Autor: HomeroTraducción: Carlos García GualPublicación: 02 de julio de 2026Editorial: Alianza EditorialGénero: Ficción ClásicaPáginas:520
Una travesía que forja héroes, desafía a los dioses y revela lo más profundo del alma humana. Tras la caída de Troya, Odiseo (o Ulises), rey de Ítaca, emprende un viaje que ningún mortal desearía y que solo un espíritu indomable podría soportar. Monstruos que acechan en la oscuridad, islas donde el tiempo se detiene, el canto hipnótico de las Sirenas, tentaciones capaces de quebrar la voluntad más firme y la furia caprichosa de los dioses convierten su regreso en una lucha contra lo imposible. Pero esta no es solo la historia de un guerrero astuto. Es el relato de un hombre que, perdido entre mares desconocidos, se enfrenta a su propia fragilidad mientras su hogar, su reino y su familia lo esperan sin certezas. La Odisea sigue siendo, siglos después, un espejo de nuestras propias búsquedas: el anhelo de volver, de encontrarnos, de resistir. Una aventura inmortal que nos recuerda que el viaje más decisivo no siempre es el que hacemos por el mundo, sino el que emprendemos dentro de nosotros mismos. Atribuidas convencionalmente a Homero, la "Odisea" y la "Ilíada" son una de las piedras angulares de la cultura occidental. La Odisea ha sido desde siempre una mina inagotable de motivos e imágenes para escritores y artistas, la presente versión en prosa de la obra, a cargo de Carlos García Gual, ofrece al lector una aproximación a la obra en una prosa de tersura y elegancia extraordinarias.
Monstruos, naufragios, dioses
caprichosos, islas desconocidas, hechizos, sirenas y un hombre que lleva años
intentando volver a casa. Sobre el papel, La Odisea podría parecer una historia
de aventuras como tantas otras, pero basta avanzar unas páginas para descubrir
que buena parte de lo que hoy entendemos por aventura, fantasía y viaje ya
estaba aquí hace casi tres mil años.
Atribuida tradicionalmente a Homero y
compuesta alrededor del siglo VIII a. C., La Odisea es uno de esos textos que
han terminado filtrándose en nuestra cultura hasta el punto de que conocemos
muchas de sus criaturas y episodios incluso antes de haber leído el poema:
sabemos qué significa enfrentarse a un cíclope, reconocemos el peligro del
canto de las sirenas y hemos visto tantas veces a Ulises intentando regresar a
Ítaca que quizá olvidamos hasta qué punto resulta extraordinario que una
historia concebida hace tantos siglos continúe generando imágenes que seguimos
utilizando hoy.
Pero reducirla a una sucesión de
aventuras sería quedarse en la superficie. Odiseo no está intentando conquistar
un territorio ni convertirse en héroe; quiere regresar. Y ese deseo tan
sencillo convierte el viaje en otra cosa, porque cada isla, cada monstruo y
cada intervención divina se interponen entre él y una vida que, mientras tanto,
continúa esperándolo en Ítaca. Penélope, Telémaco, los pretendientes, los
dioses y todos los personajes que aparecen durante el recorrido construyen una
historia en la que la guerra queda atrás y adquieren mucho más peso la astucia,
la paciencia, la identidad, la fidelidad y la capacidad de sobrevivir cuando
todo parece jugar en contra.
Una de las cosas que más he disfrutado de esta edición de Alianza Editorial es precisamente la posibilidad de acercarse al clásico sin sentir que existe una muralla entre el lector actual y el texto antiguo. La traducción de Carlos García Gual consigue conservar la dimensión literaria de la obra sin convertir su lectura en una carrera de obstáculos.
Y quizá ahí esté una de las razones por
las que La Odisea continúa funcionando: porque detrás de todos sus dioses y
criaturas fantásticas hay una historia tremendamente humana. Un hombre que
quiere volver a casa, una familia que espera, un viaje que se alarga mucho más
de lo previsto y una colección de obstáculos que, vistos desde nuestra época,
tienen algo de maravilloso y algo de terrible.
Con este libro me encontré
con todo un manual de supervivencia.
Porque seamos sinceros: si los dioses griegos tuvieran un grupo de WhatsApp, Odiseo sería probablemente la persona que silenciaría después de cinco minutos. Cada vez que parece que por fin va a conseguir regresar a Ítaca, aparece un dios enfadado, una criatura con muy malas intenciones, una isla de la que no sabe cómo salir o alguna decisión cuestionable que vuelve a mandarlo al quinto pino. Y, sin embargo, ahí sigue.
Lo que más me ha divertido de La Odisea es descubrir que Odiseo no necesita ser el hombre más fuerte de la habitación porque casi siempre intenta ser el más listo. Se mete en problemas y después tiene que pensar cómo salir de ellos; miente, improvisa, cambia de identidad, calcula lo que dice y mide a las personas que tiene delante. No es un héroe perfecto y, de hecho, cuanto más avanzaba en la historia, menos me interesaba verlo como una figura intocable y más como a un hombre extraordinariamente hábil intentando sobrevivir a una colección de situaciones que parecen diseñadas específicamente para acabar con su paciencia.
Y luego está Ítaca. Porque cuanto más lejos está Odiseo de casa, más importante se vuelve ese lugar al que todavía no ha conseguido regresar. La Odisea está llena de viajes, pero para mí siempre ha sido una historia sobre el regreso. Sobre saber dónde quieres estar incluso cuando llevas tanto tiempo lejos que quizá ya no seas exactamente la misma persona que salió de allí.
También me ha fascinado encontrarme con
una historia de la que creía conocer muchísimo antes incluso de abrir el libro.
Cíclopes, sirenas, Calipso, Atenea, el caballo de Troya, Penélope… forman parte
de nuestro imaginario de una manera tan natural que a veces olvidamos de dónde
vienen muchas de esas imágenes. Leerlas dentro de la historia original produce
una sensación curiosísima: es como entrar en una habitación llena de objetos
que reconoces perfectamente y descubrir que ninguno está exactamente donde esperabas.
Y sí, hay partes más lentas. Hay
repeticiones, genealogías, relatos dentro de relatos y momentos en los que uno
puede pensar que Homero se ha venido arriba con los detalles. Pero incluso ahí
hay algo que me gusta: recordar que esta historia nació de una tradición oral y
que durante siglos fue escuchada antes que leída.
Por eso esta edición de Alianza me ha
parecido una magnífica puerta de entrada al clásico. García Gual hace que el
viaje resulte mucho más accesible sin quitarle ese sabor antiguo que tiene que
conservar una obra como esta, y la edición permite disfrutar tanto de la
aventura como de todo lo que hay detrás.
Después de tantos siglos, Odiseo sigue
navegando.
Y, visto lo visto, creo que Ítaca tendrá
que seguir esperando un poquito más.
— Natalia Sancho.


















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