Autor: David RoasIdioma: CastellanoGénero: Terror / AgrohorrorEditorial: Páginas de EspumaPáginas:104Fecha de publicación: marzo de 2026
Bienvenidos al Agrohorror, bienvenidos a
la inquietud y al desasosiego que surgen de lo insólito anidado en nuestros
escenarios rurales de la España vacía, donde la gente ve Netflix y habla de
Tarantino, ha leído cómics y a Stephen King, usa móviles y le pregunta a la IA,
juega sobre una mesa con la güija y compra en IKEA. David Roas cosecha un
conjunto de ficciones en las que lo fantástico y lo humorístico es
cotidianamente real hasta deformarse en lo oscuro, lo grotesco y lo paródico a
lo largo de campos de cereal o bosques cubiertos de niebla. Niños fantasmales,
cerdos zombis, asesinos salvajes o vegetales monstruosos bajo el aliento de la
Santa Compaña. Y ante esa trivialidad y esa soledad de lo rural, el foráneo, el
viajero. Tú.
David Roas (Barcelona, 1965) es escritor y
catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad
Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo
Fantástico (GEF). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los
dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007)
o Monstruario (2021), y de las novelas Celuloide
sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013).
En esta misma editorial ha publicado los libros de cuentos Distorsiones (2010,
VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018)
y Niños (2022). Varios de sus relatos han sido
traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego.
Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras
los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (Páginas
de Espuma, 2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido
al inglés y al italiano. Recientemente ha publicado Historia de lo
fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017)
y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022).
Territorios es un libro de relatos que se mete de lleno en eso que llaman “agrohorror”, que básicamente es una vertiente de la literatura fantástica que lleva lo inquietante al campo de toda la vida.… pero para enseñarnos que lo rural no siempre es tan tranquilo como parece. Aquí, David Roas reúne siete historias que tienen algo en común: en escenarios súper cotidianos, un pueblo, una carretera secundaria, una casa heredada, un campo cualquiera, empiezan a pasar cosas que no encajan. Y lo inquietante es justo eso: que todo empieza siendo normal.
Una de las cosas más interesantes del
libro es cómo convierte el entorno rural en algo casi vivo. No es solo el
decorado donde pasan cosas, es como si el propio paisaje tuviera algo que
decir. Los pueblos, los caminos, los campos… todo va cargándose de una especie
de tensión rara, como si debajo de lo cotidiano hubiera siempre algo esperando.
Y muchas veces no hace falta un monstruo ni un susto grande: lo inquietante
aparece en lo de siempre, pero ligeramente torcido.
El estilo de David Roas es bastante limpio,
sin florituras. Es un autor que no necesita exagerar nada para que te
entre la incomodidad. Y eso funciona muy bien aquí, porque los relatos avanzan
despacio, como si todo fuera normal… hasta que de repente no lo es, y ya es
demasiado tarde para “desleer” lo que has imaginado.
Otro punto curioso es que el libro no se
pone totalmente serio todo el tiempo. Hay humor, hay ironía, incluso momentos
un poco absurdos o paródicos. Y eso hace que el conjunto sea más rico, porque
no te quedas solo con el miedo, también hay una especie de juego con el género,
con el cine, con los clichés del terror.
En el fondo, el libro vuelve siempre a lo mismo, a cómo percibimos la realidad, a lo fácil que es que se nos descoloque lo que dábamos por seguro, y a cómo incluso los lugares más familiares pueden volverse extraños sin avisar.
Así que, en conjunto, Territorios
es una propuesta bastante sólida dentro del fantástico actual en España. Un
libro que no intenta deslumbrar con grandes fuegos artificiales, sino que te va
metiendo una incomodidad lenta, de las que se quedan contigo un rato después
de cerrar el libro. Y está publicado por Páginas de Espuma, que ya es casi
sinónimo de cuento bien trabajado en la narrativa contemporánea.
Te lo digo claro: este libro te deja con
el cuerpo raro. Es una antología que no sabes si has leído relatos o si alguien te ha
dejado viviendo unos días en un pueblo donde la realidad va un poco a su bola.
Territorios va de eso: del campo de toda la vida…
pero con ese filtro travieso que lo vuelve todo sospechoso. No es el típico
terror de “¡BOO!” y te caes del susto. Aquí es más bien un “espera… esto no
debería estar pasando” que te va calando sin pedir permiso. Y cuando te quieres
dar cuenta, ya estás dentro hasta las rodillas, como cuando entras en un camino
de barro y dices “esto era mala idea” pero ya es tarde.
David Roas aquí va con mano fina pero
con mala leche. Coge lo cotidiano, un pueblo cualquiera, una casa heredada que
siempre viene con un poco de drama, una visita al campo para desconectar (error), y lo
tuerce lo justo para que empiece a incomodar. Y lo peor es que te lo crees. Hay
historias que te sacan una sonrisa medio nerviosa, tipo “esto es tan absurdo
que no sé si reír o preocuparme”, y otras que directamente te dejan pensando
“vale, esto me ha mirado a mí”.
Lo más potente es cómo mezcla lo raro
con lo de siempre. Empiezas leyendo algo casi normal, muy “pueblo de toda la
vida”, y de repente estás metida en una situación que dices: “a ver, perdona,
¿en qué momento hemos cruzado esta línea?”. Y aun así, el libro sabe
perfectamente lo que hace.
Y ojo, que esto no es terror serio con
cara de funeral. Aquí hay humor, ironía y un punto de cachondeo oscuro que a
veces te descoloca, pero precisamente por eso engancha. Es como si el libro te
estuviera guiñando el ojo mientras te asusta un poco, lo cual, la verdad, tiene
su mérito.
En resumen: no es un libro que te cuente historias y ya está. Es un libro que te deja una especie de poso inquietante. Como cuando vuelves de un sitio muy tranquilo por la noche y de repente el silencio te parece demasiado ruidoso. Y sí, eso es bastante difícil de conseguir.



















Mil gracias, Natalia.. feliz me hace que te hayan gustado mis delirios rurales
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