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«Cumbres borrascosas» de Emily Brontë

 


Autora: Emily Brontë
Traducción: Carmen Martín Gaite
Género: Ficción Clásica
Editorial: Alba Editorial
Páginas: 528
Encuadernación: Rústica 

Aunque vilipendiada en su día («Salimos de la lectura de esta novela como si acabáramos de visitar un hospital de apestados», diría un crítico norteamericano en marzo de 1848), Cumbres borrascosas (1847) se ha convertido en la gran novela romántica por excelencia, o, aún más, en un mito moderno que ha inspirado películas, óperas, secuelas y canciones pop. Sin embargo, tanto sus extremos y su ansia de sobrepasar todos los límites, por un lado, como su sofisticada construcción narrativa, por otro, parecen escapar a cualquier clasificación genérica. La única novela de Emily Brontë -«árida y nudosa como la raíz del brezo», según su hermana Charlotte- bebe sin duda de la fascinación por el género gótico: hay en ella apariciones, noches sin luna, confinamientos desesperados y crueldad sin medida. Pero la tensión y la incertidumbre que imprime a sus atormentados personajes y su alambicada trama superan toda convención y nos sumergen en una atmósfera de pesadilla que difícilmente volveremos a encontrar en la historia de la literatura. La traducción de Carmen Martín Gaite, ya un clásico en nuestras letras, permite respirar, palpar esa intensidad y esa locura. El amor, en esta novela, no es de este mundo. 




Nació en 1818 en Thornton (Yorkshire) y se crió en la población de Hawort (también en Yorkshire), donde su padre, pastor anglicano, había obtenido un cargo vitalicio en la parroquia. Habiendo perdido a su madre en 1821 y a dos hermanas mayores en 1825, los hijos supervivientes de la familia (Charlotte, Emily, Anne y Branwell) se educaron en casa, bajo la tutela de su padre y de una tía. Desde muy pequeñas, Emily y Anne escribieron crónicas fantásticas del imaginario reino de Gondal. A los diecisiete años fue a estudiar al internado de Roe Head, donde su hermana Charlotte daba clases, pero apenas estuvo unos meses. Tampoco duró mucho, por problemas de salud, en su puesto como maestra en la escuela Law Hill de Halifax. En 1842, acompañó a Charlotte al Pensionnat Héger en Bruselas, donde estudiarían francés y alemán, con la intención de abrir una escuela a su regreso. El plan nunca prosperó. En 1846 las tres hermanas consiguieron publicar un volumen conjunto de Poesías, con el seudónimo de Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton (Anne) Bell. Un año después, en una edición conjunta, aparecerían Cumbres Borrascosas (ALBA CLÁSICA MAIOR núm. LXXIV; ALBA MINUS núm. 34) de Emily y Agnes Grey de Anne. En 1848, a los treinta años, moriría de tuberculosis en Haworth.



Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

Hablar de Cumbres borrascosas siempre tiene algo de reto. Es uno de esos clásicos que llegan rodeados de fama, de adaptaciones y de una imagen bastante equivocada de lo que realmente es la novela. Porque quien espere una historia romántica al uso probablemente se lleve una sorpresa.

Emily Brontë construye una historia atravesada por la obsesión, el resentimiento, el orgullo y el deseo de posesión. El amor está presente, claro, pero adopta una forma turbulenta y destructiva que marca la vida de prácticamente todos los personajes.

La novela destaca especialmente por su estructura narrativa. La historia llega al lector a través de distintos narradores, lo que obliga a reconstruir los hechos poco a poco y aporta una sensación constante de incertidumbre. Cada personaje parece contar una parte de la verdad, pero nunca la verdad completa.

Otro de sus grandes aciertos es la ambientación. Los páramos de Yorkshire, el viento, las tormentas y el aislamiento terminan convirtiéndose en un personaje más de la novela. El entorno refleja el carácter de sus habitantes y contribuye a crear una atmósfera intensa que permanece durante toda la lectura.

En cuanto a los personajes, pocas novelas clásicas presentan figuras tan complejas y tan difíciles de encasillar. Heathcliff y Catherine siguen despertando debate más de siglo y medio después precisamente porque resultan incómodos. No buscan caer bien al lector ni convertirse en modelos de conducta. Sus decisiones suelen estar impulsadas por emociones extremas y eso les da una fuerza literaria poco común.

Más allá de su fama como novela romántica, Cumbres borrascosas sigue siendo una lectura fascinante por la profundidad psicológica de sus personajes, por su construcción narrativa y por la valentía con la que Emily Brontë rompió muchas de las convenciones de su época.


Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Voy a ser sincera: si me hubieran preguntado hace años qué recordaba de Cumbres borrascosas, seguramente habría respondido algo parecido a "una historia de amor complicada en medio de los páramos".

Después de leer esta edición, me he dado cuenta de que recordaba muy poco.

Lo primero que me sorprendió fue lo incómodos que son casi todos los personajes. Hay momentos en los que dan ganas de cerrar el libro y decirles a todos que se sienten cinco minutos a pensar las cosas antes de seguir destrozándose la vida unos a otros.

Y precisamente por eso funciona tan bien.

Porque Heathcliff no es un héroe romántico. Ni Catherine es la protagonista idealizada que muchas veces nos han vendido. Son personajes llenos de orgullo, rabia, contradicciones y decisiones terribles. Personas que se hacen daño constantemente y que terminan arrastrando a todo el mundo a su alrededor.

También tengo que decir que la edición ha influido muchísimo en mi experiencia de lectura.

La traducción de Carmen Martín Gaite me ha parecido una auténtica maravilla. Tiene una fluidez que hace que una novela publicada en 1847 se lea con una naturalidad sorprendente. En ningún momento sentí esa distancia que a veces aparece con algunos clásicos.

Y la edición de Alba Editorial me ha parecido una apuesta segura. Es una editorial que cuida mucho los clásicos y que consiguen que acercarse a ellos resulte menos intimidante. El texto respira, la lectura avanza con comodidad y da gusto tener el libro entre las manos.

Al final me ha pasado una cosa curiosa: cuanto más avanzaba, menos me importaba la historia de amor y más me interesaban los personajes, sus rencores, sus obsesiones y la forma en que Emily Brontë consigue meterte en una casa llena de gente empeñada en hacerse daño.

Terminé el libro entendiendo perfectamente por qué sigue generando tantas conversaciones. No me pareció una novela romántica. Me pareció una novela sobre pasiones llevadas al extremo, sobre heridas que nunca terminan de cerrarse y sobre personas incapaces de dejar ir aquello que las destruye.

Y la verdad, cuando un libro publicado hace casi dos siglos sigue consiguiendo todo eso, algo debió de hacer muy bien Emily Brontë.

 Natalia Sancho.   



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«La isla del tesoro» de Robert Louis Stevenson

 



AutorRobert Louis Stevenson
Traducción: Marta Salís
Género: Ficción Clásica
Editorial: Alba Editorial
Páginas: 256
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta

Un viejo marinero con la cicatriz de un sablazo en la cara se instala en una posada en la costa inglesa, no muy lejos de Bristol. Lleva un cofre que no abre nunca, se emborracha con ron y aterroriza a la clientela con sus historias y canciones. Además, le paga a Jim, el hijo de los posaderos, para que esté ojo avizor y le avise si se presenta «un marinero con una sola pierna». Lo cierto es que en el cofre secreto se esconde el mapa de una isla con un magnífico tesoro enterrado por un antiguo pirata, y Jim se encuentra, de la noche a la mañana, enrolado como grumete en una expedición (dirigida por un rico terrateniente) para ir a buscarlo. A partir de ese momento, tiene que adquirir «la costumbre de vivir aventuras trágicas» y familiarizarse con más cicatrices y mutilaciones, la muerte, la codicia y la traición. Pero todo tiene su doble cara: el miedo superado por la curiosidad puede dar pie a actos de coraje gratuitos, el aplomo puede convertirse en frialdad, la temeridad puede conducir a la jactancia. Jim, solo un muchacho, salva constantemente la vida a los adultos, pero no siempre alcanza a distinguir la diferencia entre ser valiente y estar envalentonado, entre la ensoñación y la pesadilla. La isla del tesoro (1883) es una de las novelas más conocidas –prácticamente inmortales– de Robert Louis Stevenson, y en ella despliega toda su maestría narrativa para contar una peripecia extraordinaria, plagada de violencia y peligro, y llena de personajes ambivalentes, como el célebre pirata John Silver el Largo, amable y ruin, elocuente y astuto, uno de los grandes manipuladores de la historia de la literatura.


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«El diablo de la botella» de Robert Louis Stevenson

 


Autor: Robert Louis Stevenson
Traducción: Colectivo Stevenson BdL
Ilustración:  Emilio Urberuaga
Editorial: Nórdica Libros
Género: Ficción Clásica 
Páginas: 80



Edición ilustrada de uno de los grandes relatos de la literatura universal.

Keawe es un joven hawaiano que siente la necesidad de conocer otras tierras, por lo que se dirige a San Francisco. Allí descubre una casa hermosa cuyo dueño parece algo triste y asustado. Al entablar conversación con él y preguntarle el motivo de su tristeza, el anciano le enseña una botella de vidrio, con un contenido blanco, lechoso. Asombrado, el viejo le cuenta que en esa botella habita un diablo rodeado por el fuego del infierno que puede conceder cualquier deseo…

Ofreciendo una perspectiva fascinante sobre un tema consagrado —el arriesgado pacto con el diablo—, este cuento es una joya de la literatura en lengua inglesa.

                            
                                

(Edimburgo, 1850 – Vailima Upolu, Samoa Occidental, 1894). En la tumba de este escritor escocés, en una lejana isla de los mares del Sur a la que fue por motivos de salud, figura grabado el apodo que le dieron los samoanos: Tusitala, «el contador de historias». Se dio a conocer como novelista con La isla del tesoro (1883) y su popularidad como escritor se basó fundamentalmente en los emocionantes argumentos de sus novelas fantásticas y de aventuras, en las que siempre aparecen contrapuestos el bien y el mal, a modo de alegoría moral que se sirve del misterio y la aventura. Fue muy reconocido en vida y su escritura ha sido de gran influencia para importantes autores posteriores.

                                     

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

El diablo de la botella de Robert Louis Stevenson, es un relato que parece sencillo al principio… pero que esconden mucho más de lo que aparentan.

La premisa es casi de cuento clásico: una botella con un diablo dentro que concede deseos. Hasta aquí, todo suena bien. El problema es la letra pequeña: si mueres con la botella en tu poder, tu alma está condenada. Y no puedes deshacerte de ella fácilmente, porque siempre debes venderla por menos dinero del que pagaste.

A partir de esta idea tan simple, Stevenson construye una historia ágil, entretenida y muy fácil de leer, pero también cargada de significado. No estamos solo ante un cuento fantástico, sino ante una reflexión bastante clara (y bastante incómoda) sobre el deseo, la ambición y las decisiones que tomamos cuando queremos las cosas rápido y sin esfuerzo.

El protagonista, Keawe, funciona muy bien como guía del lector. Es un personaje cercano, con ilusiones, miedos y contradicciones, que poco a poco va entendiendo que no todo lo que parece una oportunidad lo es realmente. A su lado, Kokua aporta equilibrio, inteligencia emocional y una visión más lúcida de la situación, algo que enriquece mucho la historia.

El ritmo es otro de los puntos fuertes: es una lectura corta, pero muy bien medida. No sobra nada. Todo ocurre con fluidez y mantiene la intriga hasta el final, con ese toque de cuento moral que no resulta pesado ni aleccionador.

Además, esta edición de Nórdica Libros añade un valor extra con las ilustraciones de Emilio Urberuaga, que acompañan el texto sin distraer, aportando una atmósfera muy acorde con la historia.

En conjunto, es un relato breve pero muy completo: entretenido, accesible y con una idea de fondo que sigue siendo muy actual.

                                       

Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Vale, lo voy a decir claro: este libro es corto, sí… pero te deja pensando más que muchos de 400 páginas.

Empecé la historia pensando que iba a encontrarme algo tipo “cuento clásico curioso con moraleja”… y sí, lo es, pero también tiene mala leche. Porque en el fondo te está diciendo: ojo con lo que deseas, porque igual lo consigues… y luego a ver qué haces con eso.

La botella me parece una idea brillante. No por el diablo en sí, sino por las condiciones. Ese detalle de tener que venderla siempre más barata me parece de lo más retorcido (en el buen sentido). Es como un juego que sabes que va a acabar mal… pero del que no puedes salir fácilmente.

Y luego está todo el tema emocional, que me sorprendió bastante. No es solo codicia o ambición. También hay amor, sacrificio y decisiones difíciles. Hubo momentos en los que pensé: “yo en su lugar no sabría qué hacer”. Y eso, para mí, siempre suma.

Se lee rapidísimo, pero a pesar de su brevedad es un libro difícil de olvidar. Se queda dando vueltas. Como una idea incómoda. Como una pequeña espinita.

Y eso me encanta.

Si tuviera que resumirlo: parece un cuento sencillo… pero aprieta más de lo que esperas.

Lo recomiendo muchísimo si eres de los que disfrutan de las historias cortas con fondo, las lecturas que enganchan sin complicarse y los clásicos que siguen teniendo algo que decir hoy.


— Natalia Sancho.       


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«El principito» de Antoine Saint-Exupéry

 


AutorAntoine Saint-Exupéry
Edad recomendada: Lectores expertos
Autor y traductor: Joëlle Eyheramonno
Editorial: Kalandraka
Género: Clásicos contemporáneos 
Páginas: 216

Una edición esmerada que reproduce fielmente la versión original de 1943 e incluye un novedoso y detallado estudio sobre los dibujos de Saint-Exupéry.

Esta edición especial de «El Principito», casi facsimilar de la edición de 1943 publicada en Nueva York, llega a los Libros para soñar cuando se cumplen 125 años del nacimiento del escritor francés y 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Si bien Antoine de Saint-Exupéry participó activamente en los inicios y en la fase final de la guerra como piloto de reconocimiento aéreo, fue durante su exilio en Estados Unidos cuando aportó la mayor ayuda a su país, aunque sufrió las iras de sus detractores por su negativa a posicionarse por un bando u otro. De esa extrema soledad existencial nace «El Principito».

Especialista en este libro que ha investigado durante muchos años, Joëlle Eyheramonno no solo traduce fielmente el texto original, sino que también elabora una edición crítica y anotada, «La cara oculta de los dibujos de El Principito», donde desgrana aspectos inéditos y asombrosos de este célebre iconotexto, esto es, una obra en la que “las ilustraciones, el texto y el soporte son inseparables”. Siendo —tras la Biblia— el segundo libro más traducido del planeta, son innumerables los estudios sobre su calado literario y filosófico, pero muy pocos los que analizan la profundidad de la parte gráfica, indisoluble de la escrita. Porque “lo esencial es invisible a los ojos”, como advierte Saint-Exupéry.

                                       

 (Lyon, 1900 - mar Mediterráneo, 1944)

Escritor y aviador. Procedente de una familia aristocrática, tras ser rechazado en la Escuela Naval, acudió como oyente a la Escuela de Bellas Artes y durante el servicio militar aprendió a pilotar aviones. Publicó la narración breve «El aviador» (1926) y trabajó como piloto de correo para la Compañía General Aeropostal, que operaba en África y Sudamérica. Su primera novela «Correo del Sur» (1929), seguida por «Vuelo nocturno» (1930, Premio Femina), se basan en sus experiencias aeronáuticas. Tras una intensa actividad escrita y periodística, otra de sus obras destacadas fue «Tierra de hombres» (1939), premio de la Academia Francesa y Premio Nacional de Libro en Estados Unidos. En la Segunda Guerra Mundial colaboró en arriesgadas misiones para la aviación francesa y, tras la derrota de su país, se instaló en Nueva York. En 1943 publicó «Carta a un rehén» y «El Principito», que le dio fama mundial. Al año siguiente desapareció en el Mediterráneo realizando un vuelo de reconocimiento.


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía. 

Esta edición especial de El Principito propone algo más que una nueva lectura de un clásico universal: ofrece una experiencia de recuperación y profundización en la obra tal y como fue concebida en 1943. Publicada por Kalandraka con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Saint-Exupéry, la edición reproduce de forma casi facsimilar el texto original e incorpora una traducción rigurosa y actualizada a cargo de Joëlle Eyheramonno Fouché, especialista en la obra del autor.

El valor diferencial de esta propuesta reside en el segundo volumen que acompaña al texto: La cara oculta de los dibujos de El Principito, un estudio crítico y anotado que aborda el libro como un auténtico iconotexto, donde palabra, imagen y soporte forman un todo inseparable. Eyheramonno analiza uno a uno los dibujos originales de Saint-Exupéry, integrándolos en su contexto histórico, biográfico y simbólico, y demostrando que no son meros acompañamientos del relato, sino parte esencial de su sentido profundo.

La edición sitúa El Principito en el marco de la Segunda Guerra Mundial y del exilio del autor en Estados Unidos, subrayando la dimensión política, ética y existencial de una obra que, bajo su aparente sencillez, plantea una reflexión amarga sobre la deshumanización, la pérdida de valores y la fragilidad de la civilización. En este sentido, el libro se reafirma como un texto difícil de encasillar: su forma puede parecer infantil, pero su lectura más honda interpela directamente al lector adulto.

Estamos, en definitiva, ante una edición de carácter casi definitivo, imprescindible tanto para quienes deseen releer El Principito con una mirada renovada como para quienes quieran comprenderlo en toda su complejidad literaria, gráfica y simbólica.


                                        

Aquí va mi opinión personal, sin filtros:

Creía conocer El Principito. Lo había leído, releído, citado mil veces… y, aun así, esta edición me ha hecho sentir que estaba entrando en el libro por primera vez.

Leer el texto respetando la versión original, acompañado de un estudio que mira de frente a los dibujos, ha sido revelador. Siempre nos han dicho que lo esencial es invisible a los ojos, pero aquí he tenido la sensación de que, durante años, hemos pasado por alto muchas cosas que estaban a la vista. Los dibujos, aparentemente ingenuos, pesan. Duelen. Y dicen mucho más de lo que recordaba.

Hay algo profundamente conmovedor en descubrir hasta qué punto este libro nace de la soledad, el exilio y la desesperación de Saint-Exupéry. De repente, el principito deja de ser solo un niño sabio y se convierte en una grieta por la que se cuela el miedo, la pérdida y la necesidad urgente de humanidad. Y el piloto ya no es solo un narrador: es el propio autor hablándose a sí mismo.

Esta edición no es cómoda ni complaciente, y creo que ahí está su mayor virtud. Te obliga a leer despacio, a cuestionar lo que creías saber y a aceptar que este no es un cuento amable para niños, sino una obra profundamente adulta que utiliza la infancia como lenguaje.

No es una edición para leer de una sentada, ni para pasar por encima. Es para detenerse, mirar, volver atrás y dejarse tocar. Para mí, ha sido un reencuentro emocionante con un libro que creía conocido… y que, en realidad, aún tenía mucho que decirme.

«La historia de El Principito es, en realidad, la historia de un sueño, en dos de sus aceptaciones, imaginación y anhelo, contado a través de palabras y dibujos».
           
«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?



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«Los parásitos» de Daphne du Maurier



Autora: Daphne du Maurier
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Fecha de publicación:  14 de mayo de 2025
Categoría: Ficción clásica
Editorial: Alba 
Páginas: 480

Maria y Niall son hermanastros y tienen una media hermana menor, Celia. Criados por una pareja de artistas de éxito (un cantante y una bailarina), han sido niños consentidos, han vivido de gira en gira, acostumbrados al aplauso y al relumbrón de la farándula, sin otra disciplina que «la regla del silencio en el teatro durante los ensayos». Con el tiempo, Maria se ha convertido en una actriz famosa y Niall en compositor de «melodías facilonas» que se bailan y tararean en toda Inglaterra y toda Francia; por su parte, Celia, sin entenderlo como un sacrificio, se ha dedicado a cuidar de su padre –un hombre genial pero caprichoso y exigente– a la hora del retiro. Pero ahora, en una reunión familiar en una casa de campo, el marido de Maria los acusa de ser unos parásitos y ellos se preguntan si realmente, o hasta qué punto, lo son. A partir de esta incierta revelación, la novela alterna magistralmente presente y pasado para revelarnos el curso de tres vidas donde coexisten el valor y la cobardía, el trabajo y la veleidad, el escándalo y el retraimiento. En Los parásitos (1949) Daphne du Maurier puso mucho de su propia vida como hija de artistas e iluminó el mundo bohemio con los detalles más vívidos y las sensaciones más difíciles de captar. Una forma de dormir, un anillo con una piedra azul, una nevada en Londres o un horrible pudin de arroz se cargan de significado en esta historia de lazos familiares, egos invencibles y devaneos eróticos muy lejos de lo convencional.

                                         


Daphne du Maurier Nació en Londres en 1907, hija del actor y empresario Gerald du Maurier y nieta del autor e ilustrador George du Maurier. Educada en familia y más tarde en París, empezó escribiendo cuentos y artículos en 1928 y en 1931 publicó su primera novela, Espíritu de amor. El éxito de Rebeca (1938), su tercera novela, enseguida adaptada al cine por Alfred Hitchcock, le dio fama mundial, y a partir de entonces se convertiría en una de las novelistas más populares del siglo XX. Entre sus otras obras, muchas de ellas llevadas también al cine, cabe mencionar La posada Jamaica (1937; Rara Avis núm. 37), El río del Francés (1941; Rara Avis núm. 42), Monte Bravo (1943), Los parásitos (1949), Mi prima Rachel (1951; Rara Avis núm. 32), Los pájaros (relato incluido en la colección The Apple Tree, 1952), Mary Anne (1954), El chivo expiatorio (1957; Rara avis núm. 49) y La Casa de la Orilla (1969). También escribió teatro y biografías. Vivió la mayor parte de su vida en Cornualles, donde se ambientan muchas de sus novelas. Allí murió en 1989.


𝑪𝒐𝒎𝒐 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒉𝒂𝒚 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒂𝒔, 𝒗𝒐𝒚 𝒂 𝒅𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒎í𝒂

Todo comienza con una cena aparentemente inofensiva. Una conversación cruzada, una frase lanzada con desdén por el marido de Maria: “Sois unos parásitos”. Y así, con esa puñalada emocional, Daphne du Maurier enciende la mecha de una historia que nos lleva al pasado de tres hermanastros marcados por el talento, el arte y una crianza fuera de lo común.

Maria, Niall y Celia no crecieron con normas ni horarios. Sus vidas giraron en torno a los aplausos, las giras, los escenarios, los trajes de lentejuelas y los camerinos en penumbra. Fueron niños mimados por el mundo del espectáculo, educados entre bastidores y alimentados por la idea de que todo lo que importa es el arte… o, más bien, la ilusión del arte.

Ahora, ya adultos, se enfrentan por primera vez a una verdad incómoda: ¿han vivido de los demás? ¿Han hecho algo real con sus vidas? Y lo más inquietante: ¿se han convertido en personas vacías, incapaces de vivir fuera del reflejo de los focos?

Los parásitos alterna pasado y presente con una delicadeza hipnótica. Du Maurier dibuja con su pluma aguda y sensual un retrato del mundo bohemio, donde cada gesto y cada objeto cotidiano –un anillo, una comida, una mirada fugaz– se carga de significado. El talento, el ego, el amor filial, el deseo, el resentimiento: todo se enreda en esta novela brillante y turbia como un espejo antiguo.

Y como siempre en su obra, hay algo que se desliza por debajo de las palabras. Una inquietud. Una sombra. Una pregunta sin resolver.

                                            

𝑨𝒒𝒖í 𝒗𝒂 𝒎𝒊 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊ó𝒏 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒍, 𝒔𝒊𝒏 𝒇𝒊𝒍𝒕𝒓𝒐𝒔: 

Este libro me sorprendió. No es el Du Maurier del suspense gótico de Rebeca, pero sí es el de la complejidad emocional, el que disecciona relaciones con bisturí. Me atrapó la ambigüedad de los personajes, lo incómodamente reales que son. A ratos los detesté, a ratos los comprendí. Hay momentos en los que uno se pregunta: ¿y si también yo, en cierto modo, soy un parásito?

La novela tiene una fuerza sutil y constante. No busca el golpe de efecto, sino el desgaste emocional, el roce de una vida que no encaja del todo. Y eso, al final, es mucho más potente.

«Fue Charles el que nos llamó parásitos. Lo dijo de una manera sorprendente, y repentina; era un hombre tranquilo, poco predispuesto a dar opinioes, excepto en las cuestiones más normales y cotidianas; por eso su declaración tuvo el impacta de una explosión» 

«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?



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«Lady Susan» de Jane Austen




Autora: Jane Austen
Traducción: Josep Marco Borillo y Universidad Jaume I
Publicación: 19 de mayo de 2025
Género: Novela Clásica / Romanticá histórica
Editorial: Libros de Seda
Páginas: 192 


Una obra de juventud de Jane Austen, acerca de los modales y costumbres de la época de la Regencia, que deleitará a sus lectoras por su ingenio y la elegancia de su prosa. Hermosa, coqueta y viuda desde hace poco, lady Susan Vernon desea volver a casarse, y que el suyo sea un matrimonio ventajoso. Al mismo tiempo, intenta empujar a su hija a una unión deprimente. En palabras de Natalie Jenner, autora de La Sociedad Jane Austen, lady Susan es «uno de los personajes más engañosos y manipuladores» de todos los creados por Jane Austen.


                                       


Jane Austen (1775-1817) fue una novelista inglesa de la época georgiana. La crítica social que destilan sus historias y su fina ironía la han llevado a convertirse en un clásico de la literatura universal. Escribió seis obras en total, además de algunos relatos en su juventud y multitud de cartas: Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813), Mansfield Park (1814), Emma (1815), La abadía de Northanger (1818) y Persuasión (1818). Leyó asimismo a muchos contemporáneos, entre los que se cuentan Maria Edgeworth, Fanny Burney, Daniel Defoe, Laurence Stern y muchos otros. Virginia Wolf dijo de ella que era «la artista más perfecta».


                                      

Como opiniones hay muchas, voy a dar la mía.

𝑼𝒏𝒂 𝒗𝒊𝒖𝒅𝒂 𝒆𝒏𝒄𝒂𝒏𝒕𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂, 𝒖𝒏𝒂 𝒍𝒆𝒏𝒈𝒖𝒂 𝒂𝒇𝒊𝒍𝒂𝒅𝒂 𝒚 𝒖𝒏𝒂 𝒕𝒓𝒂𝒎𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒓𝒐 𝒗𝒆𝒏𝒆𝒏𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂 𝒊𝒏𝒈𝒍𝒆𝒔𝒂.

Este año celebramos el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen, y no hay mejor manera de homenajearla que regresando a una de sus obras más mordaces y menos conocidas: Lady Susan. Porque antes de que nacieran Elizabeth Bennet o Emma Woodhouse, ya existía esta viuda implacable, seductora y manipuladora que, con una sonrisa encantadora y una carta bien escrita, podía poner patas arriba cualquier salón de té.

Lady Susan Vernon es un personaje fascinante por lo descarado de su egoísmo. Viuda y madre de una joven tímida y obediente, Susan no solo busca colocarse de nuevo en el mercado matrimonial con la astucia de una estratega experta, sino que además intenta casar a su hija, contra su voluntad, con un hombre soso y conveniente. Y lo hace sin una pizca de culpa, con un descaro que roza lo cómico. Es como si Jane Austen hubiese querido jugar con la idea de una antiheroína vestida de satén y buenas maneras.

Narrada en forma epistolar, la novela es un desfile delicioso de malentendidos, secretos a voces y cuchilladas cubiertas de flores. En pocas páginas, Austen despliega todo su ingenio para construir una crítica feroz, elegante y divertidísima de los códigos sociales de su tiempo.

Y lo mejor: Lady Susan no es ni una víctima ni una mártir. Es un personaje que desborda carisma, inteligencia y una ironía que hace que ames odiarla o que la odies adorándola. Y ahí está la maestría de Austen: hacernos dudar, reírnos incómodamente y volver a la página anterior para releer un comentario afilado con cara de cumplido.

En este año tan especial, Lady Susan es una lectura perfecta para reencontrarnos con la Austen más atrevida, más irreverente y quizá más moderna de lo que nos atrevemos a admitir.

𝑼𝒏𝒂 𝒍𝒆𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒃𝒓𝒆𝒗𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒂𝒇𝒊𝒍𝒂𝒅𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒖𝒏𝒂 𝒄𝒐𝒑𝒂 𝒅𝒆 𝒈𝒊𝒏𝒆𝒃𝒓𝒂 𝒄𝒐𝒏 𝒓𝒐𝒅𝒂𝒋𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒊𝒎ó𝒏: 𝒇𝒓𝒆𝒔𝒄𝒂, 𝒔𝒆𝒄𝒂 𝒚 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒕𝒐𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒆 𝒗𝒆𝒏𝒆𝒏𝒐.

     

𝑨𝒒𝒖í 𝒗𝒂 𝒎𝒊 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊ó𝒏 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒍, 𝒔𝒊𝒏 𝒇𝒊𝒍𝒕𝒓𝒐𝒔: Confieso que Lady Susan me ha sorprendido más de lo que imaginaba. Acostumbrada a las heroínas adorables de Austen, toparme con una protagonista tan manipuladora y deliciosamente venenosa ha sido un soplo de aire fresco. Me ha hecho reír, arquear la ceja y pensar en cómo Jane Austen, incluso a una edad temprana, ya tenía una capacidad brutal para retratar la naturaleza humana con una elegancia que desarma. Lady Susan es todo lo que no esperamos de una “heroína austeniana”: egoísta, coqueta, ambiciosa... y sin embargo, no puedes dejar de leerla. Y eso es lo brillante. No idealiza, no juzga, simplemente nos presenta a una mujer que juega con las cartas que tiene, en un mundo donde el matrimonio era la única partida posible. Me ha fascinado su ambigüedad, su lengua afilada y lo actual que puede parecer una novela escrita hace más de dos siglos. 

«Si lady Susan estaba feliz o no con su segunda opción, no sé cómo podríamos saberlo con certeza, pues, ¿quién la creería, fuera cual fuera su respuesta?»

«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?




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«Los niños del ferrocarril» de Edith Nesbit

 

Autora: Edith Nesbit
Traducción: Moisés Barcia
Fecha de publicación: Abril de 2025
Categoría: Ficción clásica
Editorial: Sushi Books
Páginas: 252

Cuando su padre desaparece, Roberta, Peter y Phyllis deben dejar su vida confortable en Londres para instalarse en una modesta casa de campo y su madre se pone a escribir para obtener unos ingresos que apenas llegan. Los niños pasan el tiempo en la estación de tren, donde traban amistad con el mozo de las maletas, con el jefe de la estación y con un pasajero anciano que les ayudará a resolver varios problemas.

                                         


Edith Nesbit (Londres, 1858-1924) creció en el seno de una familia numerosa. Con tres años se quedó huérfana de padre, lo que provocó varias mudanzas. Vivió en Inglaterra, Francia, España y Alemania. Con 22 años se casó y formó una familia nada convencional, al tiempo que se implicó en la literatura y en el activismo político. Los libros infantiles de Nesbit destacan por su humor y estilo innovador, que mezcla la realidad ordinaria con elementos mágicos, y tuvieron una influencia determinante en la literatura infantil actual.



𝑪𝒐𝒎𝒐 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒉𝒂𝒚 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒂𝒔, 𝒗𝒐𝒚 𝒂 𝒅𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒎í𝒂

Cuando la vida da un giro inesperado y todo lo que conoces se desmorona, ¿qué haces? Roberta, Peter y Phyllis, tres hermanos acostumbrados a la comodidad londinense, se ven de pronto empujados a un mundo muy distinto: una modesta casa de campo y una madre que lucha por sacar adelante a la familia escribiendo para apenas llegar a fin de mes.

Pero lejos de hundirse en la tristeza, los niños encuentran en la estación de tren un pequeño universo lleno de secretos, amistades entrañables y misterios que esperan ser resueltos. El mozo de las maletas, el jefe de estación y un pasajero anciano, con su sabiduría y buen humor, se convierten en aliados inesperados en esta aventura cotidiana.

«Al principio no eran niños del ferrocarril. No creo que hubiesen pensado nunca en el ferrocarril más que como medio para ir a ver a Maskelyne y Cooke»

Edith Nesbit, con su pluma sencilla y entrañable, nos sumerge en un relato que habla de resiliencia, de la fuerza que nace en familia y de cómo los pequeños momentos pueden cambiarlo todo. Es una novela que brilla por su sencillez y humanidad, con personajes muy bien dibujados y un mensaje poderoso sobre la magia de lo cotidiano. La infancia no se pierde aquí, sino que se reinventa con esperanza y un toque de magia, incluso en tiempos difíciles. La prosa de Nesbit es directa y cercana, perfecta para transmitir esa mezcla de nostalgia y optimismo que envuelve toda la historia.

No es un libro para grandes giros o tramas complejas, sino para disfrutar de una lectura cálida y llena de alma, ideal para quien busca reconectar con la infancia y los pequeños milagros de la vida.

Si te gustan las historias que calientan el corazón y te hacen creer en los encuentros que cambian la vida, este libro es un viaje que no querrás perderte.

                                            

𝑨𝒒𝒖í 𝒗𝒂 𝒎𝒊 𝒐𝒑𝒊𝒏𝒊ó𝒏 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒍, 𝒔𝒊𝒏 𝒇𝒊𝒍𝒕𝒓𝒐𝒔: Si te soy sincera, Roberta, Peter y Phyllis me ha tocado la fibra. No esperaba encontrar una historia tan delicada y profunda bajo esa apariencia de cuento infantil. Edith Nesbit sabe cómo mostrar las pequeñas batallas diarias que hacen la vida real, sin caer en sentimentalismos baratos.

Me encantó cómo la estación de tren y sus personajes secundarios no son solo decorado, sino un microcosmos donde la esperanza y la solidaridad cobran vida. Es un recordatorio brutal y hermoso de que, aunque el mundo se caiga a pedazos, la infancia y la familia pueden ser un refugio inquebrantable.

¿Lo mejor? Que esta historia se siente tan actual como si la hubieran escrito ayer. Es uno de esos libros que quiero recomendar a todo el mundo y releer dentro de unos años para seguir descubriéndolo.

«Espero que no os importe que os cuente tantas cosas sobre Roberta. El caso es que le estoy cogiendo mucho cariño. Cuanto más la observo, más la quiero. Y he descubierto mucas cosas sobre ella que me gustan» 

«𝑸𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒇𝒓𝒖𝒕𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆. 𝑪𝒐𝒏 𝒔𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒐𝒔 𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂𝒓á 𝒂 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒓𝒐𝒏»

#𝒚𝒐𝒍𝒆𝒐𝑵𝒐𝒗𝒆𝒍𝒂, ¿𝒚 𝒕ú?







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