«Weavingshaw» de Heba Al-Wasity

 


AutoraHeba Al-Wasity
Traducción: Estíbaliz Montero
Publicación: 1 de abril de 2026 
Editorial: Faeris 
Género: Juvenil de Fantasía Oscura/ Romantasy
Páginas: 496


En esta oscura fantasía gótica con romance, los secretos son la moneda de cambio y los muertos no descansan

Hace tres años, Leena Al-Sayer despertó con un terrible poder: es capaz de ver a los muertos.

Desde entonces, se ha ocultado del mundo, a sabiendas de que, si su maldición sale a la luz, acabará encerrada en un manicomio. Cuando su querido hermano, Rami, enferma de gravedad, ella se enfrenta a una terrible disyuntiva: dejarlo morir o conseguir el carísimo medicamento que le salvará la vida a cambio de lo único valioso que posee: su secreto.

El Santo del Silencio, un despiadado y magnético mercader que comercia con confesiones y al que envuelven rumores sobrenaturales sobre su crueldad y poder, le ofrece un trato a un precio letal. Leena deberá encontrar al fantasma de Percival Avon, el último dueño de Weavingshaw, o entregar su libertad al Santo para siempre.

La búsqueda de Leena la conduce, junto al Santo, hasta Weavingshaw, donde descubre que la finca y los páramos circundantes están vivos, ávidos de sangre y sacrificios. Mientras se enfrenta al poder de ese lugar, también debe resistirse a la creciente atracción que siente por el enigmático Santo, cuya conexión con Percival Avon continúa siendo un misterio.

A medida que la casa comienza a sepultarlos, se les agota el tiempo de que disponen para su desesperada búsqueda de respuestas. Porque Leena ha llegado a comprender que, en Weavingshaw, los muertos no guardan silencio, y que es mejor que algunos secretos sigan enterrados con ellos.


                                                           

                        


Heba Al-Wasity se inspiró en sus propias experiencias para escribir: nació como refugiada iraquí en Libia, creció en Canadá y estudió medicina en el Reino Unido.

Como médica residente, ha trabajado en Urgencias y en varias unidades de hospitalización psiquiátrica, lo cual le ha permitido ver de primera mano cómo la pobreza y la privación pueden generar desigualdades sociales. Reside en Gran Manchester.


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros que prometen una mansión gótica y luego te encuentras con una casa vieja, dos pasillos oscuros, una tormenta ocasional y un mayordomo que desaparece justo cuando empieza a ponerse interesante. Y oye, si están bien escritos y ambientados, yo entro encantada en el juego.

Pero luego aparece Weavingshaw, dispuesto a recordarte por qué seguimos obsesionándonos con páramos embrujados, habitaciones cerradas con llave, fantasmas que se niegan a marcharse y hombres misteriosos que, objetivamente, necesitarían años de terapia… aunque por algún motivo literario incomprensible sigan resultando fascinantes.

La historia sigue a Leena Al-Sayer, una joven refugiada capaz de ver a los muertos, un don que en su mundo tiene muchas más posibilidades de acabar en un manicomio que en una aventura heroica. Cuando su hermano enferma gravemente, Leena acepta un trato desesperado con el Santo del Silencio, un mercader de secretos tan inquietante como magnético, que parece coleccionar confesiones ajenas con una finalidad que nadie comprende del todo.

A partir de ahí, la novela se convierte en un viaje hacia Weavingshaw, una finca que funciona como uno de los grandes aciertos del libro. Porque la casa no es simplemente un escenario: es un personaje más. Respira, observa, reclama sacrificios y guarda recuerdos que llevan demasiado tiempo enterrados.

Heba Al-Wasity construye una ambientación absorbente y muy visual, donde la humedad parece filtrarse entre las páginas y los páramos transmiten una sensación incómoda de que quizá no deberías haberte alejado tanto del camino. La autora combina con habilidad los elementos clásicos del gótico, fantasmas, secretos familiares, decadencia y espacios opresivos, con temas contemporáneos como el desplazamiento, la identidad, la exclusión social y la experiencia de las comunidades refugiadas.

El romance se desarrolla de forma pausada, algo que agradecerán quienes disfrutan de las relaciones construidas lentamente. No hay amor instantáneo ni declaraciones grandilocuentes a las cincuenta páginas; aquí predominan la tensión, la desconfianza y un tipo de conexión que se cocina a fuego lento entre dos personas que llevan demasiado tiempo sobreviviendo.

Quizá algunos lectores encuentren que la trama avanza con cierta lentitud en determinados momentos o que algunos misterios relacionados con la historia de Weavingshaw pierden fuerza frente al enorme interés que despierta Silas St. Clair. Porque, sinceramente, el Santo del Silencio tiene esa capacidad tan propia de ciertos personajes oscuros de apropiarse de cada escena en la que aparece.

En conjunto, Weavingshaw es una fantasía gótica sólida, atmosférica y muy prometedora, especialmente recomendable para quienes disfrutan de novelas donde el lugar importa tanto como los personajes y donde los fantasmas son mucho más que simples apariciones sobrenaturales.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Creo que ya he asumido que tengo un problema con las casas encantadas.

Dame una mansión aislada, paredes cubiertas de hiedra, retratos inquietantes, secretos centenarios, páramos barridos por el viento y un personaje masculino que parece haber firmado varios pactos cuestionables con entidades sobrenaturales y ahí estaré yo, feliz, con una manta y una taza de té, completamente entregada. Y Weavingshaw me ha dado exactamente todo eso. Porque este libro tiene una energía muy concreta, la de esas historias que parecen susurrarte constantemente que te marches mientras tú haces exactamente lo contrario y sigues avanzando por el pasillo porque necesitas saber qué demonios está pasando.

Me ha encantado la atmósfera. Muchísimo. Hay barro, humedad, fantasmas, habitaciones que parecen respirar, secretos enterrados y una casa que probablemente necesite más exorcismos que reformas.

Y luego está Silas.

Claro que está Silas.

Porque el Santo del Silencio tiene todos los ingredientes del personaje que sabes que no deberías adorar tanto, pero acabas haciéndolo igualmente. Es distante, ambiguo, guarda más secretos de los que cualquier persona razonable debería acumular y transmite una energía constante de "puedo arruinarte emocionalmente, pero con mucha elegancia". Y funciona. Muchísimo.

También me ha gustado que la novela hable de pertenencia, de desarraigo y de sentirse extranjera incluso en lugares donde llevas años viviendo. Todo eso está presente, pero integrado en la historia de forma natural, sin convertirse en una lección disfrazada de fantasía.

Eso sí, aviso: esto no es un romantasy de acción frenética. Es un libro que se toma su tiempo. Que disfruta creando ambiente, dejando preguntas abiertas y permitiendo que el lector se pierda un poco entre los pasillos de Weavingshaw.

Y sinceramente, yo me habría quedado allí unas cuantas páginas más. Aunque probablemente solo durante el día. Y acompañada. Porque una tiene límites. Aunque sean pocos.


   — Natalia Sancho.       

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