Idioma: Castellano
Traducción: 23 de noviembre de 2022
Editorial: Amazon
Páginas: 388
Género: Novela Negra
Misterio,
acción, crítica social, humor e ironía, escenas picantes, filosofía fin de
siglo..., todo eso y más si sigues los pasos de Harry Maesnow y
Molly Grapes.
Julio de 1892. Harry y Molly se van de vacaciones a París gracias
a un golpe de suerte. Sin embargo, lo que promete ser un inolvidable viaje de
placer se convertirá en una rocambolesca peripecia en la que sus vidas estarán
en constante peligro. Serán peones de una partida de ajedrez en la que el color
de las piezas no estará claro ni de noche ni de día y donde sobrevivir no
será una opción, sino un deber.
Sea como sea, Molly irá a lo suyo: a disfrutar al máximo de la experiencia, a
gozar de la libertad y a explorar las posibilidades de hacer carrera en los
escenarios de la capital del burlesque y de la revista musical. Por su lado,
Harry no estará ni para diversiones ni para hacer amistades. Aunque se haga el
turista, debe cumplir celosamente con la imperiosa misión que le ha encomendado
el inspector jefe Rochester y que ha de ocultar, pase lo que pase, a Molly. No
será fácil ni lo uno ni lo otro, pues muchas miradas estarán puestas sobre
ellos y no con buenas intenciones.
En fin, todo es lo que parece, lo que es y más cosas que ambos ignoran al grito
de Samothrace !
Un autor
con chispa.
Fernando
Figueroa revisa el género negro con su hard-boiled cómico neovictorino y ofrece
una relectura en la que aborda las tramas tragicómicas como retratos sociales e
historias de vida, en los que los crímenes constituyen desencadenantes de
situaciones en ocasiones disparatadas o esperpénticas. No falta el sentido del
humor, hasta cotas cínicas y satíricas, y lo festivo, entre lo picante y lo
psicalíptico.
París,
julio de 1892.
Harry Maesnow y Molly Grapes se van de vacaciones. Hasta aquí, todo bastante normal. Bueno, normal dentro del universo de Harry Maesnow, que viene a ser como decir que un gato ha decidido pasar tranquilamente la tarde dentro de una pescadería.
Porque lo
que empieza como un viaje de placer pronto se convierte en una sucesión de
peligros, conspiraciones, miradas sospechosas y situaciones en las que la
palabra turista empieza a parecer una descripción bastante optimista.
Los
turistas o el caso Samotracia es la sexta entrega de las Tribulaciones
y aventuras de Harry Maesnow y Molly Grapes y vuelve a llevarnos a ese
peculiar universo neovictoriano creado por Fernando Figueroa Saavedra.
Esta vez
abandonamos Rabishpool para viajar a París, aunque conviene aclarar que
irse de vacaciones con Maesnow no parece precisamente la mejor manera de
descansar.
Harry tiene una misión que cumplir y debe mantenerla en secreto. Incluso para Molly. Y Molly, mientras tanto, tiene sus propios planes.
Ella ha
viajado a París para disfrutar de la ciudad, de su libertad y de las
posibilidades que ofrece la capital del burlesque y de la revista musical.
Porque si hay algo que Molly tiene claro es que la vida está para vivirla y,
puestos a hacerlo, mejor con un poco de espectáculo.
El problema es que alrededor de ambos hay demasiadas personas interesadas en sus movimientos. Y algunas tienen bastante menos interés en que lleguen sanos y salvos al final del viaje.
La novela
combina misterio, aventura, humor, crítica social, erotismo y filosofía,
todo ello dentro de esa particular revisión del género negro que caracteriza al
autor.
Aquí el
hard-boiled tradicional se encuentra con el esperpento, la sátira y una
ambientación histórica que sirve tanto para construir la aventura como para
poner sobre la mesa las contradicciones sociales de finales del siglo XIX.
Harry
continúa siendo un protagonista alejado del detective perfecto. Tiene su
misión, sí, pero también tiene sus propias preocupaciones, sus contradicciones
y una tendencia bastante humana a intentar salir entero de los problemas en los
que se mete.
Molly, por su parte, mantiene esa personalidad independiente que la convierte en mucho más que una acompañante del protagonista. Tiene sus propios objetivos, sus deseos y una manera de enfrentarse al mundo que no necesita permiso de nadie. Y luego está París.
La ciudad
se convierte en un escenario perfecto para esta nueva aventura: burlesque,
teatro, conspiraciones, intrigas y personajes que parecen haber salido de una
reunión en la que alguien decidió que meter un poco más de caos siempre era
buena idea.
Uno de
los atractivos de la saga es precisamente esa mezcla. Aquí puedes encontrarte
una investigación criminal y, pocas páginas después, una situación disparatada,
una conversación filosófica o una escena cargada de ironía.
El autor no pretende construir una novela negra convencional. Juega con el género y con sus códigos, los exagera y los lleva hacia un terreno cómico y tragicómico. Y en ese juego, Harry y Molly funcionan especialmente bien juntos. Porque quizá el verdadero peligro de viajar con alguien no sea perder la maleta. Es descubrir que lleváis planes completamente distintos.
Voy a
reconocerlo: a estas alturas Harry Maesnow ya me resulta familiar.
Después
de varias aventuras, una empieza a conocer sus maneras. Y eso tiene su gracia
porque sabes que cuando Harry parece tener las cosas bajo control probablemente
ha llegado el momento de preocuparse.
Mucho.
En esta ocasión me ha gustado especialmente el cambio de escenario. Pasamos de la decadente Rabishpool a París y la historia adquiere un aire diferente. Hay algo muy divertido en ver a Harry intentando cumplir con una misión mientras Molly está mucho más interesada en aprovechar el viaje.
Y aquí Molly vuelve a robar bastantes escenas.
Me gusta que no quede reducida al papel de acompañante del detective. Molly tiene sus propios planes, sus propias ambiciones y bastante claro que nadie ha venido a París para decirle lo que tiene que hacer.
Harry,
mientras tanto, tiene que guardar secretos.
Porque claro, ¿qué puede salir mal cuando te vas de vacaciones con una misión secreta, tienes que vigilar quién te observa y además tu acompañante no sabe toda la verdad? Pues absolutamente todo.
Una de
las cosas que sigo disfrutando de esta saga es el tono.
Figueroa Saavedra no parece tener ningún interés en llevarnos de la mano por una novela negra seria y perfectamente peinada. Aquí las cosas se tuercen, los personajes se meten en problemas y el humor aparece cuando menos te lo esperas. Y eso me funciona.
Hay ironía,
situaciones absurdas, diálogos con chispa y bastante mala leche, pero
también una crítica social que está ahí debajo de todo el jaleo. Porque entre
conspiración y conspiración siempre hay algo que contar sobre la sociedad, el
poder, la libertad, las apariencias y esas maravillosas contradicciones humanas
que nos acompañan desde que alguien decidió que organizarse en sociedad era una
buena idea.
También
me ha gustado esa mezcla entre aventura y reflexión.
No es una
novela que quiera darte una clase de historia mientras te señala con el dedo.
Te mete directamente en el lío y ya vas sacando tus propias conclusiones
mientras Harry intenta no acabar peor de lo que empezó.
Y luego
está el componente sicalíptico, que forma parte del juego de la saga y
encaja especialmente bien en una historia ambientada en el París de los
espectáculos, el burlesque y la revista musical.
Eso sí, aquí tengo que hacer una confesión: yo no me iría de vacaciones con Harry Maesnow. No porque me caiga mal. Precisamente porque ya sé lo que ocurre cuando Harry está cerca. Uno sale de casa pensando en hacer turismo, tomar algo tranquilamente y visitar cuatro monumentos y acaba metido en una conspiración internacional. Yo necesito mis vacaciones. Mis vacaciones y mi integridad física, a ser posible.
Los
turistas o el caso Samotracia me ha resultado una lectura muy
entretenida y diferente. Tiene ese punto gamberro que hace que la historia no
se quede únicamente en el misterio y consigue que el viaje de Harry y Molly sea
también un recorrido por un universo lleno de personajes peculiares,
situaciones disparatadas y bastante humor.
Y quizá
eso sea lo que más me gusta de esta saga: que nunca sabes exactamente qué te
espera en la siguiente página.
Puedes empezar buscando respuestas a un caso y terminar preguntándote qué demonios está pasando. Y, sinceramente, en una saga como esta, creo que eso forma parte del viaje.
Así que sí, volvería a viajar con Harry y Molly. Pero esta vez que alguien me asegure primero dónde está la salida de emergencia.
Por si acaso.
Esta novela puede gustar especialmente a...
- Quienes
disfrutan de la novela negra con un punto de absurdo, humor e ironía.
- Lectores a los que les gustan los personajes
con carácter, especialmente Molly, una mujer
independiente que quiere abrirse camino en los escenarios.
- Amantes de las ambientaciones históricas,
especialmente del París de finales del siglo XIX.
- Quienes buscan una novela sin demasiados
remilgos, con escenas picantes, humor sicalíptico y
situaciones bastante disparatadas.
- Lectores que disfrutan de historias que,
además de entretener, dejan espacio para la crítica social y la reflexión
filosófica.
- Y, por supuesto, quienes ya conocen a Harry
Maesnow y Molly Grapes, porque esta sexta aventura cierra el
recorrido de una saga muy particular.
En
resumen: para lectores que quieran misterio, acción, humor negro,
crítica social y personajes peculiares, todo ello pasado por el filtro de
un neovictoriano bastante gamberro.




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