Guardianas de las tierras del norte, de Javier Solís y Verónica García-Peña

 


Autores: Javier Solís y Verónica García-Peña
Ilustraciones: Sandra Márquez  
Género: Ensayo / Cuentos
Editorial: Uve Books
Páginas: 196
Idioma: Castellano 


La importancia de la mujer en el mito y la tradición. Feminidad, criaturas y relatos desde la mitología vasca y asturiana

Hasta no hace tanto, en los pueblos del norte la mitología servía para explicar lo inexplicable: una tormenta repentina, la fuente que se secaba, el ganado que enfermaba sin causa. Y en el centro de muchas de esas explicaciones había una mujer. Diosa, curandera, bruja, dama de la cueva. Guardianas de las tierras del norte recorre la mitología de Asturias y el País Vasco para recuperar esas figuras femeninas y devolverles el papel que tuvieron antes de que la Iglesia, y los siglos, las convirtieran en simples supersticiones o en amenazas.

Verónica García-Peña y Javier Solís parten de una idea: que ambas mitologías comparten una misma raíz matriarcal, una visión del mundo en la que lo femenino crea la naturaleza y la gobierna. Frente a la imagen heredada ―la sirena que seduce para perder a los hombres, la vieja hechicera acusada de herejía―, los autores rastrean lo que estas criaturas significaban en origen: mujeres que se salían de las normas.

El libro mezcla dos registros. Por un lado, la divulgación, con el rigor de quien conoce las fuentes. Por otro, la ficción: cada capítulo se cierra con un cuento escrito para la ocasión, que recoge el aire de las leyendas antiguas y lo prolonga en historias nuevas. El resultado es un ensayo poco habitual, que se lee como quien escucha un relato al calor de la lumbre.

 

                                                                       


Javier Solís Fernández

(Avilés, 1978) es licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo. Especializado en cultura popular asturiana, mitología y tradición oral, desarrolla una intensa labor divulgativa en medios de comunicación.Desde 2021 participa en el programa La Buena Tarde (Radiotelevisión del Principado de Asturias) con la sección semanal ‘Milenta regatos’, centrada en la mitología, etnografía y el imaginario oral asturiano. Desde 2023 colabora también en Les Fartures con el espacio mensual ‘La casa gris’, en el que explora, junto a la escritora Verónica García-Peña, los vínculos entre la literatura universal y la gastronomía. Ha publicado junto con la autora Verónica García- Peña Guardianas de las tierras del norte. Feminidad, criaturas y relatos de la mitología vasca y asturiana. Editorial Uve Books, año 2026.



Verónica García-Peña 

(Oquendo, 1979) es escritora, socióloga y periodista, dos veces finalista del Premio Planeta yprefinalista del Premio Ateneo de Sevilla (2023). Licenciada en Sociología y Periodismo, trabajó como periodista enradio y prensa antes de dedicarse plenamente a la literatura. Ha publicado cinco novelas y una antología de relatos;entre sus obras destacan El ladrón de sueños (2016), La isla de las musas (2020) y Hasta morir la muerte (2024), su más reciente publicación es El carácter peculiar de algunas cosas (2025), publicado por Uve Books. Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos podcast, además de impartir conferencias y talleres de lectura. Tambiénparticipa activamente en ferias y congresos literarios, y forma parte de jurados en eventos como la Semana Negra de Gijón.


Las ilustraciones

La ilustración íntegra de la obra —cubierta e interiores— es obra de Sandra Márquez (Oviedo, 1984), licenciada en Edición de Arte y Técnicas de Grabado y Estampación por la Escuela de Arte de Oviedo. Artista visual y diseñadora especializada en el libro impreso, ha ilustrado y diseñado numerosas ediciones de clásicos de la literatura. Bajo el seudónimo de Emain Juliana es autora de Simbología de las flores. Arte, cine y literatura (2021) y Fuerzas ocultas (2023).


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Guardianas, diosas y mujeres que nunca tuvieron demasiada intención de quedarse calladas

Si durante siglos alguien se ha dedicado a contar historias sobre mujeres que viven en cuevas, hablan con el agua, curan enfermedades, protegen los bosques o aparecen cuando menos conviene, quizá ha llegado el momento de escuchar la historia desde el otro lado.

Guardianas de las tierras del norte, de Verónica García-Peña y Javier Solís, se adentra en la mitología asturiana y vasca a través de figuras como Mari y la Vieya, el Eguzkilore, las lamias y las sirenas, las xanas y las brujas, recuperando historias y creencias que han ido cambiando con el paso del tiempo. El libro se detiene precisamente en esa transformación y en la manera en que muchas de estas figuras fueron adquiriendo nuevas interpretaciones hasta quedar asociadas al miedo, la superstición o la amenaza.

La propuesta resulta especialmente interesante porque pone en relación dos tradiciones que comparten muchos elementos y lo hace desde una perspectiva centrada en la importancia de lo femenino dentro del mito y de la tradición oral. Los autores se detienen en las criaturas, las creencias y los relatos, pero también en la transformación que sufrieron estas figuras a lo largo de los siglos y en la manera en que determinadas mujeres que se salían de las normas podían terminar convertidas en seres incómodos dentro del imaginario popular.

Y aquí aparece una de las particularidades del libro: Guardianas de las tierras del norte no se queda únicamente en la divulgación. Cada capítulo incorpora un cuento original que recoge el ambiente de las antiguas leyendas y lo lleva a un territorio nuevo, creando un diálogo muy interesante entre investigación y ficción.

El resultado es un libro híbrido, accesible y muy narrativo, que permite acercarse a la mitología sin necesidad de ponerse previamente un jersey de profesor universitario y preparar tres cafés para enfrentarse a él. La parte divulgativa aporta contexto y conocimiento; los relatos aportan atmósfera, imaginación y esa sensación de estar escuchando una historia antigua mientras fuera empieza a llover.

Además, las ilustraciones de Sandra Márquez tienen un papel importante dentro del conjunto. No funcionan únicamente como acompañamiento visual, sino que ayudan a construir ese imaginario de bosques, criaturas, mujeres y paisajes del norte que atraviesa todo el libro.


Mi opinión (sin filtros, como siempre)

Tengo que empezar diciendo que con Verónica García-Peña ya tenía cierta ventaja, porque había leído anteriormente El carácter peculiar de algunas cosas y La isla de las musas, dos libros bastante diferentes entre sí y que, precisamente por eso, me habían permitido descubrir facetas muy distintas de su escritura.

En El carácter peculiar de algunas cosas me conquistó esa manera de convertir objetos, colores y situaciones aparentemente cotidianas en pequeñas historias cargadas de emoción, misterio y un puntito de humor negro. La isla de las musas, en cambio, me llevó por un territorio mucho más oscuro, atmosférico y cercano al misterio gótico, con esa Galicia de lluvia, niebla, mar y secretos que parecía empeñada en no dejar dormir tranquilo a nadie.

Así que cuando llegó Guardianas de las tierras del norte tenía claro que quería leerlo, pero además había un motivo todavía más personal: yo soy del norte y me encanta la mitología. Me fascinan las leyendas que han sobrevivido en nuestros pueblos, las historias que se han contado durante generaciones y esa forma tan nuestra de llenar montes, cuevas, bosques, fuentes y caminos de criaturas que quizá no aparecen en ninguna guía turística, pero que forman parte de la memoria de los lugares. Y aquí he disfrutado muchísimo.

Porque encontrarse con Mari, con la Vieya, con Eguzkilore, con la Xana, con las Lamias, con las Sorginak o con las Bruxes o con chupadoras de sangre es adentrarse directamente en ese norte donde la naturaleza nunca ha sido simplemente un paisaje.

Mari, con toda su fuerza y sus diferentes rostros, me parece especialmente fascinante. También me ha gustado detenerme en la Vieya y en Eguzkilore, porque detrás de estas figuras hay toda una manera de entender la naturaleza, la protección y aquello que nuestros antepasados no podían explicar de otra manera.

Y luego están las Xanas, las Lamias, las Sorginak y las Bruxes, con todo ese imaginario que durante siglos ha mezclado miedo, respeto, fascinación y superstición. Algunas fueron convertidas en criaturas peligrosas, otras en seres mágicos y otras quedaron atrapadas bajo etiquetas que terminaron ocultando buena parte de lo que representaban originalmente.

Eso es precisamente una de las cosas que más me ha gustado del libro: mirar a estas mujeres y criaturas desde otro lugar, intentando recuperar qué significaban antes de que los siglos las llenaran de miedo.

Porque una mujer que conoce las plantas puede ser una curandera. Pero también puede convertirse en una bruja.

Una mujer que vive fuera de las normas puede ser una sabia. O una amenaza.

Y quizá ahí esté una de las preguntas más interesantes que deja el libro: cuánto de lo que creemos saber sobre estas figuras procede de la tradición original y cuánto fue cambiando con el tiempo según quién contaba la historia.

Además, me ha encantado que el libro no se limite a explicarnos las leyendas, porque los cuentos originales que cierran cada capítulo consiguen que todo ese imaginario vuelva a respirar. Después de leer sobre una criatura, una creencia o una tradición, encontrártela transformada en relato hace que quieras seguir caminando por ese bosque un poco más.

Y eso, para alguien a quien le gustan tanto las leyendas como a mí, es peligroso. Porque empiezas leyendo tranquilamente sobre mitología vasca y asturiana y terminas pensando que quizá deberías investigar qué criaturas viven cerca de tu casa. 

También he disfrutado muchísimo de la conexión entre la mitología vasca y la asturiana. Son tradiciones que pertenecen a territorios diferentes, pero que comparten una relación muy poderosa con la naturaleza, la oralidad y esas historias que pasan de generación en generación y sobreviven incluso cuando ya casi nadie recuerda quién empezó a contarlas.

Quizá por eso este libro me ha tocado especialmente. Porque habla del norte que conozco y del norte que me gusta, ese norte de montañas, lluvia, bosques, mar, cuevas, caminos y leyendas que parece guardar una historia detrás de cada esquina.

Después de haber leído a Verónica García-Peña en registros tan diferentes como El carácter peculiar de algunas cosas y La isla de las musas, me ha gustado volver a encontrarme con su escritura en un territorio que siento tan cercano.

Y si además me das mitología, tradición oral, mujeres, criaturas, leyendas y norte…

Bueno.

Ya puedes imaginar que tenía muy pocas posibilidades de salir de aquí sin querer seguir leyendo sobre Mari, Lamias, Xanas y Sorginak durante unas cuantas horas más. 

Porque hay lugares que tienen historia.

Y luego está el norte, que además tiene leyendas.

 

Natalia Sancho.       

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