«La corona del oráculo II: hábito y mortaja» de Carlos di Urarte

 


Autor: Carlos di Urarte  
Ilutracción: Juan Alberto Hernández 
Género: Fantasía Oscura
Editorial: El Transbordador
Páginas:472
Fecha de publicación: 1 de marzo de 2026

Leo Vicar aguarda en El Cabracho las cuatro ejecuciones a las que fue condenado. Será eviscerado por cuervos, descoyuntado en un diablo de hierro, quemado en un toro de bronce y ahogado en agua marina.

Su ocasional compañía es Afonso Viniste, escriba de la corte de Torreones, encargado de transcribir el relato de sus blasfemias contra los trece mandamientos del Cristo Ahogado.

Mientras Afonso descubre cómo un hábito puede convertirse en mortaja, Theron Leal, inquisidor-procurador y rematador real, inicia una investigación que lo llevará a indagar en secretos incómodos de su fe.

 

Carlos di Urarte (Santander, 1980) lleva 13 años como asesor editorial y lector profesional para editoriales de género. Trabajó en la antigua Gigamesh de Barcelona, y colabora con la escuela de escritura Phantastica como tutor y con cursos sobre grimdark. Ha ganado premios menores y publicado en antologías y aplicaciones.




Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

La corona del oráculo II: Hábito y mortaja de Carlos di Urarte se consolida como una continuación que eleva con fuerza todo lo que ya se intuía en la primera entrega. La novela retoma el destino de Leo Vicar en un punto de máxima tensión y lo sitúa en un escenario donde la fe, la magia y el castigo conviven con una intensidad constante.

La estructura, que alterna tiempos y perspectivas, permite que la historia se expanda con equilibrio. Por un lado, el relato de Leo aporta profundidad a su evolución; por otro, las miradas de Afonso y Theron enriquecen el universo narrativo y abren nuevas líneas de interpretación sobre la fe, el poder y sus grietas.

La ambientación vuelve a destacar como uno de los pilares más sólidos. Conventos, criptas, cárceles y enclaves cargados de simbolismo construyen un entorno denso, casi tangible, donde cada espacio transmite historia y peso propio. El imaginario bebe del folklore y la tradición, pero adquiere una identidad propia que resulta reconocible y poderosa.

En cuanto a los personajes, la novela apuesta por figuras complejas, con claroscuros bien trabajados. Leo evoluciona hacia un perfil más matizado, donde conviven determinación, impulsividad y una carga emocional cada vez más visible. A su alrededor, secundarios con entidad propia aportan dinamismo y enriquecen la trama sin diluir su fuerza.

La prosa de di Urarte mantiene un tono cuidado, con una riqueza léxica que acompaña tanto los momentos más introspectivos como los pasajes de mayor crudeza. El resultado es una narración que fluye con ritmo constante y que sostiene el interés a lo largo de toda la obra.

En conjunto, esta segunda parte amplía el universo, profundiza en sus temas y confirma la solidez de la saga dentro de la fantasía oscura actual.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Este libro me agarró desde el principio y me llevó directo a ese mundo raro, denso y fascinante que tiene Carlos.

Leo… es que Leo se queda contigo. Tiene algo que engancha muchísimo. A veces lo miras y piensas “madre mía, qué estás haciendo”, y otras veces solo quieres seguirle el ritmo porque sabes que algo grande viene detrás. Su historia aquí se siente más intensa, más viva, más cargada de todo.

El convento me tuvo completamente dentro. La mezcla de misterio, magia, secretos y tensión constante me parecía adictiva. Y cuando la historia se abre… ya no hay forma de salir.

Me ha flipado también cómo crece todo: la magia, el mundo, los personajes, las preguntas… Cada capítulo añade algo y te deja con ganas de más. Es de esos libros que lees pensando “vale, uno más” y de repente llevas cincuenta páginas.

Y la forma de escribir… tiene algo especial. Suena potente, cuidada, pero también muy cercana en lo que transmite. Te mete dentro sin darte cuenta.

Terminé el libro con la sensación de “necesito el siguiente ya”. Y con la cabeza llena de imágenes, escenas y personajes que siguen dando vueltas.

Este viaje merece la pena. Mucho.

 

— Natalia Sancho.   


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