Traducido por: Karolina Jaszecka
Ilustraciones: Emilia Dziubak
Editorial: Nórdica Libros
Páginas: 176
Género: Infantil. A partir de 9 años
Un relato sobre la esperanza y la amistad entre generaciones, una historia que abriga el corazón
Mati tiene su propia habitación, una amiga llamada Tonia y ¡la mamá más guay del mundo! Pero desde que papá se marchó de casa, al chico le cuesta más disfrutar de todo eso. Y mamá tampoco es la misma de antes. ¿Habrá alguna manera de espantar la tristeza que se cuela en casa sin hacer ruido?
¡De pronto aparece el señor Alberto: ¡el abuelo soñado! El mejor compañero para
expediciones llenas de aventuras, para cocinar platos mágicos y construir
cometas de colores. Poco a poco, la vida vuelve a llenarse de luz. Y quién
sabe… Quizá cuando la cometa multicolor baile en el cielo, papá la vea y
encuentre el camino de regreso.
Escribe para adultos, adolescentes y niños, y sus libros siempre son recibidos con entusiasmo por lectores y críticos. Ha ganado prestigiosos premios en su país de origen, Polonia. Tiene un doctorado en estudios literarios. Y es también autora de audiolibros dramatizados para niños y adolescentes.
Mati
tiene una habitación propia, una amiga llamada Tonia y una madre a la que
quiere con locura. Pero su padre se ha marchado de casa y, desde entonces, las
cosas ya no son como antes. Mamá está triste, él tampoco termina de encontrarse
bien y nadie parece tener una solución para que todo vuelva a ser como era.
Entonces
aparece el señor Alberto. Es un vecino mayor que se convertirá en su compañero
de aventuras, en el encargado de enseñarle a preparar platos especiales y,
sobre todo, en alguien con quien compartir el tiempo sin tener que fingir que
está contento. Juntos construirán una cometa de muchos colores. Mati tiene una
esperanza: quizá su padre la vea volar y decida regresar.
Barbara
Kosmowska vuelve a acercarse al mundo infantil para contar una historia sobre
la separación familiar y cómo la viven los niños. Ya lo hizo en Udo, elreparador de corazones, donde hablaba de la igualdad y la empatía a través
de las aventuras de una liebre con mucha imaginación. Aquí cambia el escenario
y deja un poco más de espacio a la tristeza, aunque tampoco falta el humor.
Lo que me
gusta de su manera de escribir es que no parece tener prisa por explicarles a
los pequeños cómo deben sentirse. Mati está triste porque su familia ha
cambiado, y punto. No siempre sabe expresar lo que le pasa y tampoco tiene por
qué encontrar enseguida una respuesta. Los niños pueden entender muchas cosas
antes de saber explicarlas, y la novela se mueve bastante bien en ese terreno.
La
relación entre Mati y el señor Alberto es uno de los puntos fuertes de la
historia. No hace falta que este vecino tenga un discurso preparado para
ayudarlo. Le ofrece su compañía y comparte con él su tiempo. A veces, con eso
ya se consigue que un día malo sea un poco menos malo.
La
narración es sencilla y los capítulos cortos hacen que se lea con facilidad.
También aparecen fragmentos del Libro de los Secretos de Mati, que
permiten asomarnos a sus pensamientos y entender mejor cómo está viviendo la
situación. Es una forma de acercarnos al protagonista sin complicar una
historia pensada para lectores infantiles.
Y después
están las ilustraciones de Emilia Dziubak. Tienen ese cuidado por los detalles
que invita a detenerse en las páginas en lugar de pasar por ellas a toda
velocidad. La edición de Nórdica Libros, con traducción de Karolina Jaszecka,
acompaña muy bien el conjunto y está cuidada hasta en los pequeños detalles
decorativos.
Tengo
debilidad por los libros infantiles que tratan a los niños como personas
capaces de entender el mundo, aunque todavía les falten unas cuantas piezas
para encajar todo lo que les pasa. Por eso me gustó Udo, el reparador de
corazones, y por eso también he disfrutado de La cometa.
Barbara
Kosmowska tiene bastante claro que no hace falta soltar un sermón para hablar
de cosas importantes. En Udo lo hacía a través del humor y de un pequeño
inventor que tenía más ideas que recursos. Aquí se mete en un asunto más
delicado y nos presenta a un niño que no sabe muy bien qué hacer con la
tristeza que ha entrado en su casa.
Me ha
gustado especialmente el señor Alberto. Es un personaje que no necesita ponerse estupendo para ganarse el cariño del lector. Está ahí, comparte sus
aficiones con Mati y le ayuda a pasar los días. No intenta arreglarle la vida
en dos tardes ni le exige que esté contento para que los demás puedan estar
tranquilos. Y oye, eso ya es bastante.
La
historia también tiene su punto de humor, que se agradece. Porque hablar de una
separación familiar no significa que todo tenga que ser triste de principio a
fin. La vida sigue, incluso cuando las cosas se ponen feas, y los niños
continúan teniendo ganas de jugar, de reírse y de hacer planes. Me parece un
acierto que el libro no se olvide de eso.
Ahora
bien, hay una cosa que me ha chirriado un poco: la infancia que presenta me
parece bastante idealizada. La forma de jugar de Mati y su manera de
relacionarse me han recordado a una época en la que parecía que teníamos más
tiempo para aburrirnos, inventar historias y salir a la calle sin tantas
distracciones. Quizá sea una impresión muy personal, pero esa imagen de la
infancia me resulta un poco alejada de la realidad de muchos niños de hoy.
Eso no me
ha impedido disfrutar de la lectura. Simplemente, es un aspecto que he notado y
que me ha hecho mirar la historia desde cierta distancia.
Las
ilustraciones de Emilia Dziubak son una maravilla. Tienen tantos detalles que
apetece quedarse un rato mirando las páginas. Y la edición de Nórdica también
suma puntos: es uno de esos libros que da gusto tener entre las manos.
Creo que
puede ser una lectura estupenda para compartir con los niños, especialmente si
en casa o en su entorno están pasando por una separación familiar. No porque
vaya a dar respuestas mágicas, ojalá los libros pudieran hacer eso, sino
porque puede ayudar a poner en palabras sentimientos que a veces cuesta mucho
explicar.
Y si algo
me llevo de La cometa es que no siempre hace falta encontrar la manera
de solucionar la tristeza de alguien. A veces basta con acompañarlo mientras
aprende a convivir con ella.
Esta novela puede gustar especialmente a...
- Niños y niñas a partir de nueve años
que disfruten de historias cercanas y de personajes con los que puedan
identificarse.
- Familias que quieran hablar sobre la
separación de los padres sin convertir la conversación en un
interrogatorio.
- Docentes que busquen una lectura para
trabajar la empatía y las emociones en el aula.
- Lectores que disfruten de libros infantiles
ilustrados con mucho mimo.
- Adultos que, como yo, agradezcan las historias infantiles que no necesitan dar lecciones para dejar un buen mensaje.
En
definitiva, La cometa es una lectura cálida que habla de una situación
difícil desde la mirada de un niño. Mati no tiene todas las respuestas, y los
adultos que lo rodean tampoco pueden conseguir que las cosas vuelvan a ser
exactamente como antes. Pero el señor Alberto le ofrece su compañía y una
cometa que quizá llegue hasta su padre. Y, mientras Mati siga teniendo ganas de
hacerla volar, todavía habrá sitio para la esperanza.




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