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«Oskar y yo. Lo más importante» de Maria Parr

 




Autora: Maria Parr
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Publicación: Zuzanna Celej
Editorial: Nórdica Libros
Género: Novela Juvenil - A partir de 10 años  
Páginas: 224 


Un cálido homenaje a la infancia y a los innumerables pequeños y valiosos momentos que nos forman. Una pieza más en el maravilloso mundo de Maria Parr.

No hay nada mejor que tener un hermano. Aunque a veces... Hay muchas cosas que pueden romperse en una familia normal. Menos mal que Oskar tiene una pistola de pegamento para pegar las cosas. Especialmente las cosas de su hermana mayor Ida. Pero ¿qué pasa con todo lo que no se puede pegar? ¿Las cañas de pescar en el fondo del mar, los sustitutos inesperados y los dinosaurios perdidos? Y esos días en los que todo sale mal, ¿se pueden arreglar? ¡Al menos hay que intentarlo! Simplemente darlo todo y seguir adelante.


                                                                               

(Fiskå, 1981). Escritora noruega. De pequeña ya era una narradora entusiasta, y mantenía despiertos a sus tres hermanos hasta altas horas de la madrugada con sus cuentos. Parr comenzó a escribir historias en la escuela. Estudió Lenguas y Literatura Nórdicas en la Universidad de Bergen. Actualmente es profesora a tiempo parcial en la escuela secundaria en Vanylven. Los libros de Maria Parr han ganado muchos premios, entre ellos el Luchs, el Premio Brage, el Silbernen Griffel y el Prix Sorcière. Su trabajo también ha sido publicado en numerosos países con mucho éxito. En 2015, recibió por Corazones de gofre el Súper Premio que otorga la prestigiosa revista Andersen de Italia al mejor libro del año.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Oskar y yo. Lo más importante vuelve a demostrar por qué Maria Parr se ha convertido en una de las voces más especiales de la literatura infantil contemporánea. Con una aparente sencillez, la autora noruega construye una historia llena de humor, ternura y pequeños momentos cotidianos capaces de revelar algo mucho más grande: la importancia de esos recuerdos que, sin darnos cuenta, terminan formando nuestra vida.

Narrada por Ida, una niña que intenta comprender qué significa ser hermana mayor mientras todavía está descubriendo quién quiere ser, la novela reúne diferentes episodios de su día a día junto a Oskar, su hermano pequeño. Él es imaginación pura, energía desbordante y una capacidad extraordinaria para convertir cualquier situación en una aventura; ella, en cambio, intenta ser responsable, sensata y estar a la altura de lo que cree que los demás esperan de ella. Entre ambos surge una relación llena de discusiones, juegos, pequeños enfados y una complicidad que resulta absolutamente reconocible.

Uno de los grandes aciertos de Maria Parr es conseguir que lo aparentemente pequeño tenga una enorme importancia. Una tarde cualquiera, una travesura, una conversación familiar o la búsqueda de un juguete perdido se convierten en escenas cargadas de emoción porque la autora entiende algo fundamental: para los niños, esos momentos cotidianos son los grandes acontecimientos de su mundo.

La novela también aborda temas más profundos como la pérdida, el duelo, los cambios familiares o la dificultad de comprender las emociones de los adultos. Lo hace con una enorme sensibilidad, sin caer en dramatismos innecesarios y respetando la mirada infantil de sus protagonistas.

Además, destaca la importancia que concede a la familia, la comunicación y la capacidad de escuchar. Maria Parr no presenta una infancia perfecta, sino una infancia real, llena de preguntas, contradicciones, risas y momentos difíciles que ayudan a crecer.

Con capítulos breves, ilustraciones encantadoras y una narración ágil, Oskar y yo. Lo más importante es una lectura ideal para compartir en familia, pero también para aquellos adultos que quieran reencontrarse con esa etapa en la que cualquier pequeño detalle podía convertirse en algo extraordinario.

Porque, al final, lo más importante no suelen ser las grandes aventuras, sino esas pequeñas cosas que un día recordamos y pensamos: ahí estaba la felicidad.



Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Tengo una teoría: los niños son expertos en convertir cualquier cosa en una historia enorme.

Una caja puede ser un barco. Un juguete perdido puede convertirse en una misión de rescate internacional. Y una tarde normal en casa puede acabar siendo uno de esos recuerdos que, años después, aparecen de repente y te hacen sonreír sin saber muy bien por qué.

Y eso es exactamente lo que hace Maria Parr con Oskar y yo. Lo más importante.

He leído esta novela con una sonrisa permanente porque Ida y Oskar tienen algo que muchos personajes infantiles olvidan: parecen niños de verdad. No son pequeños adultos con frases demasiado perfectas. Se enfadan, se equivocan, sienten celos, quieren tener razón y, cinco minutos después, están dispuestos a compartirlo todo porque el cariño pesa mucho más que cualquier pelea.

Oskar es un personaje que llega haciendo ruido y termina quedándose contigo. Tiene ideas imposibles, una imaginación que va a velocidad de cohete y una lógica infantil que, si la piensas demasiado, probablemente tiene más sentido que muchas decisiones adultas.

Pero también me ha gustado muchísimo Ida. Porque crecer es bastante complicado cuando estás en ese punto extraño en el que quieres parecer mayor, pero todavía disfrutas de las cosas que te hacen sentir pequeña. Esa mezcla de querer avanzar y, al mismo tiempo, no querer perder ciertas partes de la infancia está retratada de una manera preciosa.

Lo que más me ha sorprendido es cómo una historia tan sencilla consigue hablar de cosas tan importantes. Del miedo a perder a alguien. De intentar entender por qué los adultos están tristes. De esas conversaciones familiares que parecen normales, pero que en realidad son las que construyen nuestra seguridad.

Y luego está ese milagro tan difícil de encontrar: terminar un libro infantil y pensar que quizá no era solo para niños.

Porque mientras leía a Ida y Oskar me acordé de lo que a veces olvidamos los adultos: que nuestra infancia no estaba hecha de grandes acontecimientos, sino de tardes cualquiera, juegos inventados, conversaciones en la cocina y personas que hacían que cualquier día fuese especial.

Así que sí, Maria Parr vuelve a hacer magia.

Y ahora necesito urgentemente una pistola de pegamento como la de Oskar. Más que nada porque tengo varias cosas de adulta que probablemente necesitan reparación.


   — Natalia Sancho.       


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«El maestro y Margarita» de Mijaíl Bulgákov

 



AutorMijaíl Bulgákov 
Traducción: Amaya Lacasa Sancha
Publicación: 14 de mayo de 2026
Género: Ficción Clásica
Páginas: 520


Esta novela incomparable ha suscitado el entusiasmo de millares de lectores desde su primera publicación. Un gato gigantesco y malévolo y un amor que desafía a la misma muerte convierten cada página en un asombroso juego de realidad y fantasía. Una noche, el Diablo llega a Moscú acompañado de una extravagante corte, donde destaca un gigantesco gato negro que camina sobre dos patas y fuma puros. Burlón, mordaz y sorprendentemente inteligente, este gato no se limita a observar: interviene en las mediocres vidas de los mortales, desencadenando las más disparatadas peripecias. Al mismo tiempo, el romance imposible entre el Maestro, un escritor perseguido por su obra, y Margarita, capaz de pactar con fuerzas desconocidas, se entrelaza con la irrupción de lo sobrenatural en la rutina cotidiana. "El maestro y Margarita" no solo es una sátira brillante de la sociedad soviética -con su población hambrienta, sus burócratas estúpidos, sus funcionarios aterrados y sus artistas corruptos-, sino también una obra maestra lúcida y deslumbrante que combina como ninguna otra ironía, terror y magia. "A esa hora, cuando parecía que no había fuerzas ni para respirar, cuando el sol, después de haber caldeado Moscú, se derrumbaba en un vaho seco detrás de la Sadóvaya, nadie pasaba bajo los tilos, nadie se sentaba en un banco: el bulevar estaba desierto".

                                                                                  

Como tantos otros creadores e intelectuales de la Unión Soviética, Mijaíl Bulgákov (1891-1940) fue hostigado y perseguido por sus críticas al sistema. Por ello no vio publicada en vida su obra maestra, "El maestro y Margarita", que sólo pudo ver la luz de forma póstuma en 1966.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Existen todo tipo de libros. Libros que se leen y libros que se estudian. Y, de vez en cuando, aparece un libro como El maestro y Margarita, que directamente te arrastra a un lugar donde las reglas dejan de importar y lo único que puedes hacer es aceptar que un gato gigante fuma puros, el Diablo pasea tranquilamente por Moscú y, de algún modo, todo tiene muchísimo más sentido del que parece.

Publicada de forma póstuma y escrita durante los años más oscuros del estalinismo, la novela de Bulgákov es una de esas obras imposibles de encerrar en una sola etiqueta. Es sátira política, fantasía, novela filosófica, historia de amor, reinterpretación bíblica, comedia absurda y crítica feroz al poder. Todo al mismo tiempo. Y, sorprendentemente, funciona.

La historia comienza cuando Woland, una elegante y perturbadora encarnación del Diablo, llega a Moscú acompañado de un séquito tan extravagante como inolvidable. Entre ellos destaca Beguemot, un gato negro gigantesco, descarado, insolente y probablemente uno de los personajes más carismáticos de la literatura universal.

Mientras el caos se instala en la ciudad y deja al descubierto la hipocresía, la codicia y el miedo de una sociedad completamente controlada por la burocracia y la censura, la novela entrelaza otra historia muy distinta: la del Maestro, un escritor cuya obra ha sido destruida por el sistema, y Margarita, una mujer dispuesta a desafiar incluso al Diablo para recuperar al hombre que ama.

Pero Bulgákov no se queda ahí. En paralelo introduce una tercera narración: una reinterpretación del juicio de Poncio Pilatos a Yeshúa Ha-Nozrí, que actúa como espejo moral de todo lo que sucede en el Moscú soviético. El resultado es un juego constante entre realidad, ficción, religión, política y fantasía donde cada capítulo parece esconder varias capas de significado.

Lo más admirable de la novela es su capacidad para combinar escenas delirantes y profundamente cómicas con reflexiones muy serias sobre la libertad, la cobardía, el poder, la creación artística y la verdad. Bulgákov consigue que el humor nunca reste profundidad y que la crítica nunca resulte solemne.

Eso sí, no es una lectura sencilla. La cantidad de personajes, referencias culturales y cambios de registro puede desorientar durante las primeras páginas. Es un libro que exige paciencia y cierta disposición a dejarse llevar sin intentar comprender absolutamente todo desde el principio.

Pero quien acepta sus reglas entra en una novela que sigue resultando moderna casi un siglo después. Porque detrás del surrealismo, de los demonios y de los vuelos nocturnos sobre Moscú sigue habiendo una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el poder intenta controlar incluso aquello que imaginamos?

Y pocas novelas responden a esa pregunta con tanta inteligencia, tanta ironía y tanto descaro.



Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Voy a decir una cosa que probablemente nadie esperaba. Yo entré en este libro por el gato. Porque si me dices que aparece un gato negro enorme que habla, bebe vodka, dispara pistolas, monta un caos absoluto y encima tiene más carisma que la mayoría de protagonistas que he leído este año... pues perdona, pero ya me has vendido el libro.

Y luego resulta que ese gato era solo la puerta de entrada.

Porque El maestro y Margarita es una novela que empieza pensando que sabes más o menos por dónde van los tiros y, cincuenta páginas después, has asumido que el libro hace exactamente lo que le da la gana y tú simplemente vas detrás intentando seguirle el ritmo.

Aquí el Diablo llega a Moscú y, sinceramente, acaba pareciendo casi el personaje más razonable de todos. Los verdaderamente ridículos son los humanos. Los burócratas, los escritores vendidos, los oportunistas, los que viven aterrados por quedar mal delante del sistema... y Bulgákov los retrata con una mala leche absolutamente maravillosa.

Luego está Margarita. Qué mujer. Cuando aparece, la novela cambia completamente de energía. De repente todo se vuelve más salvaje, más mágico, más libre y muchísimo más emocionante. Si alguien tenía dudas de quién lleva realmente las riendas de esta historia... desde luego no es el Maestro.

Y después está Beguemot. Perdonad, pero necesito volver al gato. Creo que jamás había disfrutado tanto leyendo las intervenciones de un personaje secundario. Cada vez que aparecía sabía que iba a pasar alguna barbaridad y no me equivocaba nunca.

Lo curioso es que, entre todo ese caos maravilloso, Bulgákov consigue hablar de cosas muy serias. De la censura. Del miedo. Del precio de decir la verdad. De lo fácil que es vender la libertad por un poco de comodidad. Y lo hace sin sermones, sin discursos y sin dejar de ser tremendamente divertido.

¿Lo entendí absolutamente todo? Ni de lejos. ¿Creo que eso importa? Tampoco.

Porque este no es un libro para resolver como si fuera un puzle. Es un libro para dejarse llevar, para aceptar que no siempre hace falta comprender cada símbolo en el momento en que aparece y para disfrutar de la sensación de estar leyendo algo completamente distinto a cualquier otra cosa. Y esa sensación... es maravillosa.

Ahora entiendo perfectamente por qué tanta gente dice que esta novela no se termina de leer nunca. Se relee. Porque estoy bastante convencida de que, si la abriera otra vez mañana, descubriría diez cosas que esta vez se me han escapado.

Y sospecho que Bulgákov se estaría riendo de mí desde algún sitio.

Probablemente acompañado del gato.


   — Natalia Sancho.       


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«Yesteryear» de Caro Claire Burke

 




AutoraCaro Claire Burke
Traducción: Mar García Puig
Publicación: 14 de mayo de 2026 
Editorial: AdNovelas
Género: Contemporánea
Páginas: 488


Natalie Heller Mills es la perfecta mujer americana tradicional: esposa, madre de seis hijos y reina de las redes sociales, donde millones de seguidores consumen fascinados su idílica vida de "tradwife" al estilo pionero en un rancho de encanto rústico. Detrás de las cámaras, sin embargo, hay niñeras, productores, electrodomésticos industriales y un marido heredero de una poderosa dinastía política. Pero a Natalie no le importa mientras su imperio siga creciendo y las "Mujeres Enfadadas" sigan odiándola desde la distancia.

Hasta que una mañana despierta en una realidad que no reconoce. Su casa, su marido y sus hijos están ahí, pero todo es distinto: no hay electricidad, la cocina se calienta con leña, los niños están sucios y su marido, antes inútil, es ahora un granjero competente. En la puerta, una fecha tallada: 1855. Ayer posaba tarros de mermelada para Instagram; hoy arrastra leña y lava ropa a mano hasta hacerse sangre. ¿Se ha convertido en la protagonista involuntaria de un despiadado reality show? ¿Ha viajado en el tiempo? ¿Está Dios poniéndola a prueba? ¿Satanás? Cuando se hace una brutal herida en el bosque, comprende dos cosas: esta no es la vida que tenía y debe encontrar la manera de escapar.


                                    

                                                   

CARO CLAIRE BURKE se licenció en Bellas Artes en los Seminarios de Escritura de Bennington. Es copresentadora de «Diabolical Lies», un pódcast sobre política y cultura. Yesteryear es su primera novela.  

                                     

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Yesteryear es una novela que parte de una premisa muy potente: la vida aparentemente perfecta de una influencer “tradwife” que, de repente, despierta en una versión real del pasado rural que ella misma romantiza en redes.

La protagonista, Natalie Heller Mills, encarna ese ideal digital de perfección doméstica que triunfa en redes sociales: familia numerosa, estética cuidada, vida de granja y una imagen constante de armonía. Sin embargo, la novela pronto revela la construcción artificial detrás de ese mundo, mostrando cómo la imagen pública se sostiene sobre trabajo invisible, presión constante y una puesta en escena cuidadosamente controlada.

El giro narrativo hacia 1855 funciona como eje central de la obra. Allí, la estética idealizada se transforma en experiencia real: trabajo físico duro, ausencia de comodidades básicas y una vida marcada por la dependencia y la precariedad. Este contraste permite a la autora explorar con claridad la distancia entre la nostalgia digital y la realidad histórica.

La novela combina sátira social y thriller psicológico, manteniendo un ritmo ágil y accesible. La escritura de Caro Claire Burke es contemporánea, directa y eficaz, lo que facilita una lectura fluida incluso en los momentos más críticos o reflexivos.

Como puntos menos sólidos, puede señalarse cierta tendencia a la explicitación del mensaje, así como personajes secundarios que en ocasiones funcionan más como herramientas temáticas que como figuras plenamente desarrolladas. Aun así, el conjunto resulta coherente y eficaz dentro de su propuesta.

En términos generales, Yesteryear destaca por su idea de base y por la forma en que pone en tensión la idealización del pasado frente a su realidad material, ofreciendo una lectura actual sobre identidad, imagen pública y cultura digital.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Vale, te cuento la verdad como si estuviéramos tomando un té y yo te dijera “tienes que leer esto pero prepárate”.

Yesteryear me ha tenido todo el rato casí: “esto está buenísimo pero también me está dando un poco de ansiedad, no te voy a mentir”.

O sea, empiezas pensando que estás leyendo la típica historia de una influencer con la vida perfecta, de las que veo a diario en Instagram mientras yo estoy con el pelo recogido de cualquier manera y el café recalentado por tercera vez. Y digo: bueno, vale, otra más. Pero no. De repente todo se tuerce.

Y lo mejor es el momento en el que la protagonista pasa de su vida “de escaparate” a una realidad que es exactamente lo que ella vendía como ideal… y resulta que es durísima. Ahí es cuando te entra esa mezcla rara de “uy qué interesante” y “madre mía qué angustia”.

A mí lo que más me ha enganchado es el choque constante entre lo que mostramos y lo que realmente somos. Porque claro, desde fuera todo es pan recién hecho, niños preciosos y vida de campo idílica… pero por dentro hay otra historia completamente distinta. Y la novela te lo va enseñando sin grandes discursos, simplemente dejándote ver cómo se cae el decorado.

También te digo: Natalie no es un personaje cómodo. A veces la entiendes, a veces te desespera, a veces te dan ganas de decirle “chica, respira un poco”. Pero precisamente por eso funciona.

Par mí ha sido un libro que lees rápido y que te enganchan sin darte cuenta y luego te deja pensando en todo lo que consumimos como “vida perfecta” sin cuestionarlo demasiado. Y eso, la verdad, tiene bastante miga.

Lo único que me ha dejado un poco torciendo el gesto ha sido el final. Yo me había imaginado otra cosa y creo que, personalmente, me habría gustado más otra resolución. Pero bueno, eso también pasa cuando te implicas mucho en una historia y empiezas a hacer teorías por tu cuenta. Al final, la autora tenía otros planes. Puede que no sea el desenlace que más me ha gustado, pero sí me parece coherente con todo lo que la novela venía planteando. Y oye, todavía sigo dándole vueltas, que también cuenta.

Bueno, con lo que sí me quedo es con algo que Yesteryear deja bastante claro que las redes sociales son una vitrina, no el salón de casa con la puerta abierta. Lo que vemos está elegido, colocado y filtrado; el resto casi siempre se queda fuera de plano. Y ahí lo dejo.


   — Natalia Sancho.       


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«Territorios» de David Roas

 




Autor: David Roas
Idioma: Castellano
Género: Terror / Agrohorror
Páginas:104
Fecha de publicación: marzo de 2026

Bienvenidos al Agrohorror, bienvenidos a la inquietud y al desasosiego que surgen de lo insólito anidado en nuestros escenarios rurales de la España vacía, donde la gente ve Netflix y habla de Tarantino, ha leído cómics y a Stephen King, usa móviles y le pregunta a la IA, juega sobre una mesa con la güija y compra en IKEA. David Roas cosecha un conjunto de ficciones en las que lo fantástico y lo humorístico es cotidianamente real hasta deformarse en lo oscuro, lo grotesco y lo paródico a lo largo de campos de cereal o bosques cubiertos de niebla. Niños fantasmales, cerdos zombis, asesinos salvajes o vegetales monstruosos bajo el aliento de la Santa Compaña. Y ante esa trivialidad y esa soledad de lo rural, el foráneo, el viajero. Tú.





David Roas (Barcelona, 1965) es escritor y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007) o Monstruario (2021), y de las novelas Celuloide sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013). En esta misma editorial ha publicado los libros de cuentos Distorsiones (2010, VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018) y Niños (2022). Varios de sus relatos han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego. Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (Páginas de Espuma, 2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido al inglés y al italiano. Recientemente ha publicado Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017) y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022).




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Territorios es un libro de relatos que se mete de lleno en eso que llaman “agrohorror”, que básicamente es una vertiente de la literatura fantástica que lleva lo inquietante al campo de toda la vida.… pero para enseñarnos que lo rural no siempre es tan tranquilo como parece. Aquí, David Roas reúne siete historias que tienen algo en común: en escenarios súper cotidianos, un pueblo, una carretera secundaria, una casa heredada, un campo cualquiera, empiezan a pasar cosas que no encajan. Y lo inquietante es justo eso: que todo empieza siendo normal.

Una de las cosas más interesantes del libro es cómo convierte el entorno rural en algo casi vivo. No es solo el decorado donde pasan cosas, es como si el propio paisaje tuviera algo que decir. Los pueblos, los caminos, los campos… todo va cargándose de una especie de tensión rara, como si debajo de lo cotidiano hubiera siempre algo esperando. Y muchas veces no hace falta un monstruo ni un susto grande: lo inquietante aparece en lo de siempre, pero ligeramente torcido.

El estilo de David Roas es bastante limpio, sin florituras. Es un autor que no necesita exagerar nada para que te entre la incomodidad. Y eso funciona muy bien aquí, porque los relatos avanzan despacio, como si todo fuera normal… hasta que de repente no lo es, y ya es demasiado tarde para “desleer” lo que has imaginado.

Otro punto curioso es que el libro no se pone totalmente serio todo el tiempo. Hay humor, hay ironía, incluso momentos un poco absurdos o paródicos. Y eso hace que el conjunto sea más rico, porque no te quedas solo con el miedo, también hay una especie de juego con el género, con el cine, con los clichés del terror.

En el fondo, el libro vuelve siempre a lo mismo, a cómo percibimos la realidad, a lo fácil que es que se nos descoloque lo que dábamos por seguro, y a cómo incluso los lugares más familiares pueden volverse extraños sin avisar.

Así que, en conjunto, Territorios es una propuesta bastante sólida dentro del fantástico actual en España. Un libro que no intenta deslumbrar con grandes fuegos artificiales, sino que te va metiendo una incomodidad lenta, de las que se quedan contigo un rato después de cerrar el libro. Y está publicado por Páginas de Espuma, que ya es casi sinónimo de cuento bien trabajado en la narrativa contemporánea.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Te lo digo claro: este libro te deja con el cuerpo raro. Es una antología que no sabes si has leído relatos o si alguien te ha dejado viviendo unos días en un pueblo donde la realidad va un poco a su bola.

Territorios va de eso: del campo de toda la vida… pero con ese filtro travieso que lo vuelve todo sospechoso. No es el típico terror de “¡BOO!” y te caes del susto. Aquí es más bien un “espera… esto no debería estar pasando” que te va calando sin pedir permiso. Y cuando te quieres dar cuenta, ya estás dentro hasta las rodillas, como cuando entras en un camino de barro y dices “esto era mala idea” pero ya es tarde.

David Roas aquí va con mano fina pero con mala leche. Coge lo cotidiano, un pueblo cualquiera, una casa heredada que siempre viene con un poco de drama, una visita al campo para desconectar (error), y lo tuerce lo justo para que empiece a incomodar. Y lo peor es que te lo crees. Hay historias que te sacan una sonrisa medio nerviosa, tipo “esto es tan absurdo que no sé si reír o preocuparme”, y otras que directamente te dejan pensando “vale, esto me ha mirado a mí”.

Lo más potente es cómo mezcla lo raro con lo de siempre. Empiezas leyendo algo casi normal, muy “pueblo de toda la vida”, y de repente estás metida en una situación que dices: “a ver, perdona, ¿en qué momento hemos cruzado esta línea?”. Y aun así, el libro sabe perfectamente lo que hace.

Y ojo, que esto no es terror serio con cara de funeral. Aquí hay humor, ironía y un punto de cachondeo oscuro que a veces te descoloca, pero precisamente por eso engancha. Es como si el libro te estuviera guiñando el ojo mientras te asusta un poco, lo cual, la verdad, tiene su mérito.

En resumen: no es un libro que te cuente historias y ya está. Es un libro que te deja una especie de poso inquietante. Como cuando vuelves de un sitio muy tranquilo por la noche y de repente el silencio te parece demasiado ruidoso. Y sí, eso es bastante difícil de conseguir. 

 

 Natalia Sancho.   



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«Los Bandídez» y «Los Bandídez y el Karaoke Kanalla» de Siri Kolu

Estuche Los Bandídez 
Un estuche que reúne dos libros con las aventuras de Vilja.

Autora: Siri Kolu
Traducción: Luisa Gutiérrez 
Ilustrador: Tuuli Juusela
Editorial: Nórdica Libros
Género: Novela Juvenil
Páginas: 208 y 336




Los Bandídez

Vilja va de vacaciones a la casa de su abuela con sus padres y hermana. De repente, una furgoneta les corta el paso y nuestra protagonista es secuestrada. Sus raptores son los Bandídez, una familia de estrafalarios ladrones de chuches y chocolates, botín que prefieren al dinero, con el que no saben muy bien qué hacer. Junto a ellos, pasará el verano más emocionante de su vida a bordo de la bandidofurgona, durmiendo al aire libre y disfrutando de grandes comilonas de dulces. Y también descubrirá otro tipo de familia y otra forma de vivir, nada convencional, pero llena de risas y mucho amor.

Una especie de road movie a través de Finlandia. Una novela fresca y divertida, como deben ser todos los libros para niños. No esperes más. ¡Embárcate con los Bandídez!



Los Bandídez y el Karaoke Kanalla es el segundo libro de las aventuras de Vilja con Los Bandídez. Una familia divertida y diferente cuya principal pasión son las chuches.

Vilja está al borde de la desesperación. Ha enviado un mensaje de socorro a los Bandídez y no le han respondido. Si no la rescatan pronto, tendrá que pasar un verano aburrido y triste en un campamento musical. Echa de menos viajar en los bandidofurgona, hacer noche en la playa y tomar mermelada de amapola. El festival de verano de los ladrones está a la vuelta de la esquina, sus ganadores serán el próximo rey o reina de los ladrones ¡y Vilja no puede perdérselo!

                                    


Foto: Niclas Mäkelä


Siri Kolu (Kouvola, Finlandia, 1972). Es dramaturga, escritora y profesora de teatro. Su primera novela, La oscuridad del bosque, fue publicada en 2008. Por Los Bandídez recibió el Premio Junior de Finlandia en 2010 y sus derechos se han vendido a dieciocho países. También se hizo una exitosa película sobre este libro. Siri Kolu ama los perros, las películas sobre catástrofes, el arte experimental, los edificios abandonados y las tierras baldías.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hablar de Los Bandídez y Los Bandídez y el Karaoke Kanalla es hablar de dos novelas infantiles que entienden muy bien algo que a veces se olvida en la literatura para jóvenes lectores: que la aventura y el humor pueden ir de la mano sin necesidad de subestimar la inteligencia de quien lee.

Siri Kolu construye una historia que parte de una premisa tan disparatada como irresistible: una niña llamada Vilja es secuestrada por una familia de ladrones cuya principal obsesión no son las joyas ni el dinero, sino las chucherías. A partir de ahí, la autora convierte un viaje por carretera en una sucesión de situaciones absurdas, divertidas y sorprendentemente entrañables.

Uno de los mayores aciertos de la saga es la creación de los Bandídez. Son extravagantes, caóticos y completamente imprevisibles, pero también transmiten una sensación de libertad que resulta muy atractiva para el lector. Lejos de ser los típicos villanos, funcionan casi como una familia alternativa que permite a Vilja descubrir otras formas de entender la vida, las normas y las relaciones personales.

En Los Bandídez y el Karaoke Kanalla, la historia mantiene ese espíritu gamberro y desenfadado que ya estaba presente en el primer libro. La autora amplía el universo de los personajes y vuelve a apostar por una aventura repleta de humor, canciones imposibles, situaciones disparatadas y ese aire de verano eterno que atraviesa toda la serie.

El ritmo es muy ágil, los capítulos son breves y la narración resulta accesible sin caer en la simplicidad. Además, detrás de las carcajadas aparecen temas interesantes como la amistad, el sentimiento de pertenencia, la búsqueda de la propia identidad o la importancia de encontrar tu lugar en el mundo.

Son libros que funcionan especialmente bien entre lectores jóvenes, pero que también pueden arrancar más de una sonrisa a los adultos que se animen a acompañar a Vilja y a esta peculiar familia de bandidos en sus aventuras.

En conjunto, Siri Kolu ofrece una propuesta fresca, imaginativa y tremendamente divertida que demuestra que la literatura infantil sigue teniendo mucho espacio para la originalidad y el humor más disparatado.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Voy a decir una cosa: si alguien me hubiera contado que iba a leer una historia sobre una niña secuestrada por una familia que roba chuches y que me lo iba a pasar tan bien, probablemente habría levantado una ceja y habría cambiado de tema.

Y sin embargo aquí estamos.

Porque los Bandídez son unos personajes que aparecen en las primeras páginas y ya te descolocan por completo. Tú intentas aplicar la lógica y ellos van por otro camino. Uno mucho más divertido.

Lo que más me gustó fue no saber qué locura iba a pasar en la página siguiente. Un momento están robando caramelos, al siguiente están discutiendo cosas absurdísimas con toda la seriedad del mundo y, cuando te quieres dar cuenta, llevas varios capítulos sonriendo sin darte cuenta.

Vilja también me cayó genial desde el principio. Porque, siendo sinceros, cualquiera en su situación estaría pidiendo ayuda a gritos. Pero ella poco a poco empieza a mirar a los Bandídez con otros ojos y yo hice exactamente lo mismo.

Y es que esta familia tiene algo muy especial. Son un desastre con patas. Un caos absoluto. Pero también tienen una forma de cuidarse entre ellos que acaba resultando entrañable.

Con el segundo libro me pasó algo parecido. Volví a subirme a la bandidofurgona como quien vuelve a quedar con unos amigos que hace tiempo que no ve. Ya conoces sus rarezas, sabes que van a montar algún lío monumental y aun así te apuntas encantado.

Además, tienen una energía muy contagiosa. Es un libro que te recuerda que las aventuras no siempre tienen que salvar el mundo. A veces basta con una carretera, una pandilla de personajes excéntricos, un montón de chucherías y ganas de pasarlo bien.

Y os digo una cosa: mientras lo leía me dieron ganas de dejarlo todo, llenar una mochila de regalices y salir de viaje con la bandidofurgona.

Seguramente acabaría agotada antes de llegar al primer destino.

Pero me lo pasaría estupendamente.

 

   — Natalia Sancho.       


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«Cumbres borrascosas» de Emily Brontë

 


Autora: Emily Brontë
Traducción: Carmen Martín Gaite
Género: Ficción Clásica
Editorial: Alba Editorial
Páginas: 528
Encuadernación: Rústica 

Aunque vilipendiada en su día («Salimos de la lectura de esta novela como si acabáramos de visitar un hospital de apestados», diría un crítico norteamericano en marzo de 1848), Cumbres borrascosas (1847) se ha convertido en la gran novela romántica por excelencia, o, aún más, en un mito moderno que ha inspirado películas, óperas, secuelas y canciones pop. Sin embargo, tanto sus extremos y su ansia de sobrepasar todos los límites, por un lado, como su sofisticada construcción narrativa, por otro, parecen escapar a cualquier clasificación genérica. La única novela de Emily Brontë -«árida y nudosa como la raíz del brezo», según su hermana Charlotte- bebe sin duda de la fascinación por el género gótico: hay en ella apariciones, noches sin luna, confinamientos desesperados y crueldad sin medida. Pero la tensión y la incertidumbre que imprime a sus atormentados personajes y su alambicada trama superan toda convención y nos sumergen en una atmósfera de pesadilla que difícilmente volveremos a encontrar en la historia de la literatura. La traducción de Carmen Martín Gaite, ya un clásico en nuestras letras, permite respirar, palpar esa intensidad y esa locura. El amor, en esta novela, no es de este mundo. 




Nació en 1818 en Thornton (Yorkshire) y se crió en la población de Hawort (también en Yorkshire), donde su padre, pastor anglicano, había obtenido un cargo vitalicio en la parroquia. Habiendo perdido a su madre en 1821 y a dos hermanas mayores en 1825, los hijos supervivientes de la familia (Charlotte, Emily, Anne y Branwell) se educaron en casa, bajo la tutela de su padre y de una tía. Desde muy pequeñas, Emily y Anne escribieron crónicas fantásticas del imaginario reino de Gondal. A los diecisiete años fue a estudiar al internado de Roe Head, donde su hermana Charlotte daba clases, pero apenas estuvo unos meses. Tampoco duró mucho, por problemas de salud, en su puesto como maestra en la escuela Law Hill de Halifax. En 1842, acompañó a Charlotte al Pensionnat Héger en Bruselas, donde estudiarían francés y alemán, con la intención de abrir una escuela a su regreso. El plan nunca prosperó. En 1846 las tres hermanas consiguieron publicar un volumen conjunto de Poesías, con el seudónimo de Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton (Anne) Bell. Un año después, en una edición conjunta, aparecerían Cumbres Borrascosas (ALBA CLÁSICA MAIOR núm. LXXIV; ALBA MINUS núm. 34) de Emily y Agnes Grey de Anne. En 1848, a los treinta años, moriría de tuberculosis en Haworth.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hablar de Cumbres borrascosas siempre tiene algo de reto. Es uno de esos clásicos que llegan rodeados de fama, de adaptaciones y de una imagen bastante equivocada de lo que realmente es la novela. Porque quien espere una historia romántica al uso probablemente se lleve una sorpresa.

Emily Brontë construye una historia atravesada por la obsesión, el resentimiento, el orgullo y el deseo de posesión. El amor está presente, claro, pero adopta una forma turbulenta y destructiva que marca la vida de prácticamente todos los personajes.

La novela destaca especialmente por su estructura narrativa. La historia llega al lector a través de distintos narradores, lo que obliga a reconstruir los hechos poco a poco y aporta una sensación constante de incertidumbre. Cada personaje parece contar una parte de la verdad, pero nunca la verdad completa.

Otro de sus grandes aciertos es la ambientación. Los páramos de Yorkshire, el viento, las tormentas y el aislamiento terminan convirtiéndose en un personaje más de la novela. El entorno refleja el carácter de sus habitantes y contribuye a crear una atmósfera intensa que permanece durante toda la lectura.

En cuanto a los personajes, pocas novelas clásicas presentan figuras tan complejas y tan difíciles de encasillar. Heathcliff y Catherine siguen despertando debate más de siglo y medio después precisamente porque resultan incómodos. No buscan caer bien al lector ni convertirse en modelos de conducta. Sus decisiones suelen estar impulsadas por emociones extremas y eso les da una fuerza literaria poco común.

Más allá de su fama como novela romántica, Cumbres borrascosas sigue siendo una lectura fascinante por la profundidad psicológica de sus personajes, por su construcción narrativa y por la valentía con la que Emily Brontë rompió muchas de las convenciones de su época.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Voy a ser sincera: si me hubieran preguntado hace años qué recordaba de Cumbres borrascosas, seguramente habría respondido algo parecido a "una historia de amor complicada en medio de los páramos".

Después de leer esta edición, me he dado cuenta de que recordaba muy poco.

Lo primero que me sorprendió fue lo incómodos que son casi todos los personajes. Hay momentos en los que dan ganas de cerrar el libro y decirles a todos que se sienten cinco minutos a pensar las cosas antes de seguir destrozándose la vida unos a otros.

Y precisamente por eso funciona tan bien.

Porque Heathcliff no es un héroe romántico. Ni Catherine es la protagonista idealizada que muchas veces nos han vendido. Son personajes llenos de orgullo, rabia, contradicciones y decisiones terribles. Personas que se hacen daño constantemente y que terminan arrastrando a todo el mundo a su alrededor.

También tengo que decir que la edición ha influido muchísimo en mi experiencia de lectura.

La traducción de Carmen Martín Gaite me ha parecido una auténtica maravilla. Tiene una fluidez que hace que una novela publicada en 1847 se lea con una naturalidad sorprendente. En ningún momento sentí esa distancia que a veces aparece con algunos clásicos.

Y la edición de Alba Editorial me ha parecido una apuesta segura. Es una editorial que cuida mucho los clásicos y que consiguen que acercarse a ellos resulte menos intimidante. El texto respira, la lectura avanza con comodidad y da gusto tener el libro entre las manos.

Al final me ha pasado una cosa curiosa: cuanto más avanzaba, menos me importaba la historia de amor y más me interesaban los personajes, sus rencores, sus obsesiones y la forma en que Emily Brontë consigue meterte en una casa llena de gente empeñada en hacerse daño.

Terminé el libro entendiendo perfectamente por qué sigue generando tantas conversaciones. No me pareció una novela romántica. Me pareció una novela sobre pasiones llevadas al extremo, sobre heridas que nunca terminan de cerrarse y sobre personas incapaces de dejar ir aquello que las destruye.

Y la verdad, cuando un libro publicado hace casi dos siglos sigue consiguiendo todo eso, algo debió de hacer muy bien Emily Brontë.

 Natalia Sancho.   



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