Autora: Laura AngueraPublicación: 09 de octubre de 2025Idioma: EspañolEditorial: ContraluzGénero: Ficción contemporáneaPáginas: 352
Cada miércoles, en la Red Kisses, una
antigua discoteca de barrio que apenas conserva el brillo de otros tiempos, las
luces se atenúan y el tango se adueña de la noche.
Víctor, actor en paro, acude fielmente
semana tras semana, luchando por resurgir de viejas adicciones y heridas de
amores fallidos. Elsa, atrapada en un matrimonio sin amor, se decide por fin a
entrar en el local, dispuesta a romper sus propias cadenas.
Todo tango comienza con un abrazo.
Cuando sus cuerpos se encuentran en la pista, la chispa es inmediata. La
fascinación de Víctor por esa mujer enigmática se convierte en una obsesión, en
ella centra la esperanza de una nueva vida. Pero pronto se verá envuelto en un
triángulo extraño, donde las mentiras dictan las reglas y la frontera entre el
bien y el mal se vuelve difusa.
Avivado por la sensualidad del tango y
la luz titilante de la pista de baile, el deseo entre ambos irá creciendo,
hasta verse obligados a decidir qué límites están dispuestos a traspasar para
alcanzar la tan ansiada rendición.
¿Puede el roce de la mano sobre una
espalda desnuda incendiarlo todo?
Laura Anguera Armengol (Barcelona, 1966)
de niña aseguraba, convencidísima, que iba a ser escritora. Al final cursó
Derecho y un MBA por el IESE, y lleva ya treinta años ejerciendo la abogacía,
una profesión que la ha llevado a trabajar para uno de los más prestigiosos
bufetes nacionales y a asumir la dirección legal de grandes empresas,
incluyendo el mayor grupo audiovisual español y el principal equipo de fútbol
de su ciudad. Una carrera intensa, excitante y a menudo trepidante, que sin
embargo no le ha hecho renunciar a su pasión por la escritura. Una inquietud
que durante años cultivó a través de cuentos y relatos cortos, hasta que un
parón laboral de unos meses le permitió escribir su primera novela (Boom,
2012), en la que ficcionaba el estallido de la burbuja inmobiliaria. Un nuevo
parón (esta vez social, provocado por la pandemia) volvió a dejarle tiempo para
escribir su segunda novela (Nadie me habló de ti/Ningú em va parlar de tu,
2022), una historia de intriga familiar en la pujante Barcelona de la década de
los sesenta, muy bien recibida tanto por los lectores como por la crítica.
Prometió organizarse mejor y no esperar a otra hecatombe para acometer la
tercera novela. Asegura que no ha sido fácil pero, por una vez, ha cumplido su
promesa.
Cuando mi mano bailaba en su espalda de Laura Anguera es una novela de
ficción contemporánea que utiliza el tango como punto de encuentro entre
personajes marcados por sus propias heridas, sus decisiones y aquello que
llevan demasiado tiempo guardándose.
La historia transcurre en la Red Kisses,
una antigua discoteca donde cada semana el tango toma el protagonismo. Allí
coinciden Víctor, un actor que intenta recomponer su vida tras años difíciles,
y Elsa, una mujer que arrastra el peso de un matrimonio que hace tiempo dejó de
ofrecerle aquello que necesita. A partir de ese encuentro, la novela explora el
deseo, la culpa, la dependencia emocional y los límites que cada persona está
dispuesta a cruzar para buscar una nueva oportunidad.
Uno de los aspectos más destacados de la
obra es la construcción emocional de los personajes. Laura Anguera se interesa
más por las grietas internas que por los grandes acontecimientos, permitiendo
que el lector observe sus contradicciones, sus errores y sus anhelos. El tango
funciona además como una metáfora constante de las relaciones humanas:
acercarse, alejarse, seguir el ritmo del otro o perderlo por completo.
La autora apuesta por una narración muy
sensorial, donde los silencios, las miradas y los gestos tienen tanto peso como
los diálogos. La trama avanza con fluidez y combina momentos de intensidad
emocional con otros más reflexivos, creando una lectura absorbente que invita a
acompañar a los personajes en sus decisiones.
En conjunto, se trata de una novela que aborda temas universales como el amor, la pérdida, el deseo de cambiar de vida y la fragilidad de las relaciones humanas, todo ello envuelto en una atmósfera melancólica y profundamente emocional.
Aquí va mi opinión personal, sin filtros:
Os voy a ser sincera: abrí este libro
pensando que la historia iba a girar alrededor del tango y de una relación
complicada. Y sí, eso está ahí. Pero a las pocas páginas ya me encontraba mucho
más pendiente de las personas que de la propia historia de amor y todo porque
de repente quería saber qué les había pasado para llegar hasta ese punto, qué
escondían y por qué me estaban dando tanta pena algunas cosas.
Lo que más me enganchó fue que terminé cogiéndoles confianza a los personajes y unas veces les daba la razón, pero otras me entraban ganas de darles un pequeño toque en la frente. Y cuando un libro consigue eso, para mí ya tiene media partida ganada.
Víctor me dio bastante pena en varios momentos, la verdad. Tiene esa cosa de estar un poco saturado de todo, que quiere volver a empezar pero lleva demasiadas cosas a cuestas y ya no sabe ni por dónde tirar.
Y Elsa… uff, Elsa. Con ella más de una
vez me dieron ganas de pararla en seco, sentarla delante de un café y decirle: "vamos a ver, cuéntame bien qué te está pasando aquí, porque esto huele a que
hay mucho más de lo que estás diciendo".
Además, el tango está presente durante
toda la historia, pero de una forma muy natural. No hace falta que te guste
bailar para entrar en la novela. Lo importante es todo lo que representa: la
cercanía, las dudas, los pasos que das hacia delante y los que das hacia atrás
cuando la vida se complica.
Y una cosa que me gustó mucho es que los
personajes suenan muy reales, muy de carne y hueso. Con sus contradicciones, sus decisiones
discutibles, sus momentos brillantes y sus meteduras de pata. Vamos, como
cualquiera de nosotros cuando intentamos arreglar nuestra vida y terminamos
liándola un poco más.
Cuando cerré el libro me quedé con ese poso que dejan las historias que consiguen tocar alguna tecla por dentro. De las que te acompañan unos días después de terminarlas. Y para mí eso siempre es una muy buena señal.
— Natalia Sancho.




















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