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«Lo que nunca fue nuestro» de Laura K. Roma

 



Autora: Laura K. Roma
Idioma: Castellano 
Género: Romántica
Editorial: Contraluz 
Páginas: 440
Fecha de publicación: 01 de abril de 2026

 

Él es un guiri.

Ella odia a todos los guiris.

Y el destino se ha empeñado en hacerles compartir rellano.

Mudarse a Barcelona nunca estuvo en los planes de él. Sumido en una culpa que lo ahoga, decide cumplir un sueño que no es el suyo y alquilar un piso cerca de su nuevo negocio. Lo que no esperaba es que su vecina esté empeñada en hacerle la vida imposible, ni mucho menos que devolverle todo lo que ella le hace a él sea lo único que le permita volver a sentir algo.

Pero ella tampoco lo tiene fácil. Atrapada en una vida que nunca quiso, escoge dejarlo todo atrás y luchar por su sueño de convertirse en una chef de alta cocina cuando la pérdida y la rabia la sobrepasan. Mientras tanto, ve cómo el barrio en el que se crio se marchita. Siente que el turismo masivo se lo ha quitado todo: la Barcelona que ella conoce, los lugares que visitaba con la persona a la que más quería en el mundo, su local soñado e incluso el piso en el que iba a vivir.

Lo que ninguno sabe es que comparten mucho más de lo que piensan: un dolor que arrasa con todo lo que un día fueron y que les consume por dentro. Y ¿acaso no son la rabia y la culpa caras distintas de una misma moneda?

Laura K. Roma (1997) nació en un pequeño pueblo del noroeste de Cataluña, pero siempre ha sido un poco nómada. Tras una temporada en el extranjero, actualmente reside en Barcelona, la ciudad que siempre sintió como su hogar y que ha inspirado esta novela. Además de ser una ávida lectora desde muy pequeña, Laura escribió su primer fanfiction a los once, pero nunca se atrevió a pensar en este arte como algo más que un hobby. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas, lo que le permitió escribir a diario. Hasta que, en 2024, durante una época personal complicada, volvió a encontrar un refugio en crear sus propias historias. Tras formarse en la Escuela de Escritores, decidió saltar al vacío. Y en el proceso descubrió que, cuando de pequeña le preguntaban: '¿qué quieres hacer cuando seas mayor?' y ella respondía: 'ser periodista', lo que de verdad quería decir era: 'compartir mis historias con el mundo'.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Barcelona suele aparecer en las novelas como un escenario bonito. El mar, las calles del Born, los cafés con encanto y la luz que parece convencer a cualquiera de mudarse allí mañana mismo. Laura K. Roma decide mirar la ciudad desde otro sitio, uno bastante menos fotogénico: el de las personas que sienten que cada piso turístico, cada alquiler imposible y cada persiana bajada les va borrando un pedazo del barrio donde crecieron.

Con esa idea construye una historia que, sobre el papel, podría parecer una comedia romántica de vecinos condenados a entenderse. Ella detesta todo lo que representa él. Él aterriza en Barcelona cargando con una culpa que ni siquiera sabe cómo dejar atrás. Comparten edificio, se cruzan constantemente y tardan muy poco en convertir el rellano en un pequeño campo de batalla donde las pullas vuelan con bastante más facilidad que las buenas intenciones.

Lo interesante es que la novela nunca utiliza ese enfrentamiento como un simple juego romántico. Poco a poco, mientras las bromas dejan paso a conversaciones más incómodas y las certezas empiezan a resquebrajarse, la historia descubre que ambos llevan demasiado tiempo intentando sobrevivir a pérdidas distintas, y que la rabia y la culpa, aunque parezcan emociones opuestas, se parecen mucho más de lo que cualquiera de los dos estaría dispuesto a admitir.

La autora encuentra un equilibrio muy difícil de conseguir. El conflicto social está presente desde la primera página, pero nunca se convierte en un discurso que interrumpa la narración; forma parte del paisaje emocional de los personajes, explica muchas de sus decisiones y hace que el romance tenga un peso diferente, mucho más pegado a la realidad de quienes buscan un lugar al que poder llamar hogar.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Hay una cosa que me hizo muchísima gracia mientras leía este libro, y es que empecé convencidísima de que iba a ponerme del lado de Amarrugada casi sin pensarlo. Pensé: "Bueno, pobre chica, aparece un guiri, le ocupa el edificio, le cambia la vida... blanco y en botella." El problema llegó cuando Guiripollas decidió tener personalidad, sentido del humor y la mala costumbre de desmontar todos los prejuicios que yo misma había construido en apenas dos capítulos.

Eso convirtió la lectura en algo bastante más divertido de lo que esperaba, porque dejé de buscar quién tenía razón y empecé simplemente a disfrutar viendo cómo dos personas que no podían soportarse iban descubriendo que, debajo de toda esa colección de pullas, sarcasmos y pequeñas venganzas de vecinos, había dos formas muy distintas de gestionar exactamente el mismo dolor.

Me encanta cuando un romance entiende que enamorarse no consiste únicamente en mirarse mucho a los ojos. Aquí los personajes necesitan tiempo para equivocarse, para juzgarse mal, para sacar la peor versión de sí mismos y, solo cuando ya no les queda demasiada energía para seguir peleando, empezar a escuchar al otro de verdad. Esa evolución me resultó muchísimo más creíble que muchos romances donde todo cambia después de un beso especialmente bonito.

También disfruté muchísimo con los secundarios, porque tenían vida propia y daba la impresión de que seguirían existiendo, aunque la historia dejara de mirar hacia ellos. En ningún momento parecen colocados ahí únicamente para empujar la trama, y hace que Barcelona termine sintiéndose como una ciudad habitada y no como un decorado.

Quizá hubo algún momento en el que me costó conectar del todo con determinadas reacciones del protagonista, pero fue una de esas pequeñas reservas que no cambian la impresión general de una lectura. Cerré el libro convencida de haber leído un romance que se atreve a hablar de cosas incómodas sin dejar de ser un romance, y eso me parece bastante más difícil de conseguir de lo que parece.

 

   — Natalia Sancho.   



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«Los cinco besos de la luna» de Miriam Mosquera

 



Autora: Miriam Mosquera
Idioma: Español 
Publicación: 14 de mayo de 2026
Editorial: Faeris Editorial
Género: Fantasía 
Páginas: 552


Cinco besos. Cinco besos necesitaron para enamorarse, y cinco besos necesitaréis para morir

Hace ciento quince años, dos enemigos cometieron el mayor acto de traición hacia los dioses: enamorarse. Como castigo, una maldición cayó sobre la humanidad, convirtiendo cada beso en un paso hacia la muerte.

Navia pasa sus días escondida entre meigas, dibujando criaturas mágicas en su bestiario y rezándole a la diosa de la noche, la muerte y el invierno. Cuando la guerra entre el norte y el sur llega demasiado lejos, se verá obligada a abandonar la seguridad del bosque e infiltrarse en la capital, invadida por los sureños, para acabar con el cruel rey Silas, elegido por el dios del día, la vida y el verano.

Sin quererlo, Navia se convertirá en la última esperanza de los norteños y tendrá que embarcarse en una misión para liberar a su reino; una que le llevará a casarse con el rey que atormenta sus pesadillas... y a acercarse demasiado al peligro de los besos.

El esperado regreso de la autora de Todos los ángeles del infierno y Todos los demonios del Cielo.

Una historia de fantasía inspirada en el folklore gallego donde en un reino eternamente dividido entre la noche y el día el amor tiene un precio demasiado alto.


                                                                               


Miriam Mosquera (Madrid, 1991) estudió Historia en la Universidad Complutense, especializándose en el periodo medieval de al-Andalus. Fue precisamente su amor por la historia, sumado a la pasión que siente desde niña por la escritura, lo que la empujó a escribir historias que combinaran la fantasía y el folclore de España.

Además de la literatura y la historia, es una gran amante de la naturaleza. Sus años de lucha por los derechos de los animales le hicieron darse cuenta de que la escritura también podía ser un arma, así que decidió afilarla y empuñarla. En sus novelas siempre encontrarás mensajes reivindicativos que claman por la justicia, la libertad y la igualdad.

Miriam es la autora de Todos los ángeles del infierno y Todos los demonios del Cielo.

Puedes encontrarla en todas sus redes sociales como @miimosquera.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros de fantasía de todo tipo. Algunos construyen un mundo nuevo desde cero y otros miran a las leyendas que siempre han estado ahí para darles una vida distinta. Los cinco besos de la luna es una novela que mira a las leyendas sin temor y encuentra en el folclore gallego uno de sus mayores aciertos.

Miriam Mosquera construye un universo marcado por una antigua maldición nacida del amor prohibido entre dos enemigos. Desde entonces, besar significa acercarse un poco más a la muerte, y esa idea atraviesa toda la novela como un recordatorio constante de que incluso los gestos más sencillos pueden tener un precio devastador.

En este escenario conocemos a Navia, una joven criada entre meigas, bosques y criaturas mágicas que ha dedicado su vida a estudiar aquello que muchos temen. Sin embargo, el avance de la guerra la obligará a abandonar ese refugio para infiltrarse en la corte enemiga y enfrentarse a Silas, el rey del sur, un hombre cuya figura está rodeada de violencia, poder y leyenda.

La novela combina fantasía, romance, mitología y conflicto político sin perder de vista la importancia de su ambientación. La naturaleza, los bosques, las criaturas del imaginario gallego y la presencia constante de los dioses convierten el mundo en un elemento tan relevante como los propios personajes.

Junto a la historia principal aparecen temas como el peso de las creencias, la identidad, el sacrificio, la manipulación del poder y la facilidad con la que una guerra transforma a los héroes en villanos dependiendo del lugar desde el que se contemple.

Con un ritmo ágil, un universo rico en detalles y un amplio elenco de personajes, Los cinco besos de la luna abre una bilogía que deja numerosos interrogantes abiertos y demuestra el enorme potencial que tiene el folclore gallego como fuente de inspiración para la fantasía contemporánea.



Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Voy a reconocer una debilidad literaria que tengo desde que era joven: si una novela tiene bosques oscuros, criaturas del folclore, meigas, dioses enfrentados y un mapa al principio… es muy probable que ya tenga medio trabajo hecho conmigo. Y si, además, todo eso está inspirado en la mitología gallega, directamente dejo de hacer preguntas.

Lo primero que me conquistó fue precisamente el mundo que ha creado Miriam Mosquera. En esta novela el escenario deja de ser un simple telón de fondo; aquí ocurre justo lo contrario: el bosque, las criaturas, las leyendas y los dioses parecen respirar junto a los personajes. Todo transmite la sensación de formar parte de algo mucho más antiguo que la propia trama.

Disfruté muchísimo descubriendo las criaturas del bestiario de Navia. Cada vez que aparecía una nueva quería saber más sobre ella, hasta el punto de que terminé con ganas de seguir investigando el folclore gallego por mi cuenta. Para mí eso siempre es una buena señal. Me encanta cuando una novela despierta la curiosidad más allá de sus propias páginas.

También agradecí que la fantasía tuviera tanto peso. Aunque el romance ocupa un lugar importante, nunca sentí que el mundo quedara relegado a un segundo plano. Al contrario: la guerra, las creencias, los dioses y la historia de ambos reinos sostienen la narración de principio a fin.

Navia me pareció una protagonista muy fácil de acompañar. Tiene valentía, pero también está llena dudas y de la necesidad de proteger a los demás y eso hace  que hace que quieras seguir viendo cómo evoluciona. A su alrededor aparecen secundarios que aportan humor, ternura o tensión cuando la novela lo necesita.

Si tuviera que quedarme con una sola cosa, probablemente elegiría la ambientación. Hacía tiempo que no encontraba una fantasía que abrazara con tanto cariño nuestras propias leyendas sin perder ese aire épico que esperamos del género.

Y sí, terminé el libro con el mismo problema con el que suelo acabar las primeras partes de una bilogía. Necesitando el siguiente. Porque hay finales que cierran una historia. Y luego están los que simplemente te dejan mirando el libro, pensando:

«Vale… ¿y ahora cómo espero yo al segundo?»


   — Natalia Sancho.       




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«Historias Phantasticas 3» de AA.VV

 


Autores: AA.VV
Idioma: Castellano 
Género: Relatos de terror
Editorial: El transbordador
Páginas: 145
Fecha de publicación: 22 de junio de 2026

 

Hay otros mundos posibles. Mundos en los que lo nada es lo que parece, y la realidad se esconde detrás de mil capas de engaños; mundos en los que lo veraz se repudia; en que el terror se abre camino a plena vista; mundos de fantasía en los que poder empezar nuevas historias y otros en los ya no quedarán historias por contar.

En estas páginas acechan criminales que se esconden tras una pantalla para explicar su realidad, extraños ritos capaces de conceder dones, esperanzas, peligrosos visitantes, apuestas, éxitos y fracasos.

Esta tercera compilación de relatos fantásticos, nacida de la colaboración entre la escuela online de escritura de ciencia ficción, fantasía y terror Phantastica.com, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, os ofrece un escaparate de la rica y diversa literatura de género actual. Encuentra los límites de la imaginación entre estas páginas y atrévete a cruzar el umbral hacia algo nuevo.




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hay algo especialmente difícil en una antología: conseguir que cada relato tenga personalidad propia y, al mismo tiempo, que el conjunto funcione como un libro y no como una simple colección de textos. Historias Phantasticas III supera ese reto ofreciendo una muestra muy variada de la ciencia ficción, la fantasía y el terror que se está escribiendo actualmente en español.

Nacida de la colaboración entre la escuela de escritura Phantastica, la revista Windumanoth y la editorial El Transbordador, esta tercera entrega vuelve a demostrar que el relato breve sigue siendo uno de los mejores laboratorios para la literatura fantástica. Aquí conviven mundos imposibles, criaturas inquietantes, tecnología, supersticiones, futuros inciertos y realidades que apenas necesitan desviarse unos milímetros de la nuestra para resultar profundamente perturbadoras.

Uno de los grandes aciertos del volumen es precisamente esa diversidad. Cada autor propone una mirada distinta sobre lo fantástico y utiliza herramientas diferentes para sorprender al lector. Algunos relatos apuestan por el terror más atmosférico; otros se acercan a la ciencia ficción especulativa; otros prefieren la fantasía o el realismo extraño. Esa variedad hace que la lectura mantenga constantemente el factor sorpresa.

Como ocurre en toda antología, habrá relatos que conecten más con unos lectores que con otros, pero precisamente ahí reside parte de su atractivo. Es muy probable que cada persona cierre el libro con una selección completamente distinta de favoritos.

Historias Phantasticas III es, además, una excelente puerta de entrada para descubrir nuevas voces del fantástico en castellano y comprobar la enorme vitalidad que vive actualmente el género. Un volumen que invita a seguir explorando autores, estilos y formas de imaginar otros mundos.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema con las antologías. Siempre empiezo diciéndome: "Voy a leer un relato antes de dormir" y, de alguna manera que todavía no logro explicar, ese relato acaba convirtiéndose en cuatro. O cinco. Porque el cerebro hace una trampa muy curiosa: como cada historia es corta, te convence de que puedes leer otra. Y otra. Y otra. Con Historias Phantasticas III me pasó exactamente eso.

Lo que más me gusta de este tipo de libros es que nunca sabes dónde vas a aterrizar en la siguiente página. Un relato puede llevarte a un futuro imposible y el siguiente dejarte encerrada en una casa donde algo no termina de encajar. Cuando empiezas a sentirte cómoda... el libro cambia completamente las reglas del juego. Y eso es divertidísimo.

También disfruto mucho descubriendo autores. Hay algo muy especial en encontrar una voz que no conocías y pensar: "Vale, a esta persona quiero seguir leyéndola". Creo que una buena antología también sirve para eso: para abrir puertas.

Además, el relato corto tiene una ventaja enorme. No tiene tiempo para entretenerse. Entra directo en la historia, lanza la idea, aprieta el acelerador y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha terminado... aunque muchas veces la sensación se queda contigo bastante más tiempo que algunas novelas de quinientas páginas.

Al final cerré el libro con la misma impresión con la que termino siempre las mejores antologías: no me llevé una sola historia. Me llevé muchas. Y algunas siguen dando vueltas por mi cabeza bastante después de haber pasado la última página.

 

   — Natalia Sancho.   



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«Los que vuelan» de Kiyoko Murata

 



Autor: Kiyoko Murata
Traducción: Makiko Sese y Daniel Villa
Género: Ficción Contemporánea
Editorial: Hermida Editores
Páginas: 198
Colección: El Jardín de Epicuro - Ficción 

 

 Premio Tanizaki 2019

En una pequeña isla olvidada, que antaño prosperó debido a la industria pesquera y que hoy se hunde en la decadencia, sólo permanecen libres dos mujeres buceadoras, a las que la hija de una de ellas trata de sacar de allí. Ambas se sumergen a diario para ganarse el sustento.

Yōjyō, situada en el extremo del mar de Japón, cerca de las fronteras con Corea y China, recibe a veces barcos extranjeros y sufre un clima cada vez más hostil, agravado por los efectos del cambio climático. Aun así, las ancianas, de 92 y 88 años, se niegan a abandonar el remoto islote donde nacieron y donde sus hombres murieron tragados por las olas, cuyas almas perviven en la naturaleza, en cormoranes y otros animales que lo permean todo.

Llevan una vida sencilla, sostenida por una fortaleza silenciosa. Por la mañana trabajan los cultivos del acantilado, y el resto del tiempo alternan el buceo con rituales y bailes ancestrales, como si obedecieran los susurros del mundo en el que habitan, tratando de liberar sus almas. Sus vidas transcurren alejadas del resto del mundo, en los bellos paisajes de sus antepasados. Han elegido la libertad y vivir la vida de los que vuelan en sus bailes y bajo las olas.

La obra fue galardonada con el Premio Tanizaki, y su autora es una de las escritoras vivas más premiadas de Japón.




Kiyoko Murata nació en 1945 en Yahata, ciudad de Kitakyūshū, prefectura de Fukuoka. Fue criada por sus abuelos: sus padres se divorciaron antes de que ella naciera. La posterior boda de su madre la dejó al cuidado permanente de sus abuelos, por lo que desarrolló un fuerte vínculo afectivo con su abuela. Se graduó de la secundaria Hanao en Yahata y comenzó a trabajar en una fábrica siderúrgica, clave en el desarrollo industrial de Japón desde inicios del siglo xx. Su vida laboral fue muy variada: desde repartidora de periódicos hasta camarera de cafetería y taquillera de cine. Actualmente reside en Nakama.

Su trayectoria literaria despegó tras recibir el Premio de Literatura del Festival de Arte de Kyūshū en 1977, con la obra Suichū no koe (La voz dentro del agua). Fundó la revista privada Happyō (Publicación) en 1985, donde vieron la luz sus primeras obras, que luego tuvieron muy buena acogida en la aclamada revista literaria Bungakukai (Mundo de la Literatura). Después de dos nominaciones, obtuvo el Premio Akutagawa en 1987 con Nabe no naka (Dentro del caldero).

Murata ha sido reconocida con numerosos premios literarios, incluyendo el Premio Noma de Literatura en 2010 por Kokyō no wagaya (Mi hogar del pueblo), el Premio Yomiuri en 2014 por Yūjyokō (Mujer de placer) que se publicará en 2025, y el Premio Tanizaki en 2019 por Hizoku (Los que vuelan), que se publicará en 2026. Además, recibió la Medalla de Honor con cinta morada en 2007 y la Orden del Sol Naciente en 2016 del gobierno japonés. Es miembro de la Academia de Arte de Japón.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

No pasa casi nada. Y, sin embargo, cuesta muchísimo dejar de leer.

Creo que esa es la mejor forma de explicar Los que vuelan. Si me preguntas de qué trata, tendría que decirte que habla de dos ancianas que viven en una pequeña isla japonesa casi deshabitada, que siguen buceando para ganarse la vida y que se niegan a abandonarla, aunque el mundo a su alrededor lleve años diciéndoles que ya no queda futuro allí.

Sobre el papel no parece una novela de las que te atrapan pero en la práctica, ocurre justo lo contrario.

Kiyoko Murata construye una historia donde el verdadero conflicto no nace de grandes acontecimientos, sino de algo mucho más difícil de escribir: el vínculo que una persona puede llegar a tener con el lugar donde ha vivido toda su vida. Porque Yōjyō no es simplemente una isla. Es memoria, identidad, duelo, libertad y también resistencia frente a un mundo que parece avanzar dejando atrás todo aquello que no produce, no crece o no resulta rentable.

Las protagonistas, Io y Yuki, pertenecen a esa generación de ama, las tradicionales buceadoras japonesas que durante décadas se sumergieron en el mar para recoger orejas de mar y otros moluscos. Con más de noventa años siguen haciéndolo con la misma naturalidad con la que riegan el huerto, preparan la comida o participan en antiguos rituales que apenas sobreviven gracias a ellas.

Frente a esa forma de entender la vida aparece Umiko, la hija de Io, decidida a convencer a su madre de que abandone la isla antes de que sea demasiado tarde. Y ahí surge el gran dilema de la novela: ¿qué significa realmente marcharse? ¿Es cambiar de casa... o renunciar a una parte de uno mismo?

Murata aborda cuestiones como la despoblación rural, el envejecimiento, el cambio climático, la desaparición de las tradiciones o el desarraigo sin convertir la novela en un ensayo ni en un discurso reivindicativo. Todo aparece integrado con una naturalidad admirable, dejando que sean los propios personajes quienes expliquen el peso de esas pérdidas simplemente viviendo.

Otro de los grandes aciertos del libro es la manera en que aborda el tema de la naturaleza. El mar no funciona como un paisaje bonito de fondo. Es quien alimenta, castiga, recuerda y acompaña. Los pájaros, el viento, los acantilados y las mareas forman parte de una misma conversación que lleva siglos produciéndose mucho antes de que el lector llegue a la isla.

El ritmo es sereno, incluso contemplativo, y exige aceptar que aquí la emoción no nace de la tensión narrativa, sino de la observación. No es tu novela si buscas giros constantes o acción, pero sí lo será si disfrutas de las historias donde las emociones se construyen despacio y permanecen mucho tiempo después de cerrar el libro.

Con menos de doscientas páginas, Los que vuelan demuestra que la literatura también puede ser un lugar para detenerse un momento mientras todo lo demás sigue corriendo.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Me pasé medio libro preguntándome por qué demonios nadie quería irse de esa isla.

Cuando terminé, ya no me hacía esa pregunta. La entendía perfectamente porque Kiyoko Murata consigue hacer que acabes sintiendo cariño por un lugar donde, sinceramente, yo probablemente no aguantaría ni una semana. Una isla pequeña, aislada, cada vez más vacía, castigada por el mar y por un futuro que parece empeñado en borrar todo lo que representa. Y, aun así, terminé pensando que quizá ellas tenían razón.

Me ha fascinado cómo la autora habla del paso del tiempo sin convertir la vejez en un drama ni en un símbolo de fragilidad. Io y Yuki no necesitan demostrar nada a nadie. Siguen viviendo como siempre, bajando al mar, trabajando la tierra, bailando ceremonias heredadas de generaciones anteriores y recordando a quienes ya no están con una naturalidad que resulta preciosa. 

En esta historia no hay épica, no hay grandes discursos, no hay personajes empeñados en explicar lo que sienten durante tres páginas. Solo personas viviendo. Y, curiosamente, eso emociona muchísimo más.

También me ha gustado que la novela nunca señale quién tiene razón. Entiendes perfectamente a Umiko cuando intenta convencer a su madre para que abandone la isla. Yo probablemente haría exactamente lo mismo. Pero también entiendes a cuando responde, sin necesidad de grandes explicaciones, que hay lugares que no se abandonan porque hacerlo sería dejar atrás algo mucho más importante que una casa.

Y luego está el mar. Qué manera de escribir el mar.

Hacía tiempo que no leía una novela en la que el paisaje tuviera tanto peso. No está ahí para decorar la historia. Está respirando constantemente junto a los personajes. A veces protege. A veces amenaza. A veces guarda silencio. Y otras parece recordar a quienes desaparecieron bajo sus aguas mejor que cualquier monumento.

Terminé el libro con una extraña sensación difícil de explicar. No era tristeza y tampoco nostalgia exactamente. Era más bien la impresión de haber conocido un mundo que existe, pero que quizá dentro de unos años ya no será igual. Como si hubiera visitado un lugar justo antes de que alguien apagara la luz.

Y creo que esa es la magia de Los que vuelan. Que no intenta impresionarte ni busca dejarte con la boca abierta. Simplemente te invita a caminar despacio, escuchar el viento, mirar el mar un rato más de lo habitual y preguntarte qué significa realmente pertenecer a un lugar.

Y cuando cierras el libro, comprendes que no has dejado atrás la isla; es ella la que ha decidido quedarse contigo.

 

   — Natalia Sancho.   



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«El enigma de Bletchley: Una casa llena de secretos y códigos por descifrar» de Ruta Sepetys y Steve Sheinkin

 



Autores: Ruta Sepetys y Steve Sheinkin 
Traducción: Álvaro Abella Villar
Género: Thriller / Misterio / Novela Juvenil
Editorial: Ediciones Maeva
Páginas: 376
Fecha de publicación: 18 de marzo de 2026 

En un mundo en guerra, no sabes en quién puedes confiar ni quién podría ser un agente secreto…

Códigos, espías y misterios familiares en el corazón de Bletchley Park.

Verano de 1940. Jakob y su hermana pequeña, Lizzie, comparten su afición por los acertijos. Ambos hermanos son reclutados por los integrantes de uno de los mayores secretos británicos de la Segunda Guerra Mundial: la Escuela Gubernamental de Códigos y Cifrados en Bletchley Park. Mientras Jakob se une a las mentes más brillantes para descifrar la máquina Enigma de los nazis, Lizzie, se embarca en una misión para resolver la misteriosa desaparición de su madre. ¿Podrían los mensajes de Enigma y la desaparición de su madre estar relacionados de alguna manera? Jakob y Lizzie deben encontrar la forma de trabajar juntos mientras se apresuran a descifrar las pistas de un impactante rompecabezas.

Una emocionante aventura histórica de dos autores superventas. ¿Te atreves a descifrar los códigos en su interior? 

¿POR QUÉ LEER EL ENIGMA DE BLETCHLEY?

Una emocionante aventura histórica juvenil de la conocidísima Ruta Sepetys junto a Steve Sheinkin.

Finalista del premio Young Quills Award for Historical Fiction.

Repleta de códigos por descifrar y misterios que resolver, una novela que te mantiene en vilo.

Ideal para fans de Enola Holmes o The Imitation Game.


Ruta Sepetys es una escritora de prestigio internacional y autora de superventas que han llegado a ser número uno en las listas de The New York Times y que se han publicado en más de sesenta países y cuarenta idiomas. Ha publicado novelas tan relevantes como Entre tonos de gris, El color de los sueños, Lágrimas en el mar, Las fuentes del silencio y Voy a traicionarte, y sus libros se consideran una perfecta lectura crossover, ya que resultan igual de atractivos para adolescentes y adultos de todo el mundo. Merecedora de la Carnegie Medal en 2017, sus novelas han resultado finalistas o ganadoras de más de cuarenta galardones, entre los que destacan los premios Goodreads e Indies Choice, y están incluidas en más de sesenta listas de premios literarios en Estados Unidos. Su novela Entre tonos de gris ha sido adaptada al cine, y otras novelas suyas están en proceso de desarrollo para convertirse en proyectos para la pequeña y la gran pantalla. Nacida en Michigan donde también se crio, actualmente vive con su familia en Nashville, Tennessee. La autora es una firme y apasionada defensora del poder de la Historia para fomentar el diálogo global y la conexión entre los países. 



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Existen novelas juveniles que prometen espías, códigos secretos y conspiraciones internacionales… y depués todo se reduce a un personaje mirando un mapa durante doscientas páginas. Por suerte, El enigma de Bletchley juega en otra liga.

Porque sí, aquí hay criptografía, mensajes imposibles de descifrar y la mítica máquina Enigma, pero también hay dos hermanos empeñados en resolver un misterio familiar mientras el mundo entero parece haberse vuelto completamente loco.

La historia nos lleva hasta Bletchley Park, uno de los lugares más secretos de la Segunda Guerra Mundial, donde matemáticos, lingüistas, ajedrecistas y auténticos cerebritos trabajaban contrarreloj para romper los códigos nazis. Y, aunque el contexto histórico está muy bien documentado, el libro nunca da la sensación de estar intentando darte una clase de historia. Al contrario: todo forma parte de la aventura.

Jakob y Lizzie son dos protagonistas que funcionan muy bien juntos precisamente porque son muy distintos. Él piensa antes de actuar, analiza, calcula y busca patrones donde los demás solo ven letras sin sentido. Ella, en cambio, se mueve por intuición, improvisa, se mete en líos con una facilidad admirable y tiene bastante menos miedo del que probablemente sería recomendable.

La novela alterna ambos puntos de vista, algo que mantiene el ritmo muy vivo y permite que el lector vaya descubriendo las piezas del puzle desde perspectivas diferentes. Además, los capítulos son cortos, la narración es muy dinámica y siempre ocurre algo que invita a leer "uno más". Ya sabemos cómo acaba eso: cincuenta páginas después sigues diciendo "venga, ahora sí que paro".

Uno de sus mayores aciertos es conseguir despertar la curiosidad por un episodio histórico fascinante sin perder nunca el tono aventurero. Los autores introducen figuras reales como Alan Turing de forma natural y convierten el mundo de la criptografía en algo mucho más emocionante de lo que uno imaginaría antes de empezar el libro.

Quizá los lectores más habituales de novela histórica o de thriller encuentren algunos giros previsibles o echen de menos una mayor profundidad en ciertos personajes. Al fin y al cabo, es una novela pensada para un público juvenil. Pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto: consigue ser accesible, entretenida y despertar el interés por seguir investigando todo lo que ocurrió realmente en Bletchley Park.

En conjunto, El enigma de Bletchley es una aventura muy entretenida que mezcla misterio, espionaje, historia y acertijos con muchísimo ritmo, ideal para quienes disfrutan resolviendo enigmas mientras aprenden casi sin darse cuenta.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema. Si un libro lleva espías, códigos secretos, mensajes cifrados y habitaciones donde todo el mundo habla en susurros y un cartel imaginario que pone "No puedes contarle esto absolutamente a nadie", yo ya estoy dentro y no necesito más.

Bueno... sí. Que aparezca Alan Turing. Y aparece.

La verdad es que me lo he pasado como una cría intentando ir un paso por delante de los personajes, convencida de que iba a resolver el misterio antes que ellos... aunque eso no ocurrió. Ellos eran bastante más listos. Una pena para mi ego.

Lo que más me ha gustado es que el libro consigue que algo tan aparentemente poco emocionante como descifrar códigos se convierta en una auténtica aventura. Nunca pensé que pudiera leer sobre criptografía con la misma ansiedad con la que leo un thriller.

Y Bletchley Park... qué sitio. Mientras leía no dejaba de imaginar aquellas salas llenas de papeles, máquinas haciendo ruido, gente corriendo de un lado para otro y secretos tan importantes que podían cambiar el rumbo de una guerra. Es de un lugar que tiene tanto peso que casi parece un personaje más.

Además, me ha encantado que la historia no olvide que, detrás de los grandes acontecimientos históricos, también había familias rotas, personas buscando respuestas y chavales que tuvieron que crecer demasiado deprisa.

¿Es una novela complejísima? No.

¿Lo necesita? Tampoco.

Es un libro que te engancha y te entretiene y, cuando lo terminas, acabas buscando en internet qué fue realmente Bletchley Park, quién era Alan Turing y cómo demonios consiguieron descifrar la máquina Enigma.

Y para mí eso siempre es una victoria.

Porque si un libro consigue que cierres la última página con ganas de seguir aprendiendo por tu cuenta... ha hecho muy bien su trabajo.


   — Natalia Sancho.   



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«Weavingshaw» de Heba Al-Wasity

 


AutoraHeba Al-Wasity
Traducción: Estíbaliz Montero
Publicación: 1 de abril de 2026 
Editorial: Faeris 
Género: Juvenil de Fantasía Oscura Romantasy
Páginas: 496


En esta oscura fantasía gótica con romance, los secretos son la moneda de cambio y los muertos no descansan

Hace tres años, Leena Al-Sayer despertó con un terrible poder: es capaz de ver a los muertos.

Desde entonces, se ha ocultado del mundo, a sabiendas de que, si su maldición sale a la luz, acabará encerrada en un manicomio. Cuando su querido hermano, Rami, enferma de gravedad, ella se enfrenta a una terrible disyuntiva: dejarlo morir o conseguir el carísimo medicamento que le salvará la vida a cambio de lo único valioso que posee: su secreto.

El Santo del Silencio, un despiadado y magnético mercader que comercia con confesiones y al que envuelven rumores sobrenaturales sobre su crueldad y poder, le ofrece un trato a un precio letal. Leena deberá encontrar al fantasma de Percival Avon, el último dueño de Weavingshaw, o entregar su libertad al Santo para siempre.

La búsqueda de Leena la conduce, junto al Santo, hasta Weavingshaw, donde descubre que la finca y los páramos circundantes están vivos, ávidos de sangre y sacrificios. Mientras se enfrenta al poder de ese lugar, también debe resistirse a la creciente atracción que siente por el enigmático Santo, cuya conexión con Percival Avon continúa siendo un misterio.

A medida que la casa comienza a sepultarlos, se les agota el tiempo de que disponen para su desesperada búsqueda de respuestas. Porque Leena ha llegado a comprender que, en Weavingshaw, los muertos no guardan silencio, y que es mejor que algunos secretos sigan enterrados con ellos.


                                                           

                        


Heba Al-Wasity se inspiró en sus propias experiencias para escribir: nació como refugiada iraquí en Libia, creció en Canadá y estudió medicina en el Reino Unido.

Como médica residente, ha trabajado en Urgencias y en varias unidades de hospitalización psiquiátrica, lo cual le ha permitido ver de primera mano cómo la pobreza y la privación pueden generar desigualdades sociales. Reside en Gran Manchester.


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros que prometen una mansión gótica y luego te encuentras con una casa vieja, dos pasillos oscuros, una tormenta ocasional y un mayordomo que desaparece justo cuando empieza a ponerse interesante. Y oye, si están bien escritos y ambientados, yo entro encantada en el juego.

Pero luego aparece Weavingshaw, dispuesto a recordarte por qué seguimos obsesionándonos con páramos embrujados, habitaciones cerradas con llave, fantasmas que se niegan a marcharse y hombres misteriosos que, objetivamente, necesitarían años de terapia… aunque por algún motivo literario incomprensible sigan resultando fascinantes.

La historia sigue a Leena Al-Sayer, una joven refugiada capaz de ver a los muertos, un don que en su mundo tiene muchas más posibilidades de acabar en un manicomio que en una aventura heroica. Cuando su hermano enferma gravemente, Leena acepta un trato desesperado con el Santo del Silencio, un mercader de secretos tan inquietante como magnético, que parece coleccionar confesiones ajenas con una finalidad que nadie comprende del todo.

A partir de ahí, la novela se convierte en un viaje hacia Weavingshaw, una finca que funciona como uno de los grandes aciertos del libro. Porque la casa no es simplemente un escenario: es un personaje más. Respira, observa, reclama sacrificios y guarda recuerdos que llevan demasiado tiempo enterrados.

Heba Al-Wasity construye una ambientación absorbente y muy visual, donde la humedad parece filtrarse entre las páginas y los páramos transmiten una sensación incómoda de que quizá no deberías haberte alejado tanto del camino. La autora combina con habilidad los elementos clásicos del gótico, fantasmas, secretos familiares, decadencia y espacios opresivos, con temas contemporáneos como el desplazamiento, la identidad, la exclusión social y la experiencia de las comunidades refugiadas.

El romance se desarrolla de forma pausada, algo que agradecerán quienes disfrutan de las relaciones construidas lentamente. No hay amor instantáneo ni declaraciones grandilocuentes a las cincuenta páginas; aquí predominan la tensión, la desconfianza y un tipo de conexión que se cocina a fuego lento entre dos personas que llevan demasiado tiempo sobreviviendo.

Quizá algunos lectores encuentren que la trama avanza con cierta lentitud en determinados momentos o que algunos misterios relacionados con la historia de Weavingshaw pierden fuerza frente al enorme interés que despierta Silas St. Clair. Porque, sinceramente, el Santo del Silencio tiene esa capacidad tan propia de ciertos personajes oscuros de apropiarse de cada escena en la que aparece.

En conjunto, Weavingshaw es una fantasía gótica sólida, atmosférica y muy prometedora, especialmente recomendable para quienes disfrutan de novelas donde el lugar importa tanto como los personajes y donde los fantasmas son mucho más que simples apariciones sobrenaturales.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Creo que ya he asumido que tengo un problema con las casas encantadas.

Dame una mansión aislada, paredes cubiertas de hiedra, retratos inquietantes, secretos centenarios, páramos barridos por el viento y un personaje masculino que parece haber firmado varios pactos cuestionables con entidades sobrenaturales y ahí estaré yo, feliz, con una manta y una taza de té, completamente entregada. Y Weavingshaw me ha dado exactamente todo eso. Porque este libro tiene una energía muy concreta, la de esas historias que parecen susurrarte constantemente que te marches mientras tú haces exactamente lo contrario y sigues avanzando por el pasillo porque necesitas saber qué demonios está pasando.

Me ha encantado la atmósfera. Muchísimo. Hay barro, humedad, fantasmas, habitaciones que parecen respirar, secretos enterrados y una casa que probablemente necesite más exorcismos que reformas.

Y luego está Silas.

Claro que está Silas.

Porque el Santo del Silencio tiene todos los ingredientes del personaje que sabes que no deberías adorar tanto, pero acabas haciéndolo igualmente. Es distante, ambiguo, guarda más secretos de los que cualquier persona razonable debería acumular y transmite una energía constante de "puedo arruinarte emocionalmente, pero con mucha elegancia". Y funciona. Muchísimo.

También me ha gustado que la novela hable de pertenencia, de desarraigo y de sentirse extranjera incluso en lugares donde llevas años viviendo. Todo eso está presente, pero integrado en la historia de forma natural, sin convertirse en una lección disfrazada de fantasía.

Eso sí, aviso: esto no es un romantasy de acción frenética. Es un libro que se toma su tiempo. Que disfruta creando ambiente, dejando preguntas abiertas y permitiendo que el lector se pierda un poco entre los pasillos de Weavingshaw.

Y sinceramente, yo me habría quedado allí unas cuantas páginas más. Aunque probablemente solo durante el día. Y acompañada. Porque una tiene límites. Aunque sean pocos.


   — Natalia Sancho.       


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