La cometa, de Barbara Kosmowska

 



FICHA DEL LIBRO
Autora: Barbara Kosmowska 
Traducido por: Karolina Jaszecka
Ilustraciones: Emilia Dziubak
Editorial: Nórdica Libros
Páginas: 176
Género: Infantil. A partir de 9 años
SINOPSIS

Un relato sobre la esperanza y la amistad entre generaciones, una historia que abriga el corazón

Mati tiene su propia habitación, una amiga llamada Tonia y ¡la mamá más guay del mundo! Pero desde que papá se marchó de casa, al chico le cuesta más disfrutar de todo eso. Y mamá tampoco es la misma de antes. ¿Habrá alguna manera de espantar la tristeza que se cuela en casa sin hacer ruido?

¡De pronto aparece el señor Alberto: ¡el abuelo soñado! El mejor compañero para expediciones llenas de aventuras, para cocinar platos mágicos y construir cometas de colores. Poco a poco, la vida vuelve a llenarse de luz. Y quién sabe… Quizá cuando la cometa multicolor baile en el cielo, papá la vea y encuentre el camino de regreso.

SOBRE LA  AUTORA

Escribe para adultos, adolescentes y niños, y sus libros siempre son recibidos con entusiasmo por lectores y críticos. Ha ganado prestigiosos premios en su país de origen, Polonia. Tiene un doctorado en estudios literarios. Y es también autora de audiolibros dramatizados para niños y adolescentes.

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Mati tiene una habitación propia, una amiga llamada Tonia y una madre a la que quiere con locura. Pero su padre se ha marchado de casa y, desde entonces, las cosas ya no son como antes. Mamá está triste, él tampoco termina de encontrarse bien y nadie parece tener una solución para que todo vuelva a ser como era.

Entonces aparece el señor Alberto. Es un vecino mayor que se convertirá en su compañero de aventuras, en el encargado de enseñarle a preparar platos especiales y, sobre todo, en alguien con quien compartir el tiempo sin tener que fingir que está contento. Juntos construirán una cometa de muchos colores. Mati tiene una esperanza: quizá su padre la vea volar y decida regresar.

Barbara Kosmowska vuelve a acercarse al mundo infantil para contar una historia sobre la separación familiar y cómo la viven los niños. Ya lo hizo en Udo, elreparador de corazones, donde hablaba de la igualdad y la empatía a través de las aventuras de una liebre con mucha imaginación. Aquí cambia el escenario y deja un poco más de espacio a la tristeza, aunque tampoco falta el humor.

Lo que me gusta de su manera de escribir es que no parece tener prisa por explicarles a los pequeños cómo deben sentirse. Mati está triste porque su familia ha cambiado, y punto. No siempre sabe expresar lo que le pasa y tampoco tiene por qué encontrar enseguida una respuesta. Los niños pueden entender muchas cosas antes de saber explicarlas, y la novela se mueve bastante bien en ese terreno.

La relación entre Mati y el señor Alberto es uno de los puntos fuertes de la historia. No hace falta que este vecino tenga un discurso preparado para ayudarlo. Le ofrece su compañía y comparte con él su tiempo. A veces, con eso ya se consigue que un día malo sea un poco menos malo.

La narración es sencilla y los capítulos cortos hacen que se lea con facilidad. También aparecen fragmentos del Libro de los Secretos de Mati, que permiten asomarnos a sus pensamientos y entender mejor cómo está viviendo la situación. Es una forma de acercarnos al protagonista sin complicar una historia pensada para lectores infantiles.

Y después están las ilustraciones de Emilia Dziubak. Tienen ese cuidado por los detalles que invita a detenerse en las páginas en lugar de pasar por ellas a toda velocidad. La edición de Nórdica Libros, con traducción de Karolina Jaszecka, acompaña muy bien el conjunto y está cuidada hasta en los pequeños detalles decorativos.

MI OPINIÓN (SIN FILTROS, COMO SIEMPRE)

Tengo debilidad por los libros infantiles que tratan a los niños como personas capaces de entender el mundo, aunque todavía les falten unas cuantas piezas para encajar todo lo que les pasa. Por eso me gustó Udo, el reparador de corazones, y por eso también he disfrutado de La cometa.

Barbara Kosmowska tiene bastante claro que no hace falta soltar un sermón para hablar de cosas importantes. En Udo lo hacía a través del humor y de un pequeño inventor que tenía más ideas que recursos. Aquí se mete en un asunto más delicado y nos presenta a un niño que no sabe muy bien qué hacer con la tristeza que ha entrado en su casa.

Me ha gustado especialmente el señor Alberto. Es un personaje que no necesita ponerse estupendo para ganarse el cariño del lector. Está ahí, comparte sus aficiones con Mati y le ayuda a pasar los días. No intenta arreglarle la vida en dos tardes ni le exige que esté contento para que los demás puedan estar tranquilos. Y oye, eso ya es bastante.

La historia también tiene su punto de humor, que se agradece. Porque hablar de una separación familiar no significa que todo tenga que ser triste de principio a fin. La vida sigue, incluso cuando las cosas se ponen feas, y los niños continúan teniendo ganas de jugar, de reírse y de hacer planes. Me parece un acierto que el libro no se olvide de eso.

Ahora bien, hay una cosa que me ha chirriado un poco: la infancia que presenta me parece bastante idealizada. La forma de jugar de Mati y su manera de relacionarse me han recordado a una época en la que parecía que teníamos más tiempo para aburrirnos, inventar historias y salir a la calle sin tantas distracciones. Quizá sea una impresión muy personal, pero esa imagen de la infancia me resulta un poco alejada de la realidad de muchos niños de hoy.

Eso no me ha impedido disfrutar de la lectura. Simplemente, es un aspecto que he notado y que me ha hecho mirar la historia desde cierta distancia.

Las ilustraciones de Emilia Dziubak son una maravilla. Tienen tantos detalles que apetece quedarse un rato mirando las páginas. Y la edición de Nórdica también suma puntos: es uno de esos libros que da gusto tener entre las manos.

Creo que puede ser una lectura estupenda para compartir con los niños, especialmente si en casa o en su entorno están pasando por una separación familiar. No porque vaya a dar respuestas mágicas, ojalá los libros pudieran hacer eso, sino porque puede ayudar a poner en palabras sentimientos que a veces cuesta mucho explicar.

Y si algo me llevo de La cometa es que no siempre hace falta encontrar la manera de solucionar la tristeza de alguien. A veces basta con acompañarlo mientras aprende a convivir con ella.

PARA QUIÉN

Esta novela puede gustar especialmente a...

  • Niños y niñas a partir de nueve años que disfruten de historias cercanas y de personajes con los que puedan identificarse.
  • Familias que quieran hablar sobre la separación de los padres sin convertir la conversación en un interrogatorio.
  • Docentes que busquen una lectura para trabajar la empatía y las emociones en el aula.
  • Lectores que disfruten de libros infantiles ilustrados con mucho mimo.
  • Adultos que, como yo, agradezcan las historias infantiles que no necesitan dar lecciones para dejar un buen mensaje.

En definitiva, La cometa es una lectura cálida que habla de una situación difícil desde la mirada de un niño. Mati no tiene todas las respuestas, y los adultos que lo rodean tampoco pueden conseguir que las cosas vuelvan a ser exactamente como antes. Pero el señor Alberto le ofrece su compañía y una cometa que quizá llegue hasta su padre. Y, mientras Mati siga teniendo ganas de hacerla volar, todavía habrá sitio para la esperanza. 

— Natalia Sancho

                  

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