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«Los que vuelan» de Kiyoko Murata

 



Autor: Kiyoko Murata
Traducción: Makiko Sese y Daniel Villa
Género: Ficción Contemporánea
Editorial: Hermida Editores
Páginas: 198
Colección: El Jardín de Epicuro - Ficción 

 

 Premio Tanizaki 2019

En una pequeña isla olvidada, que antaño prosperó debido a la industria pesquera y que hoy se hunde en la decadencia, sólo permanecen libres dos mujeres buceadoras, a las que la hija de una de ellas trata de sacar de allí. Ambas se sumergen a diario para ganarse el sustento.

Yōjyō, situada en el extremo del mar de Japón, cerca de las fronteras con Corea y China, recibe a veces barcos extranjeros y sufre un clima cada vez más hostil, agravado por los efectos del cambio climático. Aun así, las ancianas, de 92 y 88 años, se niegan a abandonar el remoto islote donde nacieron y donde sus hombres murieron tragados por las olas, cuyas almas perviven en la naturaleza, en cormoranes y otros animales que lo permean todo.

Llevan una vida sencilla, sostenida por una fortaleza silenciosa. Por la mañana trabajan los cultivos del acantilado, y el resto del tiempo alternan el buceo con rituales y bailes ancestrales, como si obedecieran los susurros del mundo en el que habitan, tratando de liberar sus almas. Sus vidas transcurren alejadas del resto del mundo, en los bellos paisajes de sus antepasados. Han elegido la libertad y vivir la vida de los que vuelan en sus bailes y bajo las olas.

La obra fue galardonada con el Premio Tanizaki, y su autora es una de las escritoras vivas más premiadas de Japón.




Kiyoko Murata nació en 1945 en Yahata, ciudad de Kitakyūshū, prefectura de Fukuoka. Fue criada por sus abuelos: sus padres se divorciaron antes de que ella naciera. La posterior boda de su madre la dejó al cuidado permanente de sus abuelos, por lo que desarrolló un fuerte vínculo afectivo con su abuela. Se graduó de la secundaria Hanao en Yahata y comenzó a trabajar en una fábrica siderúrgica, clave en el desarrollo industrial de Japón desde inicios del siglo xx. Su vida laboral fue muy variada: desde repartidora de periódicos hasta camarera de cafetería y taquillera de cine. Actualmente reside en Nakama.

Su trayectoria literaria despegó tras recibir el Premio de Literatura del Festival de Arte de Kyūshū en 1977, con la obra Suichū no koe (La voz dentro del agua). Fundó la revista privada Happyō (Publicación) en 1985, donde vieron la luz sus primeras obras, que luego tuvieron muy buena acogida en la aclamada revista literaria Bungakukai (Mundo de la Literatura). Después de dos nominaciones, obtuvo el Premio Akutagawa en 1987 con Nabe no naka (Dentro del caldero).

Murata ha sido reconocida con numerosos premios literarios, incluyendo el Premio Noma de Literatura en 2010 por Kokyō no wagaya (Mi hogar del pueblo), el Premio Yomiuri en 2014 por Yūjyokō (Mujer de placer) que se publicará en 2025, y el Premio Tanizaki en 2019 por Hizoku (Los que vuelan), que se publicará en 2026. Además, recibió la Medalla de Honor con cinta morada en 2007 y la Orden del Sol Naciente en 2016 del gobierno japonés. Es miembro de la Academia de Arte de Japón.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

No pasa casi nada. Y, sin embargo, cuesta muchísimo dejar de leer.

Creo que esa es la mejor forma de explicar Los que vuelan. Si me preguntas de qué trata, tendría que decirte que habla de dos ancianas que viven en una pequeña isla japonesa casi deshabitada, que siguen buceando para ganarse la vida y que se niegan a abandonarla, aunque el mundo a su alrededor lleve años diciéndoles que ya no queda futuro allí.

Sobre el papel no parece una novela de las que te atrapan pero en la práctica, ocurre justo lo contrario.

Kiyoko Murata construye una historia donde el verdadero conflicto no nace de grandes acontecimientos, sino de algo mucho más difícil de escribir: el vínculo que una persona puede llegar a tener con el lugar donde ha vivido toda su vida. Porque Yōjyō no es simplemente una isla. Es memoria, identidad, duelo, libertad y también resistencia frente a un mundo que parece avanzar dejando atrás todo aquello que no produce, no crece o no resulta rentable.

Las protagonistas, Io y Yuki, pertenecen a esa generación de ama, las tradicionales buceadoras japonesas que durante décadas se sumergieron en el mar para recoger orejas de mar y otros moluscos. Con más de noventa años siguen haciéndolo con la misma naturalidad con la que riegan el huerto, preparan la comida o participan en antiguos rituales que apenas sobreviven gracias a ellas.

Frente a esa forma de entender la vida aparece Umiko, la hija de Io, decidida a convencer a su madre de que abandone la isla antes de que sea demasiado tarde. Y ahí surge el gran dilema de la novela: ¿qué significa realmente marcharse? ¿Es cambiar de casa... o renunciar a una parte de uno mismo?

Murata aborda cuestiones como la despoblación rural, el envejecimiento, el cambio climático, la desaparición de las tradiciones o el desarraigo sin convertir la novela en un ensayo ni en un discurso reivindicativo. Todo aparece integrado con una naturalidad admirable, dejando que sean los propios personajes quienes expliquen el peso de esas pérdidas simplemente viviendo.

Otro de los grandes aciertos del libro es la manera en que aborda el tema de la naturaleza. El mar no funciona como un paisaje bonito de fondo. Es quien alimenta, castiga, recuerda y acompaña. Los pájaros, el viento, los acantilados y las mareas forman parte de una misma conversación que lleva siglos produciéndose mucho antes de que el lector llegue a la isla.

El ritmo es sereno, incluso contemplativo, y exige aceptar que aquí la emoción no nace de la tensión narrativa, sino de la observación. No es tu novela si buscas giros constantes o acción, pero sí lo será si disfrutas de las historias donde las emociones se construyen despacio y permanecen mucho tiempo después de cerrar el libro.

Con menos de doscientas páginas, Los que vuelan demuestra que la literatura también puede ser un lugar para detenerse un momento mientras todo lo demás sigue corriendo.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Me pasé medio libro preguntándome por qué demonios nadie quería irse de esa isla.

Cuando terminé, ya no me hacía esa pregunta. La entendía perfectamente porque Kiyoko Murata consigue hacer que acabes sintiendo cariño por un lugar donde, sinceramente, yo probablemente no aguantaría ni una semana. Una isla pequeña, aislada, cada vez más vacía, castigada por el mar y por un futuro que parece empeñado en borrar todo lo que representa. Y, aun así, terminé pensando que quizá ellas tenían razón.

Me ha fascinado cómo la autora habla del paso del tiempo sin convertir la vejez en un drama ni en un símbolo de fragilidad. Io y Yuki no necesitan demostrar nada a nadie. Siguen viviendo como siempre, bajando al mar, trabajando la tierra, bailando ceremonias heredadas de generaciones anteriores y recordando a quienes ya no están con una naturalidad que resulta preciosa. 

En esta historia no hay épica, no hay grandes discursos, no hay personajes empeñados en explicar lo que sienten durante tres páginas. Solo personas viviendo. Y, curiosamente, eso emociona muchísimo más.

También me ha gustado que la novela nunca señale quién tiene razón. Entiendes perfectamente a Umiko cuando intenta convencer a su madre para que abandone la isla. Yo probablemente haría exactamente lo mismo. Pero también entiendes a cuando responde, sin necesidad de grandes explicaciones, que hay lugares que no se abandonan porque hacerlo sería dejar atrás algo mucho más importante que una casa.

Y luego está el mar. Qué manera de escribir el mar.

Hacía tiempo que no leía una novela en la que el paisaje tuviera tanto peso. No está ahí para decorar la historia. Está respirando constantemente junto a los personajes. A veces protege. A veces amenaza. A veces guarda silencio. Y otras parece recordar a quienes desaparecieron bajo sus aguas mejor que cualquier monumento.

Terminé el libro con una extraña sensación difícil de explicar. No era tristeza y tampoco nostalgia exactamente. Era más bien la impresión de haber conocido un mundo que existe, pero que quizá dentro de unos años ya no será igual. Como si hubiera visitado un lugar justo antes de que alguien apagara la luz.

Y creo que esa es la magia de Los que vuelan. Que no intenta impresionarte ni busca dejarte con la boca abierta. Simplemente te invita a caminar despacio, escuchar el viento, mirar el mar un rato más de lo habitual y preguntarte qué significa realmente pertenecer a un lugar.

Y cuando cierras el libro, comprendes que no has dejado atrás la isla; es ella la que ha decidido quedarse contigo.

 

   — Natalia Sancho.   



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«El enigma de Bletchley: Una casa llena de secretos y códigos por descifrar» de Ruta Sepetys y Steve Sheinkin

 



Autores: Ruta Sepetys y Steve Sheinkin 
Traducción: Álvaro Abella Villar
Género: Thriller / Misterio / Novela Juvenil
Editorial: Ediciones Maeva
Páginas: 376
Fecha de publicación: 18 de marzo de 2026 

En un mundo en guerra, no sabes en quién puedes confiar ni quién podría ser un agente secreto…

Códigos, espías y misterios familiares en el corazón de Bletchley Park.

Verano de 1940. Jakob y su hermana pequeña, Lizzie, comparten su afición por los acertijos. Ambos hermanos son reclutados por los integrantes de uno de los mayores secretos británicos de la Segunda Guerra Mundial: la Escuela Gubernamental de Códigos y Cifrados en Bletchley Park. Mientras Jakob se une a las mentes más brillantes para descifrar la máquina Enigma de los nazis, Lizzie, se embarca en una misión para resolver la misteriosa desaparición de su madre. ¿Podrían los mensajes de Enigma y la desaparición de su madre estar relacionados de alguna manera? Jakob y Lizzie deben encontrar la forma de trabajar juntos mientras se apresuran a descifrar las pistas de un impactante rompecabezas.

Una emocionante aventura histórica de dos autores superventas. ¿Te atreves a descifrar los códigos en su interior? 

¿POR QUÉ LEER EL ENIGMA DE BLETCHLEY?

Una emocionante aventura histórica juvenil de la conocidísima Ruta Sepetys junto a Steve Sheinkin.

Finalista del premio Young Quills Award for Historical Fiction.

Repleta de códigos por descifrar y misterios que resolver, una novela que te mantiene en vilo.

Ideal para fans de Enola Holmes o The Imitation Game.


Ruta Sepetys es una escritora de prestigio internacional y autora de superventas que han llegado a ser número uno en las listas de The New York Times y que se han publicado en más de sesenta países y cuarenta idiomas. Ha publicado novelas tan relevantes como Entre tonos de gris, El color de los sueños, Lágrimas en el mar, Las fuentes del silencio y Voy a traicionarte, y sus libros se consideran una perfecta lectura crossover, ya que resultan igual de atractivos para adolescentes y adultos de todo el mundo. Merecedora de la Carnegie Medal en 2017, sus novelas han resultado finalistas o ganadoras de más de cuarenta galardones, entre los que destacan los premios Goodreads e Indies Choice, y están incluidas en más de sesenta listas de premios literarios en Estados Unidos. Su novela Entre tonos de gris ha sido adaptada al cine, y otras novelas suyas están en proceso de desarrollo para convertirse en proyectos para la pequeña y la gran pantalla. Nacida en Michigan donde también se crio, actualmente vive con su familia en Nashville, Tennessee. La autora es una firme y apasionada defensora del poder de la Historia para fomentar el diálogo global y la conexión entre los países. 



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Existen novelas juveniles que prometen espías, códigos secretos y conspiraciones internacionales… y depués todo se reduce a un personaje mirando un mapa durante doscientas páginas. Por suerte, El enigma de Bletchley juega en otra liga.

Porque sí, aquí hay criptografía, mensajes imposibles de descifrar y la mítica máquina Enigma, pero también hay dos hermanos empeñados en resolver un misterio familiar mientras el mundo entero parece haberse vuelto completamente loco.

La historia nos lleva hasta Bletchley Park, uno de los lugares más secretos de la Segunda Guerra Mundial, donde matemáticos, lingüistas, ajedrecistas y auténticos cerebritos trabajaban contrarreloj para romper los códigos nazis. Y, aunque el contexto histórico está muy bien documentado, el libro nunca da la sensación de estar intentando darte una clase de historia. Al contrario: todo forma parte de la aventura.

Jakob y Lizzie son dos protagonistas que funcionan muy bien juntos precisamente porque son muy distintos. Él piensa antes de actuar, analiza, calcula y busca patrones donde los demás solo ven letras sin sentido. Ella, en cambio, se mueve por intuición, improvisa, se mete en líos con una facilidad admirable y tiene bastante menos miedo del que probablemente sería recomendable.

La novela alterna ambos puntos de vista, algo que mantiene el ritmo muy vivo y permite que el lector vaya descubriendo las piezas del puzle desde perspectivas diferentes. Además, los capítulos son cortos, la narración es muy dinámica y siempre ocurre algo que invita a leer "uno más". Ya sabemos cómo acaba eso: cincuenta páginas después sigues diciendo "venga, ahora sí que paro".

Uno de sus mayores aciertos es conseguir despertar la curiosidad por un episodio histórico fascinante sin perder nunca el tono aventurero. Los autores introducen figuras reales como Alan Turing de forma natural y convierten el mundo de la criptografía en algo mucho más emocionante de lo que uno imaginaría antes de empezar el libro.

Quizá los lectores más habituales de novela histórica o de thriller encuentren algunos giros previsibles o echen de menos una mayor profundidad en ciertos personajes. Al fin y al cabo, es una novela pensada para un público juvenil. Pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto: consigue ser accesible, entretenida y despertar el interés por seguir investigando todo lo que ocurrió realmente en Bletchley Park.

En conjunto, El enigma de Bletchley es una aventura muy entretenida que mezcla misterio, espionaje, historia y acertijos con muchísimo ritmo, ideal para quienes disfrutan resolviendo enigmas mientras aprenden casi sin darse cuenta.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo un problema. Si un libro lleva espías, códigos secretos, mensajes cifrados y habitaciones donde todo el mundo habla en susurros y un cartel imaginario que pone "No puedes contarle esto absolutamente a nadie", yo ya estoy dentro y no necesito más.

Bueno... sí. Que aparezca Alan Turing. Y aparece.

La verdad es que me lo he pasado como una cría intentando ir un paso por delante de los personajes, convencida de que iba a resolver el misterio antes que ellos... aunque eso no ocurrió. Ellos eran bastante más listos. Una pena para mi ego.

Lo que más me ha gustado es que el libro consigue que algo tan aparentemente poco emocionante como descifrar códigos se convierta en una auténtica aventura. Nunca pensé que pudiera leer sobre criptografía con la misma ansiedad con la que leo un thriller.

Y Bletchley Park... qué sitio. Mientras leía no dejaba de imaginar aquellas salas llenas de papeles, máquinas haciendo ruido, gente corriendo de un lado para otro y secretos tan importantes que podían cambiar el rumbo de una guerra. Es de un lugar que tiene tanto peso que casi parece un personaje más.

Además, me ha encantado que la historia no olvide que, detrás de los grandes acontecimientos históricos, también había familias rotas, personas buscando respuestas y chavales que tuvieron que crecer demasiado deprisa.

¿Es una novela complejísima? No.

¿Lo necesita? Tampoco.

Es un libro que te engancha y te entretiene y, cuando lo terminas, acabas buscando en internet qué fue realmente Bletchley Park, quién era Alan Turing y cómo demonios consiguieron descifrar la máquina Enigma.

Y para mí eso siempre es una victoria.

Porque si un libro consigue que cierres la última página con ganas de seguir aprendiendo por tu cuenta... ha hecho muy bien su trabajo.


   — Natalia Sancho.   



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«Weavingshaw» de Heba Al-Wasity

 


AutoraHeba Al-Wasity
Traducción: Estíbaliz Montero
Publicación: 1 de abril de 2026 
Editorial: Faeris 
Género: Juvenil de Fantasía Oscura Romantasy
Páginas: 496


En esta oscura fantasía gótica con romance, los secretos son la moneda de cambio y los muertos no descansan

Hace tres años, Leena Al-Sayer despertó con un terrible poder: es capaz de ver a los muertos.

Desde entonces, se ha ocultado del mundo, a sabiendas de que, si su maldición sale a la luz, acabará encerrada en un manicomio. Cuando su querido hermano, Rami, enferma de gravedad, ella se enfrenta a una terrible disyuntiva: dejarlo morir o conseguir el carísimo medicamento que le salvará la vida a cambio de lo único valioso que posee: su secreto.

El Santo del Silencio, un despiadado y magnético mercader que comercia con confesiones y al que envuelven rumores sobrenaturales sobre su crueldad y poder, le ofrece un trato a un precio letal. Leena deberá encontrar al fantasma de Percival Avon, el último dueño de Weavingshaw, o entregar su libertad al Santo para siempre.

La búsqueda de Leena la conduce, junto al Santo, hasta Weavingshaw, donde descubre que la finca y los páramos circundantes están vivos, ávidos de sangre y sacrificios. Mientras se enfrenta al poder de ese lugar, también debe resistirse a la creciente atracción que siente por el enigmático Santo, cuya conexión con Percival Avon continúa siendo un misterio.

A medida que la casa comienza a sepultarlos, se les agota el tiempo de que disponen para su desesperada búsqueda de respuestas. Porque Leena ha llegado a comprender que, en Weavingshaw, los muertos no guardan silencio, y que es mejor que algunos secretos sigan enterrados con ellos.


                                                           

                        


Heba Al-Wasity se inspiró en sus propias experiencias para escribir: nació como refugiada iraquí en Libia, creció en Canadá y estudió medicina en el Reino Unido.

Como médica residente, ha trabajado en Urgencias y en varias unidades de hospitalización psiquiátrica, lo cual le ha permitido ver de primera mano cómo la pobreza y la privación pueden generar desigualdades sociales. Reside en Gran Manchester.


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Hay libros que prometen una mansión gótica y luego te encuentras con una casa vieja, dos pasillos oscuros, una tormenta ocasional y un mayordomo que desaparece justo cuando empieza a ponerse interesante. Y oye, si están bien escritos y ambientados, yo entro encantada en el juego.

Pero luego aparece Weavingshaw, dispuesto a recordarte por qué seguimos obsesionándonos con páramos embrujados, habitaciones cerradas con llave, fantasmas que se niegan a marcharse y hombres misteriosos que, objetivamente, necesitarían años de terapia… aunque por algún motivo literario incomprensible sigan resultando fascinantes.

La historia sigue a Leena Al-Sayer, una joven refugiada capaz de ver a los muertos, un don que en su mundo tiene muchas más posibilidades de acabar en un manicomio que en una aventura heroica. Cuando su hermano enferma gravemente, Leena acepta un trato desesperado con el Santo del Silencio, un mercader de secretos tan inquietante como magnético, que parece coleccionar confesiones ajenas con una finalidad que nadie comprende del todo.

A partir de ahí, la novela se convierte en un viaje hacia Weavingshaw, una finca que funciona como uno de los grandes aciertos del libro. Porque la casa no es simplemente un escenario: es un personaje más. Respira, observa, reclama sacrificios y guarda recuerdos que llevan demasiado tiempo enterrados.

Heba Al-Wasity construye una ambientación absorbente y muy visual, donde la humedad parece filtrarse entre las páginas y los páramos transmiten una sensación incómoda de que quizá no deberías haberte alejado tanto del camino. La autora combina con habilidad los elementos clásicos del gótico, fantasmas, secretos familiares, decadencia y espacios opresivos, con temas contemporáneos como el desplazamiento, la identidad, la exclusión social y la experiencia de las comunidades refugiadas.

El romance se desarrolla de forma pausada, algo que agradecerán quienes disfrutan de las relaciones construidas lentamente. No hay amor instantáneo ni declaraciones grandilocuentes a las cincuenta páginas; aquí predominan la tensión, la desconfianza y un tipo de conexión que se cocina a fuego lento entre dos personas que llevan demasiado tiempo sobreviviendo.

Quizá algunos lectores encuentren que la trama avanza con cierta lentitud en determinados momentos o que algunos misterios relacionados con la historia de Weavingshaw pierden fuerza frente al enorme interés que despierta Silas St. Clair. Porque, sinceramente, el Santo del Silencio tiene esa capacidad tan propia de ciertos personajes oscuros de apropiarse de cada escena en la que aparece.

En conjunto, Weavingshaw es una fantasía gótica sólida, atmosférica y muy prometedora, especialmente recomendable para quienes disfrutan de novelas donde el lugar importa tanto como los personajes y donde los fantasmas son mucho más que simples apariciones sobrenaturales.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Creo que ya he asumido que tengo un problema con las casas encantadas.

Dame una mansión aislada, paredes cubiertas de hiedra, retratos inquietantes, secretos centenarios, páramos barridos por el viento y un personaje masculino que parece haber firmado varios pactos cuestionables con entidades sobrenaturales y ahí estaré yo, feliz, con una manta y una taza de té, completamente entregada. Y Weavingshaw me ha dado exactamente todo eso. Porque este libro tiene una energía muy concreta, la de esas historias que parecen susurrarte constantemente que te marches mientras tú haces exactamente lo contrario y sigues avanzando por el pasillo porque necesitas saber qué demonios está pasando.

Me ha encantado la atmósfera. Muchísimo. Hay barro, humedad, fantasmas, habitaciones que parecen respirar, secretos enterrados y una casa que probablemente necesite más exorcismos que reformas.

Y luego está Silas.

Claro que está Silas.

Porque el Santo del Silencio tiene todos los ingredientes del personaje que sabes que no deberías adorar tanto, pero acabas haciéndolo igualmente. Es distante, ambiguo, guarda más secretos de los que cualquier persona razonable debería acumular y transmite una energía constante de "puedo arruinarte emocionalmente, pero con mucha elegancia". Y funciona. Muchísimo.

También me ha gustado que la novela hable de pertenencia, de desarraigo y de sentirse extranjera incluso en lugares donde llevas años viviendo. Todo eso está presente, pero integrado en la historia de forma natural, sin convertirse en una lección disfrazada de fantasía.

Eso sí, aviso: esto no es un romantasy de acción frenética. Es un libro que se toma su tiempo. Que disfruta creando ambiente, dejando preguntas abiertas y permitiendo que el lector se pierda un poco entre los pasillos de Weavingshaw.

Y sinceramente, yo me habría quedado allí unas cuantas páginas más. Aunque probablemente solo durante el día. Y acompañada. Porque una tiene límites. Aunque sean pocos.


   — Natalia Sancho.       


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«El largo viaje a un pequeño planeta iracundo» de Becky Chambers

 



Autor: Becky Chambers
Traducción: Alexander Páez García 
Género: Ciencia Ficción / Colección Runas
Páginas:448
Fecha de publicación: 7 de mayo de 2026

Premio Hugo de 2019 a la mejor serie. Rosemary Harper no tiene muy claro qué esperar de la tripulación de la nave La Peregrina. Aunque esta destartalada nave ha pasado por mejores épocas, pone un techo sobre su cabeza, la oportunidad de explorar los confines de la galaxia y, lo mejor de todo, la puede alejar de su pasado. Esta introspectiva y reservada joven no ha conocido jamás a nadie como sus diversos compañeros de viaje, como Sissix, la exótica piloto reptiliana; los locuaces ingenieros Hizzy y Jenkis, encargados de que la nave no se caiga a pedazos; y Ashby el noble capitán de todos ellos. La vida a bordo de La Peregrina es caótica y loca, exactamente lo que Rosemary busca. Pero también está a punto de volverse extremadamente peligrosa cuando se les ofrece el trabajo más lucrativo de su vida perforando agujeros de gusano por la galaxia para conectar planetas lejanos. En el espacio profundo, la pequeña Peregrina tendrá que ennfrentarse a una miríada de problemas y aventuras en las que la tripulación aprenderá a confiar los unos en los otros. Si Rosemary quiere sobrevivir, tendrá que aprender a confiar en esta amalgama de extraños compañeros, una experiencia que le enseñará que a lo mejor tener una familia no es lo peor que te puede pasar en el universo.

Becky Chambers creció en California como la hija de un profesor de astrobiología y una ingeniera aerospacial. Esta novela, su debut, la publicó financiándola en Kickstarter en 2012. Sus libros han sido nominados y han ganado múltiples premios como el Kitschies, el Hugo, el Locus, el Nébula y el Julia Verlanger. Tras vivir en Escocia y en Islandia, ahora Becky ha vuelto a casa donde vive con su esposa. Es una devota de los videojuegos y los juegos de mesa y disfruta pasando su tiempo libre en la naturaleza. Espera poder ver la Tierra desde el espacio algún día.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hay libros de ciencia ficción que se empeñan en demostrarte lo inteligentes que son a base de batallas espaciales, tecnología imposible y páginas y páginas de explicaciones sobre cómo funciona el universo. Y luego está El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, que decide hacer algo mucho más difícil: hablar de personas, de vínculos y de sentirse en casa, aunque estés a años luz de cualquier lugar que hayas conocido.

Porque sí, aquí hay agujeros de gusano, especies alienígenas, conflictos políticos y viajes interestelares, pero, sinceramente, eso es casi el decorado. Lo importante es la tripulación de la Peregrina. Esa panda de inadaptados, raros, entrañables y tremendamente humanos, aunque algunos tengan escamas, varias extremidades o una biología bastante complicada de explicar, que terminan convirtiéndose en una familia elegida. Y eso es precisamente lo que más me ha gustado del libro.

Becky Chambers tiene una forma de escribir que resulta muy acogedora. Como si te invitara a sentarte a la mesa con todos ellos, compartir una comida, escuchar sus historias y descubrir poco a poco quiénes son realmente. No hay grandes héroes, ni elegidos, ni personajes perfectos. Hay gente intentando hacer lo mejor que puede, cargando con sus errores, sus pérdidas y sus propias contradicciones. Y funciona. Muchísimo.

La novela tiene un ritmo pausado, incluso contemplativo en algunos momentos, algo que quizá sorprenda a quienes esperen una space opera llena de acción constante. Pero precisamente ahí está su encanto. Es una historia que disfruta de las conversaciones, de los pequeños gestos y de los momentos cotidianos. De ver cómo se construye una amistad, cómo se aprende a convivir con quien es completamente distinto a ti o cómo se puede encontrar un hogar en lugares inesperados.

Además, Chambers construye un universo fascinante sin necesidad de abrumar al lector. Hay multitud de especies, culturas y formas de entender el mundo, pero todo se presenta con naturalidad, sin sensación de manual enciclopédico ni de clase magistral de ciencia ficción.

Y debo admitir que hacía tiempo que no leía una novela de ciencia ficción tan optimista. No ingenua, sino optimista. Porque habla de convivencia, de empatía, de diversidad y de la posibilidad de entendernos incluso cuando nuestras diferencias parecen enormes. En tiempos donde muchas historias del género tienden hacia futuros oscuros y distópicos, encontrarse con una propuesta tan cálida resulta casi refrescante.

Eso sí, si alguien busca una trama vertiginosa o una historia llena de giros sorprendentes, quizá aquí no encuentre exactamente eso. El largo viaje a un pequeño planeta iracundo es más una experiencia que una aventura al uso. Es un libro que disfrutas por la compañía, por el ambiente y por la sensación de querer quedarte un rato más en ese universo cuando llegas a la última página.

Y al final pasa algo curioso: terminas echando de menos a la tripulación de la Peregrina como si fueran amigos con los que has compartido unas vacaciones especialmente largas y especialmente bonitas.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

No esperaba enamorarme tanto de una nave espacial destartalada. Ni de una piloto reptiliana. Ni de un cocinero que también es médico. Ni de una inteligencia artificial que solo quiere que la traten como a cualquier otro ser vivo. Pero aquí estamos.

Creo que este libro me ha hecho entender por qué tanta gente habla del cozy sci-fi como si fuera un abrazo literario, porque es exactamente eso.

Es ciencia ficción, sí, pero también es sentarte con una taza de té mientras acompañas a un grupo de personajes a trabajar, discutir, enamorarse, meter la pata y cuidarse entre ellos.

Y madre mía cómo se les coge cariño.

Llegó un momento en el que me daba bastante igual el planeta iracundo del título, los contratos millonarios o los agujeros de gusano. Yo solo quería seguir pasando tiempo con la tripulación. Quería más cenas incómodas. Más conversaciones absurdas. Más momentos de convivencia. Más Peregrina. Y eso me parece un mérito enorme.

Porque Becky Chambers consigue algo que no es nada fácil: que una novela ambientada en el espacio profundo se sienta increíblemente cercana.

Es un libro amable, sí, pero no por eso superficial. Habla de racismo, de identidad, de relaciones, de pertenencia, de maternidad, de diferencias culturales y de qué significa encontrar tu sitio en el universo sin necesidad de darte discursos ni sermones. Simplemente te lo muestra. Y funciona de maravilla.

Al cerrar el libro sentí una melancolía que solo dejan las historias con personajes muy bien construidos: la de pensar «bueno, ¿y ahora qué hago yo sin esta gente?»

Y sinceramente, creo que ese es el mejor cumplido que puedo hacerle a una novela. 


 Natalia Sancho.   



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«Pentesilea (Historias vallecanas)» de Fernando Figueroa Saavedra

 



AutorFernando Figueroa Saavedra
Idioma: Castellano
Publicación: 27 de junio de 2023 
Editorial: Amazon
Género: Contemporánea
Páginas: 362



2010, Madrid. Gloria vive presa de su pasado y de un futuro incierto. Para escapar de la angustia, se enfrascará en una tesis doctoral sobre el rock en Vallecas, y conocerá a una serie de personajes enraizados en el asfalto, entre el crepúsculo y el amanecer, la ilusión y el desencanto, el fracaso y el triunfo, con los que Gloria compartirá sueños, frustraciones, traumas y heridas pese a pertenecer a épocas distintas. En especial, seguirá el rastro de dos bandas míticas, ya desaparecidas, que intuye podrían reunirla con su madre ausente: Pentesilea y Crines de Caín.


Pentesilea es una historia ficticia, una tragicomedia urbana, agridulce y sucia a ratos, una alegoría que entrelaza mitología e historia, realismo y simbolismo, que usa el rock y el sexo como metáfora de los conflictos humanos y sociales.

                                    

                                          

Un autor con chispa.

Fernando Figueroa revisa el género negro con su hard-boiled cómico neovictorino y ofrece una relectura en la que aborda las tramas tragicómicas como retratos sociales e historias de vida, en los que los crímenes constituyen desencadenantes de situaciones en ocasiones disparatadas o esperpénticas. No falta el sentido del humor, hasta cotas cínicas y satíricas, y lo festivo, entre lo picante y lo psicalíptico.

                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Pentesilea de Fernando Figueroa Saavedra, es una novela que combina la narrativa urbana, la memoria colectiva, la música y la búsqueda de la identidad personal en una historia profundamente ligada a Vallecas y a su imaginario cultural. La trama sigue a Gloria, una joven que intenta recomponer su vida mientras investiga para su tesis doctoral la historia del rock vallecano, un recorrido que la llevará a reconstruir el pasado de dos grupos míticos desaparecidos: Pentesilea y Crines de Caín. A medida que avanza su investigación, también se acerca a la figura de una madre ausente cuya sombra sigue marcando su presente.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es la forma en que el autor utiliza la música como hilo conductor. El rock no aparece únicamente como un elemento decorativo o ambiental, sino como una herramienta para explorar conflictos generacionales, heridas familiares, sueños rotos y las transformaciones sociales de distintas épocas. La novela funciona, en cierto modo, como una radiografía emocional de un barrio y de varias generaciones que intentaron encontrar su lugar en el mundo.

Fernando Figueroa construye una historia donde conviven el realismo urbano y una dimensión simbólica que conecta con la mitología, estableciendo paralelismos entre los personajes y ciertos arquetipos universales. Esta combinación aporta profundidad a una trama que habla de la pérdida, la memoria, la identidad y la necesidad de comprender el pasado para poder avanzar.

También destaca la galería de personajes que acompañan a Gloria. Son figuras marcadas por sus propias derrotas, ilusiones y cicatrices, que enriquecen el relato y contribuyen a crear una sensación de autenticidad. La novela no idealiza el pasado ni romantiza los márgenes, sino que muestra tanto la belleza como las contradicciones de quienes viven aferrados a sus sueños mientras lidian con la realidad.

Pentesilea es una lectura especialmente recomendable para quienes disfrutan de las novelas urbanas con trasfondo social, de las historias donde la música tiene un papel protagonista y de los relatos que exploran la memoria individual y colectiva desde una perspectiva humana y cercana. Además, el fuerte vínculo con Vallecas aporta personalidad propia a una obra que encuentra en el barrio mucho más que un escenario: encuentra una identidad.



Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Tengo que reconocer que este libro me pilló por donde no esperaba. Aunque, pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado otras veces con este autor. Entro en sus novelas esperando una cosa y termino encontrando otra muy distinta. Y eso me gusta, porque evita que te acomodes y acaba llevándote por caminos que no habías previsto.

En este caso pensé que me iba a encontrar una historia sobre música, grupos de rock desaparecidos y una investigación con cierto aire nostálgico. Y sí, todo eso está ahí. Pero a medida que avanzaba tuve la sensación de estar leyendo algo mucho más humano. Al final, más que la búsqueda de un grupo perdido o los misterios que rodean su historia, lo que me quedó fueron los personajes, sus relaciones y la forma en que cargan con el paso del tiempo, los recuerdos y las decisiones que tomaron años atrás.

Porque, en realidad, Pentesilea habla de gente que arrastra cosas. Gente que intenta entender quién fue, quién es y qué demonios hace con todo lo que le ha tocado vivir.

Gloria me gustó precisamente por eso. Porque no da la impresión de ser una protagonista perfecta ni de tener las cosas claras. Va avanzando como puede, tirando de hilos, buscando respuestas y tropezando con historias que muchas veces pesan más de lo que parece.

Y luego está todo el tema del rock. A mí me encanta cuando la música en una novela no está puesta porque sí. Aquí se nota que forma parte de la historia. Que late debajo de muchas conversaciones, de muchos recuerdos y de muchas heridas. Hay momentos en los que casi parece que las canciones están contando cosas que los personajes no saben explicar.

También me gustó mucho la sensación de barrio que transmite. No hablo solo de calles o de escenarios. Hablo de personas. De esa impresión de que todo el mundo guarda una historia, un secreto, una derrota o una cuenta pendiente.

Es una novela que tiene algo de melancolía, algo de búsqueda y bastante de reflexión sobre el paso del tiempo y te recuerda que muchas veces no perseguimos respuestas porque creamos que nos van a arreglar la vida, sino porque necesitamos entender de dónde venimos.

Y os digo una cosa: terminé el libro con ganas de escuchar música, de pasear por Vallecas y de seguir tirando de algunos de los hilos que deja la historia.

Siempre termino pensando que las novelas se leen y se terminan, claro, pero luego están las que te dejan rebuscando un rato más entre sus ecos.


   — Natalia Sancho.       


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«Temporada de turistas: Trilogía Masacre 1» de Brynne Weaver

 



Autora: Brynne Weaver
Traducción: Ana María Navalón Valera
Género: Comedia Romántica Oscura
Páginas: 444
Fecha de publicación: 19 de febrero de 2024

La nueva serie de la autora de Butcher y Blackbird en la que la comedia romántica oscura se encuentra con el suspense... y donde enamorarse te puede matar.

¡Bienvenido a Cabo Masacre! Vienes una vez, te quedas para toda la eternidad.

Cabo Masacre es un pueblecito costero de casas coloridas, tiendecitas curiosas y un recuento de cadáveres inusualmente alto. El turismo acarrea problemas... y Harper Starling no permitirá que nadie arruine su perfecto hogar. Harper es una jardinera habilidosa con instintos asesinos que protege a toda costa su santuario... En Masacre, los turis

`pghkltas que causan problemas no hacen check out, fertilizan las flores por las que Harper ya ha ganado varios premios.

Pero Nolan Rhodes no es un turista normal. Es endiabladamente guapo, tan encantador que te desarma y diestro con el cuchillo. Además, es implacable a la hora de buscar venganza. Cada año, en el aniversario del atropello que le destrozó la vida, Nolan mata a otra presa. Y se ha guardado la mejor para el final: la innegablemente bella Harper Starling. Pero Harper no es el monstruo que él esperaba. Y no se va a rendir sin pelear.

Cuando un investigador amateur de true crime llega a Cabo Masacre siguiendo el rastro de un asesino en serie que desapareció hace mucho, Harper y Nolan tienen que pactar una tregua, aunque no les haga mucha gracia. Si Nolan ayuda a Harper a proteger a su pueblo, ella le guardará el secreto de sus hábitos de caza... por el momento. Pero su alianza acaba derivando en una espiral de obsesión que amenaza con destrozar todos los secretos de Masacre... incluso su frágil romance.

Temporada de turistas es una comedia romántica con toques turbios, slow burn y enemies to lovers.


Brynne Weaver es autora superventas del USA TODAY y sensación de TikTok, con obras vendidas en más de 15 idiomas hasta la fecha, ha viajado por todo el mundo, ha acogido a más animales callejeros de los que le habría gustado a su marido y ha cultivado su amor por las comedias negras, el terror y el romance tanto en la literatura como en el cine. Durante todas sus aventuras, el hilo conductor constante en la vida de Brynne ha sido la escritura. Con ocho obras publicadas, Brynne ha dejado su impronta en el mundo literario mezclando una irreverente comedia negra, un romance que enamora y un suspense fascinante para crear historias adictivas que rompen géneros y en las que los lectores pueden evadirse.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Si alguien me preguntara de qué va este libro y tuviera que resumirlo rápido, probablemente diría algo así: una asesina en serie, otro asesino con ganas de venganza, un pueblo lleno de cadáveres, humor negro, romance, sangre por todas partes y una cantidad sorprendente de personajes que parecen estar perfectamente cómodos conviviendo con todo eso. Y, contra todo pronóstico, funciona.

Brynne Weaver mezcla varios géneros que, sobre el papel, podrían parecer incompatibles. Hay thriller, romance, suspense, comedia negra y una buena dosis de gore. Sin embargo, la autora consigue que todo encaje dentro de la extravagante lógica de Cabo Masacre, un escenario que termina convirtiéndose en un personaje más de la historia.

Uno de los puntos fuertes de la novela es precisamente su ambientación. Cabo Masacre es un lugar que resulta tan absurdo como fascinante. Un pueblo que vive prácticamente del crimen, donde las tiendas, las tradiciones y hasta la identidad colectiva giran alrededor de los asesinatos. Es exagerado, sí, pero esa exageración forma parte de su encanto.

La novela también destaca por el ritmo. Desde las primeras páginas pasan cosas constantemente y la historia apenas da tregua. Hay acción, giros, secretos y una tensión permanente que mantiene el interés incluso cuando la trama se detiene para profundizar en los personajes.

Harper y Nolan son protagonistas que funcionan muy bien dentro de este universo tan peculiar. Ambos arrastran heridas del pasado, esconden más de lo que cuentan y se mueven continuamente en esa zona gris donde resulta complicado decidir si deberían caerte bien o preocupar bastante.

Además, la autora consigue algo importante: que detrás del humor negro, las escenas violentas y el tono gamberro, aparezcan temas más serios relacionados con la pérdida, el duelo, la culpa o el deterioro provocado por enfermedades como el alzhéimer.

No es una lectura para todo el mundo. El gore está presente, hay escenas explícitas y el humor juega constantemente con situaciones muy oscuras. Pero quienes disfruten de los romances oscuros, los personajes moralmente cuestionables y las historias que abrazan el caos sin complejos probablemente encontrarán aquí una lectura tremendamente entretenida.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Me ha parecido una auténtica ida de olla. Y lo digo como un cumplido.

Entré esperando encontrarme una comedia romántica oscura y salí con la sensación de haber visitado el pueblo más raro, peligroso y divertidísimo que he pisado en mucho tiempo.

Los primeros capítulos fueron un poco como mirar un accidente desde lejos. Sabes que todo está fatal. Sabes que deberías escandalizarte. Pero no puedes apartar la vista.

Porque claro, una cosa es que te digan que los protagonistas son asesinos en serie y otra muy distinta es descubrir que terminas cogiéndoles cariño.

Harper me ganó bastante rápido. Es dura, sarcástica y vulnerable al mismo tiempo, y eso hace que quieras seguir descubriendo capas. Y Nolan... bueno. Digamos que no es precisamente el típico héroe romántico, pero ahí está la gracia.

Lo que más me sorprendió fue que terminé riéndome muchísimo. No esperaba reírme tanto en un libro donde la gente se dedica a matarse con relativa frecuencia.

Hay escenas que son tan absurdas, tan exageradas y tan descaradamente oscuras que acabé soltando carcajadas mientras pensaba: "No debería estar riéndome de esto".

Y aun así me reía.

También me gustó que, debajo de toda la sangre, los cuchillos y las situaciones delirantes, hay personajes rotos intentando sobrevivir como pueden. Eso hace que la historia tenga más fondo del que parece a simple vista.

Y sí, reconozco que cuando llegué al final necesité unos minutos para procesar ciertas cosas, porque este libro tiene la misma energía que una montaña rusa conducida por alguien que claramente no debería tener licencia.

Sabes que algo va a explotar.

No sabes cuándo.

No sabes cómo.

Pero te lo estás pasando demasiado bien como para bajarte.

Y ahora necesito la continuación. Inmediatemente.

 

 Natalia Sancho.   



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