Ilustración: Julia Muntaner
Fecha de publicaicón: 20 de mayo de 2026
Editorial: El transbordador
Páginas: 108
Género: Fantasía
En
Astorvikas, la estirpe de nigromantes está al borde de la extinción. El imperio
vacta emplea a sus implacables alquimistas para perseguirlos y ejecutarlos.
Farei, caudilla de los sendarios, una ancestral tribu de nigromantes, es presa
de un despiadado maleficio vacta. Su única esperanza es su hermana Mäia. Pero
Mäia, embarazada de varias lunas, huye sin rumbo por su vida y la de su hijo.
Escapa de un misterioso mal que la persigue y le roba los recuerdos. Pronto
deberá elegir entre continuar su huida o emprender una misión suicida para
rescatar a Farei.
Alerce es
hija de nigromantes y se ha criado entre libros. Ayuda a su padre a escribir un
ambicioso grimorio que podría ser la clave para devolver la estirpe de
nigromantes a su gloria perdida. Pero una incursión vacta la obliga a huir y
refugiarse con la tribu de los sendarios. Con ellos descubrirá un arcano
secreto que podría suponer el principio del fin del imperio vacta.
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| Eduardo Iriarte Gahete - Foto de windumanoth |
Eduardo Iriarte Gahete (Sevilla, 1975) trabaja en el sector de las tecnologías. Escribe código de día y ficción especulativa de noche. Su obra, publicada en diversas revistas y antologías de género, a menudo recurre a matrioskas narrativas que exploran la fragilidad de la percepción y la naturaleza de la consciencia. Tras años centrado en el relato breve, debuta en la novela corta con esta obra, a la que gusta de clasificar como fantasía épica oscura.
La sombra de Tir Nä Lyr no pierde demasiado tiempo calentando motores: abre la puerta de Astorvikas y te mete dentro, con nigromantes perseguidos, maleficios, criaturas feéricas y unos cuantos secretos que conviene no tocar demasiado.
En Astorvikas,
los nigromantes están al borde de la desaparición. El imperio vacta los
persigue y ejecuta mediante unos implacables alquimistas, mientras las pocas
personas que conservan el legado de esta antigua estirpe intentan sobrevivir. Y
aquí empieza una historia en la que memoria, magia, persecución y secretos
familiares van a terminar bastante más relacionados de lo que parece al
principio.
La
narración se articula alrededor de tres protagonistas femeninas: Mäia, Farei
y Alerce. Tres historias que avanzan por caminos distintos hasta terminar
encontrando puntos de conexión. Mäia huye embarazada y con sus recuerdos cada
vez más fragmentados. Farei permanece atrapada bajo los efectos de un terrible
maleficio y necesita que su hermana encuentre una forma de salvarla. Alerce,
criada entre libros, trabaja junto a su padre en un grimorio que podría
contener la clave para recuperar el poder perdido de los nigromantes.
Y en
medio de todo aparece Tir Nä Lyr, una torre envuelta en secretos que va
adquiriendo cada vez más importancia a medida que la historia avanza.
Uno de
los puntos fuertes de la novela es precisamente la capacidad del autor para construir
un universo fantástico reconocible y lleno de elementos propios sin detener la
narración para explicárnoslo todo con un manual bajo el brazo. Hay
nigromancia, alquimia, grimorios, maleficios, runas, criaturas feéricas, hadas,
trasgos y referencias a la mitología celta que enriquecen el mundo sin
convertirlo en un catálogo de criaturas fantásticas.
También
destaca el idioma feérico, uno de esos detalles que aportan textura al
universo y hacen que la ambientación tenga personalidad propia.
La
estructura con tres perspectivas permite conocer diferentes rincones de este
mundo y, al mismo tiempo, ir descubriendo poco a poco qué une a sus
protagonistas. La narración mantiene un ritmo ágil y consigue que la historia
avance sin perderse en explicaciones interminables.
Y aquí
hay algo especialmente interesante: aunque estamos ante una fantasía oscura con
persecuciones, violencia, magia y una lucha por la supervivencia, la novela
también gira alrededor de cuestiones muy humanas: la memoria, la identidad,
la familia, la pérdida y hasta dónde estamos dispuestos a llegar para proteger
aquello que consideramos nuestro.
Una
fantasía oscura, breve y concentrada, que deja la sensación de haber abierto la
puerta a un universo bastante más grande.
Voy a
empezar por una confesión: yo quería más.
Y eso
puede parecer una queja, pero aquí va el problema: cuando termino una novela de
fantasía pensando que quiero saber más de su mundo, de sus personajes y de todo
lo que hay detrás de la historia, normalmente es buena señal.
Porque La sombra de Tir Nä Lyr tiene algo que me gusta especialmente: no necesita tirarte encima una enciclopedia de Astorvikas para conseguir que entres en Astorvikas. Entras y punto.
Hay
nigromantes perseguidos, alquimistas que no parecen precisamente candidatos a
recibir el premio al compañero de trabajo del año, maleficios, criaturas
feéricas, grimorios y una torre que parece tener bastante más información de la
que está dispuesta a compartir.
Y luego están ellas. Mäia, Farei y Alerce son tres puertas diferentes para entrar en la historia. Y me ha gustado que sean ellas quienes sostengan buena parte del peso narrativo. Cada una tiene su propio conflicto y su propia forma de enfrentarse a lo que está ocurriendo.
Pero si tengo que quedarme con algo, me quedo con la atmósfera. Hay algo antiguo, oscuro y extraño recorriendo toda la novela. Una sensación de estar caminando por un lugar en el que las leyendas todavía tienen bastante que decir y donde probablemente conviene pensárselo dos veces antes de seguir una lucecita entre los árboles.
Y la mitología celta le sienta de maravilla. Las runas, las armas, las criaturas feéricas, el idioma de las hadas… Todo contribuye a crear esa sensación de mundo antiguo que se ha quedado ligeramente apartado de nuestra realidad. Y yo, que tengo debilidad por las leyendas, los lugares misteriosos y cualquier historia que huela un poquito a folklore, aquí tenía terreno abonado.
Además, hay algo que agradezco muchísimo: la novela no se eterniza. Va al grano. Avanza. Te cuenta lo que tiene que contarte y sigue caminando.
Aunque, precisamente por eso, cuando llegué al final me quedé con esa sensación tan conocida de: ¿Y ya está? ¿No me vais a contar qué hay detrás de esa puerta? Pues gracias por nada.
Me ha
gustado La sombra de Tir Nä Lyr. Me ha entretenido, me ha metido
rápidamente en su universo y, sobre todo, me ha dejado con curiosidad por saber
qué más podría esconder Astorvikas.
Y esa es
quizá la mejor noticia que puede dejar una novela fantástica breve: que
cierres el libro y tengas ganas de volver a abrir la puerta.
Esta novela puede gustar especialmente a...
- Lectores de fantasía oscura que
disfrutan de mundos mágicos con un tono sombrío y peligroso.
- Amantes de la nigromancia, los grimorios y la
magia, especialmente si os gustan las historias donde los
conocimientos prohibidos pueden cambiarlo todo.
- Quienes sienten debilidad por la mitología
celta, las leyendas, las runas y las criaturas feéricas.
- Lectores que disfrutan de hadas,
trasgos y otros seres mitológicos, especialmente cuando vienen
acompañados de una buena dosis de oscuridad.
- Quienes prefieren una fantasía ágil y
concentrada, con ritmo y sin necesidad de enfrentarse a
una trilogía de 1.500 páginas para descubrir si la historia despega.
- Quienes disfrutan de historias protagonizadas por mujeres con conflictos propios, cuyos destinos terminan conectándose de maneras que merece la pena descubrir.
En
definitiva, para quien quiera fantasía oscura, mitología, magia y misterio
en una novela breve que se lee rápido… y que puede dejarte con ganas de
bastante más.




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