dejan de resultar útiles, pero en Andrillo no se limita a colocar un replicante en un escenario futurista y esperar que el género haga el resto. Lo interesante está precisamente en cómo utiliza esa premisa para construir una historia mucho más cercana al thriller, al noir y al western que a la ciencia ficción más tecnológica.

Su protagonista es un andrillo sin nombre que, después de décadas trabajando como agente de la Policía Moral en la colonia de Ilargya, recibe algo que parece un premio extraordinario: retirarse en la Tierra. El problema es que la jubilación le dura bastante menos de lo esperado. Su llegada a la antigua Alaska, el encuentro con un sheriff xenófobo y la aparición de otro andrillo clandestino empiezan a revelar que detrás de ese supuesto retiro hay demasiadas piezas colocadas en el sitio correcto.

La novela funciona especialmente bien cuando Guerrero juega con la identidad de su protagonista, porque su conflicto no consiste únicamente en descubrir qué está ocurriendo, sino en preguntarse cuánto de su propia vida le pertenece realmente. Ha sido fabricado, reparado, manipulado y utilizado durante décadas, y ahora tiene que enfrentarse a una cuestión bastante más incómoda que saber quién mueve los hilos: decidir si quiere seguir siendo una marioneta.

Narrada en primera persona, la historia mantiene un equilibrio muy efectivo entre acción y reflexión, mientras la ambientación combina colonias espaciales, decadencia, violencia y conspiraciones con una Alaska que parece salida de un western crepuscular. Hay ecos reconocibles de la tradición de los replicantes y del cyberpunk, pero Guerrero los utiliza como punto de partida y no como una jaula.

Andrillo es, en definitiva, una novela breve, directa y con mucho pulso narrativo, que utiliza una aventura de ciencia ficción para hablar de libertad, identidad, culpa y redención sin convertir ninguna de estas cuestiones en un discurso pesado.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Yo también desconfiaría de una jubilación así.

Yo habría aceptado el viaje a la Tierra.

Después de décadas trabajando como agente de la Policía Moral en una colonia espacial, alguien me dice que puedo retirarme y terminar mis días tranquilamente en Alaska y, sinceramente, tampoco habría pedido demasiadas explicaciones. Mal hecho, porque en Andrillo está bastante claro que cuando alguien te ofrece una jubilación demasiado bonita, probablemente deberías empezar a sospechar.

Y eso es precisamente lo que me ha gustado de esta novela: empieza con un andrillo que parece estar buscando simplemente un lugar donde desaparecer y termina convirtiéndose en una historia de persecuciones, secretos, violencia y preguntas bastante incómodas sobre quién decide lo que somos.

El protagonista me ha funcionado especialmente bien porque no necesita convertirse en el típico héroe que descubre de repente que tiene poderes extraordinarios. Su problema es mucho más interesante: lleva toda la vida haciendo exactamente aquello para lo que fue creado y, cuando por fin tiene la posibilidad de elegir, tiene que averiguar si realmente sabe hacerlo.

Además, me ha encantado la mezcla de ciencia ficción con western y novela negra. Tenemos un territorio que fue Alaska, un sheriff que no parece precisamente candidato al premio de persona más agradable del año, un andrillo escondido y una conspiración que va dejando pistas mientras la historia avanza. Todo bastante tranquilo, vaya. Como para descansar.

Y aunque Andrillo es una novela corta, creo que ahí está también buena parte de su fuerza. Va al grano, mantiene el ritmo y no necesita llenar páginas para explicar cada rincón de su mundo. Eso sí, precisamente por su extensión me habría gustado quedarme un poco más con algunos personajes secundarios y descubrir qué habría pasado si hubieran tenido más espacio para complicar las cosas.

Pero me quedo con esa pregunta que deja flotando toda la historia: si alguien ha pasado toda su existencia siendo utilizado por otros, ¿qué significa realmente ser libre cuando, por fin, nadie te dice qué tienes que hacer?

Y sospecho que ese es el verdadero viaje de este andrillo. No era llegar a la Tierra. Era aprender, por primera vez, a decidir hacia dónde quiere ir.

 

Natalia Sancho.   



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«Lo que nunca fue nuestro» de Laura K. Roma

 



Autora: Laura K. Roma
Idioma: Castellano 
Género: Romántica
Editorial: Contraluz 
Páginas: 440
Fecha de publicación: 01 de abril de 2026

 

Él es un guiri.

Ella odia a todos los guiris.

Y el destino se ha empeñado en hacerles compartir rellano.

Mudarse a Barcelona nunca estuvo en los planes de él. Sumido en una culpa que lo ahoga, decide cumplir un sueño que no es el suyo y alquilar un piso cerca de su nuevo negocio. Lo que no esperaba es que su vecina esté empeñada en hacerle la vida imposible, ni mucho menos que devolverle todo lo que ella le hace a él sea lo único que le permita volver a sentir algo.

Pero ella tampoco lo tiene fácil. Atrapada en una vida que nunca quiso, escoge dejarlo todo atrás y luchar por su sueño de convertirse en una chef de alta cocina cuando la pérdida y la rabia la sobrepasan. Mientras tanto, ve cómo el barrio en el que se crio se marchita. Siente que el turismo masivo se lo ha quitado todo: la Barcelona que ella conoce, los lugares que visitaba con la persona a la que más quería en el mundo, su local soñado e incluso el piso en el que iba a vivir.

Lo que ninguno sabe es que comparten mucho más de lo que piensan: un dolor que arrasa con todo lo que un día fueron y que les consume por dentro. Y ¿acaso no son la rabia y la culpa caras distintas de una misma moneda?

Laura K. Roma (1997) nació en un pequeño pueblo del noroeste de Cataluña, pero siempre ha sido un poco nómada. Tras una temporada en el extranjero, actualmente reside en Barcelona, la ciudad que siempre sintió como su hogar y que ha inspirado esta novela. Además de ser una ávida lectora desde muy pequeña, Laura escribió su primer fanfiction a los once, pero nunca se atrevió a pensar en este arte como algo más que un hobby. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas, lo que le permitió escribir a diario. Hasta que, en 2024, durante una época personal complicada, volvió a encontrar un refugio en crear sus propias historias. Tras formarse en la Escuela de Escritores, decidió saltar al vacío. Y en el proceso descubrió que, cuando de pequeña le preguntaban: '¿qué quieres hacer cuando seas mayor?' y ella respondía: 'ser periodista', lo que de verdad quería decir era: 'compartir mis historias con el mundo'.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Barcelona suele aparecer en las novelas como un escenario bonito. El mar, las calles del Born, los cafés con encanto y la luz que parece convencer a cualquiera de mudarse allí mañana mismo. Laura K. Roma decide mirar la ciudad desde otro sitio, uno bastante menos fotogénico: el de las personas que sienten que cada piso turístico, cada alquiler imposible y cada persiana bajada les va borrando un pedazo del barrio donde crecieron.

Con esa idea construye una historia que, sobre el papel, podría parecer una comedia romántica de vecinos condenados a entenderse. Ella detesta todo lo que representa él. Él aterriza en Barcelona cargando con una culpa que ni siquiera sabe cómo dejar atrás. Comparten edificio, se cruzan constantemente y tardan muy poco en convertir el rellano en un pequeño campo de batalla donde las pullas vuelan con bastante más facilidad que las buenas intenciones.

Lo interesante es que la novela nunca utiliza ese enfrentamiento como un simple juego romántico. Poco a poco, mientras las bromas dejan paso a conversaciones más incómodas y las certezas empiezan a resquebrajarse, la historia descubre que ambos llevan demasiado tiempo intentando sobrevivir a pérdidas distintas, y que la rabia y la culpa, aunque parezcan emociones opuestas, se parecen mucho más de lo que cualquiera de los dos estaría dispuesto a admitir.

La autora encuentra un equilibrio muy difícil de conseguir. El conflicto social está presente desde la primera página, pero nunca se convierte en un discurso que interrumpa la narración; forma parte del paisaje emocional de los personajes, explica muchas de sus decisiones y hace que el romance tenga un peso diferente, mucho más pegado a la realidad de quienes buscan un lugar al que poder llamar hogar.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Hay una cosa que me hizo muchísima gracia mientras leía este libro, y es que empecé convencidísima de que iba a ponerme del lado de Amarrugada casi sin pensarlo. Pensé: "Bueno, pobre chica, aparece un guiri, le ocupa el edificio, le cambia la vida... blanco y en botella." El problema llegó cuando Guiripollas decidió tener personalidad, sentido del humor y la mala costumbre de desmontar todos los prejuicios que yo misma había construido en apenas dos capítulos.

Eso convirtió la lectura en algo bastante más divertido de lo que esperaba, porque dejé de buscar quién tenía razón y empecé simplemente a disfrutar viendo cómo dos personas que no podían soportarse iban descubriendo que, debajo de toda esa colección de pullas, sarcasmos y pequeñas venganzas de vecinos, había dos formas muy distintas de gestionar exactamente el mismo dolor.

Me encanta cuando un romance entiende que enamorarse no consiste únicamente en mirarse mucho a los ojos. Aquí los personajes necesitan tiempo para equivocarse, para juzgarse mal, para sacar la peor versión de sí mismos y, solo cuando ya no les queda demasiada energía para seguir peleando, empezar a escuchar al otro de verdad. Esa evolución me resultó muchísimo más creíble que muchos romances donde todo cambia después de un beso especialmente bonito.

También disfruté muchísimo con los secundarios, porque tenían vida propia y daba la impresión de que seguirían existiendo, aunque la historia dejara de mirar hacia ellos. En ningún momento parecen colocados ahí únicamente para empujar la trama, y hace que Barcelona termine sintiéndose como una ciudad habitada y no como un decorado.

Quizá hubo algún momento en el que me costó conectar del todo con determinadas reacciones del protagonista, pero fue una de esas pequeñas reservas que no cambian la impresión general de una lectura. Cerré el libro convencida de haber leído un romance que se atreve a hablar de cosas incómodas sin dejar de ser un romance, y eso me parece bastante más difícil de conseguir de lo que parece.

 

   — Natalia Sancho.   



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«Los cinco besos de la luna» de Miriam Mosquera

 



Autora: Miriam Mosquera
Idioma: Español 
Publicación: 14 de mayo de 2026
Editorial: Faeris Editorial
Género: Fantasía 
Páginas: 552


Cinco besos. Cinco besos necesitaron para enamorarse, y cinco besos necesitaréis para morir

Hace ciento quince años, dos enemigos cometieron el mayor acto de traición hacia los dioses: enamorarse. Como castigo, una maldición cayó sobre la humanidad, convirtiendo cada beso en un paso hacia la muerte.

Navia pasa sus días escondida entre meigas, dibujando criaturas mágicas en su bestiario y rezándole a la diosa de la noche, la muerte y el invierno. Cuando la guerra entre el norte y el sur llega demasiado lejos, se verá obligada a abandonar la seguridad del bosque e infiltrarse en la capital, invadida por los sureños, para acabar con el cruel rey Silas, elegido por el dios del día, la vida y el verano.

Sin quererlo, Navia se convertirá en la última esperanza de los norteños y tendrá que embarcarse en una misión para liberar a su reino; una que le llevará a casarse con el rey que atormenta sus pesadillas... y a acercarse demasiado al peligro de los besos.

El esperado regreso de la autora de Todos los ángeles del infierno y Todos los demonios del Cielo.

Una historia de fantasía inspirada en el folklore gallego donde en un reino eternamente dividido entre la noche y el día el amor tiene un precio demasiado alto.


                                                                               


Miriam Mosquera (Madrid, 1991) estudió Historia en la Universidad Complutense, especializándose en el periodo medieval de al-Andalus. Fue precisamente su amor por la historia, sumado a la pasión que siente desde niña por la escritura, lo que la empujó a escribir historias que combinaran la fantasía y el folclore de España.

Además de la literatura y la historia, es una gran amante de la naturaleza. Sus años de lucha por los derechos de los animales le hicieron darse cuenta de que la escritura también podía ser un arma, así que decidió afilarla y empuñarla. En sus novelas siempre encontrarás mensajes reivindicativos que claman por la justicia, la libertad y la igualdad.

Miriam es la autora de Todos los ángeles del infierno y Todos los demonios del Cielo.

Puedes encontrarla en todas sus redes sociales como @miimosquera.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros de fantasía de todo tipo. Algunos construyen un mundo nuevo desde cero y otros miran a las leyendas que siempre han estado ahí para darles una vida distinta. Los cinco besos de la luna es una novela que mira a las leyendas sin temor y encuentra en el folclore gallego uno de sus mayores aciertos.

Miriam Mosquera construye un universo marcado por una antigua maldición nacida del amor prohibido entre dos enemigos. Desde entonces, besar significa acercarse un poco más a la muerte, y esa idea atraviesa toda la novela como un recordatorio constante de que incluso los gestos más sencillos pueden tener un precio devastador.

En este escenario conocemos a Navia, una joven criada entre meigas, bosques y criaturas mágicas que ha dedicado su vida a estudiar aquello que muchos temen. Sin embargo, el avance de la guerra la obligará a abandonar ese refugio para infiltrarse en la corte enemiga y enfrentarse a Silas, el rey del sur, un hombre cuya figura está rodeada de violencia, poder y leyenda.

La novela combina fantasía, romance, mitología y conflicto político sin perder de vista la importancia de su ambientación. La naturaleza, los bosques, las criaturas del imaginario gallego y la presencia constante de los dioses convierten el mundo en un elemento tan relevante como los propios personajes.

Junto a la historia principal aparecen temas como el peso de las creencias, la identidad, el sacrificio, la manipulación del poder y la facilidad con la que una guerra transforma a los héroes en villanos dependiendo del lugar desde el que se contemple.

Con un ritmo ágil, un universo rico en detalles y un amplio elenco de personajes, Los cinco besos de la luna abre una bilogía que deja numerosos interrogantes abiertos y demuestra el enorme potencial que tiene el folclore gallego como fuente de inspiración para la fantasía contemporánea.



Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Voy a reconocer una debilidad literaria que tengo desde que era joven: si una novela tiene bosques oscuros, criaturas del folclore, meigas, dioses enfrentados y un mapa al principio… es muy probable que ya tenga medio trabajo hecho conmigo. Y si, además, todo eso está inspirado en la mitología gallega, directamente dejo de hacer preguntas.

Lo primero que me conquistó fue precisamente el mundo que ha creado Miriam Mosquera. En esta novela el escenario deja de ser un simple telón de fondo; aquí ocurre justo lo contrario: el bosque, las criaturas, las leyendas y los dioses parecen respirar junto a los personajes. Todo transmite la sensación de formar parte de algo mucho más antiguo que la propia trama.

Disfruté muchísimo descubriendo las criaturas del bestiario de Navia. Cada vez que aparecía una nueva quería saber más sobre ella, hasta el punto de que terminé con ganas de seguir investigando el folclore gallego por mi cuenta. Para mí eso siempre es una buena señal. Me encanta cuando una novela despierta la curiosidad más allá de sus propias páginas.

También agradecí que la fantasía tuviera tanto peso. Aunque el romance ocupa un lugar importante, nunca sentí que el mundo quedara relegado a un segundo plano. Al contrario: la guerra, las creencias, los dioses y la historia de ambos reinos sostienen la narración de principio a fin.

Navia me pareció una protagonista muy fácil de acompañar. Tiene valentía, pero también está llena dudas y de la necesidad de proteger a los demás y eso hace  que hace que quieras seguir viendo cómo evoluciona. A su alrededor aparecen secundarios que aportan humor, ternura o tensión cuando la novela lo necesita.

Si tuviera que quedarme con una sola cosa, probablemente elegiría la ambientación. Hacía tiempo que no encontraba una fantasía que abrazara con tanto cariño nuestras propias leyendas sin perder ese aire épico que esperamos del género.

Y sí, terminé el libro con el mismo problema con el que suelo acabar las primeras partes de una bilogía. Necesitando el siguiente. Porque hay finales que cierran una historia. Y luego están los que simplemente te dejan mirando el libro, pensando:

«Vale… ¿y ahora cómo espero yo al segundo?»


   — Natalia Sancho.       




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«Historias Phantasticas 3» de AA.VV

 


Autores: AA.VV
Idioma: Castellano 
Género: Relatos de terror
Editorial: El transbordador
Páginas: 145
Fecha de publicación: 22 de junio de 2026

 

Hay otros mundos posibles. Mundos en los que lo nada es lo que parece, y la realidad se esconde detrás de mil capas de engaños; mundos en los que lo veraz se repudia; en que el terror se abre camino a plena vista; mundos de fantasía en los que poder empezar nuevas historias y otros en los ya no quedarán historias por contar.

En estas páginas acechan criminales que se esconden tras una pantalla para explicar su realidad, extraños ritos capaces de conceder dones, esperanzas, peligrosos visitantes, apuestas, éxitos y fracasos.

Esta tercera compilación de relatos fantásticos, nacida de la colaboración entre la escuela online de escritura de ciencia ficción, fantasía y terror Phantastica.com, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, os ofrece un escaparate de la rica y diversa literatura de género actual. Encuentra los límites de la imaginación entre estas páginas y atrévete a cruzar el umbral hacia algo nuevo.




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hay algo especialmente difícil en una antología: conseguir que cada relato tenga personalidad propia y, al mismo tiempo, que el conjunto funcione como un libro y no como una simple colección de textos. Historias Phantasticas III supera ese reto ofreciendo una muestra muy variada de la ciencia ficción, la fantasía y el terror que se está escribiendo actualmente en español.

Nacida de la colaboración entre la escuela de escritura Phantastica, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, esta tercera entrega vuelve a demostrar que el relato breve sigue siendo uno de los mejores laboratorios para la literatura fantástica. Aquí conviven mundos imposibles, criaturas inquietantes, tecnología, supersticiones, futuros inciertos y realidades que apenas necesitan desviarse unos milímetros de la nuestra para resultar profundamente perturbadoras.

Uno de los grandes aciertos del volumen es precisamente esa diversidad. Cada autor propone una mirada distinta sobre lo fantástico y utiliza herramientas diferentes para sorprender al lector. Algunos relatos apuestan por el terror más atmosférico; otros se acercan a la ciencia ficción especulativa; otros prefieren la fantasía o el realismo extraño. Esa variedad hace que la lectura mantenga constantemente el factor sorpresa.

Como ocurre en toda antología, habrá relatos que conecten más con unos lectores que con otros, pero precisamente ahí reside parte de su atractivo. Es muy probable que cada persona cierre el libro con una selección completamente distinta de favoritos.

Historias Phantasticas III es, además, una excelente puerta de entrada para descubrir nuevas voces del fantástico en castellano y comprobar la enorme vitalidad que vive actualmente el género. Un volumen que invita a seguir explorando autores, estilos y formas de imaginar otros mundos.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema con las antologías. Siempre empiezo diciéndome: "Voy a leer un relato antes de dormir" y, de alguna manera que todavía no logro explicar, ese relato acaba convirtiéndose en cuatro. O cinco. Porque el cerebro hace una trampa muy curiosa: como cada historia es corta, te convence de que puedes leer otra. Y otra. Y otra. Con Historias Phantasticas III me pasó exactamente eso.

Lo que más me gusta de este tipo de libros es que nunca sabes dónde vas a aterrizar en la siguiente página. Un relato puede llevarte a un futuro imposible y el siguiente dejarte encerrada en una casa donde algo no termina de encajar. Cuando empiezas a sentirte cómoda... el libro cambia completamente las reglas del juego. Y eso es divertidísimo.

También disfruto mucho descubriendo autores. Hay algo muy especial en encontrar una voz que no conocías y pensar: "Vale, a esta persona quiero seguir leyéndola". Creo que una buena antología también sirve para eso: para abrir puertas.

Además, el relato corto tiene una ventaja enorme. No tiene tiempo para entretenerse. Entra directo en la historia, lanza la idea, aprieta el acelerador y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha terminado... aunque muchas veces la sensación se queda contigo bastante más tiempo que algunas novelas de quinientas páginas.

Al final cerré el libro con la misma impresión con la que termino siempre las mejores antologías: no me llevé una sola historia. Me llevé muchas. Y algunas siguen dando vueltas por mi cabeza bastante después de haber pasado la última página.

 

   — Natalia Sancho.   



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«Los que vuelan» de Kiyoko Murata

 



Autor: Kiyoko Murata
Traducción: Makiko Sese y Daniel Villa
Género: Ficción Contemporánea
Editorial: Hermida Editores
Páginas: 198
Colección: El Jardín de Epicuro - Ficción 

 

 Premio Tanizaki 2019

En una pequeña isla olvidada, que antaño prosperó debido a la industria pesquera y que hoy se hunde en la decadencia, sólo permanecen libres dos mujeres buceadoras, a las que la hija de una de ellas trata de sacar de allí. Ambas se sumergen a diario para ganarse el sustento.

Yōjyō, situada en el extremo del mar de Japón, cerca de las fronteras con Corea y China, recibe a veces barcos extranjeros y sufre un clima cada vez más hostil, agravado por los efectos del cambio climático. Aun así, las ancianas, de 92 y 88 años, se niegan a abandonar el remoto islote donde nacieron y donde sus hombres murieron tragados por las olas, cuyas almas perviven en la naturaleza, en cormoranes y otros animales que lo permean todo.

Llevan una vida sencilla, sostenida por una fortaleza silenciosa. Por la mañana trabajan los cultivos del acantilado, y el resto del tiempo alternan el buceo con rituales y bailes ancestrales, como si obedecieran los susurros del mundo en el que habitan, tratando de liberar sus almas. Sus vidas transcurren alejadas del resto del mundo, en los bellos paisajes de sus antepasados. Han elegido la libertad y vivir la vida de los que vuelan en sus bailes y bajo las olas.

La obra fue galardonada con el Premio Tanizaki, y su autora es una de las escritoras vivas más premiadas de Japón.




Kiyoko Murata nació en 1945 en Yahata, ciudad de Kitakyūshū, prefectura de Fukuoka. Fue criada por sus abuelos: sus padres se divorciaron antes de que ella naciera. La posterior boda de su madre la dejó al cuidado permanente de sus abuelos, por lo que desarrolló un fuerte vínculo afectivo con su abuela. Se graduó de la secundaria Hanao en Yahata y comenzó a trabajar en una fábrica siderúrgica, clave en el desarrollo industrial de Japón desde inicios del siglo xx. Su vida laboral fue muy variada: desde repartidora de periódicos hasta camarera de cafetería y taquillera de cine. Actualmente reside en Nakama.

Su trayectoria literaria despegó tras recibir el Premio de Literatura del Festival de Arte de Kyūshū en 1977, con la obra Suichū no koe (La voz dentro del agua). Fundó la revista privada Happyō (Publicación) en 1985, donde vieron la luz sus primeras obras, que luego tuvieron muy buena acogida en la aclamada revista literaria Bungakukai (Mundo de la Literatura). Después de dos nominaciones, obtuvo el Premio Akutagawa en 1987 con Nabe no naka (Dentro del caldero).

Murata ha sido reconocida con numerosos premios literarios, incluyendo el Premio Noma de Literatura en 2010 por Kokyō no wagaya (Mi hogar del pueblo), el Premio Yomiuri en 2014 por Yūjyokō (Mujer de placer) que se publicará en 2025, y el Premio Tanizaki en 2019 por Hizoku (Los que vuelan), que se publicará en 2026. Además, recibió la Medalla de Honor con cinta morada en 2007 y la Orden del Sol Naciente en 2016 del gobierno japonés. Es miembro de la Academia de Arte de Japón.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

No pasa casi nada. Y, sin embargo, cuesta muchísimo dejar de leer.

Creo que esa es la mejor forma de explicar Los que vuelan. Si me preguntas de qué trata, tendría que decirte que habla de dos ancianas que viven en una pequeña isla japonesa casi deshabitada, que siguen buceando para ganarse la vida y que se niegan a abandonarla, aunque el mundo a su alrededor lleve años diciéndoles que ya no queda futuro allí.

Sobre el papel no parece una novela de las que te atrapan pero en la práctica, ocurre justo lo contrario.

Kiyoko Murata construye una historia donde el verdadero conflicto no nace de grandes acontecimientos, sino de algo mucho más difícil de escribir: el vínculo que una persona puede llegar a tener con el lugar donde ha vivido toda su vida. Porque Yōjyō no es simplemente una isla. Es memoria, identidad, duelo, libertad y también resistencia frente a un mundo que parece avanzar dejando atrás todo aquello que no produce, no crece o no resulta rentable.

Las protagonistas, Io y Yuki, pertenecen a esa generación de ama, las tradicionales buceadoras japonesas que durante décadas se sumergieron en el mar para recoger orejas de mar y otros moluscos. Con más de noventa años siguen haciéndolo con la misma naturalidad con la que riegan el huerto, preparan la comida o participan en antiguos rituales que apenas sobreviven gracias a ellas.

Frente a esa forma de entender la vida aparece Umiko, la hija de Io, decidida a convencer a su madre de que abandone la isla antes de que sea demasiado tarde. Y ahí surge el gran dilema de la novela: ¿qué significa realmente marcharse? ¿Es cambiar de casa... o renunciar a una parte de uno mismo?

Murata aborda cuestiones como la despoblación rural, el envejecimiento, el cambio climático, la desaparición de las tradiciones o el desarraigo sin convertir la novela en un ensayo ni en un discurso reivindicativo. Todo aparece integrado con una naturalidad admirable, dejando que sean los propios personajes quienes expliquen el peso de esas pérdidas simplemente viviendo.

Otro de los grandes aciertos del libro es la manera en que aborda el tema de la naturaleza. El mar no funciona como un paisaje bonito de fondo. Es quien alimenta, castiga, recuerda y acompaña. Los pájaros, el viento, los acantilados y las mareas forman parte de una misma conversación que lleva siglos produciéndose mucho antes de que el lector llegue a la isla.

El ritmo es sereno, incluso contemplativo, y exige aceptar que aquí la emoción no nace de la tensión narrativa, sino de la observación. No es tu novela si buscas giros constantes o acción, pero sí lo será si disfrutas de las historias donde las emociones se construyen despacio y permanecen mucho tiempo después de cerrar el libro.

Con menos de doscientas páginas, Los que vuelan demuestra que la literatura también puede ser un lugar para detenerse un momento mientras todo lo demás sigue corriendo.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Me pasé medio libro preguntándome por qué demonios nadie quería irse de esa isla.

Cuando terminé, ya no me hacía esa pregunta. La entendía perfectamente porque Kiyoko Murata consigue hacer que acabes sintiendo cariño por un lugar donde, sinceramente, yo probablemente no aguantaría ni una semana. Una isla pequeña, aislada, cada vez más vacía, castigada por el mar y por un futuro que parece empeñado en borrar todo lo que representa. Y, aun así, terminé pensando que quizá ellas tenían razón.

Me ha fascinado cómo la autora habla del paso del tiempo sin convertir la vejez en un drama ni en un símbolo de fragilidad. Io y Yuki no necesitan demostrar nada a nadie. Siguen viviendo como siempre, bajando al mar, trabajando la tierra, bailando ceremonias heredadas de generaciones anteriores y recordando a quienes ya no están con una naturalidad que resulta preciosa. 

En esta historia no hay épica, no hay grandes discursos, no hay personajes empeñados en explicar lo que sienten durante tres páginas. Solo personas viviendo. Y, curiosamente, eso emociona muchísimo más.

También me ha gustado que la novela nunca señale quién tiene razón. Entiendes perfectamente a Umiko cuando intenta convencer a su madre para que abandone la isla. Yo probablemente haría exactamente lo mismo. Pero también entiendes a cuando responde, sin necesidad de grandes explicaciones, que hay lugares que no se abandonan porque hacerlo sería dejar atrás algo mucho más importante que una casa.

Y luego está el mar. Qué manera de escribir el mar.

Hacía tiempo que no leía una novela en la que el paisaje tuviera tanto peso. No está ahí para decorar la historia. Está respirando constantemente junto a los personajes. A veces protege. A veces amenaza. A veces guarda silencio. Y otras parece recordar a quienes desaparecieron bajo sus aguas mejor que cualquier monumento.

Terminé el libro con una extraña sensación difícil de explicar. No era tristeza y tampoco nostalgia exactamente. Era más bien la impresión de haber conocido un mundo que existe, pero que quizá dentro de unos años ya no será igual. Como si hubiera visitado un lugar justo antes de que alguien apagara la luz.

Y creo que esa es la magia de Los que vuelan. Que no intenta impresionarte ni busca dejarte con la boca abierta. Simplemente te invita a caminar despacio, escuchar el viento, mirar el mar un rato más de lo habitual y preguntarte qué significa realmente pertenecer a un lugar.

Y cuando cierras el libro, comprendes que no has dejado atrás la isla; es ella la que ha decidido quedarse contigo.

 

   — Natalia Sancho.   



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