Violet, de Virginia Woolf

 


Autora: Virginia Woolf
Traducción, notas y prólogo: Patricia Díaz Pereda
Ilustraciones: Andrea Reyes
Género: Relatos
Páginas: 80 + 16

 

Violet recopila tres narraciones de Virginia Woolf en 1907 acerca de su íntima amiga de la juventud, Violet Dickinson. Virginia contaba entonces con 26 años y aún faltaban siete años para que publicara su primera novela. Nuestra edición incluye un prólogo de la traductora y experta en la obra Patricia Díaz Pereda e ilustraciones originales a color en papel couché de Andrea Reyes, y simula de un modo exquisito, casi de coleccionista, las ediciones británicas de principios del siglo XX.




Virginia Woolf (1882-1941) es una de las figuras más estimadas del modernismo en lengua inglesa y una figura precursora del movimiento feminista. Con tan solo veintidós años, la escritora de Bloomsbury comenzó a publicar sus primeros ensayos en el periódico Guardian, rescatando y prestigiando la historia de mujeres. Fue la frescura de su prosa y la originalidad de sus críticas literarias, lo que hizo que no tardase en escribir para otras gacetas a propósito de una infinidad de autores contemporáneos. En vista del aluvión de nuevas publicaciones de obras francesas, rusas, irlandesas y estadounidenses en el mundo editorial anglosajón, Woolf supo ver el momento fronterizo que vivía la literatura y aprovechó la ocasión para acometer una empresa ensayística en la que recuerda las bondades de su propia tradición literaria y celebra la llegada de obras extranjeras traducidas a los anaqueles de las librerías. Estas disquisiciones a propósito de la literatura la llevó a urdir novelas tan fundamentales como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Las olas (1937), y ensayos tan conocidos como Un cuarto propio (1929) y Tres guineas (1938). 



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.  

Violet: cuando Virginia Woolf todavía estaba jugando

Hay autores que llegan a nuestra vida con tanta fama, tantos estudios, tantas biografías y tantas frases subrayadas que una acaba teniendo la sensación de que ya los conoce antes incluso de abrir uno de sus libros. Virginia Woolf pertenece a ese pequeño grupo de escritores que parecen venir acompañados de su propio monumento.

Y entonces aparece Violet y resulta que Virginia Woolf tenía 26 años, estaba escribiendo sobre su amiga Violet Dickinson y, en lugar de ponerse trascendental, se dedicaba a imaginar gigantes, monstruos marinos, jardines mágicos y hasta una bañera hecha con huevos de avestruz.

Pues mira. Así cualquiera se lleva una sorpresa.

Violet, publicado por Páginas de Espuma en una edición preciosa, reúne tres relatos escritos por Woolf en 1907 sobre Violet Dickinson, una de las mujeres más importantes de su juventud. Todavía faltaban unos cuantos años para que apareciera Fin de viaje, su primera novela, y bastantes más para que llegara esa Virginia Woolf que hoy asociamos con La señora Dalloway, Las olas o Una habitación propia.

Aquí todavía estamos ante una escritora que está probando caminos, jugando con las formas y descubriendo hasta dónde puede llevar una historia.

Y quizá por eso estos tres relatos resultan tan curiosos.

El primero, Galería de amistades, nos presenta a Violet desde una mirada que tiene mucho de retrato, mucho de caricatura y bastante de declaración de afecto. La protagonista es una mujer peculiar, enorme, independiente y difícil de encajar en las casillas que la sociedad tenía preparadas para las mujeres de su época. Woolf convierte esa peculiaridad en materia literaria y, entre bromas y fantasías, aparece ya una idea que años después adquirirá una importancia enorme en su obra: la necesidad de disponer de un espacio propio.

Solo que aquí no tenemos todavía una habitación.

Tenemos un cottage.

Con sus rosas, sus comodidades y, detalle importantísimo, sus alcantarillas auténticas.

Virginia sabía perfectamente dónde poner el toque de humor.

El segundo relato, El jardín mágico, continúa jugando con la figura de Violet y con esa mezcla tan particular entre realidad y fantasía. Hay descripciones, personajes y situaciones que parecen ir cambiando de forma mientras avanzamos, y Woolf observa a su amiga desde distintos ángulos hasta convertirla casi en un personaje de cuento.

Además, las ilustraciones y las láminas que acompañan la edición hacen que la lectura tenga algo de viaje en el tiempo. Páginas de Espuma ha cuidado muchísimo el aspecto del libro, reproduciendo el aire de aquellas publicaciones de principios del siglo XX. Y aquí el envoltorio importa, porque Violet es uno de esos libros que apetece tocar, mirar y volver a abrir incluso después de haber terminado la lectura.

Pero todavía queda el tercer relato.

Y aquí Virginia decide que ya que estamos, podemos olvidarnos tranquilamente de las reglas.

Una Woolf con monstruos, diosas y ganas de jugar

Una historia para hacerte dormir es, para mí, el relato que termina de demostrar que esta joven Virginia Woolf no tenía demasiado interés en quedarse quieta dentro de ningún género.

Nos vamos a un Japón imaginario, aparecen diosas gigantes, monstruos y transformaciones, y la historia adquiere un aire de cuento fantástico contado al borde de la cama. Hay algo casi infantil en su manera de jugar con el paisaje y con la imaginación, aunque debajo de esa apariencia de cuento también aparecen cuestiones relacionadas con las mujeres, la libertad, la religión y las formas en las que construimos nuestras propias sociedades.

Y aquí está una de las cosas que más me han interesado de Violet: leer estos relatos sabiendo quién llegará a ser Virginia Woolf.

Porque nosotros conocemos el final de la película.

Ella no.

Tiene 26 años y todavía está experimentando. Está buscando su voz, probando estructuras, mezclando biografía, fantasía, humor y ficción. Y en medio de todo ese juego aparecen algunas de las semillas que después crecerán en su obra.

También resulta imposible no fijarse en Violet Dickinson. La relación entre ambas mujeres tiene una intensidad que va más allá de una simple amistad literaria. Woolf sentía una enorme admiración por ella y la convirtió en materia de ficción, exagerando sus rasgos hasta construir una especie de Violet mitológica: altísima, excéntrica, independiente, divertida y completamente imposible de meter en una casilla.

Quizá por eso estos relatos tienen algo de homenaje privado.

Virginia estaba escribiendo sobre una persona a la que quería y conocía bien, pero también estaba descubriendo qué podía hacer con ella sobre el papel.

Y eso se nota.

Se nota en la libertad, en el humor y también en esa mezcla extraña entre lo cotidiano y lo fantástico que hace que una mujer pueda estar hablando tranquilamente con un jardinero y, unas páginas después, nos encontremos en medio de una historia poblada por criaturas imposibles.

Hay que recordar, además, que estos textos estuvieron perdidos durante muchísimo tiempo. Fueron escritos como una especie de broma privada y no llegaron a publicarse entonces. El manuscrito permaneció oculto hasta que la investigadora Urmila Seshagiri encontró una versión corregida mientras buscaba documentación relacionada con Violet Dickinson.

Y de pronto, más de un siglo después, tenemos entre las manos una Virginia Woolf que todavía no es del todo la Virginia Woolf que conocemos.

Y eso tiene bastante encanto.

Porque Violet no es un libro para acercarse a Woolf esperando encontrar otra Una habitación propia. Aquí hay algo más pequeño, más juguetón y más extraño. Tres relatos que funcionan también como una ventana hacia una escritora joven que todavía estaba tanteando el terreno y descubriendo qué hacer con todas esas ideas que tenía dando vueltas por la cabeza.

La edición de Páginas de Espuma termina de redondear la experiencia con las ilustraciones de Andrea Reyes, el prólogo y las notas de Patricia Díaz Pereda y un cuidado estético que convierte el volumen casi en un pequeño objeto de colección.

Yo me quedo especialmente con esa Virginia capaz de escribir sobre la emancipación femenina y, al mismo tiempo, mandar a sus personajes a enfrentarse con monstruos marinos.

Porque quizá ahí está precisamente lo divertido de descubrir a una escritora antes de que se convierta en un clásico.

Todavía está jugando.

Y nosotros tenemos la suerte de haber llegado a tiempo para mirar.


 — Natalia Sancho.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

data:newerPageTitle data:olderPageTitle data:homeMsg