Traducido por: José Luis Piquero
Portada por: Tijana Marinković
Editorial: Hermida Editories
Páginas: 199
Género: Ficción Contemporánea
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Autora: Virginia WoolfTraducción, notas y prólogo: Patricia Díaz PeredaIlustraciones: Andrea ReyesGénero: RelatosEditorial: Páginas de EspumaPáginas: 80 + 16
Violet recopila tres narraciones de Virginia Woolf en 1907 acerca de su íntima amiga de la juventud, Violet Dickinson. Virginia contaba entonces con 26 años y aún faltaban siete años para que publicara su primera novela. Nuestra edición incluye un prólogo de la traductora y experta en la obra Patricia Díaz Pereda e ilustraciones originales a color en papel couché de Andrea Reyes, y simula de un modo exquisito, casi de coleccionista, las ediciones británicas de principios del siglo XX.
Virginia Woolf (1882-1941) es una de las figuras más estimadas del modernismo en lengua inglesa y una figura precursora del movimiento feminista. Con tan solo veintidós años, la escritora de Bloomsbury comenzó a publicar sus primeros ensayos en el periódico Guardian, rescatando y prestigiando la historia de mujeres. Fue la frescura de su prosa y la originalidad de sus críticas literarias, lo que hizo que no tardase en escribir para otras gacetas a propósito de una infinidad de autores contemporáneos. En vista del aluvión de nuevas publicaciones de obras francesas, rusas, irlandesas y estadounidenses en el mundo editorial anglosajón, Woolf supo ver el momento fronterizo que vivía la literatura y aprovechó la ocasión para acometer una empresa ensayística en la que recuerda las bondades de su propia tradición literaria y celebra la llegada de obras extranjeras traducidas a los anaqueles de las librerías. Estas disquisiciones a propósito de la literatura la llevó a urdir novelas tan fundamentales como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Las olas (1937), y ensayos tan conocidos como Un cuarto propio (1929) y Tres guineas (1938).
Violet: cuando Virginia Woolf todavía
estaba jugando
Hay autores que llegan a nuestra vida
con tanta fama, tantos estudios, tantas biografías y tantas frases subrayadas
que una acaba teniendo la sensación de que ya los conoce antes incluso de abrir
uno de sus libros. Virginia Woolf pertenece a ese pequeño grupo de escritores
que parecen venir acompañados de su propio monumento.
Y entonces aparece Violet y
resulta que Virginia Woolf tenía 26 años, estaba escribiendo sobre su amiga
Violet Dickinson y, en lugar de ponerse trascendental, se dedicaba a imaginar
gigantes, monstruos marinos, jardines mágicos y hasta una bañera hecha con
huevos de avestruz.
Pues mira. Así cualquiera se lleva una
sorpresa.
Violet, publicado por Páginas de Espuma en una edición preciosa,
reúne tres relatos escritos por Woolf en 1907 sobre Violet Dickinson, una de
las mujeres más importantes de su juventud. Todavía faltaban unos cuantos años
para que apareciera Fin de viaje, su primera novela, y bastantes más
para que llegara esa Virginia Woolf que hoy asociamos con La señora Dalloway,
Las olas o Una habitación propia.
Aquí todavía estamos ante una escritora
que está probando caminos, jugando con las formas y descubriendo hasta dónde
puede llevar una historia.
Y quizá por eso estos tres relatos
resultan tan curiosos.
El primero, Galería de amistades,
nos presenta a Violet desde una mirada que tiene mucho de retrato, mucho de
caricatura y bastante de declaración de afecto. La protagonista es una mujer
peculiar, enorme, independiente y difícil de encajar en las casillas que la
sociedad tenía preparadas para las mujeres de su época. Woolf convierte esa
peculiaridad en materia literaria y, entre bromas y fantasías, aparece ya una
idea que años después adquirirá una importancia enorme en su obra: la necesidad
de disponer de un espacio propio.
Solo que aquí no tenemos todavía una
habitación.
Tenemos un cottage.
Con sus rosas, sus comodidades y,
detalle importantísimo, sus alcantarillas auténticas.
Virginia sabía perfectamente dónde poner
el toque de humor.
El segundo relato, El jardín mágico,
continúa jugando con la figura de Violet y con esa mezcla tan particular entre
realidad y fantasía. Hay descripciones, personajes y situaciones que parecen ir
cambiando de forma mientras avanzamos, y Woolf observa a su amiga desde
distintos ángulos hasta convertirla casi en un personaje de cuento.
Además, las ilustraciones y las láminas
que acompañan la edición hacen que la lectura tenga algo de viaje en el tiempo.
Páginas de Espuma ha cuidado muchísimo el aspecto del libro, reproduciendo el
aire de aquellas publicaciones de principios del siglo XX. Y aquí el envoltorio
importa, porque Violet es uno de esos libros que apetece tocar, mirar y
volver a abrir incluso después de haber terminado la lectura.
Pero todavía queda el tercer relato.
Y aquí Virginia decide que ya que estamos, podemos olvidarnos tranquilamente de las reglas.
Una Woolf con monstruos, diosas y ganas
de jugar
Una historia para hacerte dormir es, para mí, el relato que termina de
demostrar que esta joven Virginia Woolf no tenía demasiado interés en quedarse
quieta dentro de ningún género.
Nos vamos a un Japón imaginario,
aparecen diosas gigantes, monstruos y transformaciones, y la historia adquiere
un aire de cuento fantástico contado al borde de la cama. Hay algo casi
infantil en su manera de jugar con el paisaje y con la imaginación, aunque
debajo de esa apariencia de cuento también aparecen cuestiones relacionadas con
las mujeres, la libertad, la religión y las formas en las que construimos
nuestras propias sociedades.
Y aquí está una de las cosas que más me
han interesado de Violet: leer estos relatos sabiendo quién llegará a
ser Virginia Woolf.
Porque nosotros conocemos el final de la
película.
Ella no.
Tiene 26 años y todavía está
experimentando. Está buscando su voz, probando estructuras, mezclando
biografía, fantasía, humor y ficción. Y en medio de todo ese juego aparecen
algunas de las semillas que después crecerán en su obra.
También resulta imposible no fijarse en
Violet Dickinson. La relación entre ambas mujeres tiene una intensidad que va
más allá de una simple amistad literaria. Woolf sentía una enorme admiración
por ella y la convirtió en materia de ficción, exagerando sus rasgos hasta
construir una especie de Violet mitológica: altísima, excéntrica,
independiente, divertida y completamente imposible de meter en una casilla.
Quizá por eso estos relatos tienen algo
de homenaje privado.
Virginia estaba escribiendo sobre una
persona a la que quería y conocía bien, pero también estaba descubriendo qué
podía hacer con ella sobre el papel.
Y eso se nota.
Se nota en la libertad, en el humor y
también en esa mezcla extraña entre lo cotidiano y lo fantástico que hace que
una mujer pueda estar hablando tranquilamente con un jardinero y, unas páginas
después, nos encontremos en medio de una historia poblada por criaturas
imposibles.
Hay que recordar, además, que estos
textos estuvieron perdidos durante muchísimo tiempo. Fueron escritos como una
especie de broma privada y no llegaron a publicarse entonces. El manuscrito
permaneció oculto hasta que la investigadora Urmila Seshagiri encontró una
versión corregida mientras buscaba documentación relacionada con Violet
Dickinson.
Y de pronto, más de un siglo después,
tenemos entre las manos una Virginia Woolf que todavía no es del todo la
Virginia Woolf que conocemos.
Y eso tiene bastante encanto.
Porque Violet no es un libro para
acercarse a Woolf esperando encontrar otra Una habitación propia. Aquí
hay algo más pequeño, más juguetón y más extraño. Tres relatos que funcionan
también como una ventana hacia una escritora joven que todavía estaba tanteando
el terreno y descubriendo qué hacer con todas esas ideas que tenía dando
vueltas por la cabeza.
La edición de Páginas de Espuma termina
de redondear la experiencia con las ilustraciones de Andrea Reyes, el prólogo y
las notas de Patricia Díaz Pereda y un cuidado estético que convierte el
volumen casi en un pequeño objeto de colección.
Yo me quedo especialmente con esa
Virginia capaz de escribir sobre la emancipación femenina y, al mismo tiempo,
mandar a sus personajes a enfrentarse con monstruos marinos.
Porque quizá ahí está precisamente lo
divertido de descubrir a una escritora antes de que se convierta en un clásico.
Todavía está jugando.
Y nosotros tenemos la suerte de haber
llegado a tiempo para mirar.
— Natalia Sancho.
Autores: Javier Solís y Verónica García-PeñaIlustraciones: Sandra MárquezGénero: Ensayo / CuentosEditorial: Uve BooksPáginas: 196Idioma: Castellano
La importancia de la mujer en el mito y
la tradición. Feminidad, criaturas y relatos desde la mitología vasca y
asturiana
Hasta no hace tanto, en los pueblos del
norte la mitología servía para explicar lo inexplicable: una tormenta
repentina, la fuente que se secaba, el ganado que enfermaba sin causa. Y en el
centro de muchas de esas explicaciones había una mujer. Diosa, curandera,
bruja, dama de la cueva. Guardianas de las tierras del norte recorre la
mitología de Asturias y el País Vasco para recuperar esas figuras femeninas y
devolverles el papel que tuvieron antes de que la Iglesia, y los siglos, las
convirtieran en simples supersticiones o en amenazas.
Verónica García-Peña y Javier Solís
parten de una idea: que ambas mitologías comparten una misma raíz matriarcal,
una visión del mundo en la que lo femenino crea la naturaleza y la gobierna.
Frente a la imagen heredada ―la sirena que seduce para perder a los hombres, la
vieja hechicera acusada de herejía―, los autores rastrean lo que estas
criaturas significaban en origen: mujeres que se salían de las normas.
El libro mezcla dos registros. Por un
lado, la divulgación, con el rigor de quien conoce las fuentes. Por otro, la
ficción: cada capítulo se cierra con un cuento escrito para la ocasión, que
recoge el aire de las leyendas antiguas y lo prolonga en historias nuevas. El
resultado es un ensayo poco habitual, que se lee como quien escucha un relato
al calor de la lumbre.
Javier Solís Fernández
(Avilés, 1978) es licenciado en Historia
por la Universidad de Oviedo. Especializado en cultura popular asturiana,
mitología y tradición oral, desarrolla una intensa labor divulgativa en medios
de comunicación.Desde 2021 participa en el programa La Buena
Tarde (Radiotelevisión del Principado de Asturias) con la
sección semanal ‘Milenta regatos’, centrada en la mitología, etnografía y el
imaginario oral asturiano. Desde 2023 colabora también en Les Fartures con
el espacio mensual ‘La casa gris’, en el que explora, junto a la
escritora Verónica García-Peña, los vínculos entre la literatura
universal y la gastronomía. Ha publicado junto con la autora Verónica García-
Peña Guardianas de las tierras del norte. Feminidad, criaturas y
relatos de la mitología vasca y asturiana. Editorial Uve Books, año 2026.
Verónica García-Peña
(Oquendo, 1979) es
escritora, socióloga y periodista, dos veces finalista del Premio Planeta
yprefinalista del Premio Ateneo de Sevilla (2023). Licenciada en Sociología y
Periodismo, trabajó como periodista enradio y prensa antes de dedicarse
plenamente a la literatura. Ha publicado cinco novelas y una antología de
relatos;entre sus obras destacan El ladrón de sueños (2016), La isla
de las musas (2020) y Hasta morir la muerte (2024), su más reciente
publicación es El carácter peculiar de algunas cosas (2025), publicado
por Uve Books. Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos podcast,
además de impartir conferencias y talleres de lectura. Tambiénparticipa
activamente en ferias y congresos literarios, y forma parte de jurados en
eventos como la Semana Negra de Gijón.
Las ilustraciones
La ilustración íntegra de la obra
—cubierta e interiores— es obra de Sandra Márquez (Oviedo, 1984), licenciada en
Edición de Arte y Técnicas de Grabado y Estampación por la Escuela de Arte de
Oviedo. Artista visual y diseñadora especializada en el libro impreso, ha
ilustrado y diseñado numerosas ediciones de clásicos de la literatura. Bajo el
seudónimo de Emain Juliana es autora de Simbología de las flores. Arte, cine
y literatura (2021) y Fuerzas ocultas (2023).
Guardianas, diosas y mujeres que nunca
tuvieron demasiada intención de quedarse calladas
Si durante siglos alguien se ha dedicado
a contar historias sobre mujeres que viven en cuevas, hablan con el agua, curan
enfermedades, protegen los bosques o aparecen cuando menos conviene, quizá ha
llegado el momento de escuchar la historia desde el otro lado.
Guardianas de las tierras del norte, de Verónica García-Peña y Javier
Solís, se adentra en la mitología asturiana y vasca a través de figuras como Mari
y la Vieya, el Eguzkilore, las lamias y las sirenas, las xanas y las brujas,
recuperando historias y creencias que han ido cambiando con el paso del tiempo.
El libro se detiene precisamente en esa transformación y en la manera en que
muchas de estas figuras fueron adquiriendo nuevas interpretaciones hasta quedar
asociadas al miedo, la superstición o la amenaza.
La propuesta resulta especialmente
interesante porque pone en relación dos tradiciones que comparten muchos
elementos y lo hace desde una perspectiva centrada en la importancia de lo
femenino dentro del mito y de la tradición oral. Los autores se detienen en las
criaturas, las creencias y los relatos, pero también en la transformación que
sufrieron estas figuras a lo largo de los siglos y en la manera en que
determinadas mujeres que se salían de las normas podían terminar convertidas en
seres incómodos dentro del imaginario popular.
Y aquí aparece una de las
particularidades del libro: Guardianas de las tierras del norte no se
queda únicamente en la divulgación. Cada capítulo incorpora un cuento original
que recoge el ambiente de las antiguas leyendas y lo lleva a un territorio
nuevo, creando un diálogo muy interesante entre investigación y ficción.
El resultado es un libro híbrido,
accesible y muy narrativo, que permite acercarse a la mitología sin necesidad
de ponerse previamente un jersey de profesor universitario y preparar tres
cafés para enfrentarse a él. La parte divulgativa aporta contexto y
conocimiento; los relatos aportan atmósfera, imaginación y esa sensación de
estar escuchando una historia antigua mientras fuera empieza a llover.
Además, las ilustraciones de Sandra Márquez tienen un papel importante dentro del conjunto. No funcionan únicamente como acompañamiento visual, sino que ayudan a construir ese imaginario de bosques, criaturas, mujeres y paisajes del norte que atraviesa todo el libro.
Mi opinión (sin filtros, como siempre)
Tengo que empezar diciendo que con
Verónica García-Peña ya tenía cierta ventaja, porque había leído anteriormente El carácter peculiar de algunas cosas y La isla de las musas, dos
libros bastante diferentes entre sí y que, precisamente por eso, me habían
permitido descubrir facetas muy distintas de su escritura.
En El carácter peculiar de algunas
cosas me conquistó esa manera de convertir objetos, colores y situaciones
aparentemente cotidianas en pequeñas historias cargadas de emoción, misterio y
un puntito de humor negro. La isla de las musas, en cambio, me llevó por
un territorio mucho más oscuro, atmosférico y cercano al misterio gótico, con
esa Galicia de lluvia, niebla, mar y secretos que parecía empeñada en no dejar
dormir tranquilo a nadie.
Así que cuando llegó Guardianas de las tierras del norte tenía claro que quería leerlo, pero además había un motivo todavía más personal: yo soy del norte y me encanta la mitología. Me fascinan las leyendas que han sobrevivido en nuestros pueblos, las historias que se han contado durante generaciones y esa forma tan nuestra de llenar montes, cuevas, bosques, fuentes y caminos de criaturas que quizá no aparecen en ninguna guía turística, pero que forman parte de la memoria de los lugares. Y aquí he disfrutado muchísimo.
Porque encontrarse con Mari, con
la Vieya, con Eguzkilore, con la Xana, con las Lamias,
con las Sorginak o con las Bruxes o con chupadoras de sangre es
adentrarse directamente en ese norte donde la naturaleza nunca ha sido
simplemente un paisaje.
Mari, con toda su fuerza y sus
diferentes rostros, me parece especialmente fascinante. También me ha gustado
detenerme en la Vieya y en Eguzkilore, porque detrás de estas figuras hay toda
una manera de entender la naturaleza, la protección y aquello que nuestros
antepasados no podían explicar de otra manera.
Y luego están las Xanas, las Lamias, las
Sorginak y las Bruxes, con todo ese imaginario que durante siglos ha mezclado
miedo, respeto, fascinación y superstición. Algunas fueron convertidas en
criaturas peligrosas, otras en seres mágicos y otras quedaron atrapadas bajo
etiquetas que terminaron ocultando buena parte de lo que representaban
originalmente.
Eso es precisamente una de las cosas que
más me ha gustado del libro: mirar a estas mujeres y criaturas desde otro
lugar, intentando recuperar qué significaban antes de que los siglos las
llenaran de miedo.
Porque una mujer que conoce las plantas puede ser una curandera. Pero también puede convertirse en una bruja.
Una mujer que vive fuera de las normas puede ser una sabia. O una amenaza.
Y quizá ahí esté una de las preguntas
más interesantes que deja el libro: cuánto de lo que creemos saber sobre estas
figuras procede de la tradición original y cuánto fue cambiando con el tiempo
según quién contaba la historia.
Además, me ha encantado que el libro no
se limite a explicarnos las leyendas, porque los cuentos originales que cierran
cada capítulo consiguen que todo ese imaginario vuelva a respirar. Después de
leer sobre una criatura, una creencia o una tradición, encontrártela
transformada en relato hace que quieras seguir caminando por ese bosque un poco
más.
Y eso, para alguien a quien le gustan
tanto las leyendas como a mí, es peligroso. Porque empiezas leyendo
tranquilamente sobre mitología vasca y asturiana y terminas pensando que quizá
deberías investigar qué criaturas viven cerca de tu casa.
También he disfrutado muchísimo de la
conexión entre la mitología vasca y la asturiana. Son tradiciones que
pertenecen a territorios diferentes, pero que comparten una relación muy
poderosa con la naturaleza, la oralidad y esas historias que pasan de generación
en generación y sobreviven incluso cuando ya casi nadie recuerda quién empezó a
contarlas.
Quizá por eso este libro me ha tocado
especialmente. Porque habla del norte que conozco y del norte que me gusta,
ese norte de montañas, lluvia, bosques, mar, cuevas, caminos y leyendas que
parece guardar una historia detrás de cada esquina.
Después de haber leído a Verónica
García-Peña en registros tan diferentes como El carácter peculiar de algunas
cosas y La isla de las musas, me ha gustado volver a encontrarme con
su escritura en un territorio que siento tan cercano.
Y si además me das mitología, tradición
oral, mujeres, criaturas, leyendas y norte…
Bueno.
Ya puedes imaginar que tenía muy pocas
posibilidades de salir de aquí sin querer seguir leyendo sobre Mari, Lamias,
Xanas y Sorginak durante unas cuantas horas más.
Porque hay lugares que tienen historia.
Y luego está el norte, que además tiene
leyendas.
— Natalia Sancho.
Autor: Jofre CasanovasIdioma: EspañolGénero: Ensayo LiterarioEditorial: MontesinosPáginas: 352Fecha de publicación: 27 de noviembre de 2024
Los secretos de la escritura de la mano
de sus propios autores.
¿Cuáles eran los secretos de los grandes
autores en el arte de su escritura, sus consejos, sus dudas y tribulaciones?
¿Qué visión tenían de la práctica literaria? A través de sus propias palabras
recogidas en ensayos, cartas personales y otros textos, autores que han
transformado la literatura como son Henry James, Virginia Woolf, Jack London,
H. P. Lovecraft, Miguel de Unamuno, Edgar Allan Poe, Rainer Maria Rilke y
Mark Twain entre otros nos adentran en lo más íntimo de su escritorio y su
relación con la escritura.
Montesinos reúne una colección de textos
imprescindibles para cualquier amante de la literatura y la escritura, un
acercamiento a lo más profundo del arte de la escritura y que, como conjunto,
ofrece un retrato literario cuyos ecos resuenan en la literatura de hoy.
¿Qué dice la prensa?
"Lo que ha hecho Jofre Casanovas es
juntar una serie de textos de escritores y escritoras absolutamente
imprescindibles para que al gusto de leerlos añadamos el de conocer de primera
mano el sentido de esa escritura."
AlfonsCervera, InfoLibre, 24/12/2024
"Será un buen manual para todo
aquel lector curioso y el escritor que quiera conocer mejor los entresijos de
la escritura."
"Existen numerosos manuales y
estudios sobre la escritura creativa, sus técnicas y circunstancias, pero pocos
ofrecen la variedad, el rigor y la riqueza de ‘El arte de la escritura’, una
antología de reflexiones y consejos de grandes autores sobre el oficio
literario. Son los maestros quienes nos hablan de escritura, y eso pesa mucho y
para bien. Publicado por la editorial Montesinos, este volumen se convierte en
una referencia imprescindible para quienes aspiran a escribir, pero también
para filólogos, estudiosos de la literatura y lectores apasionados por el
proceso creativo."
RafaelRuiz Pleguezuelos, Córdoba. Caudernos del Sur, 15/03/2025
Jofre Casanovas. Editor de los sellos Montesinos, de narrativa clásica, y Piel de Zapa, dedicado a la novela contemporánea. Combina su labor editorial con la de articulista y otras facetas de la escritura. Es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, e imparte cursos y talleres en este ámbito.
Una mirada al oficio desde quienes lo hicieron literatura.
Hay algo particularmente interesante en El
arte de la escritura: aquí no viene nadie a prometernos la fórmula secreta
para escribir una novela, ni a explicarnos que basta con levantarse a las cinco
de la mañana, escribir mil palabras y beber café como si no hubiera un mañana.
Por suerte. Jofre Casanovas reúne en este volumen las reflexiones, cartas,
ensayos y textos de algunos de los grandes nombres de la literatura para
acercarnos al oficio desde un lugar mucho más interesante: escuchar qué
pensaban ellos mismos cuando se enfrentaban a las palabras, a las dudas, al fracaso,
a la inspiración y a esa criatura bastante escurridiza que llamamos estilo.
La selección reúne voces tan diferentes
como Virginia Woolf, Henry James, Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Rainer
Maria Rilke, Mark Twain, Jack London, Louisa May Alcott, Miguel de Unamuno,
Lewis Carroll o Walter Benjamin, y precisamente ahí está uno de los mayores
atractivos del libro: no existe una única manera de entender la escritura. Cada
autor llega con sus propias obsesiones, manías y certezas, pero también con sus
contradicciones, y de ese diálogo entre épocas surge una visión mucho más
amplia del proceso creativo.
Virginia Woolf habla de las palabras y
de esa intimidad que necesitan para cobrar vida; Rilke insiste en la necesidad
de mirar hacia dentro y aprender a convivir con la soledad; Henry James
reflexiona sobre la ficción y su relación con la vida; Poe explica el proceso
que siguió para construir El cuervo; Lovecraft se detiene en cuestiones
tan concretas como la lectura, el vocabulario, la estructura o los errores
gramaticales, mientras Mark Twain demuestra que hablar de literatura también
puede ser una estupenda ocasión para afilar el cuchillo y lanzarse contra
aquello que uno considera una auténtica catástrofe literaria.
Y quizá sea eso lo que más valor tiene en una recopilación como esta: que los grandes autores dejan de parecer esas figuras lejanas que contemplamos desde la estantería y empiezan a mostrarse como personas que también tuvieron que enfrentarse a páginas en blanco, inseguridades, decisiones equivocadas, problemas con el estilo y preguntas para las que nadie tenía una respuesta definitiva.
La segunda mitad de la lectura es donde, personalmente, el libro empezó a hablarme de otra manera.
Porque una cosa es leer consejos sobre escritura y otra muy distinta encontrarte a Woolf diciéndote que quizá no tengas tanta prisa por publicar, a Benjamin recordándote que no deberías dejar de escribir simplemente porque se hayan terminado las ideas, o a Rilke hablando de la paciencia, la soledad y la necesidad de encontrar dentro de uno mismo aquello que merece ser contado. Algunas páginas las he leído como quien escucha una conversación ajena y, de pronto, descubre que están hablando exactamente de aquello que llevaba días dando vueltas en su propia cabeza.
También he disfrutado especialmente de encontrarme con autores que no parecen estar intentando enseñarte nada, sino sencillamente pensando en voz alta sobre aquello que significa dedicar parte de una vida a escribir. Y ahí el libro gana muchos puntos, porque no pretende convertir la literatura en una ciencia exacta. Más bien demuestra todo lo contrario: puedes leer a trece autores y salir de sus páginas con trece maneras diferentes de entender el oficio.
No todos los textos me han interesado por igual, algo bastante inevitable en una antología de estas características, y algunos requieren una lectura más pausada que otros, pero incluso los que me han resultado menos cercanos aportan algo al conjunto. De hecho, creo que esa variedad es precisamente lo que hace que El arte de la escritura funcione mejor como libro de consulta y de compañía que como un manual que uno deba leer de principio a fin buscando instrucciones.
Porque, después de tantos consejos, teorías y reflexiones, me quedo con una idea bastante sencilla: escribir no consiste en encontrar el método perfecto, sino en descubrir qué necesitas tú para seguir escribiendo cuando el método deja de servirte.
Y eso, teniendo en cuenta la cantidad de libros que existen prometiendo enseñarnos a escribir, ya me parece una conclusión bastante honesta.
Un libro para leer con lápiz cerca, subrayar sin ningún tipo de remordimiento y volver a abrir cuando las palabras decidan ponerse tontas.
— Natalia Sancho.
Autor: HomeroTraducción: Carlos García GualPublicación: 02 de julio de 2026Editorial: Alianza EditorialGénero: Ficción ClásicaPáginas:520
Una travesía que forja héroes, desafía a los dioses y revela lo más profundo del alma humana. Tras la caída de Troya, Odiseo (o Ulises), rey de Ítaca, emprende un viaje que ningún mortal desearía y que solo un espíritu indomable podría soportar. Monstruos que acechan en la oscuridad, islas donde el tiempo se detiene, el canto hipnótico de las Sirenas, tentaciones capaces de quebrar la voluntad más firme y la furia caprichosa de los dioses convierten su regreso en una lucha contra lo imposible. Pero esta no es solo la historia de un guerrero astuto. Es el relato de un hombre que, perdido entre mares desconocidos, se enfrenta a su propia fragilidad mientras su hogar, su reino y su familia lo esperan sin certezas. La Odisea sigue siendo, siglos después, un espejo de nuestras propias búsquedas: el anhelo de volver, de encontrarnos, de resistir. Una aventura inmortal que nos recuerda que el viaje más decisivo no siempre es el que hacemos por el mundo, sino el que emprendemos dentro de nosotros mismos. Atribuidas convencionalmente a Homero, la "Odisea" y la "Ilíada" son una de las piedras angulares de la cultura occidental. La Odisea ha sido desde siempre una mina inagotable de motivos e imágenes para escritores y artistas, la presente versión en prosa de la obra, a cargo de Carlos García Gual, ofrece al lector una aproximación a la obra en una prosa de tersura y elegancia extraordinarias.
Monstruos, naufragios, dioses
caprichosos, islas desconocidas, hechizos, sirenas y un hombre que lleva años
intentando volver a casa. Sobre el papel, La Odisea podría parecer una historia
de aventuras como tantas otras, pero basta avanzar unas páginas para descubrir
que buena parte de lo que hoy entendemos por aventura, fantasía y viaje ya
estaba aquí hace casi tres mil años.
Atribuida tradicionalmente a Homero y
compuesta alrededor del siglo VIII a. C., La Odisea es uno de esos textos que
han terminado filtrándose en nuestra cultura hasta el punto de que conocemos
muchas de sus criaturas y episodios incluso antes de haber leído el poema:
sabemos qué significa enfrentarse a un cíclope, reconocemos el peligro del
canto de las sirenas y hemos visto tantas veces a Ulises intentando regresar a
Ítaca que quizá olvidamos hasta qué punto resulta extraordinario que una
historia concebida hace tantos siglos continúe generando imágenes que seguimos
utilizando hoy.
Pero reducirla a una sucesión de
aventuras sería quedarse en la superficie. Odiseo no está intentando conquistar
un territorio ni convertirse en héroe; quiere regresar. Y ese deseo tan
sencillo convierte el viaje en otra cosa, porque cada isla, cada monstruo y
cada intervención divina se interponen entre él y una vida que, mientras tanto,
continúa esperándolo en Ítaca. Penélope, Telémaco, los pretendientes, los
dioses y todos los personajes que aparecen durante el recorrido construyen una
historia en la que la guerra queda atrás y adquieren mucho más peso la astucia,
la paciencia, la identidad, la fidelidad y la capacidad de sobrevivir cuando
todo parece jugar en contra.
Una de las cosas que más he disfrutado de esta edición de Alianza Editorial es precisamente la posibilidad de acercarse al clásico sin sentir que existe una muralla entre el lector actual y el texto antiguo. La traducción de Carlos García Gual consigue conservar la dimensión literaria de la obra sin convertir su lectura en una carrera de obstáculos.
Y quizá ahí esté una de las razones por
las que La Odisea continúa funcionando: porque detrás de todos sus dioses y
criaturas fantásticas hay una historia tremendamente humana. Un hombre que
quiere volver a casa, una familia que espera, un viaje que se alarga mucho más
de lo previsto y una colección de obstáculos que, vistos desde nuestra época,
tienen algo de maravilloso y algo de terrible.
Con este libro me encontré
con todo un manual de supervivencia.
Porque seamos sinceros: si los dioses griegos tuvieran un grupo de WhatsApp, Odiseo sería probablemente la persona que silenciaría después de cinco minutos. Cada vez que parece que por fin va a conseguir regresar a Ítaca, aparece un dios enfadado, una criatura con muy malas intenciones, una isla de la que no sabe cómo salir o alguna decisión cuestionable que vuelve a mandarlo al quinto pino. Y, sin embargo, ahí sigue.
Lo que más me ha divertido de La Odisea es descubrir que Odiseo no necesita ser el hombre más fuerte de la habitación porque casi siempre intenta ser el más listo. Se mete en problemas y después tiene que pensar cómo salir de ellos; miente, improvisa, cambia de identidad, calcula lo que dice y mide a las personas que tiene delante. No es un héroe perfecto y, de hecho, cuanto más avanzaba en la historia, menos me interesaba verlo como una figura intocable y más como a un hombre extraordinariamente hábil intentando sobrevivir a una colección de situaciones que parecen diseñadas específicamente para acabar con su paciencia.
Y luego está Ítaca. Porque cuanto más lejos está Odiseo de casa, más importante se vuelve ese lugar al que todavía no ha conseguido regresar. La Odisea está llena de viajes, pero para mí siempre ha sido una historia sobre el regreso. Sobre saber dónde quieres estar incluso cuando llevas tanto tiempo lejos que quizá ya no seas exactamente la misma persona que salió de allí.
También me ha fascinado encontrarme con
una historia de la que creía conocer muchísimo antes incluso de abrir el libro.
Cíclopes, sirenas, Calipso, Atenea, el caballo de Troya, Penélope… forman parte
de nuestro imaginario de una manera tan natural que a veces olvidamos de dónde
vienen muchas de esas imágenes. Leerlas dentro de la historia original produce
una sensación curiosísima: es como entrar en una habitación llena de objetos
que reconoces perfectamente y descubrir que ninguno está exactamente donde esperabas.
Y sí, hay partes más lentas. Hay
repeticiones, genealogías, relatos dentro de relatos y momentos en los que uno
puede pensar que Homero se ha venido arriba con los detalles. Pero incluso ahí
hay algo que me gusta: recordar que esta historia nació de una tradición oral y
que durante siglos fue escuchada antes que leída.
Por eso esta edición de Alianza me ha
parecido una magnífica puerta de entrada al clásico. García Gual hace que el
viaje resulte mucho más accesible sin quitarle ese sabor antiguo que tiene que
conservar una obra como esta, y la edición permite disfrutar tanto de la
aventura como de todo lo que hay detrás.
Después de tantos siglos, Odiseo sigue
navegando.
Y, visto lo visto, creo que Ítaca tendrá
que seguir esperando un poquito más.
— Natalia Sancho.
Autora: Maria ParrTraducción: Cristina Gómez-BaggethunPublicación: Zuzanna CelejEditorial: Nórdica LibrosGénero: Novela Juvenil - A partir de 10 añosPáginas: 224
Un cálido homenaje a la infancia y a los
innumerables pequeños y valiosos momentos que nos forman. Una pieza más en el
maravilloso mundo de Maria Parr.
No hay nada mejor que tener un hermano. Aunque a veces... Hay muchas cosas que pueden romperse en una familia normal. Menos mal que Oskar tiene una pistola de pegamento para pegar las cosas. Especialmente las cosas de su hermana mayor Ida. Pero ¿qué pasa con todo lo que no se puede pegar? ¿Las cañas de pescar en el fondo del mar, los sustitutos inesperados y los dinosaurios perdidos? Y esos días en los que todo sale mal, ¿se pueden arreglar? ¡Al menos hay que intentarlo! Simplemente darlo todo y seguir adelante.
(Fiskå, 1981). Escritora noruega. De
pequeña ya era una narradora entusiasta, y mantenía despiertos a sus tres
hermanos hasta altas horas de la madrugada con sus cuentos. Parr comenzó a
escribir historias en la escuela. Estudió Lenguas y Literatura Nórdicas en la
Universidad de Bergen. Actualmente es profesora a tiempo parcial en la escuela
secundaria en Vanylven. Los libros de Maria Parr han ganado muchos premios,
entre ellos el Luchs, el Premio Brage, el Silbernen Griffel y el Prix Sorcière.
Su trabajo también ha sido publicado en numerosos países con mucho éxito. En
2015, recibió por Corazones de gofre el Súper Premio que otorga la prestigiosa
revista Andersen de Italia al mejor libro del año.
Oskar y yo. Lo más importante vuelve a demostrar por qué Maria Parr
se ha convertido en una de las voces más especiales de la literatura infantil
contemporánea. Con una aparente sencillez, la autora noruega construye una
historia llena de humor, ternura y pequeños momentos cotidianos capaces de
revelar algo mucho más grande: la importancia de esos recuerdos que, sin darnos
cuenta, terminan formando nuestra vida.
Narrada por Ida, una niña que intenta
comprender qué significa ser hermana mayor mientras todavía está descubriendo
quién quiere ser, la novela reúne diferentes episodios de su día a día junto a
Oskar, su hermano pequeño. Él es imaginación pura, energía desbordante y una
capacidad extraordinaria para convertir cualquier situación en una aventura;
ella, en cambio, intenta ser responsable, sensata y estar a la altura de lo que
cree que los demás esperan de ella. Entre ambos surge una relación llena de discusiones,
juegos, pequeños enfados y una complicidad que resulta absolutamente
reconocible.
Uno de los grandes aciertos de Maria
Parr es conseguir que lo aparentemente pequeño tenga una enorme importancia.
Una tarde cualquiera, una travesura, una conversación familiar o la búsqueda de
un juguete perdido se convierten en escenas cargadas de emoción porque la
autora entiende algo fundamental: para los niños, esos momentos cotidianos son
los grandes acontecimientos de su mundo.
La novela también aborda temas más
profundos como la pérdida, el duelo, los cambios familiares o la dificultad de
comprender las emociones de los adultos. Lo hace con una enorme sensibilidad,
sin caer en dramatismos innecesarios y respetando la mirada infantil de sus
protagonistas.
Además, destaca la importancia que
concede a la familia, la comunicación y la capacidad de escuchar. Maria Parr no
presenta una infancia perfecta, sino una infancia real, llena de preguntas,
contradicciones, risas y momentos difíciles que ayudan a crecer.
Con capítulos breves, ilustraciones
encantadoras y una narración ágil, Oskar y yo. Lo más importante es una
lectura ideal para compartir en familia, pero también para aquellos adultos que
quieran reencontrarse con esa etapa en la que cualquier pequeño detalle podía
convertirse en algo extraordinario.
Porque, al final, lo más importante no suelen ser las grandes aventuras, sino esas pequeñas cosas que un día recordamos y pensamos: ahí estaba la felicidad.
Tengo una teoría: los niños son expertos
en convertir cualquier cosa en una historia enorme.
Una caja puede ser un barco. Un juguete
perdido puede convertirse en una misión de rescate internacional. Y una tarde
normal en casa puede acabar siendo uno de esos recuerdos que, años después,
aparecen de repente y te hacen sonreír sin saber muy bien por qué.
Y eso es exactamente lo que hace Maria
Parr con Oskar y yo. Lo más importante.
He leído esta novela con una sonrisa
permanente porque Ida y Oskar tienen algo que muchos personajes infantiles
olvidan: parecen niños de verdad. No son pequeños adultos con frases demasiado
perfectas. Se enfadan, se equivocan, sienten celos, quieren tener razón y,
cinco minutos después, están dispuestos a compartirlo todo porque el cariño
pesa mucho más que cualquier pelea.
Oskar es un personaje que llega haciendo ruido y termina quedándose contigo. Tiene ideas imposibles, una
imaginación que va a velocidad de cohete y una lógica infantil que, si la
piensas demasiado, probablemente tiene más sentido que muchas decisiones
adultas.
Pero también me ha gustado muchísimo
Ida. Porque crecer es bastante complicado cuando estás en ese punto extraño en
el que quieres parecer mayor, pero todavía disfrutas de las cosas que te hacen
sentir pequeña. Esa mezcla de querer avanzar y, al mismo tiempo, no querer
perder ciertas partes de la infancia está retratada de una manera preciosa.
Lo que más me ha sorprendido es cómo una
historia tan sencilla consigue hablar de cosas tan importantes. Del miedo a
perder a alguien. De intentar entender por qué los adultos están tristes. De
esas conversaciones familiares que parecen normales, pero que en realidad son
las que construyen nuestra seguridad.
Y luego está ese milagro tan difícil de
encontrar: terminar un libro infantil y pensar que quizá no era solo para
niños.
Porque mientras leía a Ida y Oskar me
acordé de lo que a veces olvidamos los adultos: que nuestra infancia no
estaba hecha de grandes acontecimientos, sino de tardes cualquiera, juegos
inventados, conversaciones en la cocina y personas que hacían que cualquier día
fuese especial.
Así que sí, Maria Parr vuelve a hacer
magia.
Y ahora necesito urgentemente una
pistola de pegamento como la de Oskar. Más que nada porque tengo varias cosas
de adulta que probablemente necesitan reparación.
— Natalia Sancho.