Autora: Sara HashemTraducción: Alicia Botella JuanGénero: Fantasía romántica juvenilEditorial: FaerisPáginas: 574Fecha de publicación: 28 de mayo de 2026
Hace diez años, el reino de Jasad fue
reducido a cenizas
Ahora la reina fugitiva y su mayor enemigo son la última chispa de esperanza
Cuando el reino de Jasad ardió, su magia
quedó prohibida y la familia real fue asesinada hasta la última niña. O, al
menos, eso es lo que Sylvia quiere que la gente crea.
La heredera perdida de Jasad, Sylvia, no desea que nadie la encuentre. No puede permitirse pensar en el hecho de que los ejércitos nizahlianos masacraron su reino y siguen persiguiendo a su gente... No si quiere mantenerse con vida. Sin embargo, cuando Arin, el heredero de Nizahl, rastrea a un grupo de rebeldes jasadíes hasta su aldea, se le complica mantenerse un paso por delante de la muerte.
En un arrebato de ira, la magia de Sylvia queda al descubierto y capta la
atención de Arin. Ahora, para seguir con vida, Sylvia tendrá que hacer un trato
con su mayor enemigo: si compite en las pruebas del Alcalah y lo ayuda a atraer
a los rebeldes, podrá escapar de la persecución.
Empieza un juego mortal. Sylvia no puede
permitir que Arin descubra su verdadera identidad, ni siquiera cuando el odio
empieza a transformarse en algo más. Pronto tendrá que elegir entre la vida que
desea y la que dejó atrás. El reino calcinado se está rebelando y necesita una
reina.
Sara Hashem se graduó en Psicología con
una subespecialización en Inglés en la Universidad de California en Santa
Bárbara. Vivió durante dos años en el pueblo de su padre en Egipto, y muchos de
los temas de su novela están inspirados en los acontecimientos de la Primavera
Árabe. Actualmente estudia Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad
de California en Davis.
Diez años escondiendo quién eres. Diez años fingiendo que la magia no existe, que tu reino no fue reducido a cenizas y que nadie va a descubrir que la chica que tienen delante es, precisamente, la persona que llevan una década buscando. Un plan bastante razonable hasta que aparece el heredero del reino que destruyó el tuyo y decide que sería estupendo complicarte un poco más la existencia.
A partir de ahí entran en escena las pruebas del Alcalah, las rebeliones, las intrigas políticas, los secretos familiares y una cantidad considerable de personas que parecen saber algo que Sylvia todavía desconoce. Porque en este mundo nadie parece contar toda la verdad a la primera y, francamente, tampoco les culpo.
Una de las cosas que más me ha gustado
es precisamente la ambientación. Sara Hashem abandona el paisaje de castillos,
bosques europeos y tabernas medievales al que estamos tan acostumbrados en la
fantasía para construir un universo con una clara inspiración en el antiguo
Egipto, donde los desiertos, los palacios, los templos, las vestimentas, la
joyería y los símbolos consiguen darle a Jasad una personalidad propia.
Y eso se agradece muchísimo. Porque puedo imaginar a Sylvia caminando entre arena, columnas y monumentos mientras intenta recordar que tiene una identidad secreta que proteger y que, probablemente, enamorarse del heredero enemigo no estaba precisamente en el apartado de «cosas que hacer hoy para no morir».
La relación entre Sylvia y Arin es otro
de los motores de la historia, y aquí he disfrutado especialmente de la tensión
que existe entre ambos. No se soportan, desconfían el uno del otro y tienen
demasiados motivos para mantenerse a distancia, pero también existe esa
curiosidad incómoda que aparece cuando descubres que la persona que creías
conocer por lo que te han contado resulta ser bastante más complicada.
Arin, además, me ha ganado terreno poco
a poco. Tiene esa clase
de inteligencia fría que hace que parezca que siempre está jugando una partida
diferente al resto, y me ha gustado descubrir que detrás de esa fachada de
heredero perfectamente controlado hay bastante más de lo que deja ver. Sylvia,
por su parte, me ha resultado más irregular, aunque precisamente sus
contradicciones y esa tendencia a intentar demostrar que tiene todo bajo
control cuando claramente no lo tiene le dan bastante personalidad.
También me quedo con los secundarios,
especialmente con ese pequeño grupo que rodea a Sylvia y que termina aportando
una dimensión mucho más humana a la historia. Son personajes que hacen que el
mundo no se reduzca a reinos enfrentados, magia y conspiraciones, sino que
exista también ese sentimiento de pertenencia que aparece cuando encuentras a
personas capaces de convertirse en familia, aunque no compartáis sangre.
Eso sí, no todo me ha funcionado al
mismo nivel. El worldbuilding tiene muchísimo potencial, pero en algunos
momentos la cantidad de información y términos propios resulta abrumadora y he
echado de menos que determinadas explicaciones llegaran integradas de una forma
más natural. También creo que las pruebas del Alcalah podrían haber tenido
bastante más recorrido: algunas situaciones que prometían convertirse en
auténticos momentazos pasan demasiado deprisa.
Y con el romance me ha ocurrido algo
parecido. El slow burn está ahí, y la tensión entre Sylvia y Arin
funciona especialmente bien en determinados encuentros, pero esperaba que esa
conexión me terminara golpeando un poco más fuerte. Hay momentos magníficos
entre ellos, aunque me habría gustado disponer de más escenas que permitieran
que esa relación creciera con mayor naturalidad.
Aun con todo, hay algo que me gusta
especialmente de esta primera entrega: no siento que Jasad haya terminado de
contarme su historia. Más bien tengo la impresión de haber abierto una
puerta y haber echado un vistazo a un mundo bastante más grande del que todavía
conozco muy poco.
Y eso me deja con ganas de volver.
Quiero saber qué queda realmente de
Jasad, qué ocurrió con su magia, qué precio tendrá recuperar aquello que fue
destruido y, por supuesto, qué demonios van a hacer Sylvia y Arin con esa
relación que empezó siendo un pacto entre enemigos y que cada vez parece menos
interesada en respetar las reglas.
Porque diez años escondida pueden
enseñarte a sobrevivir.
Lo complicado empieza cuando decides que
ya no quieres limitarte a sobrevivir.
— Natalia Sancho.
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