Autor: Ernest George HenhamTraducción: Óscar MariscalPublicación: 26 de enero de 2026Editorial: Hermida EditoresGénero: Thrillers sobrenaturales / TerrorPáginas: 336
«Uno de los escritores vivos más
notables» New York Times, «Nuestra admiración por este autor ha sido expresada
una y otra vez» Los Ángeles Times.
Enclavada en el remoto y brumoso valle
de Thorlund, en Inglaterra, se encuentra el Strath, una hacienda rural
abandonada y evitada por los lugareños. Su leyenda negra se remonta a 1742,
cuando su propietario ―el infame salteador de caminos sir John Hooper― fue
ajusticiado en la horca. Desde entonces, la mansión ha permane-cido
deshabitada, dominada por la presencia de un extraño motivo decorativo ―un par
de inquietantes máscaras dionisíacas― que se repite hasta la náusea. Pero el
Strath, como todo aquel que se atreve a trasponer sus límites puede com-probar,
no alberga simples fantasmas, sino esencias desencarnadas capaces de arrastrar
a sus víctimas a un abismo de extravagancias y crimen.
Autor de más de veinticuatro obras publicadas entre 1897 y 1927, Henham cultivó tanto la literatura realista como la fantástica y, con igual maestría, exploró los dramas rurales y las inquietudes sobrenaturales. Su producción abarca desde estudios psicológicos ambientados en la naturaleza salvaje hasta incursiones en el horror gótico y la ciencia ficción primitiva. Obras como Tenebrae (1898) o El festín de Baco (1907) muestran la versatilidad de una voz singular, tan cercana a la naturaleza como a los abismos de la mente. Algunas de sus obras, entre ellas su aclamada trilogía sobre Dartmoor, fueron publicadas con el seudónimo de John Trevena —nombre que evoca Tintagel, el legendario castillo del rey Arturo.
Conocido por su carácter
reservado, Henham poseía una extraordinaria capacidad para transformar sus
observaciones de la vida cotidiana en personajes literarios memorables. Su
producción refleja una fascinación constante por los contrastes: la civilización
frente a lo primitivo, la fe contra el escepticismo, la belleza natural
enfrentada a la corrupción urbana.
Su obra, publicada tanto en
Inglaterra como en Estados Unidos, constituye un testimonio único de la
Inglaterra rural de principios del siglo xx y anticipa muchas de las
preocupaciones que definirían la literatura moderna.
Publicada en 1907, El festín de Baco es
una novela que se adelanta a su tiempo dentro del terror psicológico y
filosófico. Ambientada en la Inglaterra rural, la historia gira en torno al
Strath, una mansión abandonada cuya influencia transforma lentamente a quienes
se acercan a ella. Desde el inicio, Henham deja claro que no estamos ante un
simple relato de fantasmas: el conflicto no depende de apariciones espectrales,
sino de una fuerza más abstracta y perturbadora.
El autor construye la narración con una
estructura que recuerda al teatro clásico. Los personajes, intelectuales,
jóvenes herederos, estudiosos de la cultura clásica, funcionan casi como
figuras simbólicas que representan tensiones entre razón y caos, civilización y
paganismo, fe y duda. Las máscaras dionisíacas que dominan la casa no son solo
objetos decorativos inquietantes: encarnan la dualidad entre tragedia y
comedia, y subrayan la idea central de la novela: la fragilidad del equilibrio
humano.
El terror aquí es progresivo. No hay
grandes escenas de violencia ni sobresaltos constantes. Henham apuesta por la
atmósfera, por la sensación de que algo invisible actúa detrás de los
acontecimientos. Esta contención narrativa resulta eficaz, porque genera una
inquietud duradera que va creciendo capítulo a capítulo.
Además, la novela destaca por su
trasfondo cultural. La presencia simbólica de Baco (Dioniso) conecta la obra
con la tradición clásica y aporta una dimensión filosófica poco habitual en el
terror de su época. En conjunto, El festín de Baco no solo dialoga con la
tradición de la casa encantada, sino que la amplía, convirtiéndose en una
reflexión sobre el poder de las ideas y la vulnerabilidad de la mente humana.
No es una lectura ligera, pero sí una
obra estimulante y ambiciosa que merece su recuperación editorial.
Aquí va mi opinión personal, sin filtros:
Voy a ser sincera: este libro me atrapó
de una forma rara. No es el típico terror de “pasa algo y saltas de la silla”.
Es más bien como entrar en una casa donde sabes que todo está demasiado quieto…
y eso es justo lo que da miedo.
El Strath me pareció casi un personaje
más. Sentía que respiraba. Que observaba. Que esperaba. Y las máscaras… uf.
Cada vez que aparecían, tenía esa sensación incómoda de que algo no iba bien,
aunque nadie pudiera explicarlo del todo.
Me gustó mucho que el miedo no fuera
obvio. Es un terror que se mete despacio, casi sin que te des cuenta. Cuando
los personajes empiezan a cambiar, a actuar distinto, a perder algo de sí
mismos, la historia se vuelve más inquietante que cualquier fantasma clásico.
¿Es una novela fácil? No. Hay momentos
más reflexivos y diálogos largos. Pero a mí eso me gustó, porque sentía que no
solo estaba leyendo una historia de miedo, sino algo más grande: una especie de
advertencia sobre lo fácil que es perder el control cuando creemos que lo
entendemos todo.
Cuando terminé el libro no pensé “qué susto”, sino “qué inquietante”. Y eso, para mí, es mucho mejor. No es una historia que hace ruido… pero se queda contigo.
«Seguramente, no hay nada más antigui que la idea de una casa impregnada de alguna esencia misteriorsa»
#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?



















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